La
realidad es ésta. La que marcan los partidos con Temperley, San
Lorenzo, Atlético Tucumán, Cali, Racing y hasta San Martín de San
Juan, que se ganó con enorme esfuerzo y sin que sobrara nada. Pueden
incluirse los amistosos previos. Lo de Newell's fue un espejismo
frente a un rival sumido en una profunda crisis. Salta a la vista que
Boca no sabe atacar, no tiene con qué, no cuenta con fórmulas
colectivas ni individualidades suficientes.
¿Quién
fue el más rescatable jugador de Boca ante Racing? Carlitos, por
supuesto. ¿Pero de qué jugó Carlitos? Hubo pasajes del segundo
tiempo en que tenía que ir a pedirles la pelota a domicilio a los
centrales. El arco rival lo tenía a distancia sideral. Tal y como
están las cosas, la solución para Boca serìa tener a un Carlitos
que juegue de 10 y a otro Carlitos que juegue de 9. Pero no se puede,
Carlitos tenemos uno solo.
Desesperadamente
estamos esperando que vuelva Osvaldo. Como si Osvaldo fuera Johan
Cruyff. Pensándolo bien, para este momento de Boca el Loco podría
significar más aún que Cruyff para el Ajax, Holanda y el Barcelona.
De su sociedad con Carlitos, que todavía no podemos saber si llegará
a ser tal, que sólo cuenta por ahora en nuestros mejores sueños,
ansiamos que como por arte de magia se nos resuelvan todos los
problemas.
Mientras
tanto, para que viniera el Loco (por darle el gusto a Carlitos) le
abrimos la puerta que decía “exit” al goleador del equipo
campeón del año pasado, Jony Calleri. Y resulta que ahora no lo
tenemos ni a él ni a Osvaldo ni tenemos mayor noción de cómo hay
que hacer para convertir un gol.
Ausente
Lodeiro, el Vasco hizo lo mismo que en Colombia, lo puso a Pablo
Pérez. Mucho para elegir no tiene, hay que reconocérselo. Como
Pablo ´puede ser muchas cosas pero no eje de circulación, tuvo que
asumir ese rol Carlitos. Y se fue bien lejos de las zonas de
definición con la idea de aparecer algunas veces. Pero no pudo
aparecer casi nunca.
Nos
habíamos entusiasmado mucho (bah, por lo menos éste que escribe)
con la producción de Gago en Colombia. Parecía ser un punto de
partida. Pero en Avellaneda Gago volvió a ser un jugador
intrascendente, que se limita a soltar la pelota prolijito, cuando
puede, pero no crea, no arriesga, no define nada. A veces pareciera
que se desalentara por la desolación que lo rodea. Como en una
jugada del segundo tiempo en que tocó para Palacios y fue a buscar
pero el Tucu la rebotó para cualquier lado, la tiró afuera y
Fernando se quedó parado en un costado, como si le hubiesen quitado
las ganas de seguir.
Empezamos
jugando con un delantero por afuera y ninguno por adentro. Nadie
podrá decir que no se trata de una táctica novedosa, algo
revolucionario. Pero el delantero por afuera, el Tucu Palacios,
atraviesa un momento de confusión. No caigamos en la tentación de
echarle la culpa al Vasco, que lo sacó tantas veces que podría
haberle mellado la confianza. Lo cierto es que Palacios es un jugador
para acompañar a los mejores, no está ni estará para ser patrón.
Pero ahora no hace lo que mejor sabe, buscar el uno contra uno y
ganar. Casi que ni lo busca pero cuando lo busca, pierde.
Racing
nos metió un gol antes de los diez minutos. Pelota que nos recorrió
el área de ida y de vuelta. Silva le dio mucha ventaja a Pillud, el
pibe Molina se pasó en el cierre y lo dejó sin marca a Grimi,
Martínez se nos apareció muy cerca del arco y los primereó al Cata
y a todos con ese tacazo, fantástica resolución. Antes y después
de eso, Racing no llegó jamás. Mal podía llegar un equipo al que
le costaba tanto recuperar la pelota y cuando lo hacía, la perdía
enseguida. Esperó, Racing, con la idea de que alguna vez se le
apareciera un contraataque pero no se le apareció nunca. Difícil
contraatacar con un delantero como Milito, que está ya para el
partido de homenaje.
¿Y
Boca? Dueño de la bocha durante gran parte del juego pero sin saber
qué hacer con ella. Nada. Hubo una del primer tiempo que Carlitos
puso muy bien, con sentido de profundidad, para la llegada al área
de Meli. Pero el Cabezón se enredó en el área, tardó una
eternidad y lo taparon. Puede ocurrir que alguna vez llegue un
volante como Meli por sorpresa pero si la única posibilidad que vamos
a tener en 45 minutos va a ser que aparezca en el área un volante
como el Cabezón, bueno, nuestras chances van a verse muy reducidas.
Para
el segundo tiempo el Vasco lo sacó a Bentancur, absolutamente
inexpresivo, como si no se atreviera a ser el jugador que suponemos
puede ser y metió al único delantero que tenía a mano, Chávez.
Esta vez no lo mandó a jugar adentro, como lo hizo otras veces, sino
que lo tiró a la izquierda. Con Palacios y el Negro bien por las
bandas, la idea debe haber sido ensanchar la cancha, abrir a los
defensores. Carlitos arrancó más arriba pero como quedaba aislado
del juego porque no tenemos un volante que arme, rápidamente bajó
de nuevo y como tampoco tenemos un volante que llegue, lo que hicimos
fue tocar para los costados y cuando metimos alguna pelota como de
compromiso, lo que logramos fue agrandar a Lollo.
En
verdad, la única oportunidad clara, bien clara que tuvimos en todo
el partido nos iba a surgir de contraataque. Lo que todo equipo ansía,
tener espacio para salir de contra. Claro que Boca, por ser Boca, muy
pocas veces va a tener oportunidad de jugar de contra y menos en un
partido que va perdiendo. Pero se dio, una sola vez. Y la dejamos
pasar. Iban 11 del segundo tempo, pelota larguísima disparada desde
el fondo por Meli (a lo Dino Sani, la vio, no es que la haya tirado a
la bartola) que fue a encontrarse con la corrida de Chávez. El Negro
en su salsa, lo que más le gusta, cancha para correr y dejarlo atrás
a Pillud. Pero cuando se encontró con la salida del arquero, se la
tiró al cuerpo, al bulto. Venía muy acelerado, no era tan fácil.
De segunda pateó Carlitos y salvó Lollo. Adiós, fue el minuto
clave y fallamos.
Todo
lo que quedaba fue una tortuosa suma de minutos hasta que llegara el
final, sin novedades. Cambios que de entrada no podían entusiasmar a
nadie. Sabíamos que en el banco no teníamos soluciones. Jara por
Pablo Pérez, que no se sabe de qué está jugando (no lo sabe él).
Pachi Carrizo por el pibe Molina (le dispensaron más elogios de lo
que correspondía, no anduvo bien, Nahuel), Jara que va de 4.
Apuestas, intentonas... ¿Y qué? ¿Pachi nos va a enderezar un
partido?
Señores,
desde que está el Vasco contra Racing vamos 0-0-5, con los
amistosos. Nada menos que con éstos, a los que históricamente hemos
tenido servidos para el cachetazo. Y dentro de cuatro dias los
cruzamos de nuevo, ahora por la Copa, con La Bombonera vacía, en un
partido que no podemos ni empatar. El problema será encontrar la
manera de ganarlo. Ojalá esté Osvaldo, ojalá esté Lodeiro pero
igual, este Boca está para volar bajito, resignémonos.
EL
BOLETÍN: ORION 5, MOLINA 3, DÍAZ 4, INSAURRALDE 6, SILVA 4, MELI 4,
GAGO 4, PÉREZ 3, BENTANCUR 3, TEVEZ 6, PALACIOS 3 (FI), CHÁVEZ 5,
JARA 4, CARRIZO 4.
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