lunes, 7 de marzo de 2016

ESTAMOS PARA CORTAR CLAVOS Y FESTEJAR EMPATES

El mellizo se ataja, se protege, deslinda responsabilidades. “Hasta junio va a ser así”, “por algo Boca cambió de entrenador”. Pero en definitiva, dice la verdad. Boca, en este momento, está para soportar partidos, como pasó contra River, que al cabo de los 45 minutos iniciales pudo haber estado ya liquidado, a poco de que ellos hubiesen traducido en goles la amplia superioridad que expresaron en el juego.
Hay que empezar por Carlitos Tevez, indiscutido gran jugador que está en un momento oscuro, muy oscuro, pareciera no tener reservas físicas sin que se entienda por qué, no impone calidades, se nubla, se pierde y detrás de él, se pierden todos. La merma de confianza es el signo dominante, nadie puede hacerse cargo de la posta. Hay tipos que lo único que logran es pelearla, casos Pablo Pérez o Meli cuando entró y tipos que ni siquiera la pelean, casos Lodeiro o Bentancur. Hay tipos que hacen lo que pueden, como Palacios, que con muy poco puso algo de picante pero igual, fue el primero al que sacaron, vieja costumbre que no cambia aunque cambie el cuerpo técnico porque como dijera Arruabarrena sin ningún pudor, es el más fácil de sacar.
El partido lo aguantó el Cata Díaz y después, cuando tuvo que aparecer, apareció Orion. El Cata fue un mariscal, sacó la cara por él y por todos, mantuvo en alto la bandera de la dignidad, al menos. En el fondo, jugó por él y por Insaurralde, cuyos despropósitos con la pelota, su desprecio por el elemento con que se juega, son alarmantes. Y al lado de él, Silva también parecía tener los pies romboidales, la tocaba y la bola salía hacia sitios impredecibles. Por la otra banda, Jara bailaba con la más fea, porque se le juntaban Vangioni y Driussi sin que nadie le achicara espacios por delante.
Gago no había empezado mal, se sacó el traje de etiqueta y se arremangó, todo el partido pero estaba muy en desventaja. Si se observaba la cancha, la primera imagen que surgía era la de una abrumadora diferencia táctica pero no es tan así, hay que ir por la segunda mirada. Lo que pasa es que si no hay soportes individuales, los fundamentos tácticos se derrumban y soportes individuales no hay.
En el segundo tiempo la sobrellevamos mejor porque ellos se pararon, bajaron el ritmo, perdieron seguridad. Pero igual, estábamos para perderlo en cualquier momento. En el primer tiempo, normalmente, tendrían que haber entrado la de Mercado solo y la de Mora en el palo. Y en el segundo tendrían que haber entrado la de Driussi con Orion descolocado (enorme cagada de Silva) y la que se perdieron Alonso y Mora, dos en una, que de última salvó Orion. Esas fueron las más bravas pero hubo algunas otras.
Boca, nada, porque ni siquiera teníamos lanzadores afinados como para que saliera alguna contra. En el segundo tiempo forzamos dos tiros libres interesantes, tal y como estaba la situación, una bola parada podía ser el oasis. En la primera, Lodeiro tocó para atrás y Bentancur casi la manda al Río de la Plata, no quedó claro si quiso patear al arco o si quiso ponerla en el área. En el segundo, que surgió de un muy buen anticipo de Pablo Pérez en ataque, nos quedó un tiro libre en la media luna, penal con barrera, un sueño, una fantasía   hecha realidad. Pero Carlitos le pegó tan, pero tan mal, que no puede creerse, no puede explicarse, no puede aceptarse.
El empate fue un regalo. Así como con Racing, el jueves, quedamos masticando la bronca por los dos puntos que se cayeron de local, ahora era para irse silbando bajito, manos en los bolsillos. ¡De la que nos salvamos! Hace poco más de dos meses, cuando los brindis del año nuevo, éramos los candidatos a todo. Ahora no somos candidatos a nada y con los mismos jugadores.
Para que la presunción de Guillermo no se cumpla, para que se dé vuelta la tortilla ahora, en primer lugar tendría que despertarse Carlitos. Si se pegara un par de resultados positivos y volviera la confianza, podríamos empezar a mirar desde otras perspectivas. En fútbol, pasa. Pero la realidad que está viéndose en la cancha no podemos negarla. Boca es una sombra, una masa gelatinosa, una cosa amorfa. Si quitamos el partido con Newell's (anormal porque ellos estaban peor que nosotros), caemos en la cuenta de que, en siete presentaciones por los puntos entre campeonato y Copa, metimos un gol, el de San Juan. No hay razones para ser optimistas.


EL BOLETÍN: ORION 6, JARA 4, CATA 7, INSAURRALDE 3, SILVA 3, BENTANCUR 3, GAGO 5, PABLO PÉREZ 4, LODEIRO 3, PALACIOS 5, TEVEZ 3 (FI) MELI 5, CHÁVEZ 4, COLAZO NC. 

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