El
partido fue un canto al fútbol, intenso desde el primer minuto al
último, cambiante, abierto, bien jugado por uno y otro, cada uno con
sus armas y su estilo.
Boca
fue el Boca que queremos siempre. Salió 0-1 del vestuario, soportó
primero el envión que el gol le dio a Lanús, aguantó sin
desequilibrarse, se afirmó, fue creciendo de a poco, empató, empezó
a mandar en el juego, no perdió el control nunca más, pasó al
frente, siguió firme y liquidó.
Si
se empieza a repasar individualidades, los puntos altos sobraron.
Lodeiro, Pavón, Pérez, Sara... En orden decreciente pero arriba,
Castellani, Carrizo, Peruzzi, Torsiglieri, Cubas... Pero es que las
destacadas expresiones individuales surgen del tejido colectivo, de
la solvencia de un equipo que, desde su consistencia, potencia a cada
uno de sus integrantes, los suelta, les da vuelo.
El
Vasco dice que salimos dormidos pero la verdad es que el gol a los 43
segundos es todo mérito de ellos. El armado a través de Aguirre y
Ortiz por la derecha, con ese tacazo de Ortiz que desarma. El centro
bajo de Ortiz y la repentización de Melano para dejarla pasar, con
lo que deja fuera de combate a toda la defensa. Lo de Ayala fue lo
más fácil, venía de frente y libre para rompernos el arco.
Peor
comienzo, imposible. Y los diez minutos que siguieron fueron para
sufrirlos porque se agrandaron, agarraron confianza, metieron ritmo
infernal, ocupaban bien toda la cancha. Se trataba, en ese segmente,
de aguantar y se aguantó.
De
la nada sacamos un penal. Porque hubo un penal de Aguirre a Nico
Lodeiro que Echenique no se animó a cobrar. Y de la nada también
sacamos el empate, antes de los veinte, como para que la cuesta
arriba no se nos hiciera demasiado empinada. Fantástica pelota del
Fantástico Pérez, recta, profunda, tipo puñalada trapera, a
espaldas de Silva. Y la resolución del Pachi, impecable, sin dar
tiempo a nada, tomándolo a Monetti a mitad de camino, completamente
desarmado.
Punto
de inflexión, porque a partir del empate empezamos a mandar. El
tándem Pérez-Cubas se acomodó, primero equilibró la puja contra
el tándem Ortiz-Fritzler (los dueños del partido en ese tramo
inicial) y después fue inclinando la balanza para el lado nuestro,
poquito a poco, con Lodeiro que revoloteaba por aquí y por allá,
cada vez más protagonista.
Ellos
no volvieron a llegar en todo el primer tiempo. Nosotros quizá no
impusimos el rigor suficiente en los últimos metros pero íbamos,
insinuábamos. Hubo un par de cabezazos de Loco Osvaldo, uno que
atajó el arquero y otro desviado, en los que llegó muy limpio. A
veces uno siente que el Loco tendría que dejarse de joder con la
elegancia y la estética, ser más sencillito y drástico. También
hubo una en que casi se meten un gol en contra entre Silva y Monetti,
consecuencia de otra pelota muy bien cruzada de derecha a izquierda.
Es decir, no fue casualidad, el macanazo entre los dos jugadores de
ellos fue error forzado por Boca.
El
segundo tiempo fue eléctrico, para vivirlo todo con los pelos
parados. El control del juego fue siempre de Boca. Se fue Cubitas,
que en la semana de su regreso tras dos meses tuvo que jugar muchos
minutos de golpe porque se engripó Gago, entró Castellani y uno
preveía que podía faltar contención. Pero no, el medio se armó
bien, Castellani, en las oportunidades que va teniendo, parece otro
jugador en relación con el del año pasado.
Lanús
no se fue del partido nunca y a cada posibilidad que se le ofreció,
le sacó todo el jugo. De entrada casi nos embocan con Melano,
después de una falla del Cata pero lo apuró bien Sara, Iba a ser
clave Sara, en esa segunda parte: le tapó un cabezazo mortal a
Melano, se quedó con un zurdazo de Astina y salvó un remate desde
afuera de Ortiz (después de que el Cata lo perdiera a González).
Uno
miraba toda la cancha y veía a un Boca dominante, con traslado de
pelota impecable, con asociaciones, con la sobriedad de Torsiglieri
en el fondo, con el vigor de Peruzzi para despegarse por su costado,
con la ubicuidad de Pérez-Castellani para que el equipo no se
desarmara nunca, con Lodeiro vital, con esa condición tan particular
que tiene Lodeiro de jugar sin dejar de correr, de pensar sin
pararse.
Además,
en ese segundo tiempo, apareció con todas las luces el pibe Pavón.
Una revelación, realmente. Por cualquiera de los dos costados,
cuando encara es cosa muy seria. Y se atreve siempre, y la pide, y
va, y sigue yendo.
El
segundo gol fue un contraataque de manual surgido de un corner para
ellos. Ahí se vio una diferencia clara entre un equipo y otro porque
se desequilibraron por completo, quedaron patas para arriba, cosa que
a Boca no le pasó nunca. Salió rápido Sara y la manejó muy bien
Osvaldo, que tuvo altibajos pero en esa dio muestras de su categoría,
por la administración del tiempo y por la precisión del pase
profundo para Pavón. La corrida del pibe por la izquierda,
incontenible y la definición, sin mácula.
Era
un partido para cerrarlo de una vez y quedarnos tranquilos porque si
no, podía pasar cualquier cosa en cualquier momento. El tercero pudo
haber llegado con la que el arquero le tapó a Pavón (otra muy buena
entrega de Osvaldo) y con otra de Jony Calleri que la quiso poner en
el primer palo y le dio a la red pero del lado de afuera, era para
cruzarla. Al final, como broche de oro, el penal de Barisone a
Lodeiro y la concreción del yorugua para coronar una muy buena noche
suya. Hay un pelotudito del noticiero de TyC que dice que no fue
penal. La puta madre que lo parió, ¿de dónde los sacan a estos
muñequitos de torta? Incitan a la violencia, los soretitos estos.
Un
triunfo que además del valor que por sí solo encierra el resultado,
nos deja la sensación de que tenemos un equipo consolidado,
afianzado, listo para lo que se viene. Que no se nos manquen.
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Al
Vasco lo fueron a buscar para las declaraciones de ocasión después
de un muy buen trabajo y se destapó con una bronca que tenía
guardada. Puso sobre el tapete un tema con el que nos van a fatigar
en las próximas horas. Tiene razón. Había fechas fijadas y si las
van a cambiar, tienen que explicar bien a qué se debe y, por sobre
todo y antes de ninguna otra cosa, consultar a las partes. No hay
gran diferencia entre jugar el 6 y el 13 o hacerlo el 7 y el 14 pero
que no sean desprolijos. La tele pone la tela pero el fútbol lo
hacen los clubes. Si River quiere cambiar y jugar los dos jueves, que
digan por qué y antes de decidir que le pregunten a Boca, por lo
menos.
EL
BOLETÍN: SARA 7, PERUZZI 6, CATA 5, TORSIGLIERI 6, COLAZO 5, PÉREZ
7, CUBAS 6, LODEIRO 8, PAVÓN 8, OSVALDO 6, CARRIZO 6 (FI),
CASTELLANI 7, CALLERI NC, FUENZALIDA NC.
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