lunes, 28 de abril de 2014

TARDE AMANECIMOS

   Buen Boca. Seguro, el mejor del año. Fluido, creativo, profundo. Eficaz, y en este último concepto se encierra una clave porque precisamente ese ítem ha sido una de las carencias más marcadas a lo largo de la campaña, reiteradamente señalada por el propio entrenador. Con baches defensivos que costaron dos goles y hasta pudieron haber costado alguno más (entre el primer gol y el empate) pero la imagen global es positiva, con control del partido poco menos que de punta a punta.
   Muy buen Román, agudo, metido, con buen respaldo físico. Pero lo mejor, lo más importante fue que el equipo no fue “romandependiente” como otras veces. Muy por el contrario, hubo colectividad, hubo asociaciones ajenas al natural conductor, hubo elaboraciones de las que Román no tomó parte. Hubo variedad. Hubo conductores alternativos.
   No había dado una vuelta completa el segundero y ya estábamos 1-0. ¡Qué bueno! Notable acción del Puma Gigliotti, con un giro que hizo pasar de largo a un defensor y lo dejó de frente al área, más una asistencia riquelmiana, deliciosa para la aparición de Pichi Erbes por derecha. Así queremos, así necesitamos al 8 nuestro, vertical, pisando “las 18”, como decíamos los viejos pero no por mecánica sino por decisión y convicción. Y la definición de Pichi, controlando primero y picándosela a Campestrini, bueno, una maravilla. Golazo de cabo a rabo.
   Ya nos ha pasado que sacamos ventaja e inmediatamente perdemos el manejo  del juego. Es lo que queda en el debe de este domingo. Al gol de Picho lo sucedieron 15 minutos erráticos, dispersos en que permitimos que Arsenal nos cruzara la pelota de punta a punta del área dos o tres veces. Hasta que llegó el empate, con una debilidad defensiva que no podemos permitirnos. Tras el corner de Rolle, primero el Cata que pierde arriba con Furch y después miramos mucho. No tanto como en aquel segundo gol de Central (el último que nos habían convertido) pero miramos. Parecía que se iba pero Bragheri estuvo más conectado que nosotros para devolverla hacia atrás y a continuación, nadie llegó para obstruir el zurdazo de Echeverría.
   Llevábamos cuatro partidos en serie sin goles en contra pero el dato es engañoso, la función defensiva del equipo nunca ha sido lo suficientemente sólida. Más allá de las buenas respuestas individuales que en general han dado Orion y Forlín, más allá de la presencia casi inamovible del Yagui Bravo, de quien Bianchi está convencido que es fundamental para que atrás estemos más firmes, la confiabilidad nunca estuvo.
   Desde el momento del empate parcial (16 minutos del primer tiempo) hasta el final, el partido fue de Boca, por completo. Conviene tener en cuenta que este Arsenal no se parece en nada a los Arsenal que hemos conocido en los últimos años. El Loco Palermo se ve que quiere otra cosa y el tiempo dirá cómo le va pero por ahora lo que se ve es un equipo largo, que deja espacios por todos lados, que no presiona en bloque, que no achica hacia atrás. La contracara del Arsenal que viéramos por mucho tiempo.
   Digresión: es una obviedad pero es grato apuntar que Martín, al igual que el Pato Abbondanzieri y el Flaco Schiavi, fue recibido en su casa como corresponde, como cabe a su estatura de inolvidable e imperecedero prócer nuestro.
   Lo alentador es que Boca aprovechó las ventajas que se le ofrecieron, circuló bien, llegó. Buen aporte de los laterales. Lo mejorcito de Grana desde que está con nosotros. Nico Colazo más parejo que Pichi Erbes, que después de su golazo inagural empezó a caer en algunos enredos. Román esta vez no fue doble cinco, como con Tigre sino que se movió preferentemente por la izquierda o arriba. En el resumen, mucho más cerca del área que en otros partidos de este año.
   El segundo gol lo tuvimos en esa otra aparición de Pichi que tapó Campestrini y después el Burro, con todo el arco para elegir dónde ponerla de cabeza, se la entregó al arquero. Lo tuvimos de nuevo en ese derechazo cruzado de Grana que se fue muy cerquita (estupenda apertura de Román). Lo tuvimos otra vez con esa diagonal de Colazo con tiro muy recto hacia el arquero (otra perlita de Román, pase entre líneas tipo puñalada trapera).
   Era una lástima que se nos fuera el primer tiempo con un empate tan mentiroso pero por suerte llegó el penal claro de Marcone (algunos giles lo discuten, en fin)), que aprovechó Román. Y el segundo tiempo, todo nuestro, porque la verdad es que Arsenal nunca apareció en el partido y en ello debe haber mérito nuestro pero también una incomprensible tibieza por parte del rival.
   El tercer gol, el que terminó el partido, el que nos puso a resguardo de cualquier sorpresa desagradable, llegó temprano y fue consecuencia de una joya por parte de Pochito Insúa. Lo mejor que tiene, se viene señalando desde aquí pero también desde otros sitios, es que nunca duda, puede pasarse de rosca pero va y va. Y ese giro completo con doble pisada y salida hacia el fondo sólo lo tira (y le sale a) un jugador agrandado en el buen sentido, confiado, determinado. El centro hacia atrás venenoso forzó ese manotazo desesperado de Campestrini y apareció la cabeza de Nico Colazo para la conversión. Otra vez, un volante externo pisando los últimos metros de cancha para que duela, para definir.
   Debió haber sido goleada más amplia. Tuvimos esa llegada del Burro que se desvió de casualidad en Braghieri (después de otra elaboración con el sello de Román) y la de Pablito Ledesma que atajó Campestrini (rebote tras llegada por izquierda de Román, que había recibido otro gran pase del Puma). Finalmente, el que generó el cuarto fue el Pibito Acosta, que entró fresquito y con todas las ganas, empezó a jorobar como una avispa y forzó ese penal de Echeverría. Ya fuera de la cancha Román, fue una buena oportunidad para que el Puma, aunque fuese desde los 11 metros, se sacara la mufa y se amigara con la red.
   El aporte de nuestros dos delanteros da para el análisis personalizado. El Puma, sin mucha inclusión en los circuitos de ataque, tuvo, además de la conversión, dos asistencias ya apuntadas que lo redimen y hacen pensar que podría alcanzar un nivel sensiblemente superior a este que nos ha entregado en lo que va del torneo. Esperémoslo. En cuanto al Burro, no se le da ni cuando define correctamente (como en el remate que se desvió en Braghieri) y sigue poniéndonos los pelos de punta con algunas otras resoluciones (como la que le entregó de cabeza a Campestrini cuando tenía todo el arco para elegir). Costó mucha guita y sigue devolviéndonos muy poco, es la realidad.   
   Si ese gol de Furch, sobre la hora, se hubiese dado en otras circunstancias y hubiera modificado el destino del partido, era para suicidarnos. No nos puede pasar. El centro de compromiso que tiró Pérez era pelota de Orion o de Forlín y resulta que no fue de ninguno de los dos. Fallaron conjuntamente dos de los jugadores que mejor han rendido a lo largo de este opaco torneo nuestro. Quizá fue que, ya definido todo, se desconcentraron y eso no podemos perdonárnoslo, anotémoslo.
   Si algún tipo de espaldarazo faltaba para que el boludo de Angelici and Company (SA) se den cuenta de que a Román no pueden echarlo, La Bombonera habló de nuevo. De arriba (la gente) y de abajo (el partido mismo desde el verde césped). A Román lo necesitamos no por historia sino por presente. De dos meses a esta parte ha sumado competencia, ha ganado ritmo, se fortaleció, las ventajas físicas que da ya no son tan amplias como poco tiempo atrás y entonces, naturalmente, con toda lógica, como no podía ser de otro modo, hace pesar su talento. Todavía. Tenemos que cuidarlo, tenemos que mimarlo, tenemos que rogar que no se lesione y tenemos que dejarlo jugar. Si se dan esas condiciones, el Boca del segundo semestre tiene que armarse en su derredor. El que no se dé cuenta es un gil y el que haga como que no se da cuenta es algo mucho peor.

   EL BOLETÍN: ORION 5, GRANA 6, CATA 5, FORLÍN 5, INSÚA 7, ERBES 7, BRAVO 5, COLAZO 6, ROMÁN 8, MARTÍNEZ 4, GIGLIOTTI 6 (FI), LEDESMA 5, ACOSTA 6, RIAÑO NC.
       
  
  

    

1 comentario:

  1. Cómo se nota la diferencia cuando los demás acompañan aunque sea un poquito al 10. Tienen que entender que, cuando Román la tiene, ellos deben hacer el esfuerzo de desmarcarse para poder recibirla, y no mirarlo estáticos como una liebre deslumbrada.

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