Jugando así, vamos a ganar y a perder pero
quedémonos con los signos positivos. La mejoría clave de Gago, los chispazos de
Sánchez Miño, lo que propone Acosta, el nivel de Orion, el esfuerzo y la
solidaridad de todos. Después de tres días tristes, deprimentes, angustiantes, hubo
equipo, hubo esfuerzo, hubo compromiso.
Y se ganó.
Se ganó un clásico, por más que Racing esté
tan por el piso que pierda con cualquiera (siempre pasa lo mismo, antes de
empezar, el periodismo le da chapa de candidato olvidando que es Racing) . Se
ganó de visitante, algo fundamental si se tiene alguna pretensión. Se ganaron
dos partidos seguidos, algo que ya casi no nos acordábamos cómo era.
Si bien se mira, tuvimos dos oportunidades
de gol en todo el parido y las dos fueron adentro. Mitad del vaso llena: cien
por ciento de efectividad. Mitas del vaso vacía: es un registro paupérrimo que
en noventa minutos lleguemos dos veces.
Bianchi lo dejó fuera a Acosta, porque por
ahora es fácil sacarlo aunque si sigue así, no será por mucho tiempo. Es que,
sin Ledesma, iba a faltar contención. Con Gago, Sánchez Miño y Román, sin
ningún otro volante de recuperación, íbamos a quedar expuestos. Por eso metió a
Bravo que bien pudo habernos dejado con diez antes de los veinte minutos pero
en fin, pasó.
Lo mejor fue que Gago recuperó la memoria. No es que haya brillado pero se encaminó, participó, se metió en el juego, quiso. Y en cuanto a Sánchez Miño, se enchufó
por momentos, entró en calor de a ratos y con eso, más la muy buena técnica que
tiene, fue decisivo. Se advirtió la intención de ser cuidadosos con la pelota y es
lógico si se suman tantos jugadores con buen pie. Román, allá por los 25
minutos, largaba los bofes, fue y se paró a un costado, haciendo “la jarrita” con
los brazos (así le decía Alfredo Di Stefano a Rojitas en el 69, “no me hagás la
jarrita”). Lo que pasa es que Román es Román y, tal como se expresó hace poco
desde este mismo sitio, su sola presencia hace que los otros se sientan obligados a
intentar jugar, por lo menos.
El gol, única llegada clara, única maniobra
profunda bien elaborada en toda la etapa, fue un golazo. Por la agudeza
conceptual del Puma Gigliotti, que se tiró hacia atrás para abrir espacios y
puso un pase tipo puñalada (tipo Román). Por la agresividad de Pochito Insúa,
que está creciendo, está creciendo mucho. Se fue hasta el área con la
determinación que hacía falta pero no la terminó como quizá la hubiese
terminado el Insúa de pocas semanas atrás, no se nubló, no se enredó, no chocó.
No, lo que hizo fue un delicioso enganchecito para desacomodar al que lo
marcaba, miró bien y la tocó para el compañero que llegaba de frente. Y por el
derechazo (¡derechazo!) del Gordo Sánchez Miño, seco, terminante, inapelable.
Sabrá el viejo teñido por qué lo deja a Camoranesi
en el banco pero lo cierto es que fue la entrada de Camoranesi, a los pocos
minutos del segundo tiempo, la que produjo un giro en el partido y nos
complicó. Racing podía seguir jugando toda la noche como en el primer tiempo y
no iba a hacernos un gol pero el segundo tiempo fue otra cosa. Por la izquierda
nuestra (zona Forlín-Insúa-Sánchez Miño) nos lastimaban y los centros cruzados
eran un problema.
El cabezazo que le sacó Orion a Cahais fue
mortal, imponente. Después, Vietto le erró a todo el arco, le acertó al palo,
menos mal. Zuculini también anduvo cerca en otro centro. Igual, para que
pudieran empatarnos, tuvo que producirse un penal absolutamente estúpido del
Cata. Es cierto que muchas veces no se cobran pero fue demasiado visible y lo
tenía a Trucco ahí, mirando de frente. Una pavada del Cata, que por lo demás,
había sido lo mejor del fondo. Porque Marín había tenido muchos problemas en el
arranque del partido y el Cata tuvo que jugar en ese lapso por los dos.
Orion casi se lo saca a Saja pero bueno,
entró. Mitad del segundo tiempo por delante y por cómo venía la mano, parecía que
estaba más para ellos que para nosotros. Que se nos lesione un tipo (el Monito
Perotti) en el calentamiento no parecía augurio de una noche feliz. La vuelta de tuerca fue
que entró el petiso Acosta por Román, que ya no daba más y de la frescura de
Lucianito siempre podemos esperar algo.
Él juega sin complejos, sin ataduras, con la soltura propia del pibe que
es.
Y llegó el segundo. Gran pase, tipo puñalada
(tipo Román) el de Acosta para Gigliotti. Buen movimiento del Puma para ganarle
a Cahais, lástima que la definición no fue todo lo precisa que hacía falta pero
Saja dio rebote y allí, primero Pichi Erbes para capturarla y mandarla a
guardar.
Gigliotti, una vez más, participó menos de
lo necesario pero trató de asociarse, no se escondió y en definitiva, su gestión
en los dos goles lo redime. El Pichi la peleó en el medio, al principio había
arrancado medio perdido contra De Paul pero apareció cuando más lo
necesitábamos, acompañó la jugada como tiene que hacerlo un volante mixto, así que cumplió.
Desde el gol (iban 30) hasta el final,
Racing no volvió a llegarnos nunca. Se descorazonaron ellos pero además, Boca
estaba bien, firme y Acosta, junto con Sánchez Miño (hasta que lo reemplazó el
Burro Rivero ya en los últimos minutos) y Gago, supo esconder la bocha,
enfriar, hacer pasar el tiempo.
¿A cuánto estamos? A cuatro del insospechado
Colón. ¿Podemos? Y, por qué no, si está para cualquiera, si nadie marca
diferencia y los que en los papeles son los mejores tienen Copa. A los que te
jedi les dieron un penal fuera del área (sic), de lo contrario, no ganaban. No somos menos que
nadie, podríamos ser más que la mayoría y ahí vamos. Si no nos peleamos entre
nosotros, ley primera, si pateamos todos para el mismo lado, en una de esas,
quién te dice…
EL BOLETÍN: ORION 7, MARIN
4, CATA 5, FORLÍN 4, INSÚA 6, ERBES 6, GAGO 7, BRAVO 3, SÁNCHEZ MIÑO 7, ROMÁN
4, GIGLIOTTI 6 (FI), ACOSTA 7, RIVERO NC, CHIQUI NC.
Qué malo que es Bravo. En inferiores mostraba algo? Todavía no se qué es lo que hace bien.
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