Ayudaron
ellos, por supuesto, pero lo perdimos nosotros, acá y allá. Las dos
veces arrancamos ganando y las dos veces nos lo dieron vuelta por la
inconsistencia, por la levedad de Boca, que se descompensó sin
remedio y regaló todo. En la altura y en el llano.
¿Se
puede decir que un equipo que deja afuera a River y a Boca en Buenos
Aires, que define cinco series consecutivas como visitante es muy
limitado? Sí, se puede. El repertorio de Independiente del Valle es acotadito. Tiene en el fondo un tipo como Mina que
devuelve todo, Julio Angulo y Cabezas son ligeritos, José Angulo es
un 9 respetable, Sornoza juega, digamos, bastante bien, Rizotto es un
5 con oficio y Azcona, un arquero rarísimo, heterodoxo, que parece
no estar técnicamente bien fundamentado pero en fin, saca un montón
de pelotas. Eso sí, no dejan pasar ninguna, le sacan el jugo a todo. Y nos dejaron afuera.
Escenario
ideal, antes de los cinco minutos ganábamos, habíamos resuelto el
primer y más importante problema. Y no fue una acción aislada sino
que respondió al rumbo con que había comenzado el partido. Boca
salió a apretar bien arriba, a meter ritmo. La sacaron mal ellos del
fondo porque se veían apretados, Fabra la cruzó al medio con
premura y Pavón llegó en tiempo y forma para facturar.
¿Creímos
que ya casi estaba? Sí, lo creímos. Todos, los de afuera y los de
adentro. Pero Boca empezó a equivocarse, a fallar en el pase
definitivo, a acelerarse sin necesidad y después, a repartir la
posesión. Desde aquí ya se ha apuntado un montón de veces: no
tenemos un volante que sea el eje de circulación, que haga jugar a
los demás, que maneje los tiempo. Lodeiro no, Carlitos tampoco.
Igual,
ellos estaban muy lejos del arco nuestro hasta que llegó ese
pelotazo de Caicedo que fue a buscar Sornoza, parecía del Cata pero
no fue del Cata, fue de Sornoza y terminó en corner cedido por
Orion. Y del corner que sirvió el propio Sornoza, regalamos el
primero de los tres goles que íbamos a regalar. Hubo un desvío en
el Chaco Insaurralde, un desvío siempre desacomoda pero no se
entiende, no puede aceptarse que Caicedo quede solo, sin nadie que lo
moleste, de frente y a menos de diez metros del arco. Perdimos todas
las marcas, obsequiamos toda el área.
Boca
tardó en volver a meterse en el partido, acusó el impacto. Pero en
los últimos diez minutos del primer tiempo, sólo por ir e ir, por
empujar como se pudiese, debió haber marcado la diferencia. El único
volante prolijo era Zuqui y el único que daba muestras de que en
cualquier momento desequilibraba era Pavón. ¿Tevez? Nada.
Equivocaba todas las decisiones, se empecinaba en ir por donde no se
debía. Y Lodeiro, que había comenzado en un nivel prometedor,
empezó a enredarse.
El
impensado abanderado en ese segmento que fue el más favorable de
todo el partido resultó Jara, que abandonó el lateral para
involucrarse en sectores neurálgicos. Suyo fue un remate desde
afuera que Azcona sacó al corner y suyo también ese tiro en el
travesaño que nos dejó con el alarido ahogado, después de un buen
encuentro entre Fabra y Pavón, que la tocó hacia atrás. Además,
estuvo ese disparo de Tevez que se le escapó a Azcona pero no le
quedó a ninguno nuestro sino a Caicedo, que la sacó
precipitadamente al corner (como para que tomáramos nota de que los
astros no estaban con nosotros).
Se
fue el primer tiempo con el 1-1 pero estábamos tranquilos, nada
hacía presagiar lo que iba a suceder. Mucho menos cuando los
primeros movimientos del segundo tiempo respondieron a lo que cabía
a esperar y contamos con ese remate de Fabra que se desvió y terminó
en corner. Y entonces, la hecatombe, en el minuto 5 perdíamos 3-1 y
estábamos fuera de la Copa. Y por dos regalos nuestros.
Un
saque largo y frontal ante el cual nos anticipan y nos la peinan dos
veces, primero José Angulo y a continuación Sornoza, para que
Cabezas se le vaya a Jara. De todos modos, era de Insaurralde, pero
Insaurralde tardó una eternidad, y llegó Cabezas, y fue gol.
De
inmediato, sin que tuviéramos tiempo de asimilar el golpe y
levantarnos, el nocaut, con el blooper de Orion. Una guarangada así
le pasa en cualquier momento a cualquier jugador. Si le pasa al
arquero, muy probablemente sea gol. Pero por otra parte, es
demostrativo del momento en que estaba sumido Boca: Orion tomó la
decisión de jugar corto como para demostrar que estábamos bien y lo
que hizo fue demostrar todo lo contrario. Julio Angulo había corrido
nada más que por las dudas y terminó metiendo el gol casi sin
quererlo. Hace unos años, Orion se había comido un gol parecido que
dejó fuera de la Copa a San Lorenzo.
Quedaban
cuarenta minutos pero estábamos afuera. Lo supimos todos, los
jugadores y los hinchas. Hasta ahí, Independiente había llegado
tres veces y había metido tres goles. Lo demás fue todo un
suplicio, una larga y tortuosa cadena de desdichas. Guillermo metió
dos delanteros, Benedetto y Bou, en lugar de dos volantes, Cubas y
Pérez, manotazos de ahogado, fichas que se tiran sobre la mesa para
ver qué pasa, decisiones cantadas que, para tomarlas, no hace falta
el curso de director técnico.
Tuvimos
un penal, por esa mano de Mina pero Lodeiro lo pateó acorde con las
circunstancias, le entregó una masita al arquero. ¿Por qué no lo
pateó Tevez? Y, en no mucho tiempo falló dos. Pero la confianza
está mellada no sólo por ese lado, éste no es Tevez, éste no es
nuestro Carlitos, este no es el jugador que conocemos. ¿Por qué no
le pegó el Cata apuntándole a la cabeza del arquero? Y, son
preguntas que uno se hace ya con la chapa puesta. Diario del lunes. O
del viernes.
De
todas maneras, no hubiera alcanzado porque encima, tienen suerte,
estos tipos. Esa que le saca Mina en la raya a Bou y que después
rebota en Lodeiro y rebota en Caicedo es un botón de muestra. Al
final, Pavón, que había buscado siempre, bien y mal, tuvo el premio
consuelo con ese gol, en que se buscó bien el espacio y le pegó de
afuera con justeza. Buena parte de La Bombonera terminó coreando su
nombre, un dato al que Cristian haría bien en drle el valor que
tiene, en una noche tan negra.
Se
había hablado mucho del peso de La Bombonera pero La Bombonera no
gana los partidos sola, los partidos tienen que ganarlos los
jugadores, siempre. A éste que escribe, por otra parte, no le agrada
el camino que va tomando el público. Si La 12 canta hasta el final,
si no hay puteadas ni silbidos ni alguna botellita de plástico (vacía) cuando te quedás afuera de una
Libertadores y de local, eso puede conducir a que los jugadores se
confundan. Hay que hacerles sentir que esto nos dolió, que es una
herida profunda, que no va a cicatrizar así nomás. Que estamos enojados.
Guillermo
había enfatizado, el martes, que no se sentía obligado a ganar la
Copa. Y, qué sé yo, no me gusta que un técnico de Boca hable en
esos términos, prefiero otro discurso. Pero bueno, problema mío.
Se
nos terminó otra Libertadores, Nos despertamos de un sueño de la peor manera, se nos fue buena parte del año y no ganamos
nada. Asimismo, hay olor a ciclo cumplido para más de uno. Y para
los próximos días tendremos todas las antenas orientadas a ver
quién llega, algún nombre con que nos esperancemos de nuevo. Uno
que venga, se ponga la camiseta y nos salve no va a llegar, los
números no dan para eso. Qué le vamos a hacer, no tenemos equipo
armado. En otras palabras, el futuro inmediato está en la nebulosa.
En otras palabras, ¡la puta que lo parió!
EL
BOLETÍN: ORION 2, JARA 5, CATA 3, CHACO 3, FABRA 6, ZUQUI 5, CUBAS
4, PABLO PÉREZ 3, PAVÓN 7, TEVEZ 3, LODEIRO 3 (FI), BENTANCUR 4,
BOU 5.
No hay comentarios:
Publicar un comentario