Es
importante, no vaya a creerse. Hay campeonatos que se han perdido por
dejar escapar puntos estúpidos, de local, contra rivales
inexistentes. Así que conservar puntaje ideal después de cuatro
presentaciones en La Bombonera es un dato posiivo y fundamental. Como
lo es también la condición de equipo más goleador. Haber
despachado sin rodeos a Belgrano, Quilmes, Sarmiento y Temperley,
cuatro de las comparsas injustificadas que rellenan este absurdo,
mamarrachesco torneo de treinta participantes, delirio senil de un
moribundo, avalado por inexplicable uniformidad de brazos derechos en
alto, representa un valor y hay que mensurarlo.
El
tema será, ahora, ir por la deuda. Ganar de visitante,
impostergable. Imponerse frente a los rivales que plantean
complicaciones. Sobreponerse a las dificultades y salir adelante.
Hilvanar victorias. Ahí quiero verte, Boca querido.
Lo
de Temperley fue demasiado fácil. A los diez minutos no había más
partido. Y conviene no perder de vista el hecho de que, antes del
primer gol, la tenían ellos, sorprendieron con presión alta, la
regalábamos enseguida. Pero bastó que armáramos una jugada en
ataque para ponernos 1-0. Y la segunda fue 2-0. Y se acabó.
Una
delicia el pase filtrado de Carlitos a Centurión, previo al primer
gol, poniéndole la pelota delante y sin otra oposición que el
arquero. Ricky lo dejó atrás al arquero y rodó pero también hay
que destacar la presencia, allí, en ese lugar, de Gino Peruzzi. Pasó
al ataque en serio, fue a definir la jugada y la definió en el
corazón del área rival.
De
inmediato, el segundo, en una contra que los tomó muy desarmados,
completamente abiertos. Lo que cuenta es la precisión y velocidad
con que la jugamos: atinada apertura de Bou para Carlitos en la banda
izquierda, certera descarga para la llegada de Pavón, inapelable
toque para dejar al arquero en el camino y que la bola se metiera
mansita. Y a continuación, después de la tercera asistencia mortal
de Carlitos en cuatro minutos, Cristian iba a estremecer el
travesaño. Menos de un cuarto de hora y ya habíamos tomado nota
todos de que se había terminado la competencia.
El
tercero, a los 23, también es de destacar por lo despierto que
estuvo el Negro Fabra para sacar el lateral antes de que ellos se
armaran, para madrugarlos. Pavón se fue hasta el fondo por la
izquierda, con zurda (vale remarcarlo, sin problemas de perfil) sacó
el siempre venenoso centro hacia atrás y Aguirre se la llevó por
delante, gol en contra, una posibilidad que siempre está latente
cuando se mete un centro atrás.
¿A
qué se debió el cirquito que armaron estos muchachos después de
ese gol? Por favor, no pueden pretender que demos tiempo a que Zárate
se incorpore (no tenía nada ni dio muestras de tener nada) y se
acomoden todos antes de sacar un lateral, los primereamos bien. La
reacción surge de la impotencia de estar tres goles abajo con apenas
un cuarto de partido jugado. Váyanse a cagar, muertos de hambre.
Los
67 minutos que quedaban por jugarse se hicieron largos. Boca, como es
usual, bajó el ritmo, hizo la plancha, descansó. La fiesta en las
tribunas le apuntó más a lo que está por venir que a lo que pasaba
o no en la cancha. Ya estábamos todos en otra cosa.
El
cuarto le va a venir bien a Bou. Buena resolución, rápido y
ajustado el zurdazo bajo, contra un palo, después de que le quedara
el rebote por ese tiro de Bentancur (algunos destellos y bastante
intrascendencia de Rodrigo, sigue faltándole ese partido que nos
llene). Antes se había perdido otro, Bou, cuando le quedó el rebote
del arquero en un tiro libre de Carlitos y se pasó por ansioso,
quería el suyo, le hacía falta. Es un delantero raro, Bou. Se mueve
bien sin la pelota, a veces le falta contacto con ella, cuesta
encontrarlo.
En
el balance del partido sobresale, en primer término, la prestación
de Carlitos, esos pases bien finitos en los dos primeros goles. Hubo
otro que le cedió a Centurión y Ricky terminó tirándola por
arriba. Carlitos fue Carlitos, el que necesitamos, el que queremos
que sea siempre. Pero en parecido nivel tenemos que ubicar, una vez
más, a Pablo Pérez, el más regular, el hombre en derredor del cual
se armó Boca, el que recupera y da el primer pase. Pavón, con un
gol y participación esencial en otro, también se sube al podio.
Como Gino, el tipo que abrió el partido con una profunda incursión
ofensiva. Jugó un solo tiempo porque lo cuidaron, estaba amonestado,
es un arma pesada Gino en ataque.
También
a Carlitos y a Pablo los cuidó Guillermo, sacándolos en el último
segmento. Eso dio lugar a los debut de Solís y de Barrios. Había
muchas ganas de verlo un rato a Barrios y entró con el pie derecho,
se ganó fácil la aprobación primera, las ovaciones bautismales con
una entrada a fondo de esas que nos gustan, nos pueden, se paró
bien, distribuyó bien, tiene presencia. Y Solís es un ligerito, es
muy pibe pero tiene mucho para aportarnos, es encarador, vertical, va
derecho a los bifes.
El
miércoles hay cita. Un partido para dar la talla y comprobar dónde
estamos. Si están todos bien, se supone que la única variante
podría ser Benedetto, si llega, por Bou. Es de esperar que a
Guillermo no se le ocurra rotar de nuevo por el lado de Fabra y
Silva. El colombiano tiene un lugar ganado, que se lo reconozcan, es
verdad que cae en algunas distracciones pero su manejo y su agudeza
en ofensiva no pueden ser dejados de lado.
Se
trata de noventa minutos que van a marcar todo el semestre y todo el
ciclo. Si se diera mala vamos a quedar deshechos, si se diera buena
se disparará la autoestima y van a empezar a mirarnos de otra
manera. No fallemos, no se puede fallar, prohibido equivocarnos.
EL
BOLETÍN: SARA 5, PERUZZI 7, VERGINI 5, TOBIO 5, FABRA 6, PABLO PÉREZ
8, BENTANCUR 5, PAVÓN 7, CARLITOS 8, CENTURIÓN 6, BOU 6 (FI),
INSAURRALDE 5, SOLÍS 5, BARRIOS 6.
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