martes, 14 de abril de 2015

E-QUI-PO-CHICOLAPUTAQUETEPARIÒ...

EL PRESENTE OPÚSCULO DEBIÓ HABER VISTO LA LUZ AYER POR LA MAÑANA. SIN EMBARGO, EDESUR ME PRIVÓ DEL SUMINISTRO DE ENERGÍA ELÉCTRICA DURANTE 38 HORAS, ENTRE LAS 9 DEL LUNES 13 Y LAS 23 DEL MARTES 14. LA CULPA ES DE MIS VIEJOS, POR NO HABERME HECHO NACER EN FINLANDIA. QUIZÁ ESTÉ DESACTUALIZADO PERO COMO YA LO TENÍA ESCRITO Y GRABADO, IGUAL LO SUBO AL BLOG.

Este tipo de partidos que se suponen ganados antes de jugarlos suelen deparar este tipo de desenlace, que en modo alguno podría ser calificado como “sorpresa”. ¿Cuántas veces los vimos? ¿Quién podría sorprenderse de que Chicago venga a La Bombonera a achicar espacios hacia atrás? Sorpresa hubiese sido que saliese al palo y palo.
Tampoco puede sorprender que haya costado tanto encontrar ruptura, posibilidades de desequilibrio. No disponemos de tantos jugadores capaces de imponer jerarquía ante planteos tan cerrados, no vaya a creerse. Así que terminar 0 a 0 supone, sí, una frustración pero no tenemos derecho a sentirnos sorprendidos.
Lo que sí está claro es que dos puntos como estos que dejamos por el camino contra Chicago, uno de los cinco o seis peores equipos de este engendro de treinta que nos dejó Grondona (en complicidad por omisión de todo el resto de la dirigencia empezando por la nuestra, la de Boca), son los que más suelen sentirse al final de una campaña. ¿Por qué? Pues porque es muy probable que a Chicago le ganen todos los demás naturales postulantes al título con lo cual, según las matemáticas propias y especiales del fútbol, podríamos calcular que perdimos no dos puntos sino cuatro.
Desde anoche vengo comprobando -y tampoco me sorprende- que el periodismo pone el acento en una supuestamente fabulosa producción del portero Sánchez. ¿Qué bocha difícil sacó Sánchez? La de Chávez, a tres minutos del final. Única.
El Vasco, después del partido, diagnosticó bien. Perdimos la paciencia y abusamos de los pelotazos frontales. Lechuga para el canario, diría el gran Pepe Biondi, para cualquier zaguero central que domine su oficio. No tuvimos circulación fluida ni pase entre líneas porque Lodeiro sigue extrañando a Gago. No tuvimos primer pase porque Meli, en posición de único cinco, cumplió en cuanto al despliegue y recuperación pero se enredó con la pelota, no podemos pedirle que clarifique, que la saque limpia.
No tuvimos desdoblamiento por los costados porque ya nos van conociendo y nos juntan a los volantes con los marcadores laterales. Y no tuvimos posibilidad de ganar por arriba porque aunque Osvaldo es un muy buen cabeceador, lo es por oportunismo, por sagacidad, por correcta lectura de la jugada y anticipación. No porque vaya a ser capaz de llevarse puestos por peso físico, tipo Tanque Rojas o Palermo, a dos centrales que lo esperan bien parados. Por otra parte, para ganar por arriba se necesitan buenos centros y tampoco tenemos un Mané Ponce o un Guillermo.
Las dos más claras del primer tiempo las tuvieron ellos. La corrida de Ruiz, como cincuenta metros solo por la izquierda, que tapó Sara (y menos mal que a Ruiz no se le ocurrió mirar para el otro lado porque venía Solignac solo) y la corrida de Vera con pase final a Ruiz y remate desviado. Esta última surgió de un tiro libre a favor nuestro, hubo un rebote desafortunado y nos agarraron en paños menores, puede pasar.
Nosotros, puntualmente, tenemos que lamentar tres acciones, sólo tres, de esas que uno dice que tendrían que haber sido goles y no lo fueron. Las tres en el segundo tiempo. La primera, apenas reanudado el juego, esa en que Pachi Carrizo reventó el travesaño. La segunda, el corner que cabeceó el Loco Osvaldo, anticipando al Cata, bien, de pique al suelo pero se levantó y se fue por arriba. Y la última, la del Negro Chávez, milagroso manotazo de Sánchez, a puro reflejo.
Cuando el Vasco metió mano, lo hizo para ver qué pasaba. No se veían soluciones claras ni cantadas en el banco. La entrada del Negro Chávez por Pavón (inexpresivo el pibe, le tocó un partido encarajinado para su debut en La Bombonera) se imponía pero se sabía también que el Negro no iba a tener lugar para esas correrías que le gustan y nos gustan por la izquierda. Cuando ingresó Jony Calleri por Lodeiro se tomó un riesgo, nos quedamos sin un volante apto para el pase profundo que desarticule (aunque el uru no había metido niguno en 65 minutos) y sumar un delantero con ocho tipos de ellos en el área no parecía que fuera a cambiar la historia, de hecho no la cambió.
El cambio de Bentancur por Pablo Pérez, ya con tan sólo quince minutos regulares por jugar, es para analizarlo. El Vasco se convenció de que Meli estaba incómodo, lo corrió y puso un 5 natural. Ya estábamos todos muy desgastados y no era de imaginar que a esa altura le encontrásemos la vuelta al juego, concepto que no podría variarse aunque hubiésemos encontrado un gol y los tres puntos. En cuanto a Pérez, además de exponerse frecuentemente con foules inopinados, lo que destaca de él es que se esfuerza por darle la pelota a los compañeros, es una buena segunda guitarra pero cuando no hay primera guitarra, lo suyo se pierde, ni se lo ve.
Estábamos primeros solos y ahora somos parte de un cuarteto. A Central, a diferencia de nosotros, le salió el tiro del final contra los sanjuaninos (¡Qué payaso, Coudet. En una de ésas, un día de estos, le agarra un infarto y se muere). A San Lorenzo lo beneficiaron contra Independiente, hubo un penalazo de Buffarini cerca del final, no sancionado. A los que te jedi los salvó Barovero con dos intervenciones mortales, partido en que sobresalió la plaqueta que Argentinos Juniors le entregó a Román (falta la plaqueta de Boca, Angelici).
En fin, lo primero que tenemos que saber es que se nos van a repetir muchos rivales como Chicago, muchos partidos como éste. Y si no aprendemos a resolverlos, los puntos que se nos caigan van a dejarnos a un costado del camino, fuera de la carrera.



EL BOLETÍN: SARA 6, PERUZZI 5, CATA 6, TORSIGLIERI 6, COLAZO 5, PÉREZ 4, MELI 4, LODEIRO 4, PAVÓN 3, OSVALDO 4, PACHI 4 (FI), CHÁVEZ 5, CALLERI 4, BENTANCUR NC.

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