EL
PRESENTE OPÚSCULO DEBIÓ HABER VISTO LA LUZ AYER POR LA MAÑANA. SIN
EMBARGO, EDESUR ME PRIVÓ DEL SUMINISTRO DE ENERGÍA ELÉCTRICA
DURANTE 38 HORAS, ENTRE LAS 9 DEL LUNES 13 Y LAS 23 DEL MARTES 14. LA
CULPA ES DE MIS VIEJOS, POR NO HABERME HECHO NACER EN FINLANDIA.
QUIZÁ ESTÉ DESACTUALIZADO PERO COMO YA LO TENÍA ESCRITO Y GRABADO,
IGUAL LO SUBO AL BLOG.
Este
tipo de partidos que se suponen ganados antes de jugarlos suelen
deparar este tipo de desenlace, que en modo alguno podría ser
calificado como “sorpresa”. ¿Cuántas veces los vimos? ¿Quién
podría sorprenderse de que Chicago venga a La Bombonera a achicar
espacios hacia atrás? Sorpresa hubiese sido que saliese al palo y
palo.
Tampoco
puede sorprender que haya costado tanto encontrar ruptura,
posibilidades de desequilibrio. No disponemos de tantos jugadores
capaces de imponer jerarquía ante planteos tan cerrados, no vaya a
creerse. Así que terminar 0 a 0 supone, sí, una frustración pero
no tenemos derecho a sentirnos sorprendidos.
Lo
que sí está claro es que dos puntos como estos que dejamos por el
camino contra Chicago, uno de los cinco o seis peores equipos de este
engendro de treinta que nos dejó Grondona (en complicidad por
omisión de todo el resto de la dirigencia empezando por la nuestra,
la de Boca), son los que más suelen sentirse al final de una
campaña. ¿Por qué? Pues porque es muy probable que a Chicago le
ganen todos los demás naturales postulantes al título con lo cual,
según las matemáticas propias y especiales del fútbol, podríamos
calcular que perdimos no dos puntos sino cuatro.
Desde
anoche vengo comprobando -y tampoco me sorprende- que el periodismo
pone el acento en una supuestamente fabulosa producción del portero
Sánchez. ¿Qué bocha difícil sacó Sánchez? La de Chávez, a tres
minutos del final. Única.
El
Vasco, después del partido, diagnosticó bien. Perdimos la paciencia
y abusamos de los pelotazos frontales. Lechuga para el canario, diría
el gran Pepe Biondi, para cualquier zaguero central que domine su
oficio. No tuvimos circulación fluida ni pase entre líneas porque
Lodeiro sigue extrañando a Gago. No tuvimos primer pase porque Meli,
en posición de único cinco, cumplió en cuanto al despliegue y
recuperación pero se enredó con la pelota, no podemos pedirle que
clarifique, que la saque limpia.
No
tuvimos desdoblamiento por los costados porque ya nos van conociendo
y nos juntan a los volantes con los marcadores laterales. Y no tuvimos
posibilidad de ganar por arriba porque aunque Osvaldo es un muy buen
cabeceador, lo es por oportunismo, por sagacidad, por correcta
lectura de la jugada y anticipación. No porque vaya a ser capaz de
llevarse puestos por peso físico, tipo Tanque Rojas o Palermo, a dos
centrales que lo esperan bien parados. Por otra parte, para ganar por
arriba se necesitan buenos centros y tampoco tenemos un Mané Ponce o
un Guillermo.
Las
dos más claras del primer tiempo las tuvieron ellos. La corrida de
Ruiz, como cincuenta metros solo por la izquierda, que tapó Sara (y
menos mal que a Ruiz no se le ocurrió mirar para el otro lado porque
venía Solignac solo) y la corrida de Vera con pase final a Ruiz y
remate desviado. Esta última surgió de un tiro libre a favor
nuestro, hubo un rebote desafortunado y nos agarraron en paños
menores, puede pasar.
Nosotros,
puntualmente, tenemos que lamentar tres acciones, sólo tres, de esas
que uno dice que tendrían que haber sido goles y no lo fueron. Las
tres en el segundo tiempo. La primera, apenas reanudado el juego, esa
en que Pachi Carrizo reventó el travesaño. La segunda, el corner
que cabeceó el Loco Osvaldo, anticipando al Cata, bien, de pique al
suelo pero se levantó y se fue por arriba. Y la última, la del
Negro Chávez, milagroso manotazo de Sánchez, a puro reflejo.
Cuando
el Vasco metió mano, lo hizo para ver qué pasaba. No se veían
soluciones claras ni cantadas en el banco. La entrada del Negro
Chávez por Pavón (inexpresivo el pibe, le tocó un partido
encarajinado para su debut en La Bombonera) se imponía pero se sabía
también que el Negro no iba a tener lugar para esas correrías que
le gustan y nos gustan por la izquierda. Cuando ingresó Jony Calleri
por Lodeiro se tomó un riesgo, nos quedamos sin un volante apto para
el pase profundo que desarticule (aunque el uru no había metido
niguno en 65 minutos) y sumar un delantero con ocho tipos de ellos en
el área no parecía que fuera a cambiar la historia, de hecho no la
cambió.
El
cambio de Bentancur por Pablo Pérez, ya con tan sólo quince minutos
regulares por jugar, es para analizarlo. El Vasco se convenció de
que Meli estaba incómodo, lo corrió y puso un 5 natural. Ya
estábamos todos muy desgastados y no era de imaginar que a esa
altura le encontrásemos la vuelta al juego, concepto que no podría
variarse aunque hubiésemos encontrado un gol y los tres puntos. En
cuanto a Pérez, además de exponerse frecuentemente con foules
inopinados, lo que destaca de él es que se esfuerza por darle la
pelota a los compañeros, es una buena segunda guitarra pero cuando
no hay primera guitarra, lo suyo se pierde, ni se lo ve.
Estábamos
primeros solos y ahora somos parte de un cuarteto. A Central, a
diferencia de nosotros, le salió el tiro del final contra los
sanjuaninos (¡Qué payaso, Coudet. En una de ésas, un día de
estos, le agarra un infarto y se muere). A San Lorenzo lo
beneficiaron contra Independiente, hubo un penalazo de Buffarini
cerca del final, no sancionado. A los que te jedi los salvó Barovero
con dos intervenciones mortales, partido en que sobresalió la
plaqueta que Argentinos Juniors le entregó a Román (falta la
plaqueta de Boca, Angelici).
En
fin, lo primero que tenemos que saber es que se nos van a repetir
muchos rivales como Chicago, muchos partidos como éste. Y si no
aprendemos a resolverlos, los puntos que se nos caigan van a dejarnos
a un costado del camino, fuera de la carrera.
EL
BOLETÍN: SARA 6, PERUZZI 5, CATA 6, TORSIGLIERI 6, COLAZO 5, PÉREZ
4, MELI 4, LODEIRO 4, PAVÓN 3, OSVALDO 4, PACHI 4 (FI), CHÁVEZ 5,
CALLERI 4, BENTANCUR NC.
No hay comentarios:
Publicar un comentario