Y
sí, perdimos. Si queremos sacar algo en limpio de esta presentación,
no vayamos a quedarnos con que en la chapa del final se leía “2-2”
ni con que Olimpia se fue sin querer patear los penales. El penal que
dio Espinoza fue una risa, el pobre Negro Rolín parecía la Venus de
Milo queriendo defender en su área y le cobraron mano. Que el
arquero se adelantó una barbaridad, mucho más que la medida
standard es cierto pero en lo que debiéramos poner el foco es en la
horrenda primera ejecución de Bou, pareció como si hubiera querido
solidrizarse con los paraguayos, que se sentían naturalmente
despojados. Después sí, eligió la derecha y el arquero se fue para
el otro lado pero eso ya es un detalle anecdótico, casi ni cuenta.
Guillermo
aprovechó para probar jugadores que vienen teniendo poca competencia
y hasta probó sistema nuevo durante el primer tiempo, 4-4-2, dos
nueves juntos. Las conclusiones no podrían ser más desoladoras.
Boca nunca fue un equipo, siempre estuvo partido y aunque por
momentos fue picante y profundo en ataque, aunque contó con
oportunidades más que suficientes hasta para ganar, lo que pesa más
en la balanza es el desastre de la función defensiva. La verdad es
que cada vez que Olimpia pasaba los tres cuartos, era cuestión de
cruzar los dedos.
Otra
cosa que se hizo evidente fue cuánto dependemos de Pablo Pérez, la
realidad es que hoy no podemos jugar sin él, quién lo hubiese
dicho. Porque con él como bastonero desde la posición de doble
cinco, en el primer tiempo, la bola salía redonda, no sólo de sus
pies porque hasta le alcanzó para operar el contagio, todos supieron
cómo moverse y hacia dónde moverla. En el segundo tiempo, ya sin él
en la cancha, atacamos principalmente a los ponchazos, con arrestos
individuales, con mucha pelota por arriba.
Muy
rápido, Olimpia nos desnudó, a los 5 minutos ya estábamos 0-1. El
final de la jugada podría llamar a confusión porque Silva cerró
con derecha muy apurado, hubo un rebote fatal en el Chaco Insaurralde
y le quedó servida a Benítez para meter el cabezazo, podría
tomarse como un accidente. Pero el final es la consecuencia de una
acción en que Boca venía defendiendo incómodo y forzado desde el
principio. Werner empezo a salir y después se paró, todo mal.
Suerte
que el empate llegó enseguida y con un ataque bien armado, algo que
ya venía insinuándose. Muy buen centro de Pachi Carrizo, que tomó
a los defensores saliendo y precisa aparición de Benedetto para
madrugar al arquero y meter la cabeza. Por ese entonces, Pachi
amenazaba con comerse a los chicos crudos, aparecía en todas, era el
protagonista central. La nafta iba a durarle 15 ó 20 minutos, se
apagó, volvió a la normalidad, desapareció. ¡Este Pachi!
Estuvimos
siempre más cerca, en el primer tiempo. Pasaban bien los laterales,
se juntaban bien Jara-Zuqui por un lado y Silva-Carrizo por otro, el
arquero le sacó una a Silva y otra a Benedetto que pudieron haber
sido goles. Pero se fueron al descanso arriba ellos por un tiro libre
en que lo que hizo la barrera nuestra es impropio de profesionales.
En cuanto el referí tocó el pito y antes de que Mendieta llegara a
la pelota, salió cada uno por su lado, se abrieron todos.
Inadmisible.
Ya
en el segundo tiempo, afuera Pablo y Benedetto, adentro Cubitas y
Castellani, vuelta al sistema habitual, se mantuvo la iniciativa pero
siempre con la sensación de que en cualquier ataque de ellos, nos
acostaban. Hubo una jugada en que uno de Olimpia, creo que Mendieta,
se nos metió en el medio del área de manera inexplicable, dos veces
pareció que la perdía y dos veces la ganó contra el Chaco
Insaurralde, con Magallán como espectador privilegiado y al final se
nos apareció con la bocha por detrás de los dos centrales, como si
éstos fueran inmateriales, como si fuesen gaseosos.
El
tándem Cubitas-Bentancur se supone que da más equilibrio que la
fórmula Pablo-Bentancur con la que Guillermo había insistido al
principio. Pero el conjunto siguió sin estructura, lejos los
defensores del doble cinco, lejos el doble cinco de los que atacaban.
Bentancur siguió siendo Bentancur, deja pasar los partidos como si
no le importaran. En cuanto a Castellani, lo pusieron en una función
que podría imaginarse ideal para él, detrás del 9 pero tampoco
apovechó la ocasión. Solamente se hizo ver en el buen manejo de
algunos balones detenidos (en uno de ellos el arquero le sacó un
cabezazo mortal a Silva). Insuficiente, Castellani. Como Bou, que en
el primer tiempo se tropezó a veces con Benedetto, algo fácil de
entender pero en el segundo, cuando le quedó el área para él, no
terminó de conectarse, habrá que hacer constar en su descargo que
no lo habilitaron debidamente.
Cuando
cambiamos los extremos, cuando entraron el cordobesito Solís y Ricky
Centurión por Zuqui y Pachi (que ciertamente se había ido mucho
antes), se ganó verticalidad. Los mellizos mandaron al zurdo por la
derecha y al diestro por la izquierda, pareció que podía funcionar.
Solís es agresivo, claro que por la derecha tiene que terminar
enganchando siempre para adentro. A Centurión le corrieron el arco
en un cabezazo que le quedó servido después de una buena jugada de
Solís. Podríamos haber empatado legalmente. El arquero le sacó un
fierrazo a Silva. Bien, Silva. Más allá de ese despeje forzado que
terminó en el primer gol de ellos, los últimos partidos han
mostrado a Silva en un nivel interesante, como para que tomemos nota
de que podemos contar con él.
En
fin, lo cierto es que no empatamos legalmente y que en los últimos
minutos pudo haber sido derrota más amplia. Werner sacó dos
cabezazos tremendos, con lo cual recompuso parcialmente su imagen. Se
lo había visto dubitativo, transmitiendo inseguridad. Claro, le está
faltando actividad y por otra parte, fue la primera vez que se juntó
con sus compañeros en un partido más o menos en serio. Esos dos
cabezazos vinieron porque cuando se fue Magallán, dolorido y entró
Molina, Jara fue de central y en esas dos jugadas, la pelota le pasó
de largo, a Jara.
Ya
estábamos para apagar el televisor o poner una peli (antes de que
apareciera el repugnante Lanata y nos terminara de arruinar la noche)
cuando entró en escena Espinoza y nos obsequió ese divertido
penalty. Y después, todo lo demás. Pablo Pérez hasta se ganó un
botellazo por comedido, por querer poner calma entre los plateístas,
en defensa de sus colegas de Olimpia. Un bochorno pero ojo que en
esto Boca, institucionalmente, no tiene nada que ver. La armaron
entre Espinoza, los paraguayos (aunque podamos comprenderlos) y los jujeños, que empezaron a tirar porquerías sin nada que lo explique.
¡Qué
historia, con Olimpia! Desde aquel debut absoluto en la Libertadodres
del 63, cuando nos abrocharon con gol de Benicio Ferreira (que poco
después iba a ser nuestro), pasando por aquella vuelta olímpica que
nos dieron en La Bombonera en el 79, por la vez que nos eliminaron a
los penales en el 89 también de locales, otra eliminación en Buenos
Aires en la Supercopa 95, de nuevo nos dejaron afuera en la
Libertadores 2002 (empate con autogol de Traverso acá y marchamos en
Asunción), la constancia de que por Libertadores tenemos record de
0-0-4 en el Defensores del Chaco... Siempre pasan cosas, con Olimpia.
EL
BOLETÍN: WERNER 4, JARA 4, MAGALLÁN 4, INSAURRALDE 3, SILVA 6,
ZUQUI 5, PABLO PÉREZ 6, BENTANCUR 3, CARRIZO 5, BENEDETTO 6, BOU 4
(FI), CUBAS 4, CASTELLANI 4, SOLÍS 6, CENTURIÓN 5, MOLINA NC.
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