Es
misteriosa, la altura. Con Bolívar, en La Paz (que es más alta que
Quito), nos arrastramos por la cancha durante el primer tiempo y
después, metimos un segundo tiempo muy intenso hasta salvar la ropa.
Ahora, en Quito, durante la media hora inicial se vio un Boca seguro,
dominante, ganador. Desde el último tramo del primer tiempo el
equipo empezó a caerse y ya no se levantó, más allá de las
ocasiones que se presentaron y no pudieron aprovecharse. La cabecita
juega, mucho. De otro modo, no se entienden algunas decisiones que se
toman, equivocaciones que surgen, hay que suponer, del ahogo que
lleva a la desesperación.
Independiente
del Valle es raro. Defienden mal, dejan espacio y dan tiempo en el
medio. En ataque pareciera que el repertorio no es variado pero lo
cierto es que les alcanza, les sale bien, pasan.
En
ese segmento inicial, la clave era el medio. Zuqui-Cubitas-Pablo
Pérez se acomodaron bien, mandaban, se jugaba como le convenía a
Boca. Se sumaba Nico Lodeiro, que no tuvo posición fija y debe haber
sido el jugador nuestro que más corrió, aunque no siempre estuvo
fino para elegir. Y llegó el gol, vital, para afirmar la
tranquilidad. Lodeiro ganó en el rincón una bola que parecía
perdida, lo tenía cerca a Pablo Pérez para la descarga (porque Boca
hasta ahí era solidario y el que llegaba a la pelota siempre tenía
para dónde sacarla), Pablo tocó para Zuqui y fue a buscar adentro,
como deben hacerlo los volantes en ataque, Zuqui la metió muy bien,
profunda, vertical y el remate de Pablo fue muy ajustado. Impecable.
Los
tipos la tenían clara desde el principio en cuanto a que tenían que
irnos por las bandas, especialmente la de Jara. Ese es un lugar al
que no le encontramos la vuelta, ni con Peruzzi (que se quedó afuera
a último momento) ni con Jara, que las veces que tuvo que jugar ahí
no nos dio soluciones. Pero no nos llegaban. Algunas complicaciones
en el juego aéreo con Mina pero la llevábamos bien. Eso empezó a
descascararse a partir de la media hora. Nos vino muy bien el bajón
de la luz que obligó a parar el partido. Si hubiésemos sido
locales, pudo haberse pensado que la habíamos bajado a propósito.
Pero se reanudó el juego y no mejoramos.
La
última jugada del primer tiempo fue gol y era la clasificación, ahí
se terminaba la serie. Medio de pedo, porque Pablo tiró un centro y
se le cerró pero fue gol. El arquero estaba adentro y la pelota
también. Pero bueno, yo me terminé de convencer al ciento por
ciento después de verla cinco o seis veces y hay quienes todavía no
se convencieron, así que mucho no se le puede decir ni a Roldán ni al banderita de ese lado, Guzmán. Cosas del fútbol.
Empezó
el segundo tiempo y estábamos cada vez peor, ya los volantes no
cortaban y cuando cortaban, la perdíamos enseguida. Y nos seguían
martirizando por los costados. Y por los dos costados vino el empate,
empezó por el lado de Fabra y terminó por el lado de Jara. Muy
precisa la definición de Cabezas, que a lo largo de toda la noche
fue el que más nos torturó. Fue una desgracia que Jara se resbalara
pero... ¡justo ahí te vas a resbalar, Leo!
Recién
después del empate metimos el primer tiro al arco de todo el segundo
tiempo, el de Lodeiro. Y ya había pasado largamente el cuarto de
hora. En el último tercio de partido pudo haber pasado cualquier
cosa y pasó que ganaron ellos.
Otra jugada que empieza por el lado
de Fabra. Como se lo reclamó Guillermo a los gritos y con ampulosas
gesticulaciones, la tendría que haber reventado pero es que el pobre Frank ni
sabía donde estaba parado (la cabecita, la cabecita). Después, se
puede pensar que al Cata y al Chaco les faltó reacción pero el
mérito es de Angulo, que en un solo movimiento los dejó clavados y
quedó mano a mano con Orion.
Otra
rareza, Carlitos, durante una hora, estuvo como ausente, peleado con el juego, buscaba pero
no encontraba, Se despertó en la última media hora, ahí sí que
fue Carlitos. No lo podían controlar, tenían que bajarlo. Esa que
fue a pelearle a Azcona y le ganó lo mostró con todas las luces
encendidas, aunque pareció faltarle respuesta física de última, cuando ya el
arquero había quedado fuera de combate y permitió que llegara otro para salvar.
No
es por chapear pero este gil había señalado que, después de ver el
amistoso con Olimpia, no lo convencía la sociedad
Benedetto-Carlitos. Con Carlitos, Benedetto no sabe de qué juega, se
pierde, no encuentra el lugar. Recién se están conociendo pero no
va a ser fácil que engranen. Como era de prever, extrañamos mucho a
Pavón. El Negro Chávez debió haber estado en la cancha desde
antes. Lo que pasa es que ya tuvo dos desgarros consecutivos, la
semana pasada anduvo con molestias, lo pararon y ahora llegó justo.
Pero cuando entró, el ataque se revitalizó. Porque fue derecho a
los bifes, como hace el Negro. El arquero le sacó una mortal, abajo
contra un palo.
Si
nos metían el tercero, nos dejaban al borde del abismo y pudo haber
pasado. Claro que también pudo haber pasado que empatáramos y
llegáramos a La Bombonera muy bien parados. En la única que Fabra
hizo bien en toda la noche, le sirvió el gol a Lodeiro y Nico la
tiró a la mierda. Carlitos desperdició de manera imperdonable un
tiro libre frontal, le tendría que haber pegado un fierrazo el Cata
(ahí nos acordamos de Pachi Carrizo, que desde posición similar
empató en La Paz). Y en el tiro libre final, muy bien cerrado desde
la derecha por Nico Lodeiro (se repartió las bochas paradas con
Zuqui), la pudieron haber metido o el Cata o Bentancur pero no la
metió ninguno de los dos y se acabó.
Pudimos
haber ganado y perdimos. Llegamos a la definición con un gol de
visitante que es fundamental pero perdimos. Seguimos teniendo todo
para ganar pero perdimos. Somos mejores, lo creemos nosotros y lo
creen todos, hasta ellos pero vamos a tener que demostrarlo. Guarda,
que estos dejaron afuera a Guaraní en Asunción, a Colo Colo en
Santiago, a los chuchi acá y a Pumas en México. Mucho cuidado.
EL
BOLETÍN: ORION 5, JARA 3, CATA 5, CHACO 5, FABRA 2, ZUQUI 5, CUBITAS
5, PABLO 5, BENEDETTO 3, CARLITOS 5, LODEIRO 5 (FI), CHÁVEZ 5,
BENTANCUR 4.
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