Inmadurez.
Es la palabra justa para empezar a explicarse cómo fue que Boca dejó
escapar este partido en Mendoza. Un partido que de ninguna manera
hubiera dejado de ganar un equipo afiatado, aplomado, consolidado,
seguro, confiable (confiable para sus propios integrantes). Un
resultado, en definitiva, que nos deja a cinco puntos del primero y
con un montón de equipos arriba con sólo tres fechas transcurridas
pero que por sobre todo, nos ubica en la realidad: somos esto, esto
que se vio en Mendoza y las inconsistencias que cargamos volverán a
ponernos en riesgo, inevitablemente, más de una vez, al menos en el
corto plazo. Está por verse si seremos capaces de crecer para que
estas cosas, en el mediano plazo, no puedan pasarnos.
El
gol con que Godoy Cruz nos empata, a siete minutos del final en
tiempo bruto, es consecuencia directa de una horrorosa salida de
Vergini, que fue al bulto, tocando la sirena, hacia una pelota y una
posición que estaban cubiertas por Cubas. Y que nadie vaya a
echarle la culpa a Cubitas, fue toda de Vergini. Su despropósito
dejó al equipo sin reservas, sin reaseguros, ya no hubo coberturas
ni correcciones posibles, García la manejó bien y Correa definió
debidamente frente a Sara.
Ahora
bien, el exabrupto de Vergini no fue un hecho aislado, se incorporó
a la perfección en un tramo de partido en que Boca estaba haciendo
exactamente todo lo contrario de lo que debía. Poco antes se había
registrado una falla muy similar pero no de Vergini sino de Tobio, el
otro central y ahí tuvimos la suerte de que no terminara en gol pero
como alguna vez dijera un gran pensador de Don Torcuato, la suerte en
algún momento se te termina. Estábamos cambiando golpe por golpe,
metidos en un desenfreno que no teníamos por qué aceptar. Godoy
Cruz se regalaba, forzado por las circunstancias pero nosotros
también. No teníamos en la cancha a nadie capaz de administrar
juego, de variar ritmos, de serenarse y serenar.
Breve
disgresión: después me puse a mirar a los chuchis con los
sanjuaninos y contó Tití Fernández que cuando Gallardo lo mandó a
la cancha a Andrada, le dijo “manejá el partido vos”. ¿A quién
podrían haberle dicho los mellizos algo parecido? ¿A Castellani?
No, definitivamente, no tenemos ninguno.
Guillermo
tomó la decisión de que Centurión ocupara el lugar de Carlitos.
Que se perdone la presuntuosidad pero la semana pasada avisamos desde
aquí que Centurión no reúne las características técnicas como
para vestirse de conductor. Pasó lo que era de temer: no tuvimos ni
a Carlitos ni a Centurión porque no es que Ricky haya jugado mal,
tuvo sus aciertos, participó en algunas de las jugadas mejor
elaboradas. Pero esperar que el equipo se armara en derredor de él
no era razonable. Y por otra parte, con Pachi Carrizo en la
izquierda, perdimos la verticalidad y electricidad que puede darnos
Centurión por el costado. Pachi engancha siempre para adentro y
diluye todo, con sus dubitaciones y sus decisiones equivocadas lo que
suele lograr es que todo el equipo rival se rearme en acciones que se
nos presentan muy favorables.
En
este foro planteábamos días atrás que la mejor opción era que
Pablo Pérez jugara detrás del 9. No es que Pablo sí esté
conformado naturalmente como para ser eje del ataque pero es más
pensante que Centurión, ve mejor la cancha, era mejor candidato como
para salvar la emergencia. Guillermo prefirió no desarmar el doble
cinco que venía de funcionar bien contra Belgrano y la decisión es
aceptable pero en fin, nos condujo a un resultado insatisfactorio por
donde se lo mire.
El
tema del doble cinco nos lleva a lo más positivo que se haya visto
en Mendoza: tácticamente, Boca controló la mayor parte del juego.
Pablo-Cubitas presionaron bien, se movieron bien en conjunto y
también en bloque con los centrales que achicaban. Salvo una jugada
puntual del primer tiempo en que fueron los dos a la misma pelota,
perdieron y quedaron muy separados de los defensores, casi siempre el
equipo fue dueño de la situación en el medio y desde esa base,
quedó bien parado para iniciar el tejido de ataque.
Sin
embargo, faltaron las llegadas. Por lo ya señalado, porque no hay un
abanderado que conduzca. Hubo dos jugadas del primer tiempo en que
Peruzzi pasó vacío, con mucho campo como para irse hasta las barbas
del arquero contrario y en las dos oportunidades (primero Pavón y
después Benedetto), no lo vieron, la bola fue para otro lado, lo
desperdiciaron, por no decir que lo hicieron correr al pedo. Son
ejemplos que dejan claro por qué nos pasan las cosas que nos pasan,
elegimos mal.
La
falta de resolución en ataque está muy a la vista porque, si bien
se jugó como lo proponía Boca durante mucho tiempo, si bien se
llevó a Godoy Cruz a un desarrollo que no era el que los mendocinos
querían, tenemos por otro lado la evidencia de que Sara tapó una
pelota mortal contra García poco antes del gol nuestro y en cambio,
el arquero de ellos casi que ni nos enteramos de cómo ataja, el
mayor esfuerzo que se le requirió fue el corte de algunos centros.
Las mejores aproximaciones con que contamos fueron remates desviados,
ninguno en especial en el cual la acertáramos entre los 2,32 y los
7,44.
Nos
pusimos 1-0 por insistencia, por sostener el dominio posicional. Muy
buena porque la jugada se enredó pero no dejamos que se escapara.
Bien Peruzzi para meterse con decisión en los tramos definitorios,
bien Pablo Pérez y Centurión para fabricar superioridad numèrica
en una zona neurálgica. Se cayó Ricky después de un roce pero
Pablo recuperó la posibilidad, metió ese centro cortito y allí
estaba Gino para meter la cabeza, en plena área chica. Así se hace.
Ya
estaba el chivo en el lazo. Era cuestión de pararnos y mirar. Godoy
Cruz empezó a tirar delanteros a la cancha porque no le quedaba
otra. Pero en lugar de explotar sus necesidades y urgencias, en lugar
de jugar sobre la base de las ventajas que el rival iba a tener que
darnos, nos enredamos en
un
toma que no era lo que nos convenía. Añoranzas: si llegábamos a
tener en el verde césped a Román, estos tres puntos en Mendoza no
se escapaban ni a palos. Pero claro, Román come asado, toma mate y
mira a Boca por televisión desde Don Torcuato. Y no tenemos un solo
jugador (ni siquiera el propio Carlitos) capaz de poner la bocha
debajo de la suela y llevarse el partido a su casa en situaciones tan
favorables como la que se nos ofreció ante Godoy Cruz.
Cierto
es que estaríamos hablando de otra cosa si Benedetto acertaba esas
dos o por lo menos una de las dos definiciones fáciles que tuvo para
poner el 2-0 y hacerle el moño al partido. Pero Benedetto le erró
al arco, cosas que pasan. El equipo había funcionado contra Libertad
y contra Belgrano con Bou como 9 pero ahora Guillermo eligió
respetarle la titularidad a Benedetto. No es cuestión de caerle en
función del 1-1 final que debió haber sido triunfo pero si
podríamos preguntarnos en qué momento se ganó Benedetto la
titularidad. Es raro, Benedetto. Tiene algunos movimientos
interesantes, recorre bien el ancho de la cancha, distrae marcas pero
no está pesando lo suficiente en los últmos metros y si va a seguir
errando goles de esos que erró en Lanús y Mendoza, va derecho al
cadalso, así de malos somos los bosteros, qué le vas a hacer.
Guillermo
había acertado a medias con el primer cambio. Pachi Carrizo se
sacaba solo y Zuqui era, ciertamente, la primera carta. La forma en
que distrubuyó las piezas ya da para objetarla, porque lo mandó a
Zuqui por la derecha y a Pavón a la izquierda. Otra posibilidad era
que Zuqui fuera al doble cinco con Cubitas, soltarlo a Pablo Pérez
(que fue en todo momento el jugador de Boca más atinado en posesión
de la pelota) y que Centurión jugara de Centurión. Pudo haber
salido lo que hizo Guillermo. De hecho, con esa fórmula pasamos a
ganar 1-0. Pero no ganamos, empatamos, así que a aguantarse.
Lo
que resultó incomprensible fue cambiar a un 9 por otro a los 43
minutos con 38 segundos del segundo tiempo. ¿A qué le apostás? ¿A
que Bou te gane el partido en su primera intervención? No es lógico.
El que entra no tiene ni tiempo de acomodarse al contexto. ¿Lo
condenás a Benedetto por las dos veces en que le erró al arco?
Inaceptable. Sí se entiende mejor el último cambio, el de Jara por
Pavón ya en los minutos agregados. Boca estaba desequilibrado,
descompensado, desarticulado, desarmado, descontrolado, desesperado,
expuesto y si además de no ganar, perdíamos este partido en la
última pelota, ya era como para pensar seriamente en un suicidio
masivo. De hecho, Pol Fernández se erró un gol propio de Benedetto.
Hubiese sido una burla del destino, que nos embocara Pol ya sin
retorno. Así que poner un volante para obturar los agujeros en los
pasajes finales apareció como una medida atinada.
Regalamos, de verdes nomás, un partido que estuvo casi ganado. Dejamos escapar un resultado que
además de afirmarnos en la tabla, iba a fortalecer la confianza. Y
ante este empate inopinado y estúpido por donde se lo mire, las
consecuencias serán inversas. Nos fuimos de Mendoza sumidos en las
dudas, heridos en la fe, cercanos a la desesperanza. Y ojo, que
todavía tenemos que jugar dos partidos más del campeonato sin
Carlitos.
EL
BOLETÍN: SARA 7, PERUZZI 6, VERGINI 4, TOBIO 5, FABRA 6, PABLO PÉREZ
7, CUBAS 6, PAVÓN 5, CENTURIÓN 6, CARRIZO 3, BENEDETTO 4 (FI),
ZUQUI 6, BOU NC, JARA NC.
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