Pudieron habernos concedido ese penal
clarísimo y estúpido del final, pudimos haber ganado 1-0, pudimos haber quedado
a seis puntos del primero en lugar de ocho y el concepto de fondo no podría
modificarse: Boca jugó otro partido decepcionante. Si es que todavía
conservamos la condición de decepcionarnos.
No se trata de hablar con “el diario del
lunes” porque había evidencias que fueron señaladas desde distintos sitios y no
fueron atendidas: la decisión de dejar afuera a Riquelme resulta
incomprensible. Si Román no puede jugar tres partidos en una semana (y es
verdad que no puede), pues que juegue el primero y después vemos. En este foro
se apuntó hace pocas semanas, no estamos para saltearnos partidos. Suponiendo
que ahora le ganemos a San Lorenzo con Román, ¿de qué modo amortizamos el
efecto de los dos puntos que quedaron en Santa Fe.
Por supuesto que la presencia de Román no
nos hubiese asegurado ganar pero en principio, hubiera creado mejores
condiciones. Números: durante el presente torneo, en los siete partidos (cinco
de local y sólo dos de visitante, ojito al detalle) en que Román tuvo
participación, se obtuvieron 14 puntos sobre 21; en los seis partidos en que
Román no tuvo participación, dos sobre 18.
Si Bianchi de veras sintió que el esquema y
los nombres elegidos dos semanas atrás en Rosario le daban alguna garantía, no
sólo se equivocó sino que alarma comprobar por cuánto se equivoca. Él dice que
en Rosario se jugó bastante bien durante una hora o algo así. También
consignamos desde aquí, en su momento, que a lo largo de todo ese partido no
nos enteramos de cómo atajaba Caranta, porque no le tocó resolver ni una sola
situación comprometida para su arco (las tres netas que tuvimos además del gol
resultaron desviadas, una de ellas en el palo). ¿A qué le llama jugar bien este
Bianchi cosecha 2014?
El primer tiempo del partido con Colón fue
inexplicable de tan malo. Llevábamos la pelota hasta cerca del área y allí,
nada. El conductor de la maniobra, a menudo Gago, a veces Sánchez Miño o
Martínez tirándose atrás, llegaba hasta un punto en que no encontraba cómo
seguir, se le terminaba el libreto antes del final de la obra y entonces se
sacaba la pelota de encima con un pelotazo sin destino cierto. Despeje o saque
de arco. Estuvo ese centro desde la derecha que conectó Gigliotti y que Montoya
mandó al corner (igual no entraba) como única acción que pueda considerarse de
riesgo palpable para el arco rival.
A Bianchi cada vez le gustan más las dos
líneas de cuatro cuando juega de visitante pero para el segundo tiempo se ve
que se le agotó la paciencia a él también. Entonces mandó al pibito Acosta por
el Yagui Bravo. Y hubo, al menos, mayor “intensidad”, como se dice ahora. En
parte por el ingreso de Acosta (que ya calentaba desde un buen rato antes de
terminar el primer tiempo porque Bianchi se había dado cuenta de que así la
cosa no iba). Ya se ha visto a lo largo del año que Acosta, bien o mal, juega
sin miedos. De hecho, el primer remate desde afuera (desviado) fue suyo y ya se
nos había ido medio partido. Sólo por actitud (porque si hilamos más fino
estuvo muy impreciso, confuso), sacudió un poquito la modorra, contagió a sus
compañeros. Se buscó el desdoblamiento por los costados, se presionó en serio
sobre la salida del rival, se recuperó más arriba. Pedir correcta elaboración y
sentido de profundidad ya sería una pretensión exagerada.
Colón, jugando de local y a tiro de la
punta, salió a esperar. Perfecto. Colón sabe qué tiene, sabe a qué y por qué
juega. Tiene las cosas mucho más claras que Boca, en eso nos saca una
diferencia sideral. Sabía que un punto le servía para despegarse más de All
Boys y de Godoy Cruz y jugó en consecuencia. Es verdad que, vistos los sucesos,
uno se quede pensando que si quería un poquito más, podría haberlo logrado,
vista la inconsistencia de la última línea nuestra pero no se tentó. Cuando
Luque se le aparecía a Grana, temblábamos. Cuando entró Curuchet, cruzamos los
dedos. Pero Colón no mordió la carnada y al final se quedó conforme. Hasta
estuvo a punto de embocarnos con ese tiro libre de Mansilla que tocó el
travesaño.
El ingreso de Riaño por Gigliotti no fue más
que un inexpresivo cambio de figuritas, Riaño nunca nos ha resuelto un
problema. Y la última, Colazo por Sánchez Miño. ¿Por qué no jugó Colazo de
entrada? Volvemos al principio, parece que a Bianchi en serio le había gustado
el bloque de volantes contra Central pero el crédito de Sánchez Miño ya es
mínimo y Colazo, después de Godoy Cruz, lo menos que se había ganado era otra
oportunidad. No, el golpe que dicen que tuvo el jueves no explica nada.
La última pelota parada del partido no
hubiese cambiado el curso de la historia, ya se avisó en el comienzo del
presente opúsculo pero sí pudo haber variado las cifras. Hasta entonces, todos
los balones detenidos en ataque los había manejado Gago, con Sánchez Miño parado
al lado de él y pasando primero, en versión Chirolita. Todas mal, alguna hasta ridícula
de tan mal. La última se la dejaron a Colazo y Nico le dio bien, pasaba si Sosa
no hubiera levantado el codo para neutralizarla. Penal de Santa Fe a Buenos
Aires pero el novato árbitro Díaz no lo dio. Su omisión, en definitiva, selló
el destino del partido pero no nos equivoquemos: Diaz no fue el peor de los
actores del juego. Hubo otros que para qué te voy a contar.
EL BOLETÍN: ORION 5, GRANA
4, CHIQUI 4, FORLÍN 5, INSÚA 5, ERBES 4, GAGO 3, BRAVO 3, SÁNCHEZ MIÑO 2,
MARTÍNEZ 5, GIGLIOTTI 4 (FI), ACOSTA 5, RIAÑO 3, COLAZO NC.
Qué frustrante que se me hace ver a Sanchez Miño. Qué desperdicio de condiciones, por favor.
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