martes, 11 de diciembre de 2018

JUICIO A GUILLERMO


ACUSADO:
Guillermo Barros Schelotto.
CARGO:
Mal ejercicio de la dirección técnica de Boca Juniors.
ALEGATO DEL FISCAL
El acusado perdió la final de la Copa Libertadores de América frente a River Plate. Fue la segunda final perdida ante el tradicional rival durante el año en curso.
Fue, por otra parte, su segundo fracaso en igual número de participaciones por dicha competencia, sumado al que tuviera lugar en 2016. En tal oportunidad había quedado eliminado en la fase semifinal, como local, frente a Independiente del Valle. Una institución que por entonces sólo tenía siete años de permanencia en la división superior del fútbol de su país, Ecuador, del cual nunca fue campeón. Por otra parte, tampoco registra consagraciones de orden internacional. Además, representa a una federación que cuenta con sólo un título en el historial de 59 ediciones de la competición (Liga Deportiva Universitaria en 2008). Asimismo, Independiente del Valle debía trasladar su localía a la ciudad de Quito por no contar en su sede, Sangolqui, con un estadio habilitado.  
Es de hacer notar que en ambas referidas series eliminatorias, ante Independiente del Valle y River Plate, Boca estuvo en ventaja en los cuatro partidos y en ninguno pudo sostener el resultado favorable. Algo que no tiene antecedentes durante las conducciones de Juan Carlos Lorenzo ni de Carlos Bianchi. Siendo más amplio, no hay antecedente semejante en ninguna fase de eliminación directa a dos partidos a lo largo de las 27 participaciones del club en la señalada competencia. 
Al cabo de dos años, nueve meses y ocho días en funciones, su equipo nunca contó con una formación estable que permitiera la debida diferenciación entre once titulares y el resto del plantel.
Según coincidencia unánime de la crítica especializada y de simpatizantes propios y extraños, Boca se caracteriza por su dificultad para controlar el desarrollo de los partidos, por lo que normalmente debe ceñirse a jugar de acuerdo con imposiciones táctico-estratégicas del adversario.
Al respecto, se apunta que en la conformación del medio juego de sus equipos siempre faltó un volante definidamente ofensivo que se convirtiera en el vértice de la elaboración y cerebro de los ataques. Sobre la base del esquema 4-3-3, utilizado con preferencia, la línea media se constituyó por lo general con un hombre de contención y dos mixtos, ninguno de ellos caracterizado por su ductilidad para convertirse en delantero. Pablo Pérez, titular a lo largo de todo el ciclo, es un jugador de recorridos largos y de buen manejo pero no un natural eje de circulación ni tampoco un nato definidor. En oportunidades, la presencia de Fernando Gago le dio mayor fluidez al traslado, imaginación a las concepciones y cambi de ritmo. Aunque tampoco pudo aportar la suficiente presencia en zonas de definición ya que ello no se cuenta entre condiciones naturales, además de tratarse de un elemento limitado en los últimos tiempos por razones médicas. Cuando se varió el sistema y se jugó con un delantero central por detrás de otro, las prestaciones conjuntas tampoco mejoraron.
Por otra parte, la falta de un jugador de las características mencionadas también deja expuestos los errores en la conformación del plantel a través de cinco libros de pases, pese a las fuertes inversiones de la institución.   
Otra concordancia general es la falta de variedad y eficacia en el desarrollo de las acciones de balón detenido en ataque. Prueba de ello es que, a lo largo de los 117 partidos oficiales que al día de la fecha abarca la gestión, sólo se registran seis goles convertidos por zagueros centrales: dos por Lisandro Magallán, dos por Paolo Goltz, uno por Juan Manuel Insaurralde y uno por Carlos Izquierdoz. Debe puntualizarse que el gol convertido por Insaurralde (ante Tigre) no fue en jugada directa de balón detenido sino en segunda jugada y que otros dos goles, marcados por Magallán y Goltz, tuvieron lugar ante Alvarado de Mar del Plata, club que por entonces se encontraba de pretemporada con vistas a su participación en el torneo Federal A. No marcaron goles los otros seis defensores centrales que tuvieron competencia durante el ciclo: Fernando Tobio, Santiago Vergini, Daniel Díaz, Agustín Heredia, Gonzalo Goñi y Leonardo Balerdi.
  Como contrapartida, también se coincide en la fragilidad de Boca en la defensa de acciones de balón detenido. A pesar de las repetidas comprobaciones, se ha insistido en la marcación zonal que nunca le dio seguridad a la función.
   Permitió que el presidente Daniel Angelici lo desautorizara públicamente cuando decidió de manera unilateral la salida del jugador Ricardo Centurión, a mediados de 2017. El acusado lo había destacado como hombre base de su equipo y había enfatizado asimismo que no tenía reproches para el futbolista en cuanto a su contracción al trabajo y al cumplimiento de sus obligaciones. Centurión, jugador clave y destacadísima figura en la obtención del campeonato 2016/17, por su capacidad de desequilibrio individual, nunca encontró reemplazo adecuado.
Permaneció diez partidos consecutivos sin ganar en condición de visitante, entre el 18/2/2018 (1-0 frente a Banfield) y el 15/9/2018 (1-0 frente a Argentinos Juniors).
   En el clásico ante River Plate presenta un historial negativo de doce partidos entre oficiales y no oficiales con tres ganados, tres empatados y seis perdidos. En el curso de 2018 jugó cinco, con un empate y cuatro derrotas, incluidas la final única de la Supercopa Argentina y el segundo y definitorio juego por las finales de la Copa Libertadores de América.
En condición de local, el registro es de cuatro clásicos, con dos empatados y dos perdidos. La serie se extiende a cinco si se considera el 0-0 parcial del 14/5/2015 (0-3 por sanción de la Conmebol) bajo la conducción de Rodolfo Arruabarrena. En todo el historial oficial del clásico, iniciado en 1913, sólo hay un antecedente de secuencia más negativa para Boca jugando en su cancha: seis partidos (tres perdidos y tres empatados) entre 1981 y 1986, durante las conducciones de Silvio Marzolini, Vladislao Cap, Carmelo Faraone y Mario Zanabria. Pero nunca antes un mismo director técnico había transcurrido cuatro clásicos consecutivos sin vencer a River en el estadio del club.       
ALEGATO DEL DEFENSOR
En primer término, no puede dejarse de lado la gloriosa historia de mi cliente en su condición de futbolista activo, partícipe fundamental en la obtención de 15 títulos, con 300 partidos oficiales jugados y 86 goles convertidos. Esas cifras lo ubican como el segundo jugador más campeón en la historia del club, décimo entre los goleadores de todas las épocas y decimonoveno por cantidad de presencias en los 113 años de vida institucional. Pero los números no bastan para que se dimensione y comprenda la idolatría que supo ganarse con el talento desplegado en los campos de juego a lo largo de una brillante trayectoria de diez temporadas, entre 1997 y 2007.
Tampoco puede pasarse por alto que es el último campeón de la liga argentina. Bicampeón, para más mérito, en una de las competencias más difíciles del planeta.
Logró mantener a su equipo en la primera posición durante 46 fechas consecutivas. Un año, nueve meses y nueve días, entre el 11 de diciembre de 2016 y el 20 de agosto de 2018. Y dicha impresionante serie se inició con la conquista de tres clásicos seguidos.
Su foja de servicios habla por si sola: 117 partidos al frente del equipo con 63 triunfos, 31 empates y apenas 23 derrotas.
Registra por otra parte, desde el comienzo de su gestión, un invicto de tres partidos en el estadio del clásico rival, River Plate, con dos victorias y un empate. La serie se extiende a cuatro presentaciones sin derrotas en rodeo ajeno, si se agrega la victoria de 2015, durante la conducción de su antecesor, Rodolfo Arruabarrena.
Por si las hazañas descriptas no resultaran suficientes, debe destacarse la esencial participación de mi cliente en el caso de Rodrigo Bentancur. Con su perseverancia en sostener como titular al  joven jugador al que él mismo potenciara, con su convicción para mantenerlo en el equipo desoyendo los cuestionamientos más variados, contribuyó de manera decisiva a que Boca transfiriera por 9,4 millones de euros más el cincuenta por ciento de una futura transferencia a un volante mixto con un gol convertido en 66 partidos jugados.         
VEREDICTO:
Culpable.
SENTENCIA
Tomatelás (Firmado: juez R. A. Pérez).


                                  

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