domingo, 2 de marzo de 2014

LÓGICA PURA Y ELEMENTAL

   Vélez es, hoy, mucho, pero mucho más equipo que Boca. O mejor, Vélez es un equipo. Boca no solamente está por debajo de esa calificación sino que ni siquiera podría decirse que esté en proceso de llegar a esa jerarquía. De modo que esperar otra resolución del partido que jugamos en Liniers sólo podía ser una ilusión con sustento en “esas cosas del fútbol”. Expresión a la que acudimos en aquellos partidos para cuya definición no encontramos razones.
   Bianchi dice que fue “un tiempo para cada uno”. Falso. Más adelantado o más retrasado, con o sin la pelota, el control del juego lo tuvo, en general, Vélez. Al principio, con presión intensa, con recuperación alta y rápida, con circulación fluida y profunda. Después, en el segundo tiempo (recuérdese que el martes había tenido Copa), apoyado en una gestión defensiva sólida y eficiente.
   Pusimos dos líneas de cuatro, recurso que ha sabido darnos algunos dividendos, a veces, de visitantes. Pero nos llegaban, corríamos detrás de la pelota, no había contención suficiente. Iban nada más que dos minutos cuando Zárate picó a buscar un pase entre líneas, se encontró solo con Orion y definió ancho. Fue el preludio de lo que iba a ser el desarrollo en ese primer segmento.
   No es que ellos hayan tenido tanta frecuencia de llegada pero sí estaba claro que mandaban. El gol, a los 28, pudo haber llegado antes. El mérito es de Zárate, por la facilidad con que controló el pelotazo largo de Cubero, por la sencillez con que se sacó en encima al Cata mediante un simple enganche hacia adentro y por la precisión que le dio al derechazo bajo, para dejar sin chance a Orion. Gigliotti, puesto a resolver la misma jugada, muy probablemente ni siquiera hubiese podido domar la bola a falta de un revólver. De todos modos, hay que poner énfasis en la fragilidad del Cata, que tuvo otro partido desconcertante.
   Ya 0-1, no costaba nada imaginarse cuál iba a ser el epílogo, con todo lo que faltaba. Porque cada vez que empezamos perdiendo sabemos que darlo vuelta va a ser una quimera. Y porque en particular, en este partido, se veía que andábamos por la cancha sin saber qué trole había que tomar.
   El marido de Gisela Dulko tiene su cabecita en el Mundial, en Brasil. No juega. Así, no nos sirve. Claro que es difícil sacarlo por tratarse de quien se trata. Hacerlo abriría las compuertas de un circo mediático infernal, lo último que necesitamos en este momento. Pero alguna solución va a haber que hallar porque no podemos darnos el lujo de jugar con diez.
   Bianchi lo había colgado bien a Sánchez Miño. ¿Por qué lo repuso ahora? Tal vez haya pensado que una fecha en el freezer iba a despertarle la rebeldía. Error. Sánchez Miño es incapaz de rebelarse. En esa del primer tiempo en que Cubero fue a trabar con alma y vida y Sánchez Miño recogió la patita, el que suscribe estuvo a punto de masticarse su cuaderno de apuntes. Además, no se entendió bien su posición porque no jugó abierto por la banda sino que se fue para adentro. Quizá la idea era que se juntara con Acosta. No salió. En el último tramo volvió a jugar de 3, aunque Bianchi afirma que no es la función que más le conviene pero con su cambio posicional no aportó nada.
   Quedó afuera el Pichi Erbes, se presume que para cuidarlo por tener cuatro amarillas, considerando que el marido de Gisela Dulko no va a estar contra Olimpo. ¿Guardamos un jugador contra Vélez de visitantes para tenerlo contra Olimpo de locales? A este gil que escribe no le dan sus módicas entendederas, perdónese la limitación. Por otra parte, la ausencia del marido de Gisela Dulko, en las presentes circunstancias, no significa nada. Si hace rato está ausente, el muchachito.
   Por el callejón que dejaba Sánchez Miño al cerrarse, Insúa se convirtió en la presencia ofensiva más notoria e inquietante de Boca durante el primer tiempo. Es verdad aunque usted no lo crea. Fue, repetidamente y con ganas. No terminó bien ninguna, Pochito es torpe y acelerado pero bueno, algo puso. Igual, más tarde iban a sacarlo. Esto sí se entiende fácil, por sacarlo a Insúa nadie va a pedir explicaciones.
   El Burro Rivero volvió a ser titular después de muchísimo tiempo y empezó bastante bien pero después el partido se lo llevó. De todos modos, fiel a sí mismo, hasta su reemplazo la peleó en todo momento. Igual que Pablito Ledesma, que juega mal pero mete. No como el marido de Gisela Dulko, que encima gesticula y botonea compañeros. Y el petisito Acosta se movió con las ganas que le conocemos, casi siempre abierto sobre la derecha pero éste debe haber sido el partido en que menos se lo vio.
   Si dispusiésemos de un central con el oficio y la solvencia de Domínguez, de un volante con la ductilidad, la versatilidad y el compromiso de Romero, de un delantero con el acopio de recursos de Zárate, otro gallo cantaría. No los disponemos.
   ¿Cuántas llegadas produjimos con acciones asociadas, en los noventa minutos? Cero. Claro que jugar corto con un 9 al que la bola le rebota cuando no le pasa por debajo de la suela es misión imposible. Las posibilidades con que contamos fueron o por remates desde afuera o por centros. En el primer tiempo, el tiro libre de Sánchez Miño por fuera de la barrera, apenas desviado y otro disparo del Gordo, éste con pelota en movimiento, con deficiente respuesta del uruguayo Sosa pero peor fue la resolución de Gigliotti, que no logró meterla de segunda ni de tercera ni de cuarta. En el segundo tiempo, cabezazo alto de Gigliotti por tiro libre del marido de Gisela Dulko (igual que con Estudiantes) y cabezazo alto de Forlín por corner de Sánchez Miño. De fórmulas ofensivas andamos más bien escasos.
   Bianchi lo dejó afuera al Burro Martínez pero lo mandó a la cancha de primer cambio. ¿Y qué podemos esperar, a esta altura, del Burro? Reconozcámosle que se movió bastante, encaró y bajó bien una pelota en el área, peor es nada. El segundo y último cambio fue el Monito Perotti, a quien está claro que Bianchi lo quiere partiendo desde la izquierda, con perfil invertido. Tendremos que seguir viéndolo para saber qué puede darnos.
   Evidentemente, Bianchi tiene a Román en el banco para, si en una de esas vamos ganando, meterlo en los últimos veinte y que aguante la bocha arriba, como con Estudiantes. Para otra cosa no está, parece. ¿Quién va a salvarnos?
   Van cinco partidos, perdimos tres. No podría sorprendernos. En lo que va del año, ganamos uno sobre diez, contando los amistosos. De visitantes, desde que volvió Bianchi a comienzos de 2013, ganamos cuatro veces (a Barcelona pero el de Ecuador, Nacional, Belgrano y los que te jedi). Estamos igual que Racing y si hoy Quilmes llega a ganarle a Tigre, estaremos un solo punto por encima del último. No es una región de la tabla que nos resulte ajena, en el Final del año pasado terminamos decimonovenos. “La única verdad es la realidad”, lo dijo Aristóteles en el Siglo IV a.C (muchos, equivocadamente, atribuyen la autoría a otro).
      
   EL BOLETÍN: ORION 6, MARÍN 4, CATA 3, FORLÍN 5, INSÚA 4, RIVERO 4, GAGO 2, LEDESMA 4, SÁNCHEZ MIÑO 4, ACOSTA 4, GIGLIOTTI 2 (FI), MARTÍNEZ 5, PEROTTI 5.
    
            

              

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