Hace falta más gol. En amistosos o en oficiales, en verano o en invierno, da bronca, mucha, perder un partido como el de anoche, dejando pasar no menos de cinco situaciones concretas de gol contra ninguna de Independiente.
Más bronca da perder a los 44 minutos del segundo tiempo y por una carambola a tres bandas en que el adversario lo único que hizo fue despachar un centrito rutinario e indoloro. Después, fue toda nuestra: Sosa que le pega para cualquier lado, el Flaco Schiavi que se la lleva puesta y Orión que, comprensiblemente, deambulaba por su área chica sin entender qué les pasaba a sus compañeros.
Inexcusable la rabieta de Cvitanich que nos dejó con diez. Le entraron fuerte pero no se acepta que se ponga loco, se tire a partir y se sirva en bandeja para que lo echen. Hay que ser más racional. Era claro que Pitana, como es habitual en él, no estaba bien predispuesto para con nosotros. Si desde el primer tiempo, amonestaba nada más que a los nuestros. Además, viéndolo por televisión, ponen nervioso los primeros planos que le hacen a Pitana, en que aparece invariablemente sonriente. ¿De qué se ríe, el estúpido?
Aunque el partido no haya sido gran cosa, Boca lo manejó en su mayor parte. Con la solidez defensiva o mejor dicho, la solidez de todo el equipo en función defensiva que ya es marca registrada. De arranque pareció que podía haber problemas por el lado de Sosa, a donde se volcaba el Patito Rodríguez (copia de lo que pasó en el empate por el Clausura) pero rápidamente nos acomodamos. Empezamos a mandar en el medio.
No pongamos el acento en el penal que le hicieron a Cvitanich y que Pitana no vio, es lógico que haya seguido la pelota, perdonémoslo. Pero cuando llegaron las oportunidades, que llegaron por peso propio de la superioridad ejercida en el juego, no se definió bien. Navarro sacó cuatro difíciles pero las sacó porque podían sacarse. Las que se definen como se debe, no las saca ni el mejor de los arqueros. Por ejemplo, en esa que le quedó a Nico Colazo en el segundo tiempo, con un amago el arquero quedaba fuera de circulación pero Nico no amagó, le pegó al bulto y se la taparon.
El tucumano Sosa, que terminó siendo actor principal por la jugada del gol, tira buenos centros. Mira antes de ponerlos. Faltó altura para sacarle el jugo a alguno porque pusimos todos delanteros y volantes más bien petisones, así que para ganar bien por arriba en el área rival había que esperar las pelotas paradas. No digamos Palermo, ni siquiera Viatri pero con Nico Blandi, tal vez alguna pudo haberse ganado y se terminaba el partido. Porque Independiente no hizo nada, lo aguantó su arquero. Puesto a defender, Sosa muestra algunas flaquezas. La del gol supongamos que fue nada más que una intervención desgraciada.
Impecable Facu Roncaglia. Lo mejor del equipo. Lo ponen en cualquier lugar de la defensa y el muchacho rinde. Hasta metió un pase bárbaro, después de una salida desde el fondo, y Araujito no la supo resolver. Lo perdió por dejarla picar por segunda vez. Si le pegaba antes, lo tomaba al arquero caminando.
Otro que anduvo bien fue Pichi Erbes, bien paradito, seguro, factor determinante para que Boca tuviera el control en el medio durante casi toda la noche. Casi, porque en el tramo final los nuestros estaban más cansados que los de ellos. Estas sí son cosas que pasan en el verano, las respuestas físicas dependen de la etapa de preparación en que esté cada plantel pero lo cierto es que en los últimos veinte faltaban piernas, faltaba reacción, por eso empezó a jugarse más cerca de Orión que en los setenta minutos anteriores.
Ciento ochenta minutos, cero gol, un empate y una caída. No es para alarmarse, ni Independiente ni San Lorenzo nos superaron sino más bien lo contrario, es nada más que el arranque, la competencia por los puntos todavía no empezó. Pero hay que hacer los goles, no hay que dejar pasar tantas oportunidades. No sigamos agrandando a los Nereo Champagne o los Hilario Navarro, que la vayan a buscar adentro. Trabajemos sobre esa idea, primordialmente.
domingo, 22 de enero de 2012
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