Guillermo
nos avisó de entrada, se atajó. “Hasta julio no me pidan
milagros”, dijo, palabras más, palabras menos, apenas llegó.
Después, los resultados nos fueron llevando para otro lado, el sueño
de la séptima Libertadores estaba ahí, al alcance de la mano. Nos
olvidamos. Pero la realidad nos devolvió a aquel punto de partida.
Ahora
nos encontramos con que falta menos de un mes para empezar el
campeonato y no tenemos equipo. Así de simple, cruel y crudo. Se les
dio salida a dos que, con sus más y sus menos, han sido símbolos
nuestros de los últimos años, Orion y el Cata. De Carlitos vamos a
tener noticias el lunes. ¿Y si se nos fuera?
Con
casi cinco meses de gestión, de la administración Guillermo ya
pueden sacarse algunas conclusiones. Siempre supimos que es vivo. No
tuvo los jugadores que hubiese querido (raramente un técnico los
tiene) pero llegó más lejos de lo que él mismo pensaba. Tiene más
autoridad que el Vasco. No le tembló el pulso en el caso Osvaldo y
ni el propio Carlitos, su principal mentor, tuvo margen para defender
al Loco. El Loco se echó solo, podrá decirse pero había que
ponerle la firma y Guillermo firmó.
Los
que andamos seguido por el Compilio Pedro Pomplejo (Casa Amarilla, que le dicen) sabemos que los entrenamientos son
otra cosa. Los jugadores son los jugadores y el cuerpo técnico es el
cuerpo técnico. El profe Valdecantos mata, Roberti no mataba.
Guillermo y Gustavo paran, gritan, retan, putean, repiten.
No
me gustan los técnicos que llevan su sistema de un lado a otro
debajo del brazo. A Guillermo se lo asocia indisolublemente con el
4-3-3, no lo acepto. Pareciera que ahora lo está pensando mejor,
ojalá así sea. No, hermano. Primero mirá los jugadores que tenés
y después decidí cómo vas a jugar.
Tampoco
soy de los (muchos, demasiados) que creen que todo equipo y en particular todo
Boca debe jugar con un 9 clavado en el área. No. La historia lo
desmiente. Ni Piraña Sarlanga en los cuarenta (me lo contaron, juro
que no había nacido), ni el Tano Novello o después Angelito Rojas
con Di Stefano, ni García Cambón con Domínguez, ni el Toti Veglio
con el Toto Lorenzo jugaban así. Como el propio Guillermo se ha
encargado de remarcarlo, en 2002 jugaban él y el Chelo Delgado con
Carlitos en el medio y en la Libertadores de 2003 (la que más fácil
ganamos), en los tramos finales, igual. Y ni siquiera lo teníamos a Román.
Después,
cuando volvió el Loco Martín (segundo semestre de 2004), ya
Carlitos pasó a jugar por detrás de él, donde quiere. Donde lo
vimos por televisión en el mejor de sus momentos, en la Juventus,
con Morata arriba. Lo que sí nos han dejado claro estos últimos
meses es que un 4-3-3 con Carlitos de 9, hoy, es difícil. Un poco
por características técnicas y un mucho porque Carlitos no quiere,
no le gusta, se incomoda, se fastidia, se encapricha.
Carlitos
quiere (y pareciera ahora que Guillermo está dispuesto a darle el
gusto) jugar el sistema de moda: 4-2-3-1. Los otros días lo escuché
a La Volpe (nos arruinó pero me encanta oírlo hablar de fútbol)
señalar que “antes se decía 4-4-1-1, ahora se dice 4-2-3-1”.
Tiene razón, es lo mismo. Como cualquier sistema, puede funcionar o
no, dependerá del relleno humano.
¿Y
si se fuera Carlitos? Mejor ni imaginárselo pero lo cierto es que él,
hasta esta semana que terminó, no sabía bien qué hacer. Guillermo
(que es vivo) puso la pelota del lado de él, de Carlitos. “A mí
me dijo que se queda”. Es decir que, si ahora Carlitos resolviera
irse, va a tener que explicar por qué hace lo contrario de lo que le
había prometido al técnico y nos deja en bolas a 29 días de la primera fecha.
Dadas
las circunstancias, si yo fuera Guillermo o Angelici, ni lo dudaría:
lo agarro a Carlitos y le digo “el equipo es tuyo, consensuemos
cómo lo vamos a armar, aquí tenés la cinta”. Pero yo soy un gil
cualunque, no soy ni Guillermo ni Angelici.
Se
puede jugar con el Cata Díaz o con el Chaco Insaurralde pero los dos
juntos no funcionaron. Uno de los centrales, por lo menos, tiene que
ser más rápido. Mucho más cuando no tenemos un 5 que sirva heridos
a los delanteros rivales para que los centrales culminen la faena.
Cubitas es un intuitivo, con gran capacidad para cortar limpito pero
cuando no corta, todo el trabajo queda para los centrales. A Jara de
5 quiero seguir viéndolo. El Chaco sí anduvo muy bien con el Flaco
Schiavi en el Apertura 2011, que ganamos con Falcioni invictos, con
record de puntos y sólo seis goles en contra. Los dos eran pesadones
pero contaban con un olvidado, Somoza, que en ese torneo nos dio muy
buen resultado. Por otra parte, el Chaco era más joven.
En su momento, con Tobio y el Cata estábamos mejor. Angelici & Company (no el Vasco) se encajetaron con el Chaco, menospreciaron a Tobio (como él mismo lo hizo bien notar) y ahora parece que vamos a tener que ir a buscarlo de vuelta porque es el que tenemos más a mano.
A
Guillermo le gusta jugar con extremos. A mí también (aunque
insisto, no me enamoro incondicionalmente de ningún esquema). Lo
tenemos a Pavón en gran momento pero estamos rengos. Lodeiro, que se
va, no es extremo. Pachi Carrizo, mmmm. El Negro Chávez es extremo y
también se fue. Guillermo lo trajo de vuelta a Castellani, que en
Lanús jugaba adelantado. Mmmm. Ayer se habló de Cecilio Domínguez
y me encantó la idea, por los desbarajustes que nos armó contra
Cerro Porteño. Pero después me puse a pensar que parecidos
desbarajustes nos armó Cabezas con Independiente del Valle. Contra
Boca se hace fácil jugar de extremo izquierdo.
Eso
nos lleva a otro tema. Soy de la idea de que la guita grande hay que
ponerla en la columna vertebral y acomodar a alguien, por ejemplo, en
los laterales. Salvo que hablemos de un Silvio Marzolini o un Hugo
Ibarra, alguien que rompa el molde y no hay ninguno a la vista.
Peruzzi es buen lateral pero no lo ha demostrado en los últimos
tiempos y sus recurrentes lesiones en momentos clave han terminado
por prenderlo fuego, le será muy complicado remontar esa cuesta.
Jara de 4, no. Puede cubrir una emergencia pero no. El pibe Molina me
parece menos de lo que muchos suponen. Ahí también estamos rengos.
El
lunes, según se dice, se va a firmar la rescisión con Orion.
Guillermo le avisó que le iba a buscar competencia directa, él
decidió que su ciclo estaba cumplido y Guillermo le deseó buena
suerte. Cinco temporadas dueño del arco de Boca, apenas seis
arqueros con más presencia que él en 111 años: el Loco Gatti, el
Mono Navarro Montoya, el Pato Abbondanzieri, el Tano Roma, el Loco
Sánchez y Claudio Vacca. Dejó atrás, en ese sentido, a
grosos-grosos, históricos: Merico Tesoriere, el Pez Yustrich, Óscar
Córdoba, el Gato Musimessi, Sonrisal Estrada, el Roto Diano... Toda
una época, la de Agustín. Y se bancó detrás al uruguayo Sosa, a
Ustari, a Sara, todos arqueros que llegaron con cartel.
Asusta
la evidencia de que si el lunes se va Orion, nos quedamos con Sara,
el Mono Martínez y el pibe Galván. Claro que va a venir otro, se supone pero
que se apuren. Guillermo quiere a Marchesín y no otro. Marchesín es
figura en México y aunque Boca le tira, cuesta un fangote. Los demás
nombres que se mencionan son alternativas que no salieron,
originalmente, de la boca del técnico.
Desde
que llegó Guillermo, ya circularon los apellidos de Marchesín, los
dos Gómez, Pizarro, el paraguayo Ayala, Junior Benítez, Melano...
¡El Laucha Acosta! Tampoco me convencen los entrenadores que van de
un lado a otro con un paquetito de jugadores debajo del brazo. Hay
que ampliar los horizontes. Hay que jugar con los jugadores que haya
y los que se puedan conseguir. Si no, postulate para la selección
argentina. Tenés mil jugadores a disposición que podés
sustraérselos a los clubes cuando a vos se te antoje.
No hay comentarios:
Publicar un comentario