Pajarito. Son 35 los partidos sin perder y esta vez se ganó, bien, con los muchachos que estaban esperando turno. Si partimos de la base de que, en general, tendríamos que hacer más goles, es muy positivo haber ganado con un gol del cuarto delantero (Nico Blandi) y otro del quinto (Araujito) más una buena prestación, en el segundo tiempo, del sexto (el Paragua Gaona Lugo), aunque no le haya acertado al arco.
El arco propio siguió en cero, fundamental. Correcto el uruguayo Sosa, inspira confianza aunque no haya tenido ninguna extremadamente difícil. Ojo, no nos olvidemos que de las primeras cuatro pelotas que cruzaron el área, tres las cabecearon ellos. Sauro y el Colo Ruiz empezaron mirando mucho, sin apretar lo suficiente.
Pochi apareció más en el segundo tiempo, cuando ellos, los de Central Córdoba, estaban fusilados de todo lo que habían corrido en el primero. Se movió y la pidió siempre, Pochi, pero tiene que tener un mejor porcentaje de buenas entregas, la compromete mucho. La mejor noticia del segundo tiempo fue la agresividad que dio el Paragua, que entró muy enchufado. Desbordó fácil y sobre todo por la izquierda, que no suele ser el lugar de la cancha que más transita. Tuvo dos de gol y no las definió bien, tomemos nota pero igual, aprobó con creces.
Aprobaron, también, el Gordo Sánchez Miño y Pol Fernández. Lo de Pol por la izquierda era una incógnita, iba a tener la cancha cambiada pero rindió, Cuidó muy bien la pelota, la pasó bien. También en su caso debe apuntarse que creció en el segundo tiempo, cuando ellos tiraron la toalla.
El Gordo tiene muy buen manejo. Era lateral de origen, después lo pasaron a la mitad de la cancha y ahora lo devolvieron a su lugar primero. Su buen trato de pelota lo lleva para adelante siempre. A la hora de marcar da ventajas. Habrá que ver cómo sigue su evolución pero es un pibe por demás interesante porque también juega muy bien de doble cinco por la izquierda.
Impecable Pichi Erbes, siempre bien parado, prolijo en las entregas. Fue el más parejito, porque jugó igual todo el partido. La regularidad es uno de sus atributos más salientes.
Tal vez no vaya a ser dimensionada debidamente la importancia de Nico Blandi. Le llegaron muy pocas pelotas como la gente, porque en la primera parte, con todo lo que ellos corrían (y cortaban con foules), se hacía difícil la circulación. Pero una de las pocas que pudo dominar la mandó adentro. Abrió el partido. Lástima esa contractura que lo dejó afuera en la parte final.
Hubo un penalcito a Nico en el primer tiempo pero bueno, puede pasar. Sin embargo, no deja de ser gracioso que el pelotudo que comentaba por televisión haya dicho que ése no había sido penal pero que sí fue penal una jugada del segundo tiempo en que uno de ellos cayó como muerto en el área porque Sauro le acarició el hombro derecho. ¿Ah, sí, muchacho, eso es penal?... También, los de la TV Pública, ¿cómo van a mandar a un gil de Rosario a comentar un partido de un equipo de Rosario?
En cuanto a Araujito, a este que escribe le quedó grabada una frase de Borghi: “Araujo va a jugar en primera cuando él quiera”. Y sí, tiene todo pero no termina de definirse. Hay en él un dejo de displicencia que lo lleva a perder demasiadas pelotas. La del gol pudo haberla definido más limpita pero por falta de vigor o de concentración o de no sé qué, el control de pelota no fue perfecto y le consumió un tiempo más del necesario. Entonces la jugada se le ensució y menos mal que, cuando por fin pateó, se produjo ese desvío en un defensor que lo dejó en bolas al arquero.
Falcioni, con los 35 sin perder, ya igualó la marca de Bianchi. Porque la racha de 40 del 98/99 tuvo los cinco partidos iniciales con García Cambón. Sin embargo, flota en el aire la falta de reconocimiento a este equipo, que gana con titulares o con suplentes, aquí o allá, al que no le hace goles nadie. No importa, sigamos adelante. Si seguimos ganando, algún día tendrán que sacarse el sombrero. Algún día se darán cuenta de que éste, más allá de lo que pueda pasar de aquí en más, ya fue durante mucho tiempo un equipo indestructible.
jueves, 1 de marzo de 2012
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Buen post. Pensé lo mismo del comentarista, que hizo lo mismo con los offsides. Comparto con lo de Blandi, ese pibe tiene un temple fabuloso: lo que le falta de técnica lo suple con una confianza a prueba de balas. Si lo pensás, ese gol que se pierde contra Belgrano el día de su debut destruiría la confianza (y quizá la carrera) de cualquier otro jugador. El mismo día con Olimpo, donde su primera intervención fue una pifia espantosa, en la segunda se rompió la cabeza... Pero después entró como si nada, yendo a todas. Me mata, ese pibe.
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