Antes de cumplirse el primer minuto de juego
pudimos haber estado ganando porque tuvimos no una oportunidad clara sino dos.
Sin embargo, primero Gigliotti falló un pase muy fácil para el Burro Martínez,
que hubiese quedado solo con Caranta y a continuación, al Pichi Erbes le quedó
la bola en una posición inmejorable pero quiso ajustar el zurdazo tan al
ángulo, que se le fue por arriba.
Igual, no iba a pasar mucho tiempo hasta que
se nos diera la inmensa ventaja de estar ganando un partido desde temprano. El
centro de Sánchez Miño desde la izquierda fue atinado pero el mayor mérito
de la acción le corresponde al Pochito Insúa, que madrugó y desarticuló a todos
con su cabezazo en anticipo. Después, el Puma, por esta vez, estuvo despierto,
aunque en posición adelantada y llegó para conectar frente al arco, como fuere,
con la parte del pie que venga, como debe hacerlo un goleador que se precie. En
fin, gracias, don Bonfá, por comerse un off side tan fácil de ver desde donde
usted estaba.
Central sintió el gol y Boca, aunque en
ningún momento del primer tiempo haya llegado a jugar realmente bien, pareció
que se tranquilizaba. Hubo un considerable pasaje de esos 45 iniciales en que,
con Gago como eje de la circulación, la pelota corrió bien pero siempre muy
lejos de Caranta.
Ellos jugaron adelantados en el campo pero
nos lastimaban poco, la única que tuvieron en medio partido fue la de Abreu por
arriba del travesaño y la única preocupación verdadera que por entonces
teníamos era Aguirre, por la izquierda de ellos, la derecha nuestra, la zona de
Grana. Invariablemente es un problema insoluble, la zona de Grana.
El cierre del partido lo tuvimos en el
primer tramo del segundo tiempo. La dejamos pasar, como corresponde a un equipo
tan inseguro, tan errático, tan inconsistente y poco confiable como este Boca de hoy. Primero,
la de Gigliotti, al cabo de un contraataque muy bien manejado por Martínez pero
Gigliotti definió muy mal. La quiso poner entre Caranta y el primer palo, el
lugar más difícil y le chingó por más de medio metro. Después, la de Gago en el
travesaño. La de Gigliotti es una imperfección, la de Gago puede considerarse
mala suerte, porque le pegó como le tenía que pegar. De todas maneras, no puede
pasarse por alto que Gago, con la capacidad técnica que se le reconoce y con su
cotización, es un volante que no hace un gol nunca. Uno sólo en toda su
trayectoria en la primera división del fútbol argentino. ¿No será demasiado
poco?
A Central seguía costándole, en los primeros
25 minutos del período final sólo nos había asustado con esa de Aguirre por la
izquierda, muy bien tapada por Orion. Pero Abreu estaba empezando a
complicarnos de espaldas al área, bajando pelotas y cuando Russo metió al petiso
Niell, nos nublamos del todo. La defensa se veía que no estaba para aguantar
nada y no aguantó.
En el primer gol rosarino, permitimos que
Abreu girara en muy poco espacio y metiera esa pelota corta que dejó a Niell
solo con Orion. Podría entenderse que nos aparezca un delantero mano a mano con
el arquero con una pelota larga y los defensores nuestros más lejos, con más
espacios. Así, como ocurrió, no tiene explicación.
Sale el Pichi Erbes porque no daba más pero
Bianchi no pone a Escalante, el cambio simple y previsible, sino que mete al
Chiqui Pérez y lo pasa a Forlín al medio. En un momento crucial, termina de
desarticular a un fondo que de por sí no daba garantías e improvisa a Forlín en
una posición de la que se había olvidado (la ocupaba en el Espanyol de
Barcelona) y para la cual no se lo había preparado ni siquiera en un
entrenamiento. Si cuando tiene que sacar a un volante, en lugar de poner a
otro, va a mover toda la estantería, ¿para qué tenía a Escalante en el banco?
Para eso, hubiera salido con un suplente menos y le ahorraba al club una plaza
de hotel. ¿O será que el empate no lo disgustaba y pensó sostenerlo plantando
tres marcadores centrales juntos? Mmmmmmm…
La jugada del segundo gol de ellos fue
desesperante. Después de que nos salváramos con el rebote en el palo, hubo un
bartoleo no hacia afuera sino hacia arriba y hacia el medio. A continuación, movieron
la pelota consecutivamente, en plena área nuestra, cuatro (¡cuatro!) jugadores
de ellos. Todos los nuestros atornillados. A Abreu lo dejamos dar vuelta en un sitio donde
jamás debe concedérsele a un rival la posibilidad de darse vuelta con la
pelota. A Niell le permitimos meter un taco en un lugar donde no se concibe que
aparezca espacio para filtrar un taco. Finalmente, la conversión de Donatti
que, la verdad, definió como si fuera un delantero y no un defensor, haciéndolo
pasar de largo a Orion.
Quedaban por jugar más de quince minutos
pero en ese lapso no logramos elaborar ni una sola maniobra de relativo riesgo.
En cambio, ellos pudieron habernos liquidado con la que Orion le tapó a Abreu.
En el balance, Orion tuvo, a lo largo del partido, dos intervenciones extremas
(la de Aguirre y la de Abreu). Caranta, cero.
Cuatro partidos sin ganar, dos palmas
seguidas, cinco perdidos sobre once. Que se nos haya terminado el campeonato es
el árbol pero lo más preocupante debiera ser el bosque. Para el segundo
semestre, ¿qué tenemos? Un crack que, en el ocaso de su fantástica carrera, no
está en condiciones de jugar dos partidos en una semana. Un jugador de nivel
internacional que no le hace un gol ni al arco iris y que, en su segundo ciclo
con nosotros, nunca se hizo cargo del equipo. Un centrodelantero que, por más que esta
vez la haya metido (en off side), no es que esté pasando por un mal momento
sino que, definitivamente, no es más que esto que vemos. Un jugador, Grana,
cuya mediocridad torna inentendible que Boca haya invertido dinero en su pase.
Algunos otros, como Martínez (que ha mejorado un poquito pero no lo suficiente)
o Sánchez Miño que muy rápido naufragan en la intrascendencia, que no definen
nada. En general, un grupo sin relieve ni jerarquía alguna. Quien vea jugar
seguido a la Reserva llegará a la pronta conclusión de que, de allí, será difícil
sacar alguna flor. ¿Y qué vamos a hacer, traer todo un plantel nuevo? Claro
que no, lo inteligente sería incorporar dos o tres pero que marquen un salto de
calidad (no siete u ocho Grana). Cierto es que no va a ser sencillo afinar la
puntería y acertar, con la imperante sequía (de fondos y de valores en el
mercado).
Angelici dijo hace algunos días que Bianchi
se queda. Tal vez haya sido un formulismo, una declaración de compromiso.
Seguro que no lo dijo por convicción. Como fuere, tal decisión no tendría
fundamentos. No hay argumentos posibles para renovarle la confianza a un
técnico que en un año y medio de trabajo no sólo no ganó nada, sino que no
encontró un equipo ni tampoco encontró una mínima secuencia de resultados
positivos. Por más que se llame Bianchi y sea una estatua viviente.
EL BOLETÍN: ORION 6, GRANA 2,
DÍAZ 4, FORLÍN 3, INSÚA 5, ERBES 4, GAGO 5, BRAVO 4, SÁNCHEZ MIÑO 4, MARTÍNEZ
5, GIGLIOTTI 4 (FI), RIAÑO 3, ACOSTA 4, PÉREZ 3.
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