sábado, 23 de julio de 2016

GUILLERMO SÍ, GUILLERMO NO...

   Guillermo nos avisó de entrada, se atajó. “Hasta julio no me pidan milagros”, dijo, palabras más, palabras menos, apenas llegó. Después, los resultados nos fueron llevando para otro lado, el sueño de la séptima Libertadores estaba ahí, al alcance de la mano. Nos olvidamos. Pero la realidad nos devolvió a aquel punto de partida.
   Ahora nos encontramos con que falta menos de un mes para empezar el campeonato y no tenemos equipo. Así de simple, cruel y crudo. Se les dio salida a dos que, con sus más y sus menos, han sido símbolos nuestros de los últimos años, Orion y el Cata. De Carlitos vamos a tener noticias el lunes. ¿Y si se nos fuera?
   Con casi cinco meses de gestión, de la administración Guillermo ya pueden sacarse algunas conclusiones. Siempre supimos que es vivo. No tuvo los jugadores que hubiese querido (raramente un técnico los tiene) pero llegó más lejos de lo que él mismo pensaba. Tiene más autoridad que el Vasco. No le tembló el pulso en el caso Osvaldo y ni el propio Carlitos, su principal mentor, tuvo margen para defender al Loco. El Loco se echó solo, podrá decirse pero había que ponerle la firma y Guillermo firmó.
   Los que andamos seguido por el Compilio Pedro Pomplejo (Casa Amarilla, que le dicen) sabemos que los entrenamientos son otra cosa. Los jugadores son los jugadores y el cuerpo técnico es el cuerpo técnico. El profe Valdecantos mata, Roberti no mataba. Guillermo y Gustavo paran, gritan, retan, putean, repiten.
No me gustan los técnicos que llevan su sistema de un lado a otro debajo del brazo. A Guillermo se lo asocia indisolublemente con el 4-3-3, no lo acepto. Pareciera que ahora lo está pensando mejor, ojalá así sea. No, hermano. Primero mirá los jugadores que tenés y después decidí cómo vas a jugar.
   Tampoco soy de los (muchos, demasiados) que creen que todo equipo y en particular todo Boca debe jugar con un 9 clavado en el área. No. La historia lo desmiente. Ni Piraña Sarlanga en los cuarenta (me lo contaron, juro que no había nacido), ni el Tano Novello o después Angelito Rojas con Di Stefano, ni García Cambón con Domínguez, ni el Toti Veglio con el Toto Lorenzo jugaban así. Como el propio Guillermo se ha encargado de remarcarlo, en 2002 jugaban él y el Chelo Delgado con Carlitos en el medio y en la Libertadores de 2003 (la que más fácil ganamos), en los tramos finales, igual. Y ni siquiera lo teníamos a Román.
   Después, cuando volvió el Loco Martín (segundo semestre de 2004), ya Carlitos pasó a jugar por detrás de él, donde quiere. Donde lo vimos por televisión en el mejor de sus momentos, en la Juventus, con Morata arriba. Lo que sí nos han dejado claro estos últimos meses es que un 4-3-3 con Carlitos de 9, hoy, es difícil. Un poco por características técnicas y un mucho porque Carlitos no quiere, no le gusta, se incomoda, se fastidia, se encapricha.
   Carlitos quiere (y pareciera ahora que Guillermo está dispuesto a darle el gusto) jugar el sistema de moda: 4-2-3-1. Los otros días lo escuché a La Volpe (nos arruinó pero me encanta oírlo hablar de fútbol) señalar que “antes se decía 4-4-1-1, ahora se dice 4-2-3-1”. Tiene razón, es lo mismo. Como cualquier sistema, puede funcionar o no, dependerá del relleno humano.
   ¿Y si se fuera Carlitos? Mejor ni imaginárselo pero lo cierto es que él, hasta esta semana que terminó, no sabía bien qué hacer. Guillermo (que es vivo) puso la pelota del lado de él, de Carlitos. “A mí me dijo que se queda”. Es decir que, si ahora Carlitos resolviera irse, va a tener que explicar por qué hace lo contrario de lo que le había prometido al técnico y nos deja en bolas a 29 días de la primera fecha.
   Dadas las circunstancias, si yo fuera Guillermo o Angelici, ni lo dudaría: lo agarro a Carlitos y le digo “el equipo es tuyo, consensuemos cómo lo vamos a armar, aquí tenés la cinta”. Pero yo soy un gil cualunque, no soy ni Guillermo ni Angelici.
   Se puede jugar con el Cata Díaz o con el Chaco Insaurralde pero los dos juntos no funcionaron. Uno de los centrales, por lo menos, tiene que ser más rápido. Mucho más cuando no tenemos un 5 que sirva heridos a los delanteros rivales para que los centrales culminen la faena. Cubitas es un intuitivo, con gran capacidad para cortar limpito pero cuando no corta, todo el trabajo queda para los centrales. A Jara de 5 quiero seguir viéndolo. El Chaco sí anduvo muy bien con el Flaco Schiavi en el Apertura 2011, que ganamos con Falcioni invictos, con record de puntos y sólo seis goles en contra. Los dos eran pesadones pero contaban con un olvidado, Somoza, que en ese torneo nos dio muy buen resultado. Por otra parte, el Chaco era más joven.
   En su momento, con Tobio y el Cata estábamos mejor. Angelici & Company (no el Vasco) se encajetaron con el Chaco, menospreciaron a Tobio (como él mismo lo hizo bien notar) y ahora parece que vamos a tener que ir a buscarlo de vuelta porque es el que tenemos más a mano.   
   A Guillermo le gusta jugar con extremos. A mí también (aunque insisto, no me enamoro incondicionalmente de ningún esquema). Lo tenemos a Pavón en gran momento pero estamos rengos. Lodeiro, que se va, no es extremo. Pachi Carrizo, mmmm. El Negro Chávez es extremo y también se fue. Guillermo lo trajo de vuelta a Castellani, que en Lanús jugaba adelantado. Mmmm. Ayer se habló de Cecilio Domínguez y me encantó la idea, por los desbarajustes que nos armó contra Cerro Porteño. Pero después me puse a pensar que parecidos desbarajustes nos armó Cabezas con Independiente del Valle. Contra Boca se hace fácil jugar de extremo izquierdo.
   Eso nos lleva a otro tema. Soy de la idea de que la guita grande hay que ponerla en la columna vertebral y acomodar a alguien, por ejemplo, en los laterales. Salvo que hablemos de un Silvio Marzolini o un Hugo Ibarra, alguien que rompa el molde y no hay ninguno a la vista. Peruzzi es buen lateral pero no lo ha demostrado en los últimos tiempos y sus recurrentes lesiones en momentos clave han terminado por prenderlo fuego, le será muy complicado remontar esa cuesta. Jara de 4, no. Puede cubrir una emergencia pero no. El pibe Molina me parece menos de lo que muchos suponen. Ahí también estamos rengos.
   El lunes, según se dice, se va a firmar la rescisión con Orion. Guillermo le avisó que le iba a buscar competencia directa, él decidió que su ciclo estaba cumplido y Guillermo le deseó buena suerte. Cinco temporadas dueño del arco de Boca, apenas seis arqueros con más presencia que él en 111 años: el Loco Gatti, el Mono Navarro Montoya, el Pato Abbondanzieri, el Tano Roma, el Loco Sánchez y Claudio Vacca. Dejó atrás, en ese sentido, a grosos-grosos, históricos: Merico Tesoriere, el Pez Yustrich, Óscar Córdoba, el Gato Musimessi, Sonrisal Estrada, el Roto Diano... Toda una época, la de Agustín. Y se bancó detrás al uruguayo Sosa, a Ustari, a Sara, todos arqueros que llegaron con cartel.
   Asusta la evidencia de que si el lunes se va Orion, nos quedamos con Sara, el Mono Martínez y el pibe Galván. Claro que va a venir otro, se supone pero que se apuren. Guillermo quiere a Marchesín y no otro. Marchesín es figura en México y aunque Boca le tira, cuesta un fangote. Los demás nombres que se mencionan son alternativas que no salieron, originalmente, de la boca del técnico.

   Desde que llegó Guillermo, ya circularon los apellidos de Marchesín, los dos Gómez, Pizarro, el paraguayo Ayala, Junior Benítez, Melano... ¡El Laucha Acosta! Tampoco me convencen los entrenadores que van de un lado a otro con un paquetito de jugadores debajo del brazo. Hay que ampliar los horizontes. Hay que jugar con los jugadores que haya y los que se puedan conseguir. Si no, postulate para la selección argentina. Tenés mil jugadores a disposición que podés sustraérselos a los clubes cuando a vos se te antoje.       

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