En
el balance, estuvimos más cerca de perderlo que de ganarlo, sobre
todo en el segundo tiempo. Así que podemos sentir que este cero es a
la derecha. Los empates afuera, en la Copa, son buenos, a condición
de que ganemos adentro.
La
mano de la última jugada no parece que haya sido intencional. Podía
cobrarse sin mucha tela para cortar pero el tipo no quiso manotear,
fue un accidente.
Nos
metieron de entrada en un partido que no queríamos. En el comienzo
mismo lo atendieron mal a Carlitos. Y a los cuatro minutos sacaron de
la cancha a Lodeiro. Premeditado. Salieron a cortar sin compasión.
Boca había salido a jugar con la pelota, a sostenerla arriba y en el
primer segmento parecía encaminado a consumar el plan pero nos
llevaron para otro lado. Nos enojamos y era natural. Si lo echaban a
Carlitos por esa patada que metió, no podíamos decir nada. Pero
estaba visto que el brasileño éste, don Pericles Cortez, estaba en
la onda permisiva. Iba a darse el gusto de terminar con los 22, el
tipo. Por cierto, lo mejor que les puede pasar a los pitos argentinos, que son malísimos, es que los comparemos con los del resto de la Conmebol.
La
salida de Lodeiro y su reemplazo por Pablo Pérez da para el análisis
porque todos, propios y extraños, decimos que el plantel que tenemos
es bueno pero también es cierto que está descompensado. No tenemos
a nadie que pueda jugar de nueve bien nueve (ni siquiera Osvaldo), no
tenemos un volante con cabeza suficiente para manejar los tiempos (el
único que eventualmente puede hacerse cargo es Carlitos pero no es
volante, es delantero). Osvaldo no fue a Colombia y apenas empezado
el partido nos quedamos sin lo más parecido que tenemos a un
mediocampisa ofensivo con dotes de conductor (aunque a Lodeiro le
falte pausa para ser enganche).
El
Vasco hizo el único cambio que podía hacerse, Pablo Pérez, pero el
equipo nos quedó mal armado. Pablo fue muy adentro, muchas veces
jugó de espaldas al área, algo que evidentemente no es lo suyo,
para que saliera Carlitos pero la fórmula no era apropiada. No
podíamos funcionar. Empezamos a dividir la bocha, a perderla sin
llegar nunca con claridad al área.
En
todo el primer tiempo, tuvimos el cabezazo de Palacios que se fue por
arriba (muy buena resolución del Tucu, poniéndole muy bien la
cabeza a una pelota que no le caía cómoda) y la de Carlitos. El
enganche para hacer seguir de largo al defensor y acomodarse de
frente, majestuoso. El remate, una porquería. Vaya a saberse por qué quiso romper el arco cuando daba para ponerla de otra manera, se le fue alta.
Ellos
tampoco llegaban pero casi nos vacunan en el final, se durmió
Cubitas que jugó un buen partido, muy patroncito en el medio pero en
esa se equivocó feo. Lo cierto es que se nos apareció Preciado para
liquidarnos pero alcanzó a desviarla apenitas Orion para que diera
en el palo. Decisivo, Agustín.
Del
arranque del segundo tiempo quedan sensaciones para
pensarlas. No queda claro (para éste que escribe por lo menos) si
les dejamos la bola para salir de contra (poco aconsejable con los
jugadores que teníamos en campo), si nos cansamos de manera
prematura o simplemente se dio así. Boca nunca aceleró, jugó a
ritmo cansino. Bentancur, por ejemplo, dejó la sensación de estar
fusilado desde que salió a la cancha.
Tuvo
el Cali, en toda la etapa, cuatro muy claras: la que tapó Orion
frente a Borré que llegaba por derecha (nos había quedado la
defensa en línea) y después Roa no se pudo acomodar para entrarle
bien), la que armó muy bien Preciado para quedar de frente pero
después le erró al arco, la de Borré por izquierda que se le fue
pegada al palo y la última, a tres minutos del final, que nos recorrió el área chica
mientras conteníamos la respiración.
En
toda la segunda mitad, Boca, como expresión de ataque, fue nulo. Lo
mejorcito fue la que puso Carlitos para la llegada por derecha de
Pablo, que falló en el control y pateó forzado. Cuando el Vasco lo
sacó a Palacios, como siempre, para poner a Chávez, volvió a
quedar expuesto que muchas veces jugamos a contramano: el Negro fue
adentro (que no es lo que le conviene) y Pablo apareció muchas veces
como si fuera un wing derecho, totalmente antinatural.
Carlitos
buscó siempre, se movió hasta el final y eso es lo más alentador
pero encontró poco. Por un lado, contó con poca compañía que
pudiera asociársele para la llegada y por otro lado, sus
resoluciones individuales tampoco fueron ajustadas.
Lo
que sostuvo a Boca fue el muy buen trabajo de Gago. Solidario,
arremangándose, con aporte fundamental para la recuperación y muy
bien con su elemento, la pelota. Haciendo siempre las elecciones
adecuadas. Ese caño de espaldas que se mandó fue una delicia, la
imagen viva del fútbol. Si se afirma el crecimiento de Fernando,
crecerá el equipo. Fernando, así como es, es un gran jugador.
Ahora, si tuviera más llegada a los últimos metros, más peso en
zonas de definición, bueno, sería un genio que agotaría los
calificativos.
Se
nos viene Racing dos veces en tres días. El partido del miércoles
próximo por la Copa, a Bombonera vacía (¡qué tristeza se debe
sentir ahí si se es jugador!), sencillamente, no se puede dejar
pasar. El empate traído desde Cali sabe a poco pero puede empezar a
valer más si le ganamos a Racing, que empezó cacheteando en
Avellaneda a un Bolívar “impresentable”, como dicen ahora los
periodistas. Que no se nos lleguen a caer dos puntos de locales
porque se nos va a poner fulero.
EL
BOLETÍN: ORION 7, MOLINA 5, CATA 5, INSAURRALDE 6, SILVA 5, GAGO 7,
CUBITAS 6, BENTANCUR 4, LODEIRO NC, PALACIOS 5, CARLITOS 6 (FI),
PÉREZ 4, CHÁVEZ 5, MELI NC.
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