miércoles, 11 de enero de 2012

TODO LO QUE DICEN ES TODO MENTIRA

El título de la presente remite a una de las cientas de exitosas composiciones, allá por mis dorados años sesenta, de Palito Ortega, poeta popular y gran melodista (no muy buen cantor) que desde hace más de medio siglo ha vendido millones de discos y convocado a millones de personas. No obstante lo cual en ciertos cenáculos se lo sigue escarneciendo, a él y a sus seguidores.
Viene a cuento por el caso Silva, nueva comprobación, no por repetida menos dolorosa, de que todos mentimos sin asco ni culpa, llevamos agua para nuestro molino sin decoro, en mayor o menor medida prestamos atención a nuestras necesidades (personales o sectoriales) de manera excluyente, eliminatoria. “El que no llora no mama y el que no afana es un gil”, escribió otro poeta popular (éste de mayor rango).
A ver. La FIFA impone una engorrosa reglamentación (con excepciones que ya sentaron jurisprudencia) por la cual un jugador, en resumidas cuentas, puede jugar en tres clubes diferentes por temporada en ligas cuyos tres calendarios no corran paralelos (que dos vayan de enero a diciembre y el otro de julio a junio o viceversa). Si se trata de tres calendarios paralelos, entonces el jugador puede jugar en no más de dos clubes.
El espíritu de la regla no deja de ser plausible. Todavía somos muchos los que nos decepcionamos por el hecho de que los jugadores sean aves de paso, cambien de camiseta como de sunga, hagan la Gran Pentrelli (“toco y me voy”). No está mal guardar algunos límites.
Mascherano pudo jugar en más de dos equipos a lo largo de una sola temporada porque el calendario de Brasil no corre paralelo con el de Inglaterra. Como los calendarios de la Argentina e Italia corren paralelos, Silva no podría jugar, a lo largo de una sola temporada, en Vélez, Fiorentina y Boca. Hasta aquí, más o menos claro aunque haya que releerlo algunas veces. Y aunque no se entienda bien el porqué de la diferenciación.
Hecha la ley, hay que empezar a buscar la trampa. El recoveco que permita escaparse de la ley pero con autorización, con la venia de los que definen, sin delinquir aunque se delinca. Un arreglo, un guiño, una excepción (que a la larga no va a ser, seguramente, tan excepcional). Boca está buscando la forma, se apoya en la AFA, pide que la FIFA se afloje.
Silva, por su lado, amaga con recurrir a la justicia ordinaria. Algo que la FIFA odia. Lo cual constituye una actitud aberrante por parte de la FIFA. ¿Por qué no podríamos acudir a la justicia ordinaria? ¿A quién, si no? En la Argentina como en muchos otros países, el derecho de recurrir a la justicia ordinaria constituye una garantía constitucional inviolable. ¿Qué es la FIFA para disgustarse con ello? Por suerte, el caso Bosman ya la puso hace muchos años en su lugar.
Breve digresión: no vaya a ser que Boca termine pagando si es Silva el que recurre a la justicia ordinaria, el que saca los pies del plato.
Ahora bien, lo que alega Silva es su derecho a trabajar. Perfecto. Pero Silva no está desocupado. Es jugador de la Fiorentina, institución con la cual se comprometió por un período determinado sin que nadie le prometiera que iba a jugar todos los partidos. Le siguen pagando y muy bien. Que quiera jugar y no mirar desde afuera es comprensible pero el asumió una obligación. Y no deja de ser chocante que un privilegiado (los futbolistas de elite lo son) invoque el “derecho al trabajo” siendo que tantos otros trabajadores ven día a día pisoteados sus derechos más elementales, por no hablar de los tantos otros que ni siquiera son trabajadores porque en serio, no pueden ni ejercer el básico derecho de laburar.
Silva es un valioso delantero que, se supone, muy bien le vendría a Boca. Pero en su trayectoria ha dado muestras de ser muy poco fiel a los clubes que lo requieren. En la cancha es una fiera pero ojo, el tipo se caga en todo.
Por si fueran pocas las patas de la mesa, se metió Vélez. Que se siente despechado (y se entiende) porque Silva quiere jugar en Boca. Y entonces alega que cuando ellos pidieron una excepción a otra regla, les dijeron no. La precipitada fuga de Silva a Italia y la lesión de Razzotti poco tienen en común con el caso que ahora se plantea pero nadie deja de llevar agua para su molino. El que no llora, no mama.
Después de que hablara Vélez, la prensa especializada no iba a perderse la ocasión y fue a ponerle el micrófono delante a Crespi, para que respondiera en nombre de Boca. Y Carozo replicó bien, recordó que cuando Boca andaba haciendo algún sondeo por Óbolo, Vélez apareció de sopetón y se lo llevó. Por supuesto, casos así se dan a rolete en cada apertura de libro de pases y aun con el libro de pases cerrado. Ningún club puede arrojar la primera piedra. Que Vélez no quiera hacerse el principista, porque no le cabe.
Un gran pensador argentino, José Ingenieros, escribió una vez: “El que no viene a lo que dice no viene por donde debiera venir”. Aunque “el mundo fue y será una porquería, en el 506 y en el 2000 también” (otro Discepolín dixit), cuesta imaginar que en tiempos de Ingenieros (1877-1925) las cosas fueran tan desoladoras como en el presente. En 2012 nadie viene a lo que dice, don José.

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