La insólita
expulsión de Barrios, en una jugada en que ni siquiera había infracción,
terminó de condicionarnos para todo el suplementario pero también es verdad que
por ese entonces hacía un rato largo que Boca había perdido el control del
partido. No es nuevo. Nos hemos acostumbrado a jugar como podemos y no como
queremos. Es una constante, y más allá del rival, que nos manejen el
desarrollo. Una vez más, faltó juego.
Hace un mes,
cuando designaron a Tovar para el primer partido, anticipé (y está escrito) que
para el segundo iban a poner a Cunha y que Cunha nos iba a cagar. No es que el
uruguayo se haya equivocado demasiadas veces pero esa fue clave. Después, la
jugada peligrosa que da dentro del área, me pareció penal porque si hay
contacto (y yo creo que lo hubo), es penal. El presunto penal del que hablaron
Closs y Latorre, de Andrada contra Pratto, no fue tal.
En mi envío
anterior expuse quiénes eran mis once, no incluí a Pavón. Por las respuestas de
varios cofrades, advertí que Kichan seguía contando con la confianza de muchos.
Me pregunto cuántos partidos tendrá que jugar mal Pavón para que se le agote el
crédito.
Ni Pavón ni Villa
respondieron. Aportaron el esfuerzo para el retroceso pero fallaron en lo que
es propio de ellos: no ganaron jamás en el uno contra uno.
Benedetto salió
porque no estaba entero, Pablo Pérez salió porque no daba más, Nández tampoco
daba más, Buffarini tampoco. Ábila entró y muy pronto parecía no tener respuesta
física suficiente. Me pregunto por qué tantos jugadores de Boca tienen
problemas musculares.
Me parece que
fue el último partido de la carrera de Gago, veremos. Un gran jugador que en
los últimos tiempos se veía muy condicionado por su historia clínica. El otro
volante que estaba en el banco era Jara, que hacía mucho tiempo no ocupaba las
posiciones del medio. Almendra debió haber figurado entre los 18, sin
discusiones.
En el primer
tiempo Boca se paró bien. Le faltó armado ofensivo porque este Boca no tiene
armado ofensivo, no tiene un volante que pueda ser el eje de la elaboración. Nández
fue el mejor jugador de Boca, Pérez jugó una muy buena etapa inicial y Barrios
hizo lo que de él se espera. Pero Pérez es lo más parecido a un mediocampista
que haga jugar a los demás y no es suficiente porque rara vez sorprende o
cambia el ritmo.
El equipo estaba
bien desplegado a lo ancho del campo y cortaba bien los circuitos de River pero
llegar al área rival con posibilidades, costaba mucho.
Pudo haber sido
la de Pablo Pérez, a la salida de un corner que había ido a cabecear Izquierdoz
pero atajó Armani, a los diez minutos. Como
jugada colectiva correctamente construida, la primera fue la de los 39: bien
trabajada por Buffarini y Villa sobre la derecha, freno y centro del
colombiano, sacó el arquero cuando llegaba el Pipa.
El gol,
curiosamente, nació de una cagada de Andrada, que por evitar un corner les
regaló una bola en ataque. La desperdiciaron y el contraataque fue perfecto,
con el imponente pase de Nahitan y la inmaculada definición del Pipa.
Un dato muy
sugestivo: a lo largo de estas dos finales de 210 minutos, tres veces estuvimos
en ventaja y tres veces permitimos que se levantaran. A un equipo sólido,
seguro en lo que hace, eso le puede pasar alguna vez pero no tantas y tan
seguidas.
En el segundo
tiempo tal vez se haya pensado en esperar y definir de contra pero si fue así, lo
que se logró fue que la bocha la tuvieran siempre ellos y sin la bocha no se
juega. En todos esos segundos 45 minutos, no llegamos nunca y ellos, con
dificultades, fueron sumando aproximaciones.
Terminaron de
complicarnos cuando entró Quintero. La vía la tenían por la izquierda nuestra,
por donde Pavón ya no bajaba como en el primer tiempo, Pablo Pérez acusaba una
merma física, Olaza dejaba demasiado espacio y Magallán repetía las dudas que
se le habían visto desde el comienzo.
De todos modos,
el gol del empate fue todo mérito de ellos, que la movieron muy bien a través
de Fernández y Palacios para que Pratto definiera en condiciones muy favorables.
Esas maniobras combinadas con velocidad
y precisión, a este Boca le cuesta un montón armarlas.
Empezamos el
suplementario sin Pablo Pérez y con Nández y Buffarini visiblemente disminuidos.
De inmediato llegó la inaceptable expulsión de Wilmar y de ahí en más, sólo se
trataba de aguantar y llegar a los penales.
Arrancaron los últimos
15 y llegó el gol de Quintero de una manera que cabía presagiar, porque a Boca
ya le costaba mucho llegar a tiempo a todas las coberturas y en esa acción concedió
espacio en una zona donde no puede concedérselo. Por otra parte, la jugada
nació de una bola que Andrada despejó muy forzado cuando tenía posibilidades de
agarrarla, no fue bueno tampoco el partido de Andrada.
Lo que restaba
fue jugar a lo que se podía, metiendo la pelota arriba para ver si Wanchope e Izquierdoz,
transformado en segundo centrodelantero, podían ganar y defender alguna.
Pudo haber sido
con ese remate de Gago desde afuera que atrapó el arquero y en la última, con
la de Jara en el palo. Estaba escrito que no era para nosotros. El ingreso de
Tevez podría considerarse tardío pero hay que tener en cuenta que los tres
cambios anteriores fueron obligados.
La última
jugada, con Martínez corriendo media cancha sin nadie que se le opusiera ni siquiera
en la cobertura del arco, puede excusarse en la inferioridad numérica (a esa
altura nueve contra once) y la desesperación propia de las circunstancias pero
es también la radiografía de un equipo que está expuesto a que le pasen estas
cosas en este tipo de partidos.
Guillermo lleva
casi tres años al frente del plantel y ganó dos títulos locales a hilo, el
mérito no se cuestiona. Aunque haya dejado pasar dos Libertadores. Con River, llamativamente,
está invicto en cancha de ellos (un empate y dos ganados) pero no le ganó nunca
en La Bombonera (un empate y tres perdidos). Y este año perdió dos finales.
EL BOLETÍN: ANDRADA 4, BUFFARINI 6, IZQUIERDOZ 6,
MAGALLÁN 4, OLAZA 4, NÁNDEZ 8, BARRIOS 7, PABLO PÉREZ 7, VILLA 4, BENEDETTO 6,
PAVÓN 4 (FI), ÁBILA 4, GAGO 4, JARA 5, TEVEZ NC.
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