Dominio
absoluto, sostenido, incontrastable en todo el segundo tiempo.
Temblores palpables, inseguridades expresas en la primera media hora
de juego, antes y después del 1-0.
A
Boca le llevó mucho tiempo terminar de meterse en el partido.
Banfield salió más conectado, más armónico, hasta más
determinado. Es una característica que se da muchas veces porque el
que juega contra Boca se juega la vida, es una ocasión especial,
sabe que lo están mirando todos, sabe que un buen resultado rebota
al instante por todo el mundo. Esto siempre ha sido y será así. Ojo
con dar ventaja, ojo que si salimos a jugar un partido más contra un
rival que se juega el partido de su historia, podemos quedar mal
parados desde el primer segmento. Pudo haber pasado en Banfield. Por
suerte, no pasó.
La
predisposición, el entusiasmo con que salieron se vio en la primera
jugada, cuando lo fueron a buscar muy mal a Gago. Herrera dio bien
ley de ventaja pero de inmediato, cuando Fernando (gil) la devolvió,
lo amonestó. Está bien pero... ¿y la amarillita por la murra que
le habían metido antes, don Darío?...
En
ese largo rato en que imponían vitalidad en el medio, llegaban antes
a la pelota y nos ganaban las divididas, tuvieron algunas
insinuaciones y una clara. Las insinuaciones llegaban por los
costados. Bertolo, de entrada, lo dejó atrás a Jara con una
facilidad pasmosa, después la terminó mal, menos mal. Por el otro
flanco, el Chaco Insaurralde y Frank Fabra no coordinaban, dejaban
espacios y por allí ganaba Sperduti. Precisamente, por ahí estuvo
la clara, centro bajo de Sperduti al primer palo que Darío
Cvitanich, frente al arco, conectó desviado.
Después,
en esa que terminaba en gol de Cvitanich pero que se invalidó por
off side de Bertolo, estuvieron bien Belatti y Herrera, que la
cuenten como quieran. Bertolo “intentò jugar claramente un balón
que estaba cerca de él” y su acción “tuvo impacto en un
adversario” (Rossi). Son las palabras del reglamento.
Llegamos
una vez y fue gol. Buenísima la del negro Fabra, desequilibrando
gente por su lateral, pisando fuerte en el área y cruzándola para
que la metiese el que llegara. Llegó Benedetto y fue gol. Había
sido tema largamente conversado, la decisión de Guillermo de
sostener a Benedetto, a pesar del buen momento de Bou. No daba para
tanto pero somos Boca. Pudo Guillermo haber puesto a Bou y hubiera
estado bien. Lo dejó a Benedetto y también está bien. No es que
Benedetto viniera siendo un desastre en los últimos diez partidos ni
mucho menos. ¿Cuántos partidos había jugado después de aquel
exquisito gol a San Lorenzo, cuando se lesionó? Cuatro. Guillermo
respaldó a un jugador al que hoy tiene por titular. El jugador le
respondió. Se pueden hacer las encuentas que se quieran, que opinen
Yanina Latorre y Pachano pero decide el técnico. Hasta se llegó a
decir que lo ponía por lo que su pase le había costado al club.
¡Qué bajeza!... Hay uno de la radio que a Walter lo anda llamando
“El Palermo Negro”... ¡Muchachos!...
Después
del gol, durante un rato, siguieron mandando ellos. Allí fue cuando
se produjo la que Rossi le sacó a Sperduti. Como con Colón, a Rossi
se le presentó una mortal (una sola) y la sacó. Otro temita con que
los medios se hicieron un picnic, el del arquero. En este caso, se
trataba de una puja entre dos jugadores que no están consolidados,
Werner no tenía un lugar ganado. Guillermo eligió a Rossi y Rossi
también le respondió. Tiene presencia, inspira confianza, Rossi.
Banfield
perdió intensidad en el final del primer tiempo. Así pudimos llegar
al descanso más tranquilos. El segundo tiempo, todo nuestro. Se paró
bien la mitad de la cancha. Crecieron mucho el Negro Barrios y
Bentancur a los costados de Fernando. Wilmar fue incontenible en el
ida y vuelta. No faltó nunca a la hora de recuperar y llegó al área
rival firme. A Rodrigo se lo ve muy mejorado, madurado, prolijo con
la pelota y corriendo bien, metiendo como el que más. Por otra
parte, Centurión empezó a encontrarse más con la bola y a hacer
pesar su gambeta. Pasesito magistral de Ricky ésa para Benedetto,
que dejó atrás al arquero pero se abrió mucho, buena jugada.
El
segundo gol, simple, rápida y perfecta. Salida desde el fondo, la
peinada de Cristian Pavón, Barrios en posición de ataque, la
descarga para el medio y otra vez, Darío, presente, donde tiene que
estar el 9, en el momento en que tiene que estar, toque y adentro,
así se hace.
Pudo
haberse hecho más amplio en el último tramo, ya sin Centurión ni
Benedetto, con Junior Benítez y Bou. El arquero le sacó una a Frank
que hubiese sido golazo. Algunas se perdieron por esa mala costumbre
de Pavón de agachar la cabeza. Tenés una facilidad de desequilibrio
en el uno contra uno que se ve en pocos jugadores pero vas a tener
que ajustar los finales, Cristianito. Si no, te vamos a perder la
paciencia, hijo.
¡Qué
boludez la de Sebastián Pérez! Cinco minutos en la cancha y
reacciona con un manotazo por un foul que no tenía nada de
particular. El de Banfield, el tal Cecchini, se tira como si le
hubiese agarrado un ataque de epilepsia pero el manotazo estuvo y no
se entiende, no puede aceptarse.
¡Por
fin volvió el fútbol, che! Ya no se podía más. Y Boca sigue
arriba de todos. Vamos a ver cómo sigue esto. Guillermo repite cada
vez que puede que la partida de Carlitos Tevez no nos va a salir
gratis. Se necesita, básicamente, que el aplomo y la consistencia
del segundo tiempo se extiendan. Que no nos expongamos como en la
primera media hora. Hay que trabajarlo. Pero mientras ganemos, todo
se hace más fácil, tranquilos.
EL
BOLETÍN: ROSSI 7, JARA 5, VERGINI 5, INSAURRALDE 5, FABRA 8, BARRIOS
7, GAGO 6, BENTANCUR 7, PAVÓN 5, BENEDETTO 8, CENTURIÓN 7 (FI),
BENÍTEZ 6, BOU 6, SEBASTIÁN PÉREZ NC (ME GUARDO LAS GANAS DE
PONERLE 1).
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