lunes, 29 de febrero de 2016

¿DÓNDE HAY UN GOL?

La realidad es ésta. La que marcan los partidos con Temperley, San Lorenzo, Atlético Tucumán, Cali, Racing y hasta San Martín de San Juan, que se ganó con enorme esfuerzo y sin que sobrara nada. Pueden incluirse los amistosos previos. Lo de Newell's fue un espejismo frente a un rival sumido en una profunda crisis. Salta a la vista que Boca no sabe atacar, no tiene con qué, no cuenta con fórmulas colectivas ni individualidades suficientes.
¿Quién fue el más rescatable jugador de Boca ante Racing? Carlitos, por supuesto. ¿Pero de qué jugó Carlitos? Hubo pasajes del segundo tiempo en que tenía que ir a pedirles la pelota a domicilio a los centrales. El arco rival lo tenía a distancia sideral. Tal y como están las cosas, la solución para Boca serìa tener a un Carlitos que juegue de 10 y a otro Carlitos que juegue de 9. Pero no se puede, Carlitos tenemos uno solo.
Desesperadamente estamos esperando que vuelva Osvaldo. Como si Osvaldo fuera Johan Cruyff. Pensándolo bien, para este momento de Boca el Loco podría significar más aún que Cruyff para el Ajax, Holanda y el Barcelona. De su sociedad con Carlitos, que todavía no podemos saber si llegará a ser tal, que sólo cuenta por ahora en nuestros mejores sueños, ansiamos que como por arte de magia se nos resuelvan todos los problemas.
Mientras tanto, para que viniera el Loco (por darle el gusto a Carlitos) le abrimos la puerta que decía “exit” al goleador del equipo campeón del año pasado, Jony Calleri. Y resulta que ahora no lo tenemos ni a él ni a Osvaldo ni tenemos mayor noción de cómo hay que hacer para convertir un gol.
Ausente Lodeiro, el Vasco hizo lo mismo que en Colombia, lo puso a Pablo Pérez. Mucho para elegir no tiene, hay que reconocérselo. Como Pablo ´puede ser muchas cosas pero no eje de circulación, tuvo que asumir ese rol Carlitos. Y se fue bien lejos de las zonas de definición con la idea de aparecer algunas veces. Pero no pudo aparecer casi nunca.
Nos habíamos entusiasmado mucho (bah, por lo menos éste que escribe) con la producción de Gago en Colombia. Parecía ser un punto de partida. Pero en Avellaneda Gago volvió a ser un jugador intrascendente, que se limita a soltar la pelota prolijito, cuando puede, pero no crea, no arriesga, no define nada. A veces pareciera que se desalentara por la desolación que lo rodea. Como en una jugada del segundo tiempo en que tocó para Palacios y fue a buscar pero el Tucu la rebotó para cualquier lado, la tiró afuera y Fernando se quedó parado en un costado, como si le hubiesen quitado las ganas de seguir.
Empezamos jugando con un delantero por afuera y ninguno por adentro. Nadie podrá decir que no se trata de una táctica novedosa, algo revolucionario. Pero el delantero por afuera, el Tucu Palacios, atraviesa un momento de confusión. No caigamos en la tentación de echarle la culpa al Vasco, que lo sacó tantas veces que podría haberle mellado la confianza. Lo cierto es que Palacios es un jugador para acompañar a los mejores, no está ni estará para ser patrón. Pero ahora no hace lo que mejor sabe, buscar el uno contra uno y ganar. Casi que ni lo busca pero cuando lo busca, pierde.
Racing nos metió un gol antes de los diez minutos. Pelota que nos recorrió el área de ida y de vuelta. Silva le dio mucha ventaja a Pillud, el pibe Molina se pasó en el cierre y lo dejó sin marca a Grimi, Martínez se nos apareció muy cerca del arco y los primereó al Cata y a todos con ese tacazo, fantástica resolución. Antes y después de eso, Racing no llegó jamás. Mal podía llegar un equipo al que le costaba tanto recuperar la pelota y cuando lo hacía, la perdía enseguida. Esperó, Racing, con la idea de que alguna vez se le apareciera un contraataque pero no se le apareció nunca. Difícil contraatacar con un delantero como Milito, que está ya para el partido de homenaje.
¿Y Boca? Dueño de la bocha durante gran parte del juego pero sin saber qué hacer con ella. Nada. Hubo una del primer tiempo que Carlitos puso muy bien, con sentido de profundidad, para la llegada al área de Meli. Pero el Cabezón se enredó en el área, tardó una eternidad y lo taparon. Puede ocurrir que alguna vez llegue un volante como Meli por sorpresa pero si la única posibilidad que vamos a tener en 45 minutos va a ser que aparezca en el área un volante como el Cabezón, bueno, nuestras chances van a verse muy reducidas.
Para el segundo tiempo el Vasco lo sacó a Bentancur, absolutamente inexpresivo, como si no se atreviera a ser el jugador que suponemos puede ser y metió al único delantero que tenía a mano, Chávez. Esta vez no lo mandó a jugar adentro, como lo hizo otras veces, sino que lo tiró a la izquierda. Con Palacios y el Negro bien por las bandas, la idea debe haber sido ensanchar la cancha, abrir a los defensores. Carlitos arrancó más arriba pero como quedaba aislado del juego porque no tenemos un volante que arme, rápidamente bajó de nuevo y como tampoco tenemos un volante que llegue, lo que hicimos fue tocar para los costados y cuando metimos alguna pelota como de compromiso, lo que logramos fue agrandar a Lollo.
En verdad, la única oportunidad clara, bien clara que tuvimos en todo el partido nos iba a surgir de contraataque. Lo que todo equipo ansía, tener espacio para salir de contra. Claro que Boca, por ser Boca, muy pocas veces va a tener oportunidad de jugar de contra y menos en un partido que va perdiendo. Pero se dio, una sola vez. Y la dejamos pasar. Iban 11 del segundo tempo, pelota larguísima disparada desde el fondo por Meli (a lo Dino Sani, la vio, no es que la haya tirado a la bartola) que fue a encontrarse con la corrida de Chávez. El Negro en su salsa, lo que más le gusta, cancha para correr y dejarlo atrás a Pillud. Pero cuando se encontró con la salida del arquero, se la tiró al cuerpo, al bulto. Venía muy acelerado, no era tan fácil. De segunda pateó Carlitos y salvó Lollo. Adiós, fue el minuto clave y fallamos.
Todo lo que quedaba fue una tortuosa suma de minutos hasta que llegara el final, sin novedades. Cambios que de entrada no podían entusiasmar a nadie. Sabíamos que en el banco no teníamos soluciones. Jara por Pablo Pérez, que no se sabe de qué está jugando (no lo sabe él). Pachi Carrizo por el pibe Molina (le dispensaron más elogios de lo que correspondía, no anduvo bien, Nahuel), Jara que va de 4. Apuestas, intentonas... ¿Y qué? ¿Pachi nos va a enderezar un partido?
Señores, desde que está el Vasco contra Racing vamos 0-0-5, con los amistosos. Nada menos que con éstos, a los que históricamente hemos tenido servidos para el cachetazo. Y dentro de cuatro dias los cruzamos de nuevo, ahora por la Copa, con La Bombonera vacía, en un partido que no podemos ni empatar. El problema será encontrar la manera de ganarlo. Ojalá esté Osvaldo, ojalá esté Lodeiro pero igual, este Boca está para volar bajito, resignémonos.



EL BOLETÍN: ORION 5, MOLINA 3, DÍAZ 4, INSAURRALDE 6, SILVA 4, MELI 4, GAGO 4, PÉREZ 3, BENTANCUR 3, TEVEZ 6, PALACIOS 3 (FI), CHÁVEZ 5, JARA 4, CARRIZO 4.

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