Los
partiditos de 25 minutos tienen ese no sé qué, son como tirarse
panza arriba a tomar sol en una plaza, o quedarse en la catrera una
mañana invernal, te prolongan la vida. El viernes había ido a ver
básquet a La Bombonerita, con Obras. Todo el tiempo remándola de
abajo, hasta por 17 puntos. Por primera vez Boca pasó al frente
cuando restaban 9 segundos con 3 décimas y al final fue 82/80,
arriba. Infartante. Si a menos de 48 horas me llegaba a tocar algo
parecido pero en clave de fútbol, es del caso preguntarse hasta
cuándo uno podría resistir. Pero no, por suerte estaba Benedetto.
¡Qué
muchacho, este Benedetto! “En algún momento van a entrar”,
repitió a lo largo de la semana, como queriendo darse máquina él
mismo y uno pensaba “pero va a tener que ser pronto, pibe”. Y
fue. Tres y una asistencia, a los 25 minutos no había más partido,
Quilmes quería irse, yo quería quedarme para siempre. Claro que
después se aflojó, una lástima. Me gustaría, alguna vez, sentirme
enteramente respetado como espectador y que los jugadores pongan todo
hasta el final. Me gustaría alguna vez ser testigo cuando se supere
el 11-1 contra Tigre de 1942. Pero bueno, el uso y costumbre, al
menos en el fútbol argentino, es hacer la plancha una vez que se
consiguió el resultado. A mi manera de ver, es una falta de respeto
a los contrarios. El respeto máximo es meterles todos los goles que
se pueda.
Guillermo
”guardó”, aparentemente, a Fabra y Cubitas. En las próximas
horas la prensa va a tener de qué ocuparse porque ahora habrá que
ver si el miércoles juega Cubitas o sigue Sebastián Pérez. Bien,
el colombiano, buen debut. Tiene presencia, prestancia, se para bien,
llama a la pelota y la entrega redonda. Por lo que me parece y aunque
esta vez funcionó muy bien (téngase en cuenta la endeblez de
Quilmes), en otras circunstancias un tándem Pérez-Pérez en el
doble cinco puede generar problemas parecidos a los que se nos
crearon con Pablo-Bentancur. Sebastián es un cinco tipo Gago, muy
valioso para que con él se inicie el tejido ofensivo pero la fórmula
ideal es con uno que tenga más vocación para retroceder y
recuperar, que coma garrones. Veremos.
Ojito,
que en defensa hubo alertas, no las pasemos por alto. No podemos
permitirnos defender tan mal una pelota como en el gol de Quilmes.
Nos cruzan una bocha de banda a banda, se nos juntan dos en el área
(Acosta-Orihuela), uno nos llega al fondo como Pancho por su casa
(Orihuela), la pone atrás y había uno solito para fusilar de frente
(Da Campo). El primero que queda expuesto es Peruzzi, porque está
instalada la idea de que Gino da muchas ventajas en la marca y es una
verdad a medias. El otro punto es que, con el sistema elegido, el
lateral no tiene protección cercana delante de él. ¿Dònde etaba
Zuqui? Y a continuación casi se nos ponen 2 a 1, defendimos mal un
corner y nos cabeceó Colotto por el segundo palo, afuera, menos mal.
Y
durante el segundo tiempo, cuando ya todos estábamos de relax, sonó
otro timbre fuerte que haríamos bien en escuchar. De un corner a
favor, nos fabricaron una contra en que terminó un atacante de ellos
mano a mano con el único defensor nuestro. Inadmisible. La
terminaron mal, por suerte, al final pateó Acosta por arriba.
Punto
aparte, expuestas las flaquezas, ocupèmonos de la fiesta. Bien Boca
por imponer presión alta desde el principio y esta vez la rofundidad
apareció muy pronto. Bien elaborado el primer gol, buena asociación
de Silva y Pavón por el costado, el centro venenoso de Jony cruzó
el área por abajo pero del otro lado estaba el otro lateral (los dos
juntos en ataque), Gino la metió de nuevo en la troya y alli
apareció la repentización de Darío, la improvisación que desarma,
ese tacazo mortal.
Y
cuando se nos complicaba el día con el 1-1 no hubo tiempo de que se
acomodaran a la situación porque antes de que empezáramos a
ponernos nerviosos, llegó el segundo. Mágico Darío, en el día de
sus sueños. Un derechazo soberbio, como de treinta metros, misil que
fue a clavarse cerca del ángulo, lejos del arquero, “un puema”,
diría doña Petrona.
Casi
enseguida, otra jugada con mucha gente en ataque para enredarles la
salida a ellos, pelota ganada, otro tacazo magistral de Darío, esta
vez para que facturara Centurión, solo con el arquero.
Y
de inmediato, el cuarto. Bellísimo desborde de Cristian Pavón por
la izquierda, con bicicletita incluida para dejarlo al que lo marcaba
pialadado entre sus propias gambas, el centro preciso y el cabezazo
implacable de Darío, que va muy bien arriba, ya lo habíamos visto
con Santamarina, se despega del suelo sin necesidad de mucho espacio
para impulsarse y mete el frontal bien firme, torciendo el cuello
para abajo. Bárbaro.
Con
65 minutos por jugarse que iban a ser sólo un trámite, ya estábamos
todos con la cabeza en otra parte. Ricky Centurión sacó a relucir
sus chiches, como aquella vez que nos la hiciera a nosotros en la
cancha de Racing y le hiciera perder los estribos hasta al mismísimo
Carlos Bianchi. Está bueno, Ricky, hacé la tuya. Te van a moler a
patadas, eso sí pero si te la bancás... Al final, Guillermo lo
sacó, bien, no fuera a ser que lo rompieran. También salió, para
cuidarlo, Pablo Pérez, que sigue siendo un hombre clave, en su mejor
momento desde que está con nosotros. Darío tiró a las nubes la
definición más fácil que tuvo, Jony pegó una en un palo.
Pareció
que el equipo va queriendo. Lo mismo nos había parecido con Belgrano
pero después llegó Mendoza. Hay que lograr continuidad en
producción y resultados. El miércoles, en Mar del Plata, tenemos
una cita en la que no se puede fallar. Si fallamos, no sólo nos
quedamos afuera de la Copa Argentina y por ende de la próxima
Libertadores, sino que vamos a quedar servidos para que nos destrocen
de todos lados. Lanús nos ganó a nosotros y no ganó nunca más,
nos están esperando, no vayamos a darles el gusto.
Va
a estar Carlitos, lo más probable es que salga Zuqui y vayan Pavón
y Centurión por los costados. Son casi cuatro delanteros los que
vamos a tener, cuidado, no vayamos a desequilibrarnos. Va a estar
Fabra (aunque Silva anduvo bien, aprovechó la oportunidad). El tema,
quedó dicho, es Cubitas o Sebastián. Ya lo di a entender y lo
repito, me parece más apropiado Cubitas. Pero el periodismo va a
volcarse masivamente a la otra opción, los veo venir, los conozco.
Sebastián es la figurita nueva, promete más ruido.
Sean
cuales fueren las decisiones de Guillermo, tiene que haber un Boca
sólido, que dé la talla. Si nos va mal se vendrán momentos muy
duros para todos. Que Boca diga presente, que Boca sea Boca.
EL
BOLETÍN: SARA 5, PERUZZI 6, VERGINI 5, TOBIO 5, SILVA 7, SEBASTIÁN
P 7, PABLO P 8, ZUQUI 5, CENTURIÓN 8, PAVÓN 7, BENEDETTO 9 (FI),
BENTANCUR 5, CUBAS 6, JARA NC.
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