Carlitos
no está. No se sabe qué le pasa ni cuándo va a volver. Resuelve
mal, toma decisiones equivocadas, se apura o se demora, arranca con
ventaja y permite que lo cierren, no gana uno contra uno, choca, su
relación con la pelota está para el divorcio. Una caricatura del
jugadorazo que conocemos.
Hay
dos jugadas, entre muchas, sintomáticas. Primera, el mano a mano con el
arquero de los 7 minutos del primer tiempo (muy buena asistencia de
Pablo Pérez), lo desperdició con una torpeza sorprendente, fue al
bulto. Última, la de los 44 minutos del segundo, le quedó una bola servida
en bandeja dentro del área, con espacio, justa para entrarle bien con el pie derecho, salir corriendo, tirarse de cara al césped y nos tirábamos todos arriba de él pero la mandó a cualquier parte, una
deficiencia técnica inexplicable. El año pasado, con veinte meses de
competencia acumulada sin vacaciones ni pretemporada, su impronta de
crack nos condujo a dos títulos. Todos sabíamos que le tirábamos
la pelota a él y en algún momento algo pasaba. Ahora, con un mes y
medio de vacaciones más una pretemporada completa, deambula por la
cancha como un fantasma.
Ausente
Carlitos, quedan al desnudo las inconsistencias de Boca como equipo o
peor, la inexistencia de Boca como equipo. No hay estructura que
proteja a cada jugador, no hay entramado que potencie las
individualidades. Dependemos de arrestos personales y los arrestos
personales no aparecen. La idea madre de la presión alta, la
recuperación rápida y arriba y el desarrollo a partir de la
tenencia no pasa de ser una enunciación hueca si no se llevan a la
cancha los elementos, los fundamentos tácticos y estratégicos que
permitan ponerla en práctica.
En
el último segmento del primer tiempo, Pablo Pérez mejoró, empezó
a encontrar espacios y a darle la bocha redonda a un compañero bien
ubicado. Con eso solo, Boca creció. En el segundo tiempo Pablo
perdió precisión, se sumó al desorden generalizado y volvimos a
fojas cero.
Caso
de diván es el de Lodeiro. Tiene un bagaje técnico propio de
elegido, un pincel en el zapato izquierdo pero no se lo ve y cuando
se lo ve, es peor.. Sabemos que no es un enganche típico, sabemos
que le falta pausa, tomarse los segundos necesarios pero no por eso
es aceptable que complique la jugada en cada una de sus
participaciones las cuales, por otra parte, son insuficientes.
Al
Negro Chávez lo estamos prendiendo fuego. Él, con tal de jugar,
dice que sí pero no es 9. Si lo mandamos a la troya contra los
centrales lo desperdiciamos, lo perdemos. Lo mejor suyo es la corrida
a campo traviesa, ahí donde pueda imponer su tranco largo. Si juega
de espaldas ni sabe dónde está parado.
Creí
que el primer cambio iba a ser Chávez. No porque el Negro lo
mereciera más que otros sino porque el Vasco saca siempre al más
fácil y hasta alguna vez, jodón como es, lo hace público. Pero no,
sacó a Lodeiro junto con el Cabezón Meli y estuvo bien. El ingreso
de Gago se imponía, aunque más no fuera para ver qué pasaba. Pero
las soluciones no aparecieron y tenemos que ser benévolos con
Fernando, recién está volviendo de una lesión muy seria y de un
parate muy prolongado. No pudo cambiar el partido, todo continuó
como era entonces.
En
cuanto a Pavón, el coach sigue teniéndolo por encima de Palacios y
sigue sin entenderse por qué. Esta vez se estacionó sobre la
izquierda, el lugar que más le conviene, el de sus mejores pasajes
en Talleres y Colón. Pero no, no desequilibra. El Vasco lo ha
pintado como un desfachatado que se atreve a todo pero ahora parece
todo lo contrario. Claro, es un pibe y no podemos exigirle que sea él
quien se los ponga a todos al hombro en medio de esta confusión que
nos envuelve pero se pasa de tímido. Antes de que le llegue la
pelota ya todos adivinamos lo que va a intentar, engancha para
adentro, cierra la cancha. Los rivales también lo saben, por
supuesto.
Aclaración
por las dudas, que nadie vaya a leer mal: no se está aquí
sosteniendo que los problemas se van a terminar si juega Palacios,
eh. No, no, al contrario. Dadas como están las cosas, muy
probablemente el Tucu tampoco pudiera escaparse de esta resignación
que transmiten todos nuestros futbolistas.
Temperley
es un equipito que está para hacer lo que se pueda, para pelearla
con las pocas armas de que dispone. En el segundo tiempo metió las
dos líneas de cuatro bien atrás y firmaba el 0 a 0 con los ojos
cerrados. Lo dejó a Brandán solo y Brandán se las arregló para
crearnos algunas complicaciones. ¿Qué le vamos a decir? Hace lo que
sus circunstancias aconsejan. Pero no fue menos que Boca. En el
primer tiempo tuvieron una clarita y menos mal que Figueroa la mandó
a los caños. Hubo otras dos en que se complicó solo Orion, una en
un corner que rechazó mal y otra cruzada desde la izquierda en que
no se entendió con Silva, lo expuso al lateral debutante pero era
pelota de él, área chica, territorio suyo.
Como
jugada colectiva bien armada podemos contabilizar la del arranque del
segundo tiempo, pelota que bajó Chávez pero Lodeiro no le entró
bien, el zurdazo cruzado le salió medio mordido y desviado. Después,
dos tiros desde afuera de Meli, uno en el primer tiempo, Crivelli dio
rebote largo pero no llegó nadie y otro en el segundo, por arriba.
Insistimos mucho con la salida por derecha de Peruzzi, que fue de lo
más rescatable pero no hubo continuidad de jugada, sólo centros que
no trajeron consecuencias. Por el otro lado, Silva también subió
mucho pero no encontró la medida para cruzar sus envíos y por otra
parte, si se nos agota el repertorio con la trepada de los laterales
y el previsible centro, muy lejos no vamos a ir.
El
miércoles tenemos un mano a mano sin retorno contra San Lorenzo.
Este cuerpo técnico sabe ya demasiado de lo que es perder un mano a
mano sin retorno. Los mano a mano sin retorno que se pierden dejan cicatrices que no se borran con ganar un campeonato largo ni una copa de
segundo orden. Tres mano a mano si retorno perdidos en el lapso de un
año y medio serían excesivos. ¿No?
Parece
que vuelve el Loco Osvaldo. Prendámosle todas las velas a él, ¿qué
vamos a hacer? Tampoco es lógico imaginar que de la nada nos va a
enderezar el equipo un tipo que también viene de una inactividad
prolongada, saliendo de una lesión y sin ritmo de competencia pero
es lo que tenemos a mano.
A
propósito, ayer Calleri metió dos goles, en un partido y medio con
Sao Paulo lleva tres. ¿Hemos tomado conciencia de que, por
exclusivas razones de marketing, sin justificaciones deportivas,
empujamos afuera de Boca a un delantero que le pasa la pelota por
encima a los arqueros sin inconvenientes y hasta de rabona? El que
vino para ocupar su lugar hasta ahora no ha jugado y estamos jugando
con un 9 que no es 9. Estamos pagando el modelo de club que impone la
conducción institucional. Ojalá no tengamos que llorar demasiado.
¡Ah! Felicitaciones, Jony. Gracias por tanto, perdón por tan poco.
EL
BOLETÍN: ORION 5, PERUZZI 6, TOBIO 5, CATA 5, SILVA 5, PÉREZ 5,
MELI 5, CUBAS 5, LODEIRO 3, TEVEZ 3, CHÁVEZ 3 (FI), GAGO 5,
PAVÓN 3.
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