lunes, 23 de mayo de 2011

EMPATECITO

¿Qué si la pelota había salido en el corner de Pablito, previo al gol del Chaco Insaurralde? ¡Y qué sé yo! Yo estaba bien ubicado, en el palquito de prensa escrita de Arsenal (justo delante de esas pendejas de mierda que rompen las bolas todo el tiempo con la bocina) y me pareció que no pero a Maidana, el lineman, que estaba mejor ubicado que yo, le pareció que sí. También le levantó la banderita a Mouche en un off side que para mí, no fue. Menos mal que después acertó dándole vía libre en el segundo gol.
Punto y aparte. No vamos a lagrimear más de la cuenta por las cagadas del referí y los linesman, lo cual lleva a perder de vista las cagadas propias que son muchas, demasiadas.
En el cuarto centro que cayó sobre el área de Boca, por tercera vez ganó un hombre de Arsenal. Y fue gol de Óbolo. En el único en que no había ganado uno de Arsenal, ganó Lucchetti, con los puños. Se ve que Caruzzo y el Chaco confían a ciegas en su arquero, porque se quedaron atornilladdos al suelo, mirando, una vez más. La jugada, la del gol de Óbolo, había nacido de un error inexcusable del Pampa, que desde su costado le regaló la bola a un rival absolutamente solo en el medio de la cancha.
No se puede pensar en grande si perdemos constantemente en el área propia, si cada centro es un suplicio. Y así fue que, en todo el primer tiempo, estuvimos expuestos a la catástrofe, con un rival que apenas se paraba mejor en la cancha porque tiene un central solvente, López (¡cómo quisiéramos tener uno!), un volante que conoce bien el oficio, Ortiz, que abría la pelota para los costados porque tiene dos tipos que tiran buenos centros, Adrián González y Caffa, y porque tiene un buen cabeceador, Óbolo, más un pibe grandote que asusta con el físico, Iván González.
¿Y Boca? Sólo el buen partido de Pochi, al que se lo ve cada vea más firme y seguro con la pelota aunque seguimos pagando su falta de vocación para el retroceso. Alguna corajeada de Mouche, generalmente sobre la derecha. Nico Colazo anduvo enredado, Somoza sigue comprometiendo demasiadas pelotas y Erviti… ¿Qué es Erviti? Como doble cinco recupera cero. Como volante que debiera desprenderse del tándem de contención para hacerse armador, ni se lo ve. Sus compañeros no le pasan la pelota porque no creen en él.
Había que correr riesgos y se corrieron en el segundo tiempo, cuando entró Viatri por Nico. La mitad de la cancha quedaba peligrosamente despoblada, peligro al cuadrado cuando se tiene una defensa que no está para aguantar nada. Pero con Pablo ahora abierto sobre la izquierda y con Martín más Lucas para pelearla en el área, el equipo tuvo agresividad. Y tuvo “ímpetu”, por utilizar la palabra que utilizó Falcioni.
Después del primer empate (centro perfecto de Pablo y Lucas ganando por arriba) estaba para Boca pero… Nos acostaron con otro centro. Este fue todo de Lucchetti. Salió a cazar mariposas, como decía mi papá en 1957. Dejó el arco regalado para el gol de López.
La jugada había nacido de un foul estúpido, perdónese la dureza del calificativo, por parte de Caruzzo. Se desesperó por anticipar a Óbolo, debe ser porque él mismo se da cuenta de que no anticipa nunca, pero lo que hizo fue voltearlo. Volteó a un delantero que estaba de espaldas al área, que estaba obligado a tocar hacia atrás o bien hubiese tenido que controlar la pelota para después empezar a pensar qué hacía. Y Caruzzo le solucionó todos los problemas, obsequiándole al rival una pelota parada en ataque.
Repasemos: primer gol, grosera salida del Pampa; segundo, guaranga infracción de Caruzzo… Y las dos veces el mismo final, cabezazo en el área y a sacar del medio.
Lo mejor, por lejos, fue que se jugó el segundo tiempo con gran determinación, a despecho de los enormes errores. El segundo gol no cambió eso. Se siguió yendo al frente. Maidana nos paró de un banderazo una jugada en la que Pablo quedaba solo con el arquero. Y después vio salir esa pelota que vaya a saberse si salió, previa a lo que pudo haber sido gol de Insaurralde pero no lloremos. A esa altura, Insaurralde no debió haber estado en la cancha porque sobre el final del primer tiempo, estando amonestado, metió una patada incomprensible, de segunda amarilla. Pezzotta debe haberle tenido lástima y para disimular, ni cobró el foul.
Al final acertó Maidana, cuando todos los de Arsenal salían atropelladamente y Pablo quedó habilitado para empatar. Bola bien puesta en el área por Somoza, como la del gol de Martín a River. ¡Así, Leandro, a los compañeros! Y se sacó un empatecito que no sirve para nada pero no perdimos. No estamos para mucho más, seamos sinceros.
Nos quedamos sin Román por tres semanas, mínimo, y claro que se siente. Porque a Román se lo castigó más de lo debido, sólo por ser Román y tener muchos enemigos, después del partido con River pero en el segundo tiempo con River, Román se la daba a los de Boca. Establezcamos dos diferencias básicas: a Román los compañeros se la dan y a Erviti, no. Y Román la devuelve limpia. Erviti, la vez que se la dan, no. Y no es que con Erviti se gane contención ni que el esquema sea más confiable. ¡Qué va! Pero bueno, los detractores de Román son más rompebolas que las pendejas de la bocina…

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