Tendrían que haberlo echado antes. A más tardar, después de Atlético Tucumán. Eligieron hacerlo ahora, en las vísperas de dos partidos mortales que pueden definir todo el semestre. Se verá cómo sale pero se está corriendo un riesgo que pudo haberse evitado.
No daba para más. El Vasco no sabía cómo revertir la situación, no encontraba soluciones y cuando un técnico no encuentra soluciones sobre la marcha, hay que cambiarlo, no puede ser de otra manera aunque no guste. Por otra parte, la sensación era que había perdido autoridad, que no podía con un plantel de tipos duros y con una megaestrella.
Sobrevivió a dos eliminaciones con River pero de dos golpes tales no se sale indemne, su ciclo estaba herido de muerte, como mínimo, desde mayo del año pasado. Ganamos el campeonato y la Copa Argentina de la mano de Carlitos, no es fácil ganar dos títulos en el fútbol argentino y es de especial valía ganar un campeonato largo. Pero sin perjuicio de esas conquistas y los consecuentes festejos, el Boca de Arruabarrena nunca -nunca- tuvo una identidad definida.
Él dice que no lo conocemos pero dio muestras de ser dócil, el Vasco. Una de las pocas veces que chilló con razón, el año pasado, por las fechas de los partidos con River, lo hicieron callar rápidamente y salió a pedir disculpas por decir lo que había dicho aunque tenía razón.
Que era funcional a la dirigencia quedó expuesto por primera vez con el caso Ledesma. A Pablo lo echaron los dirigentes y él no lo defendió. No sólo que no lo defendió, sino que puso la cara sin necesidad, cuando mintió que Pablo primero no jugaba y después se iba por "razones futbolísticas".
Esa funcionalidad volvió a salir a la luz con el caso Calleri-Osvaldo. El Loco vino porque lo quería Carlitos, en primer término y además, por razones de marketing. El Vasco lo aceptó, dejó que le dieran salida al goleador del equipo campeón y no dijo esta boca es mía.
Hoy, esa decisiones extrafutbolísticas que nos dejaron sin Calleri (y encima Osvaldo no juega nunca) las estamos pagando. Pero además, el Vasco parece no haberse dado cuenta o haberse dado cuenta demasiado tarde de que le había quedado un plantel descompensado. Si no está Osvaldo, no tenemos nadie que se parezca a un 9 y por otra parte, tampoco tenemos un volante conductor (Lodeiro es otra cosa).
Todo el proceso fue errático. Se veía en aquellas compulsivas e inexplicables "rotaciones" del año pasado. Por las cuales, por ejemplo, Osvaldo quedó afuera del partido con River en cancha de ellos por la Copa. Como la exclusión de Torsiglieri, que había sido el mejor defensor más regular del equipo, lo sacaron sin razones, se sintió manoseado y forzó su egreso del club.
Había empezado bien, el Vasco. Con aquel gran triunfo sobre Vélez, en el debut, cuando el equipo dejó hasta la última gotas y se quedó con un partido memorable. Cuatro días después de haberse arrastrado por la cancha frente a Estudiantes, en la despedida de Bianchi. Pareció que el Vasco los había liberado de un peso y que su perfil bajo iba a dar campo para que cada jugador desarrollara lo mejor de sí.
Duró poco, la ilusión. El primer golpe fue aquel partido con Racing que se interrumpió por lluvia, lo íbamos ganando y lo terminamos perdiendo. Era el inicio de lo que iba a ser una marcada defección en los clásicos. Racing también iba a marcar, a la larga, el momento de la despedida. En todo el ciclo del Vasco, con Racing terminamos 0-0-5. Lapidario.
Buena gente, en Vasco. Tiene sus miserias, eh, como las tenemos todos. Él y Garasini son, hasta hoy, los dos únicos jugadores salidos del club que fueron campeones como jugadores y como entrenadores. Eso no se lo quita nadie, pero no iba más. No de ahora, desde hace ya algún tiempo.
martes, 1 de marzo de 2016
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Hace mucho que no te comento nada pero te leo siempre. Me pone triste la partida del Vasco aunque creo que era inevitable. Aquel partido con Velez coincidió con una de las peores semanas de mi vida y ese triunfo fue una gran alegría: vimos después de mucho tiempo a un Boca que dejaba todo para dar vuelta un resultado (cosa que volvió a pasar en ese mismo campeonato con Godoy Cruz, Central y Lanús).
ResponderEliminarA pesar de las falencias del Vasco, lo que más me duele es que el jugador de fútbol sea tan puto. Hace falta llegar a esto? Dónde está la vergüenza que mostraron ese día? Acaso tenemos que cambiar de DT cada 6 meses para mantenerlos motivados?
Ese jueves que renunció Bianchi fue uno de mis días más tristes como hincha de Boca, pero ese mismo domingo grité los goles y festejé el triunfo como quizás no festejé logros mucho más importantes, porque de alguna manera fue como reencontrarse con el Boca que queremos. Fui a la cancha sin ilusión de nada y la entrega de los jugadores me devolvió a la vida. Serán concientes de eso?