Son
las 6.23 de este lunes 15, me acabo de levantar y me pongo a
escribir. A las 10 están citados a entrenarse los jugadores y lo
último que supe es que el Vasco va a ir. Espero que esta noche
transcurrida la hayamos utilizado todos para meditar y que se haga lo
que se tiene que hacer. Que el Vasco lo haya consultado con la
almohada y se vaya o, en caso contrario, que Angelici y los demás
hayan tomado la decisión inevitable y lo vayan. Se acabó.
Hasta
los últimos envíos anteriores se sostuvo desde aquí que echar a un
técnico que viene de ser dos veces campeón por un mal verano es
ilógico y hasta irracional pero el verano, en términos futbolísticos, terminó hace rato. Los plazos están vencidos. Se perdió
una final, se lleva un punto sobre seis en dos fechas de campeonato
después de haber enfrentado a dos rivales que ni van a estar en la
conversación por el título y, lo más significativo, el equipo da
muestras, en la cancha, de que se acabó.
Ya
hasta el periodismo, en el transcurrir de los últimos años, ha ido
mutando aquel discurso clásico, uniforme y pueril de los trabajos a
largo plazo y el respeto por los contratos firmados. El fútbol,
nuestro fútbol, tiene sus reglas y nos las impone. Si los resultados
no aparecen, y más en Boca, hay que virar de rumbo. A los jugadores
no se los puede cambiar, a los dirigentes tampoco. Se cambia el
técnico. Es así guste o no, no puede ser de otro modo.
Este
final se parece mucho al de Bianchi. Este partido con Atlético
Tucumán tiene muchos puntos de contacto con aquella noche de La
Plata ante Estudiantes. Jugadores idos, falta de respuestas,
sensación de derrota irreversible desde mucho antes de la
finalización del juego. Después, Carlitos y el Cata iban a marcar
diferencias en relación con el partido frente a San Lorenzo, iban a
poner énfasis en algún gol que pudo haber sido y no fue. Y la
verdad es que si entraba la que sacó Meza Brítez en la raya o a
continuación Gago no le erraba al arco llegando de frente, si el
resultado variaba, si empatábamos o hasta si ganábamos 2 a 1, en
una de esas nos íbamos un poco más tranquilos pero el escenario no
variaría en mucho. Seguir así sería prolongar una agonía.
Boca
volvió a jugar muy mal, demasiado mal. Porque, en primer término,
hay una crisis de confianza, nadie está sguro de lo que hace ni de
lo que tiene que hacer, ni los pibes ni los experimentados agarran la
bandera. El equipo anda a la deriva y a la primera contrariedad, no
se repone. Signos inequívocos, la realidad nos impone el cambio.
Creí
que el Vasco iba a poner tres en el fondo pero no, el Cata jugó de
lateral derecho. Contra natura. El funcionamiento defensivo no ofrece
ninguna garantía y mal podría ofrecerla si las modificaciones son
permanentes pero sin que se sepa bien a qué le apuntamos. Que
cuatro, que tres, que cinco, que cuatro de nuevo. Y con jugadores
fuera de sus posiciones habituales. Volantazos desesperados, de
arrebato.
Tampoco
se sabe de qué modo tenemos que atacar. No hay armado. Pérez y
Lodeiro se ganaron sus exclusiones pero no ponemos en la cancha
alguien que pueda hacerse eje de la circulación ofensiva. Gago es
jugador de primer pase y por otra parte, está muy lejos de su mejor
versión. Bentancur está para acompañar y no para llevar el
estandarte, Carlitos es delantero por más que baje. Asimismo,
Carlitos sigue sin ser Carlitos. Parece como si le faltara respuesta
física, esa explosión del pique corto que ha sido una de sus
características pero no se entiende, si tuvo las vacaciones que
necesitaba, si la pretemporada la hizo bien, si nadie ha dicho que le
duela algo. Otro tanto puede decirse de Osvaldo, es como si jugaran
frenados, como si llevaran atados atrás esos trineos que utilizan
los profes para los ejercicios de fuerza, no pueden meter la segunda.
Jugamos con tres delanteros, porque Palacios volvió a ser titular
pero el Tucu tampoco nos dio las soluciones, empezó ganando y
perdiendo en el uno contra uno y rápidamente iba a pasar a perder y
perder.
De
entrada, iban tres minutos, Cubitas (un pibito del que esperamos
mucho pero que corre peligro de se lo lleve la corriente y ya no
pueda volver) se mandó la primera de sus grandes cagadas, perdió
una bola en zona clave y terminó salvando Orion ante Acosta. Al
rato, el Cata se durmió en el área, increíble, menos mal que la
Pulga Rodríguez la tiró afuera, con Orion descolocado. A los 23
minutos iba a plantearse otra situación parecida, otra pérdida de
Cubitas en zona donde no hay que perderla y como los centrales, Tobio
e Insaurralde, tampoco estaban para salvarnos, esta vez Leandro
González nos vacunó. El gol que iba a definir el partido. Faltaban
tres cuartas partes pero ya tenemos visto que levantar un resultado
en contra, para este Boca, es misión imposible.
Pareció
que se nos podía abrir una puerta con las subidas de Fabra, el
colombiano debutante pero antes de terminar el primer tiempo, nos
quedamos sin Fabra. Se acalambró, por los visajes que hacía. ¿Se
acalambró antes de terminar el primer tiempo? Sí. Es que los
nervios agarrotan los músculos. Desde muy temprano Fabra ya empieza
a saber de qué se trata Boca.
Habíamos
empezado con Cata-Tobio-Insaurralde-Fabra, línea de cuatro
improvisada. En el segundo tiempo pasamos a jugar con
Meli-Tobio-Cata-Insaurralde. Más improvisaciones. Sencillamente, no
cabe esperar nada bueno de una formación defensiva así dispuesta.
Igual
nos tonificamos un poquito, en el primer segmento del segundo tiempo,
con dos arranques de Carlitos por la izquierda, determinados y
potentes. En el primero, Osvaldo, después de recibir, usó a
Carlitos como distracción, giró (eso lo hace muy bien) y el remate
se le fue arriba. El segundo, después de una mala salida de ellos,
fue esa que Carlitos se llevó de prepotencia hasta el fondo, Josué
Ayala había quedado fuera de foco, salvó Meza Brítez y Gago, con
todo el arco para él, la mandó afuera. Nos habíamos entusiasmado
con muy poco pero todo volvió muy pronto a la chatura, a la resignación.
Y
el Vasco empezó con los cambios. Pachi Carrizo por el inexpresivo
Bentancur (no tenía ni un minuto de competencia en el año, tenía
apenas una semana de trabajo normal después de un mes de ejercicios
diferenciados y lo pusieron de titular). Pachi arrancó por la
izquierda pero al rato entró el Negro Chávez por Palacios y
entonces Pachi fue a la derecha. Algo así como cuatro delanteros
(aunque Pachi sea volante): Pachi-Carlitos (arrancando desde más
atrás)-Osvaldo (bien adentro)-Chávez. Nada que se haya ensayado
debidamente, manotazos de ahogado.
Los
tucumanos, en la primera media hora del segundo tiempo, sólo
esperaban, ni habían pasado de tres cuartos. Pero en cuanto
empezaron a salir, era de temer que en cualquier momento nos
embocaran el segundo. Se fue expulsado Zampedri por un patadón de
bruto contra Gago, nos quedaba como un cuarto de hora por delante con
el tiempo que iba a adicionarse pero fue como que ni nos enteramos de
que estábamos once contra diez. Nada.
No
hubo silbidos ni puteadas masivas contra el Vasco ni contra los
jugadores. Lo queremos, al Vasco. Buena gente, nos dio mucho como
jugador y dos títulos recientes como técnico. Pero no sabe qué
hacer y cuando un técnico no sabe lo que tiene que hacer, lo que
tiene que hacer es irse.
En
cuanto a su sucesión, ni hace falta que nos pongamos a pensarlo
porque entre los dirigentes ya hay consenso. Por la misma puerta
giratoria imaginaria por la que saldrá el Vasco, entrará Guillermo.
La verdad, amo al Guille por lo que fue como jugador tanto como dudo
de que sea el técnico que necesitamos. Pero es el elegido por la
conducción del club. Ojalá nos vaya bien a todos.
EL
BOLETÍN: ORION 5, CATA 3, TOBIO 4, INSAURRALDE 4, FABRA 5, GAGO 3,
CUBAS 2, BENTANCUR 3, PALACIOS 4, OSVALDO 4, TEVEZ 4 (FI), MELI 4,
CARRIZO 3, CHÁVEZ 4.
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