lunes, 12 de septiembre de 2016

¡AY, CARLITOS!

Tres a cero, superioridad abismal sobre el oponente, control de juego inalterable aún en un largo pasaje de 38 minutos en que hubo que jugar con uno menos, producciones individuales para entusiasmar. Así que el saldo es muy bueno. Pero hay que ir con cuidado. Este que escribe no cree que lo de Boca pueda ser calificado de excelente, como dice Guillermo. No puede pasarse por alto que Belgrano fue demasiado inexpresivo, que puso suplentes, que no tiene con qué atacar, que no tuvo idea de cómo explotar su superioridad numérica.
Boca tardó veinte minutos en empezar a jugar. Es mucho. En ese tramo inicial, el monopolio de pelota no servía para nada, la llevábamos hasta las cercanias del área rival y volvíamos, no había cambio de ritmo, no había desequilibrio uno contra uno.
El partido cambió, Boca cambió en la medida en que fue cobrando protagonismo Carlitos. Él le tomó el pulso al juego, empezó a vérselo por diferentes sectores, sus compañeros lo encontraron, él los llevó de la mano a todos. Fue entonces que se lo empezó a ver más a Pavón (aunque eligiera mal algunos finales), en que se enchufó el eléctrico Centurión, en que los movimientos sin pelota de Bou (que casi ni la tocó durante todo el primer tiempo) adquirieron utilidad y sentido. Y Belgrano, que antes esperaba muy cómodo, empezó a desarmarse.
Cuando el gol llegó, ya se veía venir. Un derechazo cruzado y desviado de Carlitos, el zurdazo de Centurión que se fue arriba y esa que Olave le sacó al propio Ricardo eran el anuncio. Y el gol los tomó mal parados, la perdieron y quedaron muy abiertos, Carlitos encaró y en lugar de salirle, retrocedían, le dieron tiempo de elegir. La resolución de Carlitos, fantástica, estupenda, de crack, miró y la puso exactamente donde lo había pensado.
Estábamos viendo, por fin, al Carlitos que queremos, dueño del equipo, protagonista estelar, activo, determinado, preciso. Y entonces llegó la expulsión. Que comienza por un signo positivo, porque lo fue a atorar a Saravia con fiereza, para no dejarlo salir, para ganar la bola bien arriba. Pero llegó a destiempo, fue foul y, para Delfino, amarilla. Pudo no haber amonestado pero en fin, le pareció que la amonestación correspondía y no da para discutirlo mucho. Lo que no se entiende es qué le pasó a Carlitos, su enojo fue desproporcionado, desatinado. Él sabe que, por más Carlitos que sea, si lo manda a “la concha de su hermana” (se ve que Delfino tiene hermana y la quiere mucho), no puede contar con que al árbitro lo asusten su cartel y La Bombonera, lo normal es que lo echen. Nos comprometió y aunque el equipo sacó el partido adelante sin contratiempos (amparado en méritos propios tanto como en la tibieza del rival), en otras circunstancias lo que hizo podía costar puntos.
Y ahora lo perdemos. Y con todo el circo que se armó (porque somos Boca y porque él es Carlitos), se va a quedar afuera vaya a saberse por cuántos partidos, esperemos tres o cuatro, lo sabremos el jueves, por estos días cada periodista que se precie de tal va a tirar algún número como “la posta”, total, si le erra, después no se acuerda nadie. Me acuerdo de una vez que le dieron cuatro al Negro Ibarra por mandar a “la puta que lo parió” a Elizondo. Justo ahora, que Carlitos había encontrado la sintonía, que todos lo habíamos encontrado a él. Lo perdemos. ¡Ay, Carlitos! ¡La concha de tu hermana, Carlitos!
¿Y qué puntaje ponerle, a Carlitos? ¡Y qué sé yo! Por los primeros 34 minutos, 8. Por el minuto 35, 0. Ma'sí, partamos al medio: 4.
Nos dejó preocupados, tener 55 minutos por delante con diez, aun cuando Belgrano no saba síntomas de vida. Pero el golazo de Pavón, antes de que terminara el primer tiempo, cerró el partido. Una delicia, derechazo perfecto, comba sin mácula, pelota colgada bien arriba. ¡Qué cosa! Con Carlitos en la cancha, ni en pedo hubiese pateado Cristian.
En cuanto al segundo tiempo, hay que insistir, ellos no existieron. Pero no hay por qué dejar de rescatar que, diez contra once, Boca siguió siendo dueño absoluto del juego. Y en esto hay que destacar el rol conductor de Pablo Pérez, recorriendo muy bien la cancha, haciéndose eje de circulación y distribuyendo con prolijidad. Volvió a andar bien en el doble cinco con Cubitas.
Cubitas hasta levantó la cancha con uno de esos quites que lo distinguen, en que extirpa la bocha como con un bisturí. Había quedado muy atrás en la carrera por un lugar, condena excesiva después de lo que pasó con Independiente del Valle. Le trajeron no un 5 sino dos y hasta circuló el run run de que se iba. Pero Cubitas es un jugador valioso, muy valoso, está en proceso de maduración. Perdió alguna pelota peligrosa en el primer tiempo y después, en el segundo, una pifia suya, seguida de otra de Vergini, pudo haber terminado en gol de Óbolo, que la tiró afuera, menos mal.
Esa jugada en que pifió Cubas y pifió Vergini es la única que puede anotarse como de riesgo cierto para el arco nuestro. Veremos qué pasa con la función defensiva ante un rival que sepa atacarnos. Guillermo lo confirmó a Tobio y borró a Insaurralde, era lo que correspondía. Sara miró pasar algunos centros pero al arco casi no le patearon. Alguna dificultad por la zona de Peruzzi, que anduvo bien cuando pasó a arriba pero que para defender se encuentra con los problemas lógicos que supone no tener un volante delante de él.
El tercer gol que se come Belgrano es de una liga amateur. De un corner a favor de ellos, les salen disparados Vergini y Fabra, Fabra toma la bola diez metros detrás de la mitad de la cancha y recorre sesenta metros contra ninguno de ellos, porque Olave se quedó clavado en su área chica, a un kilómetro de su compañero más cercano. Fabra lo usó bien a Vergini como elemento de distracción y definió él, bien. Para cerrar un buen partido del colombiano, que antes había sacudido el travesaño. Yo no sé qué les pasa a algunos periodistas con Fabra, porque en los días previos volvió a hablarse de que, en una de esas, jugaba Silva, aprovechando que Frank anduvo de viaje aunque no jugó. Tal vez la respuesta la tenga el representante de Silva. ¡Déjense de joder, muchachos! Hoy, Fabra es titular indiscutido, indiscutible, recontraindiscutible. No rompan los cocos.
El tema automáticamente instalado es qué vamos a hacer en Mendoza sin Carlitos. Este gil que escribe tiene una idea que, sospecha, no es la de los mellizos. Para mí, la mejor opción es Pablo Pérez detrás del 9 y que entre Sebastián Pérez en el doble cinco. Pablo está en un buen momento, con confianza, seguro, afilado. Pero Guillermo lo viene probando a Centurión detrás del 9 y colijo que va a rumbear para ese lado. No sé, Centurión atrapa con su gambeta indescifrable (lo hizo echar a Álvarez), ya tiene a la gente medio en el bolsillo por su desparpajo, Guillermo hizo bien en respaldarlo después de esa correría nocturna que terminó mal. Pero cuesta imaginárselo en un rol de conducción y lo sacaríamos de los lugares de la cancha en que más nos sirve. Y si entra Pachi Carrizo, de nuevo perdemos agresividad por las bandas, ahora que encontramos una dupla fatal con Pavón-Centurión.
Tendremos que arreglárnoslas sin nuestro ancho de espadas, es un desafío para los demás, veremos cómo lo asimilan y cómo responden. Lo mejor es que el equipo va quedando definido. ¿Quiénes, de los que empezaron ayer, no son titulares firmes? Tal vez Cubitas cuando entre en circulación Wilmar Barrios, seguirá el mano a mano Bou-Benedetto que, al momento, lo tiene arriba a Bou. Pero el equipo va tomando forma. O mejor dicho, iba tomando forma. Ahora nos va a faltar Carlitos.

EL BOLETÍN: SARA 5, PERUZZI 6, VERGINI 5, TOBIO 6, FABRA 7, CUBAS 5, PABLO PÉREZ 7; PAVÓN 7, TEVEZ 4, CENTURIÓN 7; BOU 5 (FI), ZUQUI NC, BENEDETTO NC, CARRIZO NC.


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