domingo, 28 de mayo de 2017

EN NUESTRO LABERINTO

Ganábamos de grandísimo pedo, con perdón de la expresión. El penal fue penal. Dejamos dos puntos que, la verdad, no nos correspondían y ahora, aun si ganáramos los cuatro partidos que nos quedan, podría darse el caso de que no saliéramos campeones. Cambio sustancial. Y encima, los campeones podrían ser los que te jedi. Así son las cosas.
No se pueden sostener pretensiones con este nivel. Y no se trató de una excepción sino que jugamos más o menos como contra Newell's, River, Estudiantes, Rafaela, Patronato... En otras palabras, el Boca de hoy es éste y no otro.
¿Qué nos pasó, qué nos pasa? Bueno, a aquel equipo que terminara muy bien el año pasado y que nos entusiasmara con la serie de clásicos se le fue Carlitos Tevez, el distinto, el que daba el salto de calidad, el que marcaba la diferencia (todos los lugares comunes juntos pero son bien ilustrativos).
Nos las arreglábamos con Centurión pero ahora tampoco lo tenemos. Más allá de las dos lesiones consecutivas, más allá de que pudiera recuperarse (ojalá) para jugar con Independiente, sabemos que por mucho no lo podemos contar. Tiene un potencial extraordinario pero se está arruinando la vida tanto como las de quienes se le acercan y eso ya pareciera no tener remedio. En la cancha, lo extrañamos horrores, no tenemos manera de suplirlo.
Se incendió Vergini, a Peruzzi hay quien quiere ejecutarlo en la plaza pública, a Fabra lo tiró Guillermo abajo de un tren sin razones suficientes pero por cierto, tantos goles no nos hacen. Contra lo que pudiese pensarse superficialmente, la función defensiva no es el mayor de nuestros problemas. Lo primero que nos falta es elaboración.
Guillermo busca, eso no se le puede negar. Por ahora, no encuentra y si revisamos el plantel, soluciones a la vista no hay. Este último invento de Jara como extremo y Pablo Pérez detrás del 9 es tirarse un lance. Pablo está en el peor de los momentos desde su llegada a Boca, no pesa, tarda en decidir, decide mal. Y Jara no sabe de qué juega, no entiende dónde lo pusieron ni para qué, su lugar en la cancha no es ése, no le podemos pedir que rinda ahí. Ahora, la figurita que despierta las mayores expectativas es Maroni pero no nos engañemos, al equipo no lo va a arreglar Maroni, no podemos depender hasta tal punto de un pibe que recién va saliendo del cascarón y que de ninguna manera rompe el molde.
Huracán es uno de los tantos flojitos grupos de muchachos entusiastas en este desmañado campeonato de treinta concursantes. Mira la tabla de los promedios, gana muy poco, trata de mantenerse a flote. Y fue, sin mucho, mejor que nosotros. Al menos, puede decirse que se jugó más como quería Huracán que como quería Boca. Nos ganó el medio por mayor determinación o tal vez mayor concentración o mejor disposición táctica o todo junto. Y nos obligó a jugar por mucho tiempo sin la pelota, la perdíamos enseguida.
No tiene ataque, Huracán, pese a lo cual algunos problemas nos produjo por los costados. Con Pusetto y con Romero Gamarra. Porque a Peruzzi es mentira que lo proteja Jara y del otro lado, Silva deja tantos o más espacios que Fabra. No marcó mayores diferencias en la llegada, Huracán pero tuvo esa de Pusetto (enorme error en una salida de Tobio, le tiró un muerto a Gago), remate cruzado que alcanzó a arañar muy bien Rossi para mandarla al corner. Y después, una que nos movieron de banda a banda Mariano González y Romero Gamarra, mortal centro atrás que por suerte el percherón Briasco conectó muy forzado.
Nosotros tuvimos la de Pavón, una de las pocas resoluciones correctas de Cristian, arrancó de la izquierda para adentro y terminó con el remate bajo que se iba a desviar al corner. Y después, la de Jara, encontró un rebote cerca del área, le dio sin dudar y se le fue cerca, arriba.
Ya en el segundo tiempo, el desarrollo no cambiaba. La bola era más de ellos que de nosotros, se jugaba más en campo nuestro que en el de ellos aunque muchas cosquillas no nos hacían. La estructura del medio nuestro era insolvente. El Negro Barrios, con la agresividad que le conocemos pero equivocando muchas entregas. Fernando, con algún pase propio de su natural prolijidad. Hubo una en que, desde más de veinte metros, lo ubicó a Jara en el área, por derecha, en muy buena posición pero Jara se encontró ahí y se preguntó ahora qué carajo hago, la terminó regalando. Más allá de algún pincelazo, no tuvo Fernando la consistencia que necesitmos de él.
Hubo una que armaron bien Pavón y Pablo pero se le fue larga a Benedetto. Después, pudo haber sido la de Magallán, un tiro libre bien manejado por Pablo y por Silva, Magallán apareció por detrás de todos, salió mal el arquero pero le entró con poco espacio, Lisandro, fue palo y afuera. Una lástima, con lo poco que teníamos. Un año sin aparecer en la primera, Lisandro, con viaje a Defensa y Justicia en el medio, ahora Guillermo lo prefirió por sobre el desahuciado Vergini. Vamos a ver, fue un pibe que tuvo mala suerte, Lisandro porque en su mejor momento, después de aquel gol en la cancha de River, se rompió los ligamentos.
De la nada, el gol. Y un gol bien propio del partido que veníamos jugando. Porque en realidad, Rossi salió corto con Barrios, Wilmar medio que se enredó y la tocó para Tobio, Tobio se la sacó de encima tocándosela de nuevo a Rossi y ahí Agustín dijo bueno, basta y la mandó fuerte para el otro lado. Estaban mal parados, ellos. Compagnucci le ganó a Pavón de arriba pero la peinó mal para atrás con todos sus compañeros desacomodados. Ahí apareció Darío y la hizo muy bien, encaró derechito para el área, hizo un enganchecito para encontrar posición de tiro y ajustició con un derechazo inapelable. El Darío de siempre, el que ya conocemos de sobra, ni participaba, jugábamos con diez (cierto es que quedaba muy solo, muy lejos de los volantes porque Pavón partía a la misma altura que Jara, 4-2-3-1). Pero encontró una, el Pipa y fue gol.
Iban 29 y desde allí hasta los 48, momento del penal para Huracán, no se había jugado más. Ellos acusaron el golpe y ya estaban desgastados. Boca no quería jugar más y estaba bien, no daba para otra cosa que para bajar la persiana y que se terminara de una vez, 1-0. Rossi se quedaba un rato en el suelo en cada pelota que le llegaba, Jara se acalambó y se quedó en el suelo hasta que llegó el carrito, Guillermo lo puso a Fabra por Pavón... “E-qui-po-chi-colalaralalalalalá”, qué va a hacer, es lo que hay.
Ya estaba el chivo en el lazo pero les regalamos el último tiro libre, fau al pedo de Zuqui. Y lo defendimos mal, nos fuimos lejos del área, como le gusta a Guillermo pero Tobio perdió arriba con Frtizler y allá fue Montenegro, a buscarla adentro con Rossi. Y Rossi lo chocó, lo manoteó arriba y lo desequilibró abajo, penal, no lo dudemos. Los zurdos, por lo general y más en una instancia así, de última, suelen cruzarla y eso pensó Rossi pero Romero Gamarra nos cagó, la puso sutilmente del otro lado y a cantarle a Gardel, como se decía antes. Para cuando se pateó el penal iban 50...
Está bien, no jugamos para ganar, no teníamos por qué ganar. Y no ganamos. Y ahora ya no dependemos de nosotros pero como ya se apuntara aquí hace poco, si mal no recuerdo, “depender de nosotros”, en nuestro caso y en las presentes circunstancias, es sólo una ventaja relativa. Más bien, es un problema, depender de nosotros.



EL BOLETÍN: ROSSI 5, PERUZZI 4, VERGINI 5, MAGALLÁN 6, SILVA 4, BARRIOS 5, GAGO 5, JARA 3, PABLO PÉREZ 5, PAVÓN 4, BENEDETTO 5 (FI), MARONI 4, ZUQUI NC, FABRA NC.

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