jueves, 11 de febrero de 2016

LO PEOR ES QUE NO SORPRENDE

Ellos están en formación, son un equipo nuevo. Nosotros, no. Venimos en la continuidad de un proceso que lleva mucho tiempo y que no ha alcanzado, por el momento, para que tengamos un conjunto confiable, afianzado, equilibrado, que todos sepamos a qué juega. A pesar de los dos títulos.
Siempre he sido de la idea de que cualquier sistema táctico puede ser bueno o malo, dependerá de cómo se ejecute. Aunque en principio y salvo algunas notorias excepciones (la selección de Bielsa, el Gimnasia de Griguol) no me llena jugar con tres centrales. Se está expuesto a que te entren por los costados, se depende mucho del oficio y la disciplina de los volantes de los costados. Porque cuando se pierde la pelota tiene que armarse al instante una línea de cinco y cuando se recupera la pelota tiene que haber al instante jugadores en posición de pasar al ataque por las dos bandas. En Boca, cuando mejor se hizo fue en el Apertura 2002 que perdimos con Independiente, el del Maestro Tabárez, con Nico Burdisso-Schiavi-Crosa en el fondo más el Negro Ibarra y Clemente por los laterales. Lo cierto es que dicho esquema requiere de mucho tiempo de trabajo para que salga bien y este Boca no lo tiene.
Se pueden hacer variaciones sobre la marcha y de acuerdo con las situaciones que vayan presentándose pero si llevamos un año y medio de conducción y todavía no se sabe cuál es el mejor modo de pararnos, estamos mal.
San Lorenzo, decíamos, está en formación pero los primeros veinte minutos de partido eran paliza táctica. La perdíamos enseguida, había en todos lados dos de ellos con uno nuestro. San Lorenzo no ataca bien, Cerutti recién se está conociendo con sus nuevos compañeros y juega a una velocidad distinta a los demás, por eso no llega con la suficiente fluidez y frecuencia pero mandaba.
No teníamos asociaciones entre los volantes, el equipo estaba partido al medio, el que la agarraba se la sacaba de encima, la dividía porque no encontraba un compañero libre, se lo comían.
En cuanto al fondo, el que tenía que sobrar era Tobio pero un montón de veces, a lo largo del juego, una pelota recta nos pescó con los tres en línea. O peor, con dos que salían y uno que se quedaba habilitando a todos. Fallas que aparecen cuando los jugadores no están acostumbrados a una determinada fórmula, cuando no están aceitados los automatismos, cuando uno no sabe qué va a hacer el de al lado.
Nos pasó en esa en que se nos apareció Angeleri por delante de todos los defensores (Orion también se quedó mucho, tendría que haber achicado), menos mal que Angeleri definió como un defensor y volvió a pasarnos en la de Cauteruccio, mano a mano que salvó muy bien Orion.
Equilibramos en la segunda mitad del primer tiempo. Pasamos a compartir tenencia. Pero nunca íbamos a encontrar la manera de armar jugadas colectivas. Las dos que tuvimos en esa primera parte fueron iguales: dos bochas largas y verticales del Cata Díaz. Increíble. Si eso va a ser Boca en ofensiva, suicidémonos. En cuanto a la resolución de esas dos jugadas, en la primera Carlitos se mandó un control perfecto, acomodó el cuerpo para sacarlo a Caruzzo (a la vieja manera de Carlitos), la quiso definir my apretada contra el primer palo y se le fue. En la segunda, a Carlitos lo sorprendió que la pelota superara al defensor y la bola siguió de largo, al Carlitos normal esas cosas no lo sorprenden.
Nos mató el gol en el final del primer tiempo. Otra vez dejamos mucho espacio en el área, permitimos que Belluschi girara, golazo por la repentización de Belluschi pero se la facilitamos, falla nuestra. Nos mató porque ya tenemos visto que cada golpe que recibimos nos deja sin capacidad de reacción, quedamos 0-1 y es como si ya tuviéramos asumido que perdemos. Y perdemos, nomás.
Los dos cambios que ya se sabía que iban a producirse, los ingresos de Gago y Osvaldo, el Vasco los hizo al empezar el segundo tiempo. Peruzzi venía con un dolorcito, no sé si su salida se debió a eso pero si pensamos en llegar por afuera, claro está que es mejor tenerlo a Peruzzi que a Meli. El otro que salió fue Pablo Pérez, estaba amonestado y en todo el primer tiempo no había encontrado su lugar en la cancha. Antes del cuarto de hora entró también Lodeiro, por el Negro Chávez. El técnico probó con tres cambios que podían probarse pero las soluciones no aparecieron y es lógico. Hay un problema fundacional que es de estructura y hay un problema consecuente que es la pérdida de confianza de los jugadores. Todo el segundo tiempo fue de San Lorenzo.
Como expresión de fútbol bien pensado y bien jugado, la única acción que puede mencionarse por parte de Boca en los noventa minutos fue esa en que Osvaldo recibió de espaldas el pase de Carlitos, movió bien la carrocería, usó a Carlitos (que había ido a buscar la devolución), giró para el otro lado y se la puso a Meli, que llegaba libre. Meli falló en el control, cuando pudo sacar el remate ya lo tenía a Torrico encima y se perdió la última oportunidad que tuvimos de torcer el rumbo. Iban 17 del segundo.
Después, la hecatombe. Los tres goles en los últimos 17 minutos se debieron a que, después del segundo, San Lorenzo jugaba solo. En el segundo, otra vez nos agarraron con los zagueros mal escalonados. El movimiento del Cata, dejándole campo libre el tipo que llevaba la pelota, Barrientos, para ir a cubrir a un posible receptor es grotesco, de principiante. Orion también dudó mucho, no achico. Lo cierto es que Barrientos, en los últimos cinco metros de cancha, dispuso de todo el tiempo y espacio necesario para pensar, elegir y liquidarnos.
El tercero fue un tiro libre impoluto de Barrientos, la colgó arriba. Poco después tuvimos nosotros un tiro libre y Carlitos mandó una masita a las manos del arquero. De la diferencia entre las dos ejecuciones surge claro que, para el momento, cada jugador de San Lorenzo estaba agrandado y cada jugador de Boca estaba esperando el momento de irse. En el cuarto, por enésima vez el fondo quedó descompensado y nos pegó el tiro del final Nico Blandi, casi una burla del destino.
A mediodía y primeras horas de la tarde Angelici se había mandado un raíd mediático para respaldar con énfasis al Vasco. Está bien, desde este foro apuntamos hace pocos días que no resulta racional pensar en echar a un técnico por un mal verano a continuación de dos títulos ganados. Pero miremos bien todos los datos de la realidad porque el verano ya se terminó y ya estamos en la hora de la verdad. Es el tercer mano a mano trascendente que la actual conducción técnica pierde en menos de un año y medio. Una mancha más al tigre. Nos estamos acostumbrando, perder cruces decisivos no nos sorprende. “Somos una máquina de perder finales”, lo escucharon gritar a Orion los que estaban en el pasillo contiguo al vestuario. Sí, Agustín.



EL BOLETÍN: ORION 4, CATA 3, TOBIO 3, INSAURRALDE 3, PERUZZI 4, MELI 3, CUBAS 4, SILVA 3, PÉREZ 3, TEVEZ 4, CHÁVEZ 3 (FI), GAGO 4, OSVALDO 5, LODEIRO 3.

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