sábado, 24 de diciembre de 2016

LO QUE ME SALE

Le tiran de todos lados, a Carlitos y uno, que lo quiere tanto, se esfuerza por encontrar argumentos para defenderlo y no los encuentra. Sí, dijo que venía por amor y se arrodilló y besó el césped de La Bombonera repleta que se abrazó a él y nos hizo lagrimear. Sí, parecía que resignaba guita por estar con nosotros. ¡Somos tan boludos (y nos gusta serlo)! Sí, se dejó usar políticamente.
Pasó poco más de un año y se va del otro lado del mundo por una montaña obscena de dólares. Y nos deja en bolas en la mitad del camino y ahora hay que empezar a pensar otro Boca sin él. Nos dejó dos vueltas olímpicas pero la Copa, que era lo que más queríamos, no. Su indiscutida estatura de crack, por esas cosas que tiene el fútbol, no bastó para ganarle a Independiente del Valle. Y da a entender que allá va a estar más tranquilo porque claro, es difícil imaginar que algún chino vaya a ponerse nervioso porque pierda el Shanghai Shenhua, acá empatamos un partido de locales y nos volvemos locos y nos queremos matar (pero eso él lo sabía de antes).
Encima, entre quienes lo defienden se hallan estiércoles como Liberman que proclaman “yo haría lo mismo que él” y quién va a dudar de eso, Colorado, qué te va a mover a vos sino el vil metal.
Para poner cada cosa en su justo lugar, lo primero es la autocrítica. Depositamos en cacks como Carlitos una representación que ellos no piden. Son, en algún punto, lo que a nosotros nos hubiese gustado ser y no pudimos. Son profesionales y sobre eso no hay nada que objetar, las reglas del juego están a la vista de todos. Es verdad que, en buena medida, se hacen los amateurs más allá de lo que en realidad son, tal vez crean que sí lo son. O tal vez nos toman por giles y deben tener razón.
Yo creo en las lágrimas de Carlitos, el otro día, con Colón, cuando salió, se sentó en el banco y se tapó la cara con la camiseta. Se le debe haber caído un montón de cosas en el marote y lloró. Es humano. Estaba decidido que había sido la última vez, al menos por ahora, aunque no hubiese querido decirlo. Y me siento representado por ese pibe que saltó desde los palcos y se arrodilló delante de él. Pibes como ése, Carlitos, son los que sostienen todo esto, sin nosotros no habría nada pero eso también lo sabías.


Mirá, tu resolución fue irte a China, dejar Boca y es tu derecho. Yo no te voy a decir nada, no me anoto entre quienes te están descuartizando. Es más, si dentro de un año sentís que extrañás el mate y el dulce de leche y te venís de nuevo, voy a ir otra vez a darte la bienvenida a La Bombonera, como si nada hubiese pasado. Con lo que ganes en Boca te va a alcanzar para vivir muy bien. La única precisión que quiero hacerte, aunque ni a vos ni a nadie le importe, es que si yo fuera jugador de Boca, ni por toda la guita del mundo me voy a ninguna parte. Creémelo. Yo no. Eso nos diferencia. Pero claro, yo estuve muy lejos de ser jugador de Boca.

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