Tres
a cero, superioridad abismal sobre el oponente, control de juego
inalterable aún en un largo pasaje de 38 minutos en que hubo que
jugar con uno menos, producciones individuales para entusiasmar. Así
que el saldo es muy bueno. Pero hay que ir con cuidado. Este que
escribe no cree que lo de Boca pueda ser calificado de excelente,
como dice Guillermo. No puede pasarse por alto que Belgrano fue
demasiado inexpresivo, que puso suplentes, que no tiene con qué
atacar, que no tuvo idea de cómo explotar su superioridad numérica.
Boca
tardó veinte minutos en empezar a jugar. Es mucho. En ese tramo
inicial, el monopolio de pelota no servía para nada, la llevábamos
hasta las cercanias del área rival y volvíamos, no había cambio de
ritmo, no había desequilibrio uno contra uno.
El
partido cambió, Boca cambió en la medida en que fue cobrando
protagonismo Carlitos. Él le tomó el pulso al juego, empezó a
vérselo por diferentes sectores, sus compañeros lo encontraron, él
los llevó de la mano a todos. Fue entonces que se lo empezó a ver
más a Pavón (aunque eligiera mal algunos finales), en que se
enchufó el eléctrico Centurión, en que los movimientos sin pelota
de Bou (que casi ni la tocó durante todo el primer tiempo)
adquirieron utilidad y sentido. Y Belgrano, que antes esperaba muy
cómodo, empezó a desarmarse.
Cuando
el gol llegó, ya se veía venir. Un derechazo cruzado y desviado de
Carlitos, el zurdazo de Centurión que se fue arriba y esa que Olave
le sacó al propio Ricardo eran el anuncio. Y el gol los tomó mal
parados, la perdieron y quedaron muy abiertos, Carlitos encaró y en
lugar de salirle, retrocedían, le dieron tiempo de elegir. La
resolución de Carlitos, fantástica, estupenda, de crack, miró y la
puso exactamente donde lo había pensado.
Estábamos
viendo, por fin, al Carlitos que queremos, dueño del equipo,
protagonista estelar, activo, determinado, preciso. Y entonces llegó
la expulsión. Que comienza por un signo positivo, porque lo fue a
atorar a Saravia con fiereza, para no dejarlo salir, para ganar la
bola bien arriba. Pero llegó a destiempo, fue foul y, para Delfino,
amarilla. Pudo no haber amonestado pero en fin, le pareció que la
amonestación correspondía y no da para discutirlo mucho. Lo que no
se entiende es qué le pasó a Carlitos, su enojo fue
desproporcionado, desatinado. Él sabe que, por más Carlitos que
sea, si lo manda a “la concha de su hermana” (se ve que Delfino
tiene hermana y la quiere mucho), no puede contar con que al árbitro
lo asusten su cartel y La Bombonera, lo normal es que lo echen. Nos
comprometió y aunque el equipo sacó el partido adelante sin
contratiempos (amparado en méritos propios tanto como en la tibieza
del rival), en otras circunstancias lo que hizo podía costar puntos.
Y
ahora lo perdemos. Y con todo el circo que se armó (porque somos
Boca y porque él es Carlitos), se va a quedar afuera vaya a saberse
por cuántos partidos, esperemos tres o cuatro, lo sabremos el
jueves, por estos días cada periodista que se precie de tal va a
tirar algún número como “la posta”, total, si le erra, después
no se acuerda nadie. Me acuerdo de una vez que le dieron cuatro al
Negro Ibarra por mandar a “la puta que lo parió” a Elizondo.
Justo ahora, que Carlitos había encontrado la sintonía, que todos
lo habíamos encontrado a él. Lo perdemos. ¡Ay, Carlitos! ¡La
concha de tu hermana, Carlitos!
¿Y
qué puntaje ponerle, a Carlitos? ¡Y qué sé yo! Por los primeros
34 minutos, 8. Por el minuto 35, 0. Ma'sí, partamos al medio: 4.
Nos
dejó preocupados, tener 55 minutos por delante con diez, aun cuando
Belgrano no saba síntomas de vida. Pero el golazo de Pavón, antes
de que terminara el primer tiempo, cerró el partido. Una delicia,
derechazo perfecto, comba sin mácula, pelota colgada bien arriba.
¡Qué cosa! Con Carlitos en la cancha, ni en pedo hubiese pateado
Cristian.
En
cuanto al segundo tiempo, hay que insistir, ellos no existieron. Pero
no hay por qué dejar de rescatar que, diez contra once, Boca siguió
siendo dueño absoluto del juego. Y en esto hay que destacar el rol
conductor de Pablo Pérez, recorriendo muy bien la cancha, haciéndose
eje de circulación y distribuyendo con prolijidad. Volvió a andar
bien en el doble cinco con Cubitas.
Cubitas
hasta levantó la cancha con uno de esos quites que lo distinguen, en
que extirpa la bocha como con un bisturí. Había quedado muy atrás
en la carrera por un lugar, condena excesiva después de lo que pasó
con Independiente del Valle. Le trajeron no un 5 sino dos y hasta
circuló el run run de que se iba. Pero Cubitas es un jugador
valioso, muy valoso, está en proceso de maduración. Perdió alguna
pelota peligrosa en el primer tiempo y después, en el segundo, una
pifia suya, seguida de otra de Vergini, pudo haber terminado en gol
de Óbolo, que la tiró afuera, menos mal.
Esa
jugada en que pifió Cubas y pifió Vergini es la única que puede
anotarse como de riesgo cierto para el arco nuestro. Veremos qué
pasa con la función defensiva ante un rival que sepa atacarnos.
Guillermo lo confirmó a Tobio y borró a Insaurralde, era lo que
correspondía. Sara miró pasar algunos centros pero al arco casi no
le patearon. Alguna dificultad por la zona de Peruzzi, que anduvo
bien cuando pasó a arriba pero que para defender se encuentra con
los problemas lógicos que supone no tener un volante delante de él.
El
tercer gol que se come Belgrano es de una liga amateur. De un corner
a favor de ellos, les salen disparados Vergini y Fabra, Fabra toma la
bola diez metros detrás de la mitad de la cancha y recorre sesenta
metros contra ninguno de ellos, porque Olave se quedó clavado en su área chica, a un kilómetro de su compañero más cercano. Fabra lo usó bien a Vergini como elemento de
distracción y definió él, bien. Para cerrar un buen partido del
colombiano, que antes había sacudido el travesaño. Yo no sé qué
les pasa a algunos periodistas con Fabra, porque en los días previos
volvió a hablarse de que, en una de esas, jugaba Silva, aprovechando
que Frank anduvo de viaje aunque no jugó. Tal vez la respuesta la
tenga el representante de Silva. ¡Déjense de joder, muchachos! Hoy,
Fabra es titular indiscutido, indiscutible, recontraindiscutible. No
rompan los cocos.
El
tema automáticamente instalado es qué vamos a hacer en Mendoza sin
Carlitos. Este gil que escribe tiene una idea que, sospecha, no es la
de los mellizos. Para mí, la mejor opción es Pablo Pérez detrás
del 9 y que entre Sebastián Pérez en el doble cinco. Pablo está en
un buen momento, con confianza, seguro, afilado. Pero Guillermo lo
viene probando a Centurión detrás del 9 y colijo que va a rumbear
para ese lado. No sé, Centurión atrapa con su gambeta indescifrable
(lo hizo echar a Álvarez), ya tiene a la gente medio en el bolsillo
por su desparpajo, Guillermo hizo bien en respaldarlo después de esa
correría nocturna que terminó mal. Pero cuesta imaginárselo en un
rol de conducción y lo sacaríamos de los lugares de la cancha en que
más nos sirve. Y si entra Pachi Carrizo, de nuevo perdemos
agresividad por las bandas, ahora que encontramos una dupla fatal con
Pavón-Centurión.
Tendremos
que arreglárnoslas sin nuestro ancho de espadas, es un desafío para
los demás, veremos cómo lo asimilan y cómo responden. Lo mejor es
que el equipo va quedando definido. ¿Quiénes, de los que empezaron
ayer, no son titulares firmes? Tal vez Cubitas cuando entre en
circulación Wilmar Barrios, seguirá el mano a mano Bou-Benedetto
que, al momento, lo tiene arriba a Bou. Pero el equipo va tomando
forma. O mejor dicho, iba tomando forma. Ahora nos va a faltar
Carlitos.
EL
BOLETÍN: SARA 5, PERUZZI 6, VERGINI 5, TOBIO 6, FABRA 7, CUBAS 5,
PABLO PÉREZ 7; PAVÓN 7, TEVEZ 4, CENTURIÓN 7; BOU 5 (FI), ZUQUI
NC, BENEDETTO NC, CARRIZO NC.
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