Antes
de los cinco minutos se había terminado el partido. O visto desde
otro punto, partido no hubo nunca, porque Boca todavía estaba en los
vestuarios cuando Lanús ya había marcado dos goles. Y se acabó.
¿Qué íbamos a levantar dos goles contra Lanús? A la cancha
llegaron un equipo que supo que se jugaba una final y otro que fue a
cumplir con una rutina. Así de sencillo.
No
hay caso, pasan los años y uno no aprende, no escarmienta. Desde
hace tiempo, por lo menos en lo que va del año, siempre estuvo claro
que este Boca no da para nada, no tiene pilares que lo sustenten,
navega al garete. Y sin embargo fue suficiente un poquito de enjundia
en los segundos tiempos con Bolívar y con Unión para que uno se
encendiera de nuevo, se ilusionara de nuevo, creyera. Y por supuesto,
en estos casos, uno siempre termina estrellándose contra la
realidad. En una de esas, el 2 de abril Boca le gana a Rafaela, que
es una tienda, y uno se va a encender de nuevo. ¡Ay, Boca!
Se
había apuntado, eso sí, que con Bolívar y con Unión se habían
regalado los primeros tiempos y que muy lejos no habría de irse y se
seguían regalando primeros tiempos. Pues bien, ahora tocó jugar con
un equipo en serio, nada extraordinario pero un equipo en serio. Y un
equipo en serio no la iba a dejar pasar. Nos liquidó en menos de
cinco minutos.
En
el primer gol, primero Jara pierde una pelota solo, después los
dejamos maniobrar con absoluta tranquilidad. Sand recibió de
espaldas y tardó en girar más que Palermo en aquel gol a River del
año 2000 pero igual, completó el giro sin que nadie lo molestara y
la abrió para Acosta. El Laucha la tocó mal, se la dio a Tobio pero
Tobio se pasó de gentil y se la devolvió para que el Laucha
enganchara hacia adentro y sacara el latigazo de derecha, con Jara
mirándolo de cerca. Orion se tiró después de que la pelota ya
había pasado, las pelotas abajo le cuestan, a Agustín, tiene menos
cintura que un huevo. Lanús jugó, Boca miró.
El
segundo vino de un corner que cedimos “in extremis”. Velázquez
bajo a primer palo, Almirón que anticipa, Mouche que no la puede
conectar debajo del arco y Sand que llegó tocando sirena y la metió
con cualquier cosa, con todo el cuerpo. Fue como tres goles en uno:
pudo haber sido de Almirón, pudo haber sido de Mouche, fue de Sand.
Jugaban ellos solos. ¡En un corner! No fue una jugada rápida que en
una de esas te agarra mal parado, fue una pelota detenida.
Con
el partido resuelto, en los 85 minutos que restaban Lanús jugó
cuando quiso. Se aceleró por momentos en el primer tiempo, con Román
Martínez que parecía Rattin en el medio de la cancha, con Almirón
que picoteaba, cada vez que nos iban por cualquiera de las bandas
parecía que se venía el descalabro. Y por el medio también, hubo
una en que Almirón encaró y pasó sin que nadie se le opusiera,
llegó a las barbas de Orion, que tapó en el mano a mano. Ya en el
segundo tiempo, Lanús bajó la cortina, dejó transcurrir los
minutos, solamente se dedicó a regalarle algunos lujitos y
canchereadas a su gente.
En
cuanto a Boca, en el primer tiempo tuvimos dos claras, la que tapó
Monetti con Carlitos Tevez, después de una buena subida de Jara y el
tiro libre de Lodeiro en el travesaño. En las declaraciones
posteriores al juego, del lado nuestro se puso todo el énfasis en
que, si entraba el tiro libre de Lodeiro, era otra cosa. Error de
enfoque. El tiro libre de Lodeiro es un detalle, no podemos jugar
toda la guita a que entre un tiro ibre y por sobre todo, no podemos
empezar a jugar el partido después de la hora convenida.
Cuando
Lanús nos dejó, la circulación en el medio fue bastante prolija.
Gago trató de dársela siempre redonda a algún compañero y con eso
se hizo rescatable dentro del caos que fue Boca. Pero cuando se quiso
pisar los últimos metros de cancha, todo se diluyó. Porque no
tenemos un volante ofensivo que arme, perdónese la reiteración pero
es que se hace evidente en cada partido. Carlitos se movió mucho,
bajó, se tiró a los costados pero cuando quiso ir adentro, rebotó.
El fondo de Lanús esperó siempre bien armado, con colaboración de
los volantes que achicaban hacia atrás y con destacado trabajo de
Braghieri.
Pachi
Carrizo también se movió mucho pero vaya a saberse si porque se lo
indicaron o porque se le ocurrió a él, nunca abrió la cancha, la
cerró, se corrió siempre para el medio. En cuanto a Osvaldo, al que
esperábamos con tantas ansias, bueno, no vamos a matarlo por un
partido, en su reaparición, pero nos dejó de a pie, fue como si no
estuviera, seguimos esperando su reaparición. Boca no fue por afuera
y no encontró asociaciones para pasar por adentro. Es difícil
atraer defensores y fabricar espacios cuando se va perdiendo por dos
goles de entrada.
Los
mellizos siempre son demorones para los cambios pero la verdad es que
en el banco no había soluciones. Uno siempre se aferra a la
esperanza de que el que entre rompa el partido pero si se razona, eso
no era de esperar. En todo el segundo tiempo no hubo ni una sola vez
en que Boca llegara al área rival bien pisado ni tampoco hubo
remates desde afuera que comprometieran a Monetti. Sólo uno de
Carlitos muy débil y otro de Gago que se fue lejos. Y seguimos sin
ir por afuera. Hubo dos veces que pasó Silva pero ambos centros se
los tiró a la hinchada de Lanús. Y eso que no estaba forzado ni
nada. Después le debe haber dado vergüenza y entonces la jugaba
cortita para adentro.
Se
nos fue el campeonato, definitivamente. No sólo porque los ocho
puntos que nos lleva Lanús son muchos y porque hay muchos otros
equipos en el medio sino, en primer término, porque suponer que de
ahora en más vamos a ganar todos los partidos en fila parece un
chiste. Vamos a tener que pensar en la Copa pero sin pasarnos de
optimistas. Hay que empezar a construir un equipo pero despacito.
EL
BOLETÍN. ORION 4, JARA 3, TOBIO 3, INSAURRALDE 3, SILVA 2,
PABLO PÉREZ 3, GAGO 5, LODEIRO 4, TEVEZ 5, OSVALDO 2, CARRIZO 4
(FI), PALACIOS 4, BENTANCUR NC, CHÁVEZ NC.
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