La
cara del segundo tiempo fue otra. El vigor para meter, para ir a
buscar, ese revolverse contra la adversidad fueron muy diferentes a
la imagen de resignación, sumisión e impotencia observada en
partidos anteriores. No nos confundamos, jugar bien es otra cosa,
tienen que aparecer los circuitos de juego, la fluidez para llegar,
al que lleva la pelota se le tienen que ofrecer opciones varias para
continuar con la jugada y eso no pasó. Pero en consideración del
pasado inmediato, este segundo tiempo en La Paz fue como un
despertar, un ponerse en marcha, un punto de partida. Veremos si el
lunes, con Unión, se afirma esa sensación tan gratificante.
Por
otra parte, claro está, haber llegado al empate en el minuto 95
tiene un peso y un valor inconmensurables. Con el mismo partido pero
el resultado final 0-1, estaríamos hablando de otra cosa, estaríamos
viviendo un día distinto. Aferrémonos, por ahora, a la ilusión de
que Boca arrancó, se sacudió la modorra, quiere volver a ser Boca
en serio.
Como
ocurre en La Paz la mayoría de las veces, el primer tiempo se hizo
más difícil que el segundo. Es así, pareciera que cuando el
jugador se acostumbra a jugar ahogado, sin la reserva de oxígeno
normal, se acomoda mejor al partido y encuentra respuestas que no
encontraba antes, en ese primer tramo en que los rivales parecen
aviones y las piernas se niegan a ejecutar las órdenes del cerebro.
El
primer tiempo se padeció porque no llegábamos a ninguna, la
perdíamos enseguida. Para colmo, la lesión del Cata a los 25
minutos aparecía como una complicación severa, perder al líder de
la última línea en medio de un partido al que no se le encontraba
la vuelta.
Y
apenas se había ido el Cata cuando Bolívar se puso 1-0. Salió un
golazo pero fue de esos goles que se ven en La Paz, la pelota vuela
como un cohete supersónico. El error fue que Saavedra, el volante
por afuera de ellos, tuvo todas las ventajas porque Pablo Pérez no
estaba donde debía y Gago, en esta renovada versión de 5 metedor,
tenía mucho ancho de cancha para cubrir solo y llegó tarde. El
partido era todo de ellos, Orion había sacado una muy difícil, otra
se había ido muy cerca y además Agustín había cortado también un
centro mortal. Le pegaban de todos lados, es elemental que en La Paz
hay que pegarle y los nuestros parecían no entenderlo. Boca no tenía
salida, aguantaba con la defensa. Tobio se acomodó bien, Jara y
Fabra cumplieron y el Chaco Insaurralde fue afirmándose.
En
todo el primer tiempo, de todos modos, tuvimos dos claras. Una, la
del Negro Chávez, muy temprano, un arranque solitario, muy alejado
de sus compañeros, le quedó para la derecha y le pegó sin dudarlo,
como pudo, le salió para donde estaba el arquero. La segunda, pocos
minutos después del gol, ese rebote que le quedó a Gago, a la
carrera y de frente al arco. Y Gago le pegó mal, mordido y desviado.
No tiene gol, Fernando, nunca lo tuvo, nunca lo va a tener.
La
primera noticia del segundo tiempo fue que apareció Carlitos, antes
ausente, sin hallar su lugar en la cancha. Empezó a revolotear y a
encontrarse con la bola. Arrancaba preferentemente por la derecha, la
perdía y la iba a buscar de nuevo. Perdió muchas pero fue siempre
por más. Y otro que revoloteaba, que no se quedaba quieto, era Pachi
Carrizo. Por lo general demasiado lejos del área pero activo, con
participación permanente, ofreciéndose al compañero.
Faltó
profundidad porque faltaron asociaciones. Pero Boca estaba en la
cancha. Bolívar se tentó con la posibilidad de liquidarlo de
contra, esperó y Boca fue. Como pudo, pero fue. Y por entonces ya se
había entendido que era cuestión de pegarle, siempre, sin dudarlo.
Los
cambios tardaron en llegar, Pablo Pérez en primer término y Meli en
segundo tendrían que haber sido reemplazados antes. Cuando por fin
los mellizos se decidieron, quedó una formación, en cuanto a
nombres, super ofensiva: Carrizo-Gago-Lodeiro más
Palacios-Carlitos-Chávez. Descompensada, podría presumirse pero era
tiempo de quemar las naves Lo de Lodeiro fue más de lo mismo en
relación con los partidos anteriores pero el Tucu entró decidido, a
jugársela, como las circunstancias imponían.
Los
bolivianos no respondían. Recién pasada la media hora se nos
acercaron al área. Y apareció de nuevo Orion para interrumpir otro
centro de la muerte. Y hubo otra que nos atravesó el área chica y
por suerte no le pegó a nadie, ni nuestro ni de ellos.
Otro
dato positivo es que cuantos más minutos pasaban, más intenso se
hacía Boca. A los tropezones, quizá, pero las mejores oportunidades
las tuvimos en el último segmento de juego. La de Carlitos, cruzada
y baja desde la derecha que generó una gran atajada de Quiñónez. Las
dos de Palacios. La primera, muy bien armada, generándose el espacio
por la izquierda, con el enganche para adentro y el derechazo
cruzado, en busca del ángulo más lejano, que se le fue por muy
poco. Y la otra, la bocha que le quedó en el área, muy cerca del
arco, le quedó muy arriba y le dio como pudo, se le fue. Y el primer
tiro libre de Pachi, que el arquero sacó con los puños para
adelante.
Ya
teníamos casi asumido que no iba a entrar ninguna cuando llegamos al
empate. Última pelota parada que ganó Carlitos, defendiéndola de
espaldas y propiciando la infracción. Y Pachi que estaba en su
noche. Se paró también Lodeiro para entrarle con zurda pero no,
tenía que ser de Pachi. La bola voló como vuela en La Paz, Quiñónez
puso las manos pero no pudo con ella y la red que se levantó junto
con el grito de desahogo de todos nosotros, dejando salir la bronca
contenida.
Si
analizamos las posibilidades de clasificación, el punto que sumamos
tal vez valga menos que los dos puntos que perdió Bolívar, porque
se nos iban muy lejos. Pero más allá de las especulaciones y de los
números, lo que tiene que alentarnos es la tan mentada “actitud”.
Dejamos de ser ese conjunto pasivo, inocuo y entregado a su suerte.
La peleamos, a lo Boca. Como tiene que ser. “Apareció la
personalidad”, iba a declarar después Guillermo. Y salvamos la
ropa. Y nos quedamos con la idea de que, a partir de esta... ¿Cómo
llamarla? ¿Epopeya? ¿Será mucho? Epopeyita, ahì está... Que a
partir de esta epopeyita despunte un Boca nuevo, que se parezca al
que queremos. Así sea.
EL
BOLETÍN: ORION 7, JARA 5, CATA 5, INSAURRALDE 5, FABRA 5, MELI 3,
GAGO 5, PABLO PÉREZ 2, CARRIZO 7, CARLITOS 6, CHÁVEZ 4 (FI), TOBIO
6, LODEIRO 3, PALACIOS 6.
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