La verdad,
este gil que escribe, en la cancha, no observó el off side de Gutiérrez previo
al primer gol de River y después, antes del segundo, le pareció, como a Pitana,
que era corner. Claro que da espumante bronca e impotencia extrema comprobar,
TV mediante, que dos errores de arbitraje capitales, ambos en contra,
sentenciaron el clásico. Cuatro ganados sobre 22 con Pitana son muy pocos y habría
que revisar cuántas son ya las veces que Hernán Maidana maneja mal su banderita
contra nosotros pero son circunstancias del juego y aquí corresponde el punto
final. Extenderse sería caer en un lloriqueo que no nos va, no es lo nuestro.
Hubo un Boca sensiblemente mejor que muchos
Boca de los últimos tiempos, hubo un Román en su mejor versión del año, un
Pochito Insúa mejor que todos los que conociéramos, un Burro Martínez que
justificó la decisión de Bianchi de devolverlo. Hubo, asimismo, desniveles
profundos y fracasos individuales que, al cabo, contribuyeron a condenarnos.
La idea de juego, esta vez, estuvo clara y
las asociaciones aparecieron. Insúa, por la izquierda, fue un tractor y el
Burro Martínez, pese a que funcionó con corriente alternada, cada vez que se
encendió, por cualquier lugar de la cancha, fue muy difícil de controlar.
Muy participativo Román, que pareciera ir
teniendo más aire y en consecuencia, por supuesto, hace crecer al equipo. Rápidamente
tomó nota de que la llave estaba por el lado de Insúa y hacia allí volcó el
juego. El medio fue, siempre, respetuoso de la pelota. Gago empezó bien aunque
finalmente no jugó tanto como parecía que iba a jugar. Pichi Erbes, en su
partido cien, fue el más embarullado pero corrió hasta la última. Lástima que
Sánchez Miño, de nuevo, haya estado apagado, tibiecito, haya estado tan Sánchez
Miño.
Al principio tuvimos problemas por la banda
izquierda nuestra cuando nos aparecía Mercado pero después Insúa ajustó también
su gestión defensiva, con el respaldo de un Forlín seguro. En
cambio, por el otro lado los problemas no se resolvieron nunca. Grana no estuvo
a la altura del partido, no sólo no marcó bien sino que cada vez que tuvo
que decidir el destino de la pelota fue un peligro y lo complicó también al
Cata, que tenía que cubrirlo.
A partir de los veinte minutos y hasta el
final del primer tiempo mandamos con claridad. Nos faltó meterla, entre otras
cosas porque Gigliotti volvió a brillar por su ausencia o más precisamente, las
dos veces que se hizo ver fue por desperdiciar dos oportunidades. En la primera
quedó muy cerrado y pateó a las manos de Barovero. En la segunda, después de
ese desborde del Burro por la izquierda, no se entiende cómo hizo para errar a la pelota, cómo se las arregló para que siguiera de largo, solo y en la boca del arco.
En el segundo tiempo también arrancamos bien
pero el primer gol de ellos fue un golpe duro de absorber. Hay méritos de
River: gran salida de Álvarez Balanta desde el fondo, la participación de
Carbonero y Gutiérrez (adelantadito), estupenda definición de Lanzini, cruzando
la bocha con la precisión que nos gustaría ver, más seguido y en ese lugar de la cancha, en Gigliotti.
¿Qué decir del gol de Román? “Riquelmiano”,
dijo Bianchi. Muy valiosa la acción previa del Burro, forzando el foul de
Mercado cerca del área. Tiro libre majestuoso, impoluto, supremo. Barovero armó
una barrera tan grande como pudo y pensó bien, “yo me quedo en mi palo”.
Posición privilegiada la suya, paradito ahí, viéndola entrar contra su palo
derecho.
Después del gol, era todo nuestro.
Claramente, a ellos no los disgustaba para nada el empate y estaba bien, se
iban de La Bombonera sin mácula y quedaban a tres puntos de Colón. El pibito
Acosta había entrado con las ganas que le conocemos y estaba para aportar. Entonces
llegó, tan cerca del final (y para peor ya sin Román en la cancha), esa
fatídica acción. Era saque de arco, porque la tocó último Lanzini pero que fue
corner, porque a Pitana le pareció (como al autor) que la había tocado último
Grana. Entonces llegó el envío mortal de Lanzini al primer palo, Funes Mori que
le ganó en el aire a Gago y su cabezazo que, contando con la horrenda salida de Orion, se
transformó en el gol que nos dejó sin nada.
Parecido, el gol que se come Orion, al que
se había comido en Mendoza, en el verano. En fin, hay aristas de la personalidad
de Agustín que al que suscribe no le caen bien pero es buen arquero, en los dos
años y nueve meses que lleva con nosotros su rendimiento ha sido más que
satisfactorio. El mejor de los arqueros comete algunos errores y a los
arqueros, por lo general, no los salva nadie. Embola constatar que Barovero respondió
en cinco bolas complicadas (el zurdazo de Román que mandó al corner, la de
Gigliotti ya mencionada, el cabezazo del Burro, la de Erbes al empezar el
segundo tiempo y la de Insúa después del gol de Román). Agustín, en cambio,
regaló un gol.
Hay 27 puntos por jugar, estamos a seis de
Colón pero con… ¡Diez equipos en el medio! Huele a triste y solitario final
pero como dijo Bianchi, tenemos que pensar en sacar los tres puntos cada vez
que salimos a la cancha. Dentro de dos días ya estaremos de nuevo en el ruedo,
en Rosario. Es bueno tener posibilidad de revancha tan pronto. Lo que desanima
es la comprobación de cuánto nos cuesta ganar, incluso cuando no jugamos tan
mal.
Último lamento, hemos quedado más expuestos
a la chacota por esos hijos de puta que desataron pirotecnia en la calle,
detrás de los palcos, después del gol de Román. Uno, sin esperanza de ser
escuchado, rechaza sanguíneamente a esos pelotudos pero sabe que, en el fondo, está con la minoría. La mayoría
dominante, con tácita aprobación social, son ellos. Meten fuegos artificiales
no para festejar nada en particular sino para sentirse importantes y poderosos
(a falta de mejores fundamentos), para hacer ver que se cagan en las normas
establecidas, que no se puede con ellos, que todo les chupa un huevo. Boca,
para ellos, es sólo el medio para hacerse notar (otras fórmulas serían
incapaces de descubrir), que gane o pierda poco les cambia. Son una de las
caras visibles de esta sociedad corrompida desde sus cimientos y decadente en
todos sus estratos. Así nos va.
EL BOLETÍN: ORION 4, GRANA
3, DÍAZ 5, FORLÍN 6, INSÚA 7, GAGO 6, ERBES 5, SÁNCHEZ MIÑO 4, ROMÁN 7,
MARTÍNEZ 7, GIGLIOTTI 3 (FI), ACOSTA 6, COLAZO NC, RIAÑO NC.
Coincido más o menos en todo, pero fundamentalmente con el puntaje a Miño. Capaz que es un error nuestro pensar que puede dar más. Esa en la que tuvo todo para meterse en el área y fusilar a Barovero de zurda es quizá la posta sobre el tipo: se apuró y le pegó con la muda, un tirito horrible, impresentable. Tener las condiciones no es suficiente.
ResponderEliminarY sí, rompe mucho las pelotas perder hasta cuando no jugás mal, la concha puta.