Vélez es, hoy, mucho, pero mucho más equipo
que Boca. O mejor, Vélez es un equipo. Boca no solamente está por debajo de esa
calificación sino que ni siquiera podría decirse que esté en proceso de llegar
a esa jerarquía. De modo que esperar otra resolución del partido que jugamos en
Liniers sólo podía ser una ilusión con sustento en “esas cosas del fútbol”. Expresión
a la que acudimos en aquellos partidos para cuya definición no encontramos
razones.
Bianchi dice que fue “un tiempo para cada
uno”. Falso. Más adelantado o más retrasado, con o sin la pelota, el control
del juego lo tuvo, en general, Vélez. Al principio, con presión intensa, con
recuperación alta y rápida, con circulación fluida y profunda. Después, en el
segundo tiempo (recuérdese que el martes había tenido Copa), apoyado en una
gestión defensiva sólida y eficiente.
Pusimos dos líneas de cuatro, recurso que ha
sabido darnos algunos dividendos, a veces, de visitantes. Pero nos llegaban,
corríamos detrás de la pelota, no había contención suficiente. Iban nada más
que dos minutos cuando Zárate picó a buscar un pase entre líneas, se encontró
solo con Orion y definió ancho. Fue el preludio de lo que iba a ser el
desarrollo en ese primer segmento.
No es que ellos hayan tenido tanta
frecuencia de llegada pero sí estaba claro que mandaban. El gol, a los 28, pudo
haber llegado antes. El mérito es de Zárate, por la facilidad con que controló
el pelotazo largo de Cubero, por la sencillez con que se sacó en encima al Cata
mediante un simple enganche hacia adentro y por la precisión que le dio al
derechazo bajo, para dejar sin chance a Orion. Gigliotti, puesto a resolver la
misma jugada, muy probablemente ni siquiera hubiese podido domar la bola a
falta de un revólver. De todos modos, hay que poner énfasis en la fragilidad
del Cata, que tuvo otro partido desconcertante.
Ya 0-1, no costaba nada imaginarse cuál iba
a ser el epílogo, con todo lo que faltaba. Porque cada vez que empezamos
perdiendo sabemos que darlo vuelta va a ser una quimera. Y porque en
particular, en este partido, se veía que andábamos por la cancha sin saber qué
trole había que tomar.
El marido de Gisela Dulko tiene su cabecita en
el Mundial, en Brasil. No juega. Así, no nos sirve. Claro que es difícil
sacarlo por tratarse de quien se trata. Hacerlo abriría las compuertas de un
circo mediático infernal, lo último que necesitamos en este momento. Pero
alguna solución va a haber que hallar porque no podemos darnos el lujo de jugar
con diez.
Bianchi lo había colgado bien a Sánchez
Miño. ¿Por qué lo repuso ahora? Tal vez haya pensado que una fecha en el
freezer iba a despertarle la rebeldía. Error. Sánchez Miño es incapaz de
rebelarse. En esa del primer tiempo en que Cubero fue a trabar con alma y vida
y Sánchez Miño recogió la patita, el que suscribe estuvo a punto de masticarse
su cuaderno de apuntes. Además, no se entendió bien su posición porque no jugó
abierto por la banda sino que se fue para adentro. Quizá la idea era que se
juntara con Acosta. No salió. En el último tramo volvió a jugar de 3, aunque
Bianchi afirma que no es la función que más le conviene pero con su cambio
posicional no aportó nada.
Quedó afuera el Pichi Erbes, se presume que para
cuidarlo por tener cuatro amarillas, considerando que el marido de Gisela Dulko
no va a estar contra Olimpo. ¿Guardamos un jugador contra Vélez de visitantes
para tenerlo contra Olimpo de locales? A este gil que escribe no le dan sus
módicas entendederas, perdónese la limitación. Por otra parte, la ausencia del
marido de Gisela Dulko, en las presentes circunstancias, no significa nada. Si
hace rato está ausente, el muchachito.
Por el callejón que dejaba Sánchez Miño al
cerrarse, Insúa se convirtió en la presencia ofensiva más notoria e inquietante
de Boca durante el primer tiempo. Es verdad aunque usted no lo crea. Fue,
repetidamente y con ganas. No terminó bien ninguna, Pochito es torpe y
acelerado pero bueno, algo puso. Igual, más tarde iban a sacarlo. Esto sí se
entiende fácil, por sacarlo a Insúa nadie va a pedir explicaciones.
El Burro Rivero volvió a ser titular después
de muchísimo tiempo y empezó bastante bien pero después el partido se lo llevó.
De todos modos, fiel a sí mismo, hasta su reemplazo la peleó en todo momento.
Igual que Pablito Ledesma, que juega mal pero mete. No como el marido de Gisela
Dulko, que encima gesticula y botonea compañeros. Y el petisito Acosta se movió
con las ganas que le conocemos, casi siempre abierto sobre la derecha pero éste
debe haber sido el partido en que menos se lo vio.
Si dispusiésemos de un central con el oficio
y la solvencia de Domínguez, de un volante con la ductilidad, la versatilidad y
el compromiso de Romero, de un delantero con el acopio de recursos de Zárate,
otro gallo cantaría. No los disponemos.
¿Cuántas llegadas produjimos con acciones
asociadas, en los noventa minutos? Cero. Claro que jugar corto con un 9 al que la
bola le rebota cuando no le pasa por debajo de la suela es misión imposible. Las
posibilidades con que contamos fueron o por remates desde afuera o por centros.
En el primer tiempo, el tiro libre de Sánchez Miño por fuera de la barrera,
apenas desviado y otro disparo del Gordo, éste con pelota en movimiento, con
deficiente respuesta del uruguayo Sosa pero peor fue la resolución de
Gigliotti, que no logró meterla de segunda ni de tercera ni de cuarta. En el
segundo tiempo, cabezazo alto de Gigliotti por tiro libre del marido de Gisela
Dulko (igual que con Estudiantes) y cabezazo alto de Forlín por corner de
Sánchez Miño. De fórmulas ofensivas andamos más bien escasos.
Bianchi lo dejó afuera al Burro Martínez
pero lo mandó a la cancha de primer cambio. ¿Y qué podemos esperar, a esta
altura, del Burro? Reconozcámosle que se movió bastante, encaró y bajó bien una
pelota en el área, peor es nada. El segundo y último cambio fue el Monito
Perotti, a quien está claro que Bianchi lo quiere partiendo desde la izquierda,
con perfil invertido. Tendremos que seguir viéndolo para saber qué puede
darnos.
Evidentemente, Bianchi tiene a Román en el
banco para, si en una de esas vamos ganando, meterlo en los últimos veinte y
que aguante la bocha arriba, como con Estudiantes. Para otra cosa no está,
parece. ¿Quién va a salvarnos?
Van cinco partidos, perdimos tres. No podría
sorprendernos. En lo que va del año, ganamos uno sobre diez, contando los
amistosos. De visitantes, desde que volvió Bianchi a comienzos de 2013, ganamos
cuatro veces (a Barcelona pero el de Ecuador, Nacional, Belgrano y los que te
jedi). Estamos igual que Racing y si hoy Quilmes llega a ganarle a Tigre,
estaremos un solo punto por encima del último. No es una región de la tabla que
nos resulte ajena, en el Final del año pasado terminamos decimonovenos. “La
única verdad es la realidad”, lo dijo Aristóteles en el Siglo IV a.C (muchos, equivocadamente,
atribuyen la autoría a otro).
EL BOLETÍN: ORION 6, MARÍN
4, CATA 3, FORLÍN 5, INSÚA 4, RIVERO 4, GAGO 2, LEDESMA 4, SÁNCHEZ MIÑO 4,
ACOSTA 4, GIGLIOTTI 2 (FI), MARTÍNEZ 5, PEROTTI 5.
Me reí mucho con lo de Miño. Yo casi me meriendo la camiseta.
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