Cuando
no se toma un amistoso con la debida seriedad, se regala prestigio.
Quedó más que claro y para siempre aquella vez que nos comimos
nueve con el Barcelona (1984), en medio de una gira caótica en la
cual el Loco Gatti llegó a jugar de delantero, luego de lo cual por
varios años no volvimos a Europa. Mucho más acá en el tiempo, en
2012 (con estos mismos que están ahora en la conducción del club y
que quieren perpetuarse), nos quedamos varados (por falta de avión)
durante varios días en Venezuela, en la semana previa al comienzo de
un campeonato en cuya primera fecha, previsiblemente, perdimos 3 a 0,
con Quilmes.
Este
partido de anoche en México presentaba los riesgos propios de la
distensión. Los muchachos ya están con la cabeza en las vacaciones
(nosotros también), se había visto en los entrenamientos de la
semana pasada, pura joda. Menos mal que nos encontramos con un rival,
Atlas, que todavía está en plena competencia, a la espera de un
partido definitorio, con Querétaro, así que tampoco iba a
prestarnos toda la atención.
Por
otra parte, los mexicanos van a la cancha como quien va de picnic,
tienen algunos parecidos con sus vecinos del piso de arriba (aunque
esos son mucho peores), comen pizza y toman cerveza durante el juego.
Fueron, más que nada, por la reinauguración del estadio, a joder.
La
cantidad de gente que antes del partido había dentro del campo, la
multitudinaria banda que ejecutó los himnos en el imponente estadio
Cuauhtemoc, ya hacia pensar que era imposible esperar un fútbol
jugado con las suficientes concentración y contracción.
En
ese marco de relajamiento se inscribe el Orion-gate previo al
comienzo, que podría ser tomado como una anécdota divertida pero
que en rigor, no se puede aceptar. Los de la televisión decían que
el referí se pasó de rígido pero el tipo tenía razón, la
camiseta de Agustín podía llegar a confundirse con la de Atlas y
los riesgos los corrían él y sus asistentes. Dijo que les había
avisado una hora antes. No puede ser que Orion y todos los demás se
pongan a discutir por eso, que al cabo de un rato largo Agustín
tenga que ir al vestuario y que al final termine jugando con una
camiseta de Sara con las mangas cortadas con tijera. Al Real Madrid
no le pasan esas cosas, Angelici.
En
fin, por la liviandad con que se tomó este compromiso, estuvimos
expuestos a una catástrofe, que por suerte no ocurrió. El partido
careció absolutamente de seriedad, hubo como mil cambios, desde el
primer tiempo, así que no vale la pena detenerse en muchos detalles.
La sacamos barata con el 0-1.
En
el gol se reafirmó ese concepto de que ya estamos todos de
vacaciones. Marín permitió que nos metieran el centro sin nada de
espacio, Rolín lo perdió a Alustiza y Sara se quedó atornillado,
le cabecearon en zona de él, el área chica.
El
penal del Negro Rolín, que además le costó la expulsión, fue la
culminación de un día de perros del uruguayo que, la verdad sea
dicha, no ha dado la talla como para seguir en el club. Menos mal que
Alustiza la tiró afuera. Faltaba un montón y estábamos diez contra
once, alerta roja pero ya el partido estaba totalmente degenerado
con la avalancha de cambios, tipos que salían, tipos que entraban y no iba a pasar más nada. Mejor así.
La
mejor que tuvimos fue esa del Negro Chávez que recibió por derecha,
encaró para adentro y sacó un zurdazo alto. Recién había entrado.
Del Negro cabe resaltar, en primer término, que siempre se toma todo
muy en serio, muy a pecho. Tiene pocas oportunidades y hace todo para
sacarles el jugo posible. Esa es la actitud que necesitamos.
Un
datito más que no debe pasar inadvertido. Dijeron los de la tele que
los poblanos, para reciclar el estadio a todo trapo, nivel primer
mundo, lo concesionaron por treinta años. Y parece que ya ni
siquiera va a llevar su nombre tradicional, Cuauhtemoc, tan mexicano,
tan azteca, tan precolombino. Se lo va a conocer por el nombre del
grupo económico que puso la guita. Ojo al piojo: eso es, ni más ni menos, lo
que Angelici y sus secuaces planean para Boca. Si permitimos que
hagan una cancha nueva, la cancha no va a ser nuestra. Pensémoslo.
¿Queremos eso?
El
boletín de calificaciones esta vez no corresponde. El partido no fue
serio. La programación de este partido no fue seria. Se corrió un
alto riesgo innecesario, por un paquete de guita que no basta para
justificarlo.
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