El
mellizo se ataja, se protege, deslinda responsabilidades. “Hasta
junio va a ser así”, “por algo Boca cambió de entrenador”.
Pero en definitiva, dice la verdad. Boca, en este momento, está para
soportar partidos, como pasó contra River, que al cabo de los 45
minutos iniciales pudo haber estado ya liquidado, a poco de que ellos
hubiesen traducido en goles la amplia superioridad que expresaron en
el juego.
Hay
que empezar por Carlitos Tevez, indiscutido gran jugador que está en
un momento oscuro, muy oscuro, pareciera no tener reservas físicas
sin que se entienda por qué, no impone calidades, se nubla, se
pierde y detrás de él, se pierden todos. La merma de confianza es
el signo dominante, nadie puede hacerse cargo de la posta. Hay tipos
que lo único que logran es pelearla, casos Pablo Pérez o Meli
cuando entró y tipos que ni siquiera la pelean, casos Lodeiro o
Bentancur. Hay tipos que hacen lo que pueden, como Palacios, que con
muy poco puso algo de picante pero igual, fue el primero al que
sacaron, vieja costumbre que no cambia aunque cambie el cuerpo
técnico porque como dijera Arruabarrena sin ningún pudor, es el más
fácil de sacar.
El
partido lo aguantó el Cata Díaz y después, cuando tuvo que
aparecer, apareció Orion. El Cata fue un mariscal, sacó la cara por
él y por todos, mantuvo en alto la bandera de la dignidad, al menos.
En el fondo, jugó por él y por Insaurralde, cuyos despropósitos
con la pelota, su desprecio por el elemento con que se juega, son
alarmantes. Y al lado de él, Silva también parecía tener los pies
romboidales, la tocaba y la bola salía hacia sitios impredecibles.
Por la otra banda, Jara bailaba con la más fea, porque se le
juntaban Vangioni y Driussi sin que nadie le achicara espacios por
delante.
Gago
no había empezado mal, se sacó el traje de etiqueta y se arremangó,
todo el partido pero estaba muy en desventaja. Si se observaba la
cancha, la primera imagen que surgía era la de una abrumadora
diferencia táctica pero no es tan así, hay que ir por la segunda
mirada. Lo que pasa es que si no hay soportes individuales, los
fundamentos tácticos se derrumban y soportes individuales no hay.
En
el segundo tiempo la sobrellevamos mejor porque ellos se pararon,
bajaron el ritmo, perdieron seguridad. Pero igual, estábamos para
perderlo en cualquier momento. En el primer tiempo, normalmente,
tendrían que haber entrado la de Mercado solo y la de Mora en el
palo. Y en el segundo tendrían que haber entrado la de Driussi con
Orion descolocado (enorme cagada de Silva) y la que se perdieron
Alonso y Mora, dos en una, que de última salvó Orion. Esas fueron
las más bravas pero hubo algunas otras.
Boca,
nada, porque ni siquiera teníamos lanzadores afinados como para que
saliera alguna contra. En el segundo tiempo forzamos dos tiros libres
interesantes, tal y como estaba la situación, una bola parada podía
ser el oasis. En la primera, Lodeiro tocó para atrás y Bentancur
casi la manda al Río de la Plata, no quedó claro si quiso patear al
arco o si quiso ponerla en el área. En el segundo, que surgió de un
muy buen anticipo de Pablo Pérez en ataque, nos quedó un tiro libre
en la media luna, penal con barrera, un sueño, una fantasía hecha realidad. Pero
Carlitos le pegó tan, pero tan mal, que no puede creerse, no puede
explicarse, no puede aceptarse.
El
empate fue un regalo. Así como con Racing, el jueves, quedamos
masticando la bronca por los dos puntos que se cayeron de local,
ahora era para irse silbando bajito, manos en los bolsillos. ¡De la
que nos salvamos! Hace poco más de dos meses, cuando los brindis del
año nuevo, éramos los candidatos a todo. Ahora no somos candidatos
a nada y con los mismos jugadores.
Para
que la presunción de Guillermo no se cumpla, para que se dé vuelta
la tortilla ahora, en primer lugar tendría que despertarse Carlitos.
Si se pegara un par de resultados positivos y volviera la confianza,
podríamos empezar a mirar desde otras perspectivas. En fútbol,
pasa. Pero la realidad que está viéndose en la cancha no podemos
negarla. Boca es una sombra, una masa gelatinosa, una cosa amorfa. Si
quitamos el partido con Newell's (anormal porque ellos estaban peor
que nosotros), caemos en la cuenta de que, en siete presentaciones
por los puntos entre campeonato y Copa, metimos un gol, el de San
Juan. No hay razones para ser optimistas.
EL
BOLETÍN: ORION 6, JARA 4, CATA 7, INSAURRALDE 3, SILVA 3, BENTANCUR
3, GAGO 5, PABLO PÉREZ 4, LODEIRO 3, PALACIOS 5, TEVEZ 3 (FI) MELI
5, CHÁVEZ 4, COLAZO NC.
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