Ellos
están en formación, son un equipo nuevo. Nosotros, no. Venimos en
la continuidad de un proceso que lleva mucho tiempo y que no ha
alcanzado, por el momento, para que tengamos un conjunto confiable,
afianzado, equilibrado, que todos sepamos a qué juega. A pesar de
los dos títulos.
Siempre
he sido de la idea de que cualquier sistema táctico puede ser bueno
o malo, dependerá de cómo se ejecute. Aunque en principio y salvo
algunas notorias excepciones (la selección de Bielsa, el Gimnasia de
Griguol) no me llena jugar con tres centrales. Se está expuesto a
que te entren por los costados, se depende mucho del oficio y la
disciplina de los volantes de los costados. Porque cuando se pierde
la pelota tiene que armarse al instante una línea de cinco y cuando
se recupera la pelota tiene que haber al instante jugadores en
posición de pasar al ataque por las dos bandas. En Boca, cuando
mejor se hizo fue en el Apertura 2002 que perdimos con Independiente,
el del Maestro Tabárez, con Nico Burdisso-Schiavi-Crosa en el fondo
más el Negro Ibarra y Clemente por los laterales. Lo cierto es que
dicho esquema requiere de mucho tiempo de trabajo para que salga bien
y este Boca no lo tiene.
Se
pueden hacer variaciones sobre la marcha y de acuerdo con las
situaciones que vayan presentándose pero si llevamos un año y medio
de conducción y todavía no se sabe cuál es el mejor modo de
pararnos, estamos mal.
San
Lorenzo, decíamos, está en formación pero los primeros veinte
minutos de partido eran paliza táctica. La perdíamos enseguida,
había en todos lados dos de ellos con uno nuestro. San Lorenzo no
ataca bien, Cerutti recién se está conociendo con sus nuevos
compañeros y juega a una velocidad distinta a los demás, por eso no
llega con la suficiente fluidez y frecuencia pero mandaba.
No
teníamos asociaciones entre los volantes, el equipo estaba partido
al medio, el que la agarraba se la sacaba de encima, la dividía
porque no encontraba un compañero libre, se lo comían.
En
cuanto al fondo, el que tenía que sobrar era Tobio pero un montón
de veces, a lo largo del juego, una pelota recta nos pescó con los
tres en línea. O peor, con dos que salían y uno que se quedaba
habilitando a todos. Fallas que aparecen cuando los jugadores no
están acostumbrados a una determinada fórmula, cuando no están
aceitados los automatismos, cuando uno no sabe qué va a hacer el de
al lado.
Nos
pasó en esa en que se nos apareció Angeleri por delante de todos
los defensores (Orion también se quedó mucho, tendría que haber
achicado), menos mal que Angeleri definió como un defensor y volvió
a pasarnos en la de Cauteruccio, mano a mano que salvó muy bien
Orion.
Equilibramos
en la segunda mitad del primer tiempo. Pasamos a compartir tenencia.
Pero nunca íbamos a encontrar la manera de armar jugadas colectivas.
Las dos que tuvimos en esa primera parte fueron iguales: dos bochas
largas y verticales del Cata Díaz. Increíble. Si eso va a ser Boca
en ofensiva, suicidémonos. En cuanto a la resolución de esas dos
jugadas, en la primera Carlitos se mandó un control perfecto,
acomodó el cuerpo para sacarlo a Caruzzo (a la vieja manera de
Carlitos), la quiso definir my apretada contra el primer palo y se le
fue. En la segunda, a Carlitos lo sorprendió que la pelota superara
al defensor y la bola siguió de largo, al Carlitos normal esas cosas
no lo sorprenden.
Nos
mató el gol en el final del primer tiempo. Otra vez dejamos mucho
espacio en el área, permitimos que Belluschi girara, golazo por la
repentización de Belluschi pero se la facilitamos, falla nuestra.
Nos mató porque ya tenemos visto que cada golpe que recibimos nos
deja sin capacidad de reacción, quedamos 0-1 y es como si ya
tuviéramos asumido que perdemos. Y perdemos, nomás.
Los
dos cambios que ya se sabía que iban a producirse, los ingresos de
Gago y Osvaldo, el Vasco los hizo al empezar el segundo tiempo.
Peruzzi venía con un dolorcito, no sé si su salida se debió a eso
pero si pensamos en llegar por afuera, claro está que es mejor
tenerlo a Peruzzi que a Meli. El otro que salió fue Pablo Pérez,
estaba amonestado y en todo el primer tiempo no había encontrado su
lugar en la cancha. Antes del cuarto de hora entró también Lodeiro,
por el Negro Chávez. El técnico probó con tres cambios que podían
probarse pero las soluciones no aparecieron y es lógico. Hay un
problema fundacional que es de estructura y hay un problema
consecuente que es la pérdida de confianza de los jugadores. Todo el
segundo tiempo fue de San Lorenzo.
Como
expresión de fútbol bien pensado y bien jugado, la única acción
que puede mencionarse por parte de Boca en los noventa minutos fue
esa en que Osvaldo recibió de espaldas el pase de Carlitos, movió
bien la carrocería, usó a Carlitos (que había ido a buscar la
devolución), giró para el otro lado y se la puso a Meli, que
llegaba libre. Meli falló en el control, cuando pudo sacar el remate
ya lo tenía a Torrico encima y se perdió la última oportunidad que
tuvimos de torcer el rumbo. Iban 17 del segundo.
Después,
la hecatombe. Los tres goles en los últimos 17 minutos se debieron a
que, después del segundo, San Lorenzo jugaba solo. En el segundo,
otra vez nos agarraron con los zagueros mal escalonados. El
movimiento del Cata, dejándole campo libre el tipo que llevaba la
pelota, Barrientos, para ir a cubrir a un posible receptor es
grotesco, de principiante. Orion también dudó mucho, no achico. Lo
cierto es que Barrientos, en los últimos cinco metros de cancha,
dispuso de todo el tiempo y espacio necesario para pensar, elegir y
liquidarnos.
El
tercero fue un tiro libre impoluto de Barrientos, la colgó arriba.
Poco después tuvimos nosotros un tiro libre y Carlitos mandó una
masita a las manos del arquero. De la diferencia entre las dos
ejecuciones surge claro que, para el momento, cada jugador de San
Lorenzo estaba agrandado y cada jugador de Boca estaba esperando el
momento de irse. En el cuarto, por enésima vez el fondo quedó
descompensado y nos pegó el tiro del final Nico Blandi, casi una
burla del destino.
A
mediodía y primeras horas de la tarde Angelici se había mandado un
raíd mediático para respaldar con énfasis al Vasco. Está bien,
desde este foro apuntamos hace pocos días que no resulta racional
pensar en echar a un técnico por un mal verano a continuación de
dos títulos ganados. Pero miremos bien todos los datos de la
realidad porque el verano ya se terminó y ya estamos en la hora de
la verdad. Es el tercer mano a mano trascendente que la actual
conducción técnica pierde en menos de un año y medio. Una mancha
más al tigre. Nos estamos acostumbrando, perder cruces decisivos no
nos sorprende. “Somos una máquina de perder finales”, lo
escucharon gritar a Orion los que estaban en el pasillo contiguo al
vestuario. Sí, Agustín.
EL
BOLETÍN: ORION 4, CATA 3, TOBIO 3, INSAURRALDE 3, PERUZZI 4, MELI 3,
CUBAS 4, SILVA 3, PÉREZ 3, TEVEZ 4, CHÁVEZ 3 (FI), GAGO 4, OSVALDO
5, LODEIRO 3.
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