Buen
central, Alejandro Giuntini. Seguro, con presencia, buen juego aéreo,
hasta con facha (factor de peso, no vaya a creerse). Llegó a Boca
medio como que de relleno, le ganó el puesto a Marchesini, formó
una buena dupla con Juan Simón, después también con Medero y fue
titular fijo en el campeón del Apertura 92.
La
tarde de la vuelta olímpica, contra San Martín de Tucumán, se
trepó al alambrado de atrás del arco de Casa Amarilla, el alambrado
cedió y terminó con la cara lastimada.
Poco
antes, había hecho uno de los goles en la final de la Copa Master,
con Cruzeiro, en la cancha de Vélez, el otro fue de Chiche Soñora.
Aire
de intelectual, pose de reflexivo, decía que “el fútbol no era lo
más importante” y a uno lo dejaba pensando pero después, en la
cancha, uno sabía y sentía que no se guardaba nada.
Quedó
muy marcado por aquel episodio en la cancha de Vélez, cuando lo
suspendieron porque, oficialmente, llegó tarde a un control
antidopng. Quedó demostrado, para quien haya querido entenderlo, que
el médico se había ido antes del límite horario pero marchamos,
Giuntini y Boca, lo suspendieron y nos dieron el partido por perdido,
para regocijo de la mitad menos uno.
De
última, en el 94, Menotti lo colgó. No era de quedarse callado,
Giuntini y Menotti, aunque la va de superado y abierto, no es de
digerir que se le planten.
Poco
más de dos años con nosotros y tres títulos, porque además del
Máster y del Apertura 92 también estuvo en la Copa de Oro del 93.
Su
carrera posterior a Boca no tuvo relieve, colgó los piparulos
temprano y se dedicó a otra cosa, era un jugador que escapaba de los
estereotipos que todos tenemos incorporados.
Había
debutado en primera, en Vélez, precisamente en La Bombonera, una
tarde en que se fueron festejando un empate, como no podía ser de
otro modo. Él fue figura, entró por los ojos con su estampa, sus
crenchas rubias y al otro día estuvo en todos los diarios y en todos
los canales, of course.
Una
leucemia acaba de llevárselo para el otro lado, en su Mar del Plata,
muy prematuramente, sólo tenía 49 años. Los que tenemos buena
memoria lo recordaremos, seguiremos valorando lo que nos dio,
Alejandro Giuntini.
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