Le
tiran de todos lados, a Carlitos y uno, que lo quiere tanto, se
esfuerza por encontrar argumentos para defenderlo y no los encuentra.
Sí, dijo que venía por amor y se arrodilló y besó el césped de
La Bombonera repleta que se abrazó a él y nos hizo lagrimear. Sí,
parecía que resignaba guita por estar con nosotros. ¡Somos tan
boludos (y nos gusta serlo)! Sí, se dejó usar políticamente.
Pasó
poco más de un año y se va del otro lado del mundo por una montaña
obscena de dólares. Y nos deja en bolas en la mitad del camino y
ahora hay que empezar a pensar otro Boca sin él. Nos dejó dos
vueltas olímpicas pero la Copa, que era lo que más queríamos, no.
Su indiscutida estatura de crack, por esas cosas que tiene el fútbol,
no bastó para ganarle a Independiente del Valle. Y da a entender que
allá va a estar más tranquilo porque claro, es difícil imaginar
que algún chino vaya a ponerse nervioso porque pierda el Shanghai
Shenhua, acá empatamos un partido de locales y nos volvemos locos y
nos queremos matar (pero eso él lo sabía de antes).
Encima,
entre quienes lo defienden se hallan estiércoles como Liberman que
proclaman “yo haría lo mismo que él” y quién va a dudar de
eso, Colorado, qué te va a mover a vos sino el vil metal.
Para
poner cada cosa en su justo lugar, lo primero es la autocrítica.
Depositamos en cacks como Carlitos una representación que ellos no
piden. Son, en algún punto, lo que a nosotros nos hubiese gustado
ser y no pudimos. Son profesionales y sobre eso no hay nada que
objetar, las reglas del juego están a la vista de todos. Es verdad
que, en buena medida, se hacen los amateurs más allá de lo que en
realidad son, tal vez crean que sí lo son. O tal vez nos toman por
giles y deben tener razón.
Yo
creo en las lágrimas de Carlitos, el otro día, con Colón, cuando
salió, se sentó en el banco y se tapó la cara con la camiseta. Se
le debe haber caído un montón de cosas en el marote y lloró. Es
humano. Estaba decidido que había sido la última vez, al menos por
ahora, aunque no hubiese querido decirlo. Y me siento representado
por ese pibe que saltó desde los palcos y se arrodilló delante de
él. Pibes como ése, Carlitos, son los que sostienen todo esto, sin
nosotros no habría nada pero eso también lo sabías.
Mirá,
tu resolución fue irte a China, dejar Boca y es tu derecho. Yo no te
voy a decir nada, no me anoto entre quienes te están descuartizando.
Es más, si dentro de un año sentís que extrañás el mate y el
dulce de leche y te venís de nuevo, voy a ir otra vez a darte la
bienvenida a La Bombonera, como si nada hubiese pasado. Con lo que
ganes en Boca te va a alcanzar para vivir muy bien. La única
precisión que quiero hacerte, aunque ni a vos ni a nadie le importe,
es que si yo fuera jugador de Boca, ni por toda la guita del mundo me
voy a ninguna parte. Creémelo. Yo no. Eso nos diferencia. Pero
claro, yo estuve muy lejos de ser jugador de Boca.
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