viernes, 15 de julio de 2016

LA NOCHE MENOS PENSADA

Ayudaron ellos, por supuesto, pero lo perdimos nosotros, acá y allá. Las dos veces arrancamos ganando y las dos veces nos lo dieron vuelta por la inconsistencia, por la levedad de Boca, que se descompensó sin remedio y regaló todo. En la altura y en el llano.
¿Se puede decir que un equipo que deja afuera a River y a Boca en Buenos Aires, que define cinco series consecutivas como visitante es muy limitado? Sí, se puede. El repertorio de Independiente del Valle es acotadito. Tiene en el fondo un tipo como Mina que devuelve todo, Julio Angulo y Cabezas son ligeritos, José Angulo es un 9 respetable, Sornoza juega, digamos, bastante bien, Rizotto es un 5 con oficio y Azcona, un arquero rarísimo, heterodoxo, que parece no estar técnicamente bien fundamentado pero en fin, saca un montón de pelotas. Eso sí, no dejan pasar ninguna, le sacan el jugo a todo. Y nos dejaron afuera.
Escenario ideal, antes de los cinco minutos ganábamos, habíamos resuelto el primer y más importante problema. Y no fue una acción aislada sino que respondió al rumbo con que había comenzado el partido. Boca salió a apretar bien arriba, a meter ritmo. La sacaron mal ellos del fondo porque se veían apretados, Fabra la cruzó al medio con premura y Pavón llegó en tiempo y forma para facturar.
¿Creímos que ya casi estaba? Sí, lo creímos. Todos, los de afuera y los de adentro. Pero Boca empezó a equivocarse, a fallar en el pase definitivo, a acelerarse sin necesidad y después, a repartir la posesión. Desde aquí ya se ha apuntado un montón de veces: no tenemos un volante que sea el eje de circulación, que haga jugar a los demás, que maneje los tiempo. Lodeiro no, Carlitos tampoco.
Igual, ellos estaban muy lejos del arco nuestro hasta que llegó ese pelotazo de Caicedo que fue a buscar Sornoza, parecía del Cata pero no fue del Cata, fue de Sornoza y terminó en corner cedido por Orion. Y del corner que sirvió el propio Sornoza, regalamos el primero de los tres goles que íbamos a regalar. Hubo un desvío en el Chaco Insaurralde, un desvío siempre desacomoda pero no se entiende, no puede aceptarse que Caicedo quede solo, sin nadie que lo moleste, de frente y a menos de diez metros del arco. Perdimos todas las marcas, obsequiamos toda el área.
Boca tardó en volver a meterse en el partido, acusó el impacto. Pero en los últimos diez minutos del primer tiempo, sólo por ir e ir, por empujar como se pudiese, debió haber marcado la diferencia. El único volante prolijo era Zuqui y el único que daba muestras de que en cualquier momento desequilibraba era Pavón. ¿Tevez? Nada. Equivocaba todas las decisiones, se empecinaba en ir por donde no se debía. Y Lodeiro, que había comenzado en un nivel prometedor, empezó a enredarse.
El impensado abanderado en ese segmento que fue el más favorable de todo el partido resultó Jara, que abandonó el lateral para involucrarse en sectores neurálgicos. Suyo fue un remate desde afuera que Azcona sacó al corner y suyo también ese tiro en el travesaño que nos dejó con el alarido ahogado, después de un buen encuentro entre Fabra y Pavón, que la tocó hacia atrás. Además, estuvo ese disparo de Tevez que se le escapó a Azcona pero no le quedó a ninguno nuestro sino a Caicedo, que la sacó precipitadamente al corner (como para que tomáramos nota de que los astros no estaban con nosotros).
Se fue el primer tiempo con el 1-1 pero estábamos tranquilos, nada hacía presagiar lo que iba a suceder. Mucho menos cuando los primeros movimientos del segundo tiempo respondieron a lo que cabía a esperar y contamos con ese remate de Fabra que se desvió y terminó en corner. Y entonces, la hecatombe, en el minuto 5 perdíamos 3-1 y estábamos fuera de la Copa. Y por dos regalos nuestros.
Un saque largo y frontal ante el cual nos anticipan y nos la peinan dos veces, primero José Angulo y a continuación Sornoza, para que Cabezas se le vaya a Jara. De todos modos, era de Insaurralde, pero Insaurralde tardó una eternidad, y llegó Cabezas, y fue gol.
De inmediato, sin que tuviéramos tiempo de asimilar el golpe y levantarnos, el nocaut, con el blooper de Orion. Una guarangada así le pasa en cualquier momento a cualquier jugador. Si le pasa al arquero, muy probablemente sea gol. Pero por otra parte, es demostrativo del momento en que estaba sumido Boca: Orion tomó la decisión de jugar corto como para demostrar que estábamos bien y lo que hizo fue demostrar todo lo contrario. Julio Angulo había corrido nada más que por las dudas y terminó metiendo el gol casi sin quererlo. Hace unos años, Orion se había comido un gol parecido que dejó fuera de la Copa a San Lorenzo.
Quedaban cuarenta minutos pero estábamos afuera. Lo supimos todos, los jugadores y los hinchas. Hasta ahí, Independiente había llegado tres veces y había metido tres goles. Lo demás fue todo un suplicio, una larga y tortuosa cadena de desdichas. Guillermo metió dos delanteros, Benedetto y Bou, en lugar de dos volantes, Cubas y Pérez, manotazos de ahogado, fichas que se tiran sobre la mesa para ver qué pasa, decisiones cantadas que, para tomarlas, no hace falta el curso de director técnico.
Tuvimos un penal, por esa mano de Mina pero Lodeiro lo pateó acorde con las circunstancias, le entregó una masita al arquero. ¿Por qué no lo pateó Tevez? Y, en no mucho tiempo falló dos. Pero la confianza está mellada no sólo por ese lado, éste no es Tevez, éste no es nuestro Carlitos, este no es el jugador que conocemos. ¿Por qué no le pegó el Cata apuntándole a la cabeza del arquero? Y, son preguntas que uno se hace ya con la chapa puesta. Diario del lunes. O del viernes.
De todas maneras, no hubiera alcanzado porque encima, tienen suerte, estos tipos. Esa que le saca Mina en la raya a Bou y que después rebota en Lodeiro y rebota en Caicedo es un botón de muestra. Al final, Pavón, que había buscado siempre, bien y mal, tuvo el premio consuelo con ese gol, en que se buscó bien el espacio y le pegó de afuera con justeza. Buena parte de La Bombonera terminó coreando su nombre, un dato al que Cristian haría bien en drle el valor que tiene, en una noche tan negra.
Se había hablado mucho del peso de La Bombonera pero La Bombonera no gana los partidos sola, los partidos tienen que ganarlos los jugadores, siempre. A éste que escribe, por otra parte, no le agrada el camino que va tomando el público. Si La 12 canta hasta el final, si no hay puteadas ni silbidos ni alguna botellita de plástico (vacía) cuando te quedás afuera de una Libertadores y de local, eso puede conducir a que los jugadores se confundan. Hay que hacerles sentir que esto nos dolió, que es una herida profunda, que no va a cicatrizar así nomás. Que estamos enojados.
Guillermo había enfatizado, el martes, que no se sentía obligado a ganar la Copa. Y, qué sé yo, no me gusta que un técnico de Boca hable en esos términos, prefiero otro discurso. Pero bueno, problema mío.
Se nos terminó otra Libertadores, Nos despertamos de un sueño de la peor manera, se nos fue buena parte del año y no ganamos nada. Asimismo, hay olor a ciclo cumplido para más de uno. Y para los próximos días tendremos todas las antenas orientadas a ver quién llega, algún nombre con que nos esperancemos de nuevo. Uno que venga, se ponga la camiseta y nos salve no va a llegar, los números no dan para eso. Qué le vamos a hacer, no tenemos equipo armado. En otras palabras, el futuro inmediato está en la nebulosa. En otras palabras, ¡la puta que lo parió!

EL BOLETÍN: ORION 2, JARA 5, CATA 3, CHACO 3, FABRA 6, ZUQUI 5, CUBAS 4, PABLO PÉREZ 3, PAVÓN 7, TEVEZ 3, LODEIRO 3 (FI), BENTANCUR 4, BOU 5.



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