Fútbol.
Boca. Cuando termina un partido como éste sería del caso
preguntarse cuánta vida perdió uno en el camino, por el
sufrimiento, por las aceleraciones, por las palpitaciones y cuánta
ganó, porque en definitiva lo mejor de la vida se nutre de placeres
como éste, el del final, el de cuando de una vez por todas se
terminó todo y supimos que pasábamos, que sí, que la noche era de
Boca.
Orion.
El arquero de Boca desde hace cinco años, privilegio de muy pocos en
111 años. Apareció cuando hizo falta, ¡tres penales! En uno de
ellos, el quinto de la serie, si fallaba, adiós. Pero no falló.
Tiene sus cosas, Agustín. Me enojó mucho cuando aquel triste asunto
con el querido Pablito Ledesma. Tuvo una relación tortuosa con
Román, el más grande de estos últimos tiempos, convenientemente
fogoneada dicha relación tortuosa por el (puto) periodismo. Pero es
el arquero de Boca, desde hace cinco años, Agustín. Y una vez más
dijo presente en un momento en que no podía fallarnos. Se va a
guardar esta noche como uno de sus recuerdos selectos. Y nosotros
también, por él.
Boca
jugó mal, vamos a admitirlo rápidamente. Es que estamos con lo
puesto, no es una excusa, es realidad. No tenemos un volante que haga
jugar a los otros. Se tiene que tirar atrás Carlitos porque si no,
no aparece nada. Nos tocó un rival duro, durísimo, bien uruguayo
aunque tampoco podíamos esperar menos, a esta altura el que toque va
a ser difícil. Pero seguimos, las semifinales ya las tenemos.
Nos
pasó de todo. De todo. Gol en contra en la única llegada del rival
en todo el primer tiempo. O en todo el partido. Dos jugadores que se
lesionan solos y encima uno de ellos, el Cabezón Meli, se lesionó
como consecuencia de haberle pegado a un compañero. ¡Insólito!
¡Nunca visto! Empatamos cuando la desesperación cundía, quedaba
tiempo para ir por más pero se va expulsado el autor del gol por
sacarse la camiseta. ¡Ay, Cristianito! ¿Qué más? Nos pasó de
todo pero estamos vivos. Porque Boca es Boca.
Todo
hubiese sido muy diferente si a los 4 minutos nos poniamos 1 a 0,
como debió haber sido. Conde sacó el tiro desde afuera de Pablo
Pérez, después se la sacó a Carlitos de manera difícil de creer
si no se la hubiese visto y de el subsiguiente corner, el Chaco
Insaurralde que cabecea solo pero se le va a la lado de un palo. Tres
tiros y no entró ninguno. Anuncio de que la mano venía cambiada.
Después
empezó a agarrar la bocha Nacional por lo antedicho, no teníamos
juego, no teníamos circulación, dábamos vueltas y vueltas pero
cuando queríamos progresar, rebotábamos. Empezaron a mandar los
yoruguas pero lejos del área, ellos también tenían tipos
importantes out, les costaban los ultimos metros de cancha. Y sin
embargo, se nos pusieron 1-0 en una jugada inconcebible. Primero,
porque nos agarraron muy en bolas, Fernández encontró mucho espacio
para armarla, decidir y abrírsela a Barcía, que por su parte
recibió muy solo. Barcía la cruzó al área y resulta que el Cata,
apurado porque vio que detrás de él entraba uno blanco, la quiso
sacar y la clavó en un ángulo. ¡Nooooooo!...
Necesitados
de remarla, se hicieron más patentes las carencias que tenemos.
Carlitos dejó el área para juntarse más con la pelota, tratábamos
de ir por los costados pero no pasábamos. Y la única que tuvimos la
dejamos ir, asimismo, de manera inexplicable. El centro pasado de
Pavón que lo encontró al Negro Chávez solo frente al arco como
para elegir a dónde cabecear pero el Negro eligó cabecerar afuera.
¡Negro!
Si
estaríamos mal que el Cabezón Meli tiró una patada a cualquier
lado, le pegó a Pablo Pérez que se le cruzó por delante y se
lesionó el pie él, el Cabezón. Primer cambio, obligado, antes de
que terminara el primer tiempo. Pachi por afuera, el Negro Chávez
más adentro y Carlitos que ya decididamente venía de atrás.
El
Boca del segundo tiempo fue mejor que el del primero. No mucho pero
mejor. Nacional se metió muy atriqui, tenía espacios para salir de
contra pero no hilvanó ninguna. Mal o bien, todo Boca, que iba e
iba. Claro que Conde ni se despeinaba. Apenas una volea muy alta de
Pablo y dos remates de afuera, de Jara y el propio Pablo, que el
arquero controló sin mayores problemas. Y lo perdemos al Negro
Chávez. “Se desgarró”, lo dijimos todos al instante, lo supo
también el Negro.
Y
el empate llegó. De tanto ir, llegó. Pelota bien cruzada por Jara
de izquierda a derecha. En realidad, era de Espino pero Espino dudó,
la dejó pasar. Y Pavón no lo perdonó. La que más le gusta. Se la
llevó al área con decisión y el remate cruzado le salió perfecto,
bien ajustado, entró pegadita al palo derecho de Conde.
Iban
27, quedaba tiempo, el gol tenía que agrandarnos, ellos tenían que
sentirlo. Pero nos quedamos con diez. Porque Cristian, amonestado un
ratito antes por una barrida de marcador de punta (sólo que Cristian
no es marcador de punta sino delantero), en su éxtasis por el gol
que habia marcado, se sacó la camiseta. Se echó solo.
El
episodio merece algunas reflexiones. Me gustaría que algún
sociólogo, psicólogo, psicólogo social o alguna cosa de esas me
explicara por qué durante 150 años se jugó al fútbol sin que a
nadie se le ocurriera sacarse la camiseta por hacer un gol y en los
últimos 30 años hay un montón de jugadores que no pueden reprimir
el impulso de sacarse la camiseta cuando meten un gol. El periodismo
suele postular que se trata de una nadería, que el jugador que se
quita la camiseta por festejar un gol no debiera ser penado. Yo suelo
pensar que al que se saca la camiseta habría que suspenderlo de por
vida. Por boludo. Si se introdujera esa modificación, se
solucionaría el problema automáticamente. Nadie más se quitaría
la camiseta. Y si alguno se la quitase, en verdad, no merecería
jugar nunca más. ¡Ay, Cristianito! Sos un pibe, nos regalaste un
gol vital pero nos condicionaste, nos expusiste, te vas a perder el
partido de ida por las semifinales. Hay que usar la cabecita, nene (si perdíamos, el presente párrafo se hubiese escrito en términos muy distintos).
En
definitiva, el que pudo haber sido nuestro momento del partido quedó
en la nada porque estábamos disminuidos. Nacional, después de
meterse todo adentro, salió, metió cambios para ganar, lo puso a
López aunque no estaba entero. Pero no nos llegó. Nunca. Nosotros,
con los diez que quedábamos, tampoco. Sólo una diagonal de Carlitos
por la izquierda, con tiro buscando el ángulo más lejano pero se
fue. Como el partido. El pelado Heber Lopes, uno de esos árbitros
que uno no sabe de dónde los saca la Conmebol, un tipo que pareciera
no haber pateado jamás un elemento esférico, lo terminó a los 45
clavados. Hubo tres cambios, un lesionado, un gol con el consecuente
festejo, la expulsión pero el tipo no agregó nada. A ver si todavía
se producía un gol y los perdedores le echaban la culpa a él.
“Mejor los penales”, debe haber pensado.
Como
si el sufrimiento anterior no hubiese sido suficiente, hubo que
seguir sufriendo en los penales. Porque ellos metieron los tres
primeros (Agustín tocó el de Polenta, Fernández la picó
cancherito) y Pablo Pérez pateó el suyo como el orto. Apareció
Agustín para salvar el de Porras pero a continuación el Chaco
también pateó el suyo como el orto. Si la metía Romero, nos
íbamos. Así de fácil, así de cruel. Pero apareció otra vez
Agustín. Nos quedaba el último cartucho y Fabra pateó como un
maestro, arquero despatarrado a la izquierda y pelota suavecita junto
al palo derecho, penal de calidad. Y fuimos al mano a mano y Carballo
debe haber maquinado, “para algún lado se va a tirar, yo la pongo
al medio, ya está”. Pero Agustín se quedó quietito. Y la atajó.
¿Intuición? ¿Predestinación? Agustín, simplemente Agustín.
Quedaba el de Pachi Carrizo que ya fue más tranquilo a patearlo,
porque es otra cosa cuando uno sabe que si falla todavía hay vida. Y
Pachi no falló. Pachi, el que (como botoneó la hija de Valdecantos)
se rompe el culo, se queda afuera del banco y no dice nada, Pachi.
Suyo fue el tiro del final como suyo aquel tiro libre con Bolívar, suyo el penal que nos puso en las semifinales.
Marcharon
San Lorenzo, Huracán, riBer, Racing, Central... Boca no, Boca sigue.
La verdad, nos viene muy bien el mes y medio para barajar y dar de nuevo.
Semestre complicado, se fue el Vasco, llegó Guillermo y nos dijo que
hasta junio no nos hiciéramos ilusiones. Si Pachi no metía el tiro
libre en Bolivia, chau. Pero ahí estamos, invictos todavía. El
que juegue el 6 de julio, en México o en Colombia, va a ser un Boca
nuevo. Habrá ingresos y egresos, recuperaremos lesionados. La
séptima Libertadores nos está esperando.
…...................
De
regreso del templo, llegué a mi cuevita para ver la última media
hora de Central en Colombia. Una delicia, como se quedaron afuera, a
los 49 del segundo tiempo y a continuación de ese gol que se
deglutieron entre Ruben y Lo Celso. Segundo goce intenso de la noche.
En primer lugar porque yo (que fui un adelantado a mi época) desde
aquellos viejos tiempos de Independiente con el Inter, siempre quiero
que pierdan los argentinos. Y en segundo lugar porque, sinceramente,
no se lo digan a nadie, prefiero ir a Colombia, a México, a Brasil o
a la concha de mi madre pero a Rosario, mejor no. Que los comegatos
se hayan ido es una tranquilidad, para qué negarlo.
EL
BOLETÍN: ORION 9, PERUZZI 4, CATA 4, CHACO 4, FABRA 6, MELI 5, JARA
6, PÉREZ 4, PAVÓN 5, CARLITOS 5, CHÁVEZ 4 (FI), PACHI 6, PALACIOS
4.
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