domingo, 7 de febrero de 2016

VUELVE OSVALDO. ¿Y CARLITOS CUÁNDO VUELVE?

Carlitos no está. No se sabe qué le pasa ni cuándo va a volver. Resuelve mal, toma decisiones equivocadas, se apura o se demora, arranca con ventaja y permite que lo cierren, no gana uno contra uno, choca, su relación con la pelota está para el divorcio. Una caricatura del jugadorazo que conocemos.
Hay dos jugadas, entre muchas, sintomáticas. Primera, el mano a mano con el arquero de los 7 minutos del primer tiempo (muy buena asistencia de Pablo Pérez), lo desperdició con una torpeza sorprendente, fue al bulto. Última, la de los 44 minutos del segundo, le quedó una bola servida en bandeja dentro del área, con espacio, justa para entrarle bien con el pie derecho, salir corriendo, tirarse de cara al césped y nos tirábamos todos arriba de él pero la mandó a cualquier parte, una deficiencia técnica inexplicable. El año pasado, con veinte meses de competencia acumulada sin vacaciones ni pretemporada, su impronta de crack nos condujo a dos títulos. Todos sabíamos que le tirábamos la pelota a él y en algún momento algo pasaba. Ahora, con un mes y medio de vacaciones más una pretemporada completa, deambula por la cancha como un fantasma.
Ausente Carlitos, quedan al desnudo las inconsistencias de Boca como equipo o peor, la inexistencia de Boca como equipo. No hay estructura que proteja a cada jugador, no hay entramado que potencie las individualidades. Dependemos de arrestos personales y los arrestos personales no aparecen. La idea madre de la presión alta, la recuperación rápida y arriba y el desarrollo a partir de la tenencia no pasa de ser una enunciación hueca si no se llevan a la cancha los elementos, los fundamentos tácticos y estratégicos que permitan ponerla en práctica.
En el último segmento del primer tiempo, Pablo Pérez mejoró, empezó a encontrar espacios y a darle la bocha redonda a un compañero bien ubicado. Con eso solo, Boca creció. En el segundo tiempo Pablo perdió precisión, se sumó al desorden generalizado y volvimos a fojas cero.
Caso de diván es el de Lodeiro. Tiene un bagaje técnico propio de elegido, un pincel en el zapato izquierdo pero no se lo ve y cuando se lo ve, es peor.. Sabemos que no es un enganche típico, sabemos que le falta pausa, tomarse los segundos necesarios pero no por eso es aceptable que complique la jugada en cada una de sus participaciones las cuales, por otra parte, son insuficientes.
Al Negro Chávez lo estamos prendiendo fuego. Él, con tal de jugar, dice que sí pero no es 9. Si lo mandamos a la troya contra los centrales lo desperdiciamos, lo perdemos. Lo mejor suyo es la corrida a campo traviesa, ahí donde pueda imponer su tranco largo. Si juega de espaldas ni sabe dónde está parado.
Creí que el primer cambio iba a ser Chávez. No porque el Negro lo mereciera más que otros sino porque el Vasco saca siempre al más fácil y hasta alguna vez, jodón como es, lo hace público. Pero no, sacó a Lodeiro junto con el Cabezón Meli y estuvo bien. El ingreso de Gago se imponía, aunque más no fuera para ver qué pasaba. Pero las soluciones no aparecieron y tenemos que ser benévolos con Fernando, recién está volviendo de una lesión muy seria y de un parate muy prolongado. No pudo cambiar el partido, todo continuó como era entonces.
En cuanto a Pavón, el coach sigue teniéndolo por encima de Palacios y sigue sin entenderse por qué. Esta vez se estacionó sobre la izquierda, el lugar que más le conviene, el de sus mejores pasajes en Talleres y Colón. Pero no, no desequilibra. El Vasco lo ha pintado como un desfachatado que se atreve a todo pero ahora parece todo lo contrario. Claro, es un pibe y no podemos exigirle que sea él quien se los ponga a todos al hombro en medio de esta confusión que nos envuelve pero se pasa de tímido. Antes de que le llegue la pelota ya todos adivinamos lo que va a intentar, engancha para adentro, cierra la cancha. Los rivales también lo saben, por supuesto.
Aclaración por las dudas, que nadie vaya a leer mal: no se está aquí sosteniendo que los problemas se van a terminar si juega Palacios, eh. No, no, al contrario. Dadas como están las cosas, muy probablemente el Tucu tampoco pudiera escaparse de esta resignación que transmiten todos nuestros futbolistas.
Temperley es un equipito que está para hacer lo que se pueda, para pelearla con las pocas armas de que dispone. En el segundo tiempo metió las dos líneas de cuatro bien atrás y firmaba el 0 a 0 con los ojos cerrados. Lo dejó a Brandán solo y Brandán se las arregló para crearnos algunas complicaciones. ¿Qué le vamos a decir? Hace lo que sus circunstancias aconsejan. Pero no fue menos que Boca. En el primer tiempo tuvieron una clarita y menos mal que Figueroa la mandó a los caños. Hubo otras dos en que se complicó solo Orion, una en un corner que rechazó mal y otra cruzada desde la izquierda en que no se entendió con Silva, lo expuso al lateral debutante pero era pelota de él, área chica, territorio suyo.
Como jugada colectiva bien armada podemos contabilizar la del arranque del segundo tiempo, pelota que bajó Chávez pero Lodeiro no le entró bien, el zurdazo cruzado le salió medio mordido y desviado. Después, dos tiros desde afuera de Meli, uno en el primer tiempo, Crivelli dio rebote largo pero no llegó nadie y otro en el segundo, por arriba. Insistimos mucho con la salida por derecha de Peruzzi, que fue de lo más rescatable pero no hubo continuidad de jugada, sólo centros que no trajeron consecuencias. Por el otro lado, Silva también subió mucho pero no encontró la medida para cruzar sus envíos y por otra parte, si se nos agota el repertorio con la trepada de los laterales y el previsible centro, muy lejos no vamos a ir.
El miércoles tenemos un mano a mano sin retorno contra San Lorenzo. Este cuerpo técnico sabe ya demasiado de lo que es perder un mano a mano sin retorno. Los mano a mano sin retorno que se pierden dejan cicatrices que no se borran con ganar un campeonato largo ni una copa de segundo orden. Tres mano a mano si retorno perdidos en el lapso de un año y medio serían excesivos. ¿No?
Parece que vuelve el Loco Osvaldo. Prendámosle todas las velas a él, ¿qué vamos a hacer? Tampoco es lógico imaginar que de la nada nos va a enderezar el equipo un tipo que también viene de una inactividad prolongada, saliendo de una lesión y sin ritmo de competencia pero es lo que tenemos a mano.
A propósito, ayer Calleri metió dos goles, en un partido y medio con Sao Paulo lleva tres. ¿Hemos tomado conciencia de que, por exclusivas razones de marketing, sin justificaciones deportivas, empujamos afuera de Boca a un delantero que le pasa la pelota por encima a los arqueros sin inconvenientes y hasta de rabona? El que vino para ocupar su lugar hasta ahora no ha jugado y estamos jugando con un 9 que no es 9. Estamos pagando el modelo de club que impone la conducción institucional. Ojalá no tengamos que llorar demasiado. ¡Ah! Felicitaciones, Jony. Gracias por tanto, perdón por tan poco.


EL BOLETÍN: ORION 5, PERUZZI 6, TOBIO 5, CATA 5, SILVA 5, PÉREZ 5, MELI 5, CUBAS 5, LODEIRO 3, TEVEZ 3, CHÁVEZ 3 (FI), GAGO 5, PAVÓN 3.   

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