El que suscribe se retiró anoche de La
Bombonera profundamente disgustado. Con los jugadores en primer término, con el
cuerpo técnico en segundo, con la conducción del club que no está exenta y
también con sus iguales, los hinchas.
¿Qué es esto de despedir con aplausos a un
equipo después de semejante defraudación que, por otra parte, no es novedosa?
Todos somos de Boca y lo seguiremos siendo, el apoyo jamás va a faltar cuando
haga falta pero asimismo, la reprobación tiene que estar presente cuando
cuadre. La historia y leyenda única de la hinchada de Boca, el auténtico e
inimitable Número 12, se construyó con el aliento y la fidelidad incomparables
pero las broncas nuestras y de quienes nos precedieron también se hicieron notar
cuando hizo falta. Marcar límites y fijar posiciones es derecho y hasta
obligación.
En algún momento del segundo tiempo se hizo
escuchar (desde La 12 y desde sectores de plateas) la inevitable disconformidad
pero casi de inmediato volvieron a tapar los gritos de aliento. Y a la
finalización del juego, los inexplicables, desganados y rutinarios aplausos, junto
con alguna canción de La 12, en este caso totalmente inexpresiva, vacía de contenido.
Cofrades, de alguna manera tenemos que hacer
notar, con vigor, con energía, que esto así no puede seguir, que hay que torcer
el rumbo, que necesitamos un Boca nuevo muy diferente de este. De lo contrario,
corremos el riesgo de que los de adentro sientan que es lo mismo, que ganar,
perder o empatar es indistinto. Precisamente, la sensación que más de una vez
nos ha transmitido el equipo desde la cancha. Nuestros futbolistas y nuestro
cuerpo técnico son muy buen pagos, la acumulación de híbridas campañas no les
va a acarrear ninguna penuria económica. Pero hay que hacerles sentir que no se
trata de marcar tarjeta, que lo que se está viendo está muy lejos de
satisfacer, que se necesita más. Y la forma de hacérselos sentir es con la
reprobación firme, expresa y legítima.
Esta creciente cultura de ”festilindo”, de
que perdemos y nos vamos cantando igual no va con lo que siempre ha sido Boca.
Los que rompían carnés cuando Boca perdía (y al día siguiente iban a renovarlo)
marcaron un camino, establecieron una identidad, una forma de ser. No la abandonemos.
Será por el bien de Boca que puteemos con ganas cuando se impone putear con
ganas.
Bianchi dice que los jugadores “no se
guardan nada” y ha de ser cierto. Es lo que más debiera preocuparnos. Si no se
guardan nada y somos nada más que esto, estamos perdidos, muertos.
San Lorenzo se mete atrás (con once, con diez
y con nueve) y le cantamos “equipo chico”. Como manifestación de folklore,
color y chicaneo, está bien. Si vamos hablar en serio, nosotros también nos
hemos metido atrás cuando hizo falta y seguiremos haciéndolo, por qué no, sin
que se nos caiga ningún anillo. Al fútbol se juega de diferentes maneras, según
los momentos. San Lorenzo jugó en función de un resultado, el empate, que no le
caía mal, que lo deja prendido en la pelea y sabiendo que oportunidades de
pegar un zarpazo no le iban a faltar. De hecho, la expulsión de Romagnoli, que
condicionó todo lo que faltaba, llegó a los 25 del segundo tiempo en el mejor
momento de ellos.
¿Por casa cómo andamos? ¿Somos “grandes” porque
mecánicamente, obligatoriamente jugamos adelantados en el terreno? El Boca de
hoy es un conjunto insulso, inconsistente que sigue teniendo un solo hombre con
ideas definidas. Román, por supuesto, que juega hasta donde se lo permiten sus
limitadas posibilidades físicas.
Una sola ocasión clara en todo el primer
tiempo. Un contraataque que manejó bien Román, quién iba a ser, con descarga
justa para la llegada de Gigliotti que le pegó para cualquier lado. Después, ya
en el final de la etapa, Román también le puso un buen centro a Gigliotti que
le dio con el techo de la cabeza pero esta ya fue más forzada.
Dice Bianchi que el segundo tiempo fue “un poco
mejor”. Bueno. La mejor armada fue ese contraataque de los 23 minutos que se
inició con un oportuno robo de Riaño, se prolongó con una adecuada resolución
de Román, quién iba a ser y terminó con
el remate del Pichi Erbes, tal vez un poco
apresurado, que rechazó Torrico.
Después, ya cuando ellos estaban con diez,
la de Riaño que tapó Torrico (excelente pase entre líneas de Acosta) y a
continuación Gigliotti se la entregó de cabeza al arquero. Sobre la hora, la
que le quedó medio de casualidad a Riaño pero lo movieron entre Mercier y
Buffarini (no hubo penal). Y en el tiempo agregado, el rebote que le quedó a Acosta,
que le dio sin hesitar, como decía Fioravanti (es lo mejor de Acosta, nunca
hesita) y Torrico la mandó al corner. En total, muy poco, como hasta reconoce
el propio Bianchi.
Ellos, con mucha menos tenencia, porque
nunca se propusieron jugar a partir de la posesión, tuvieron dos clarísimas. La
del primer tiempo de Piatti, que recibió de Correa, con un enganche quedó de
frente al arco pero después le pegó mal y la del segundo, cuando Correa se fue
solo pero perdió con Orion. Agustín hizo lo que tenía que hacer, lo esperó
hasta último momento pero lo cierto es que Correa la definió mal, dudó. En una
y otra, asusta la facilidad con que Correa lo dejó atrás al enmascarado Cata.
También estuvo, en el primer tiempo, el cabezazo desviado de Gentiletti,
después de un tiro libre pero esta no fue tan neta.
En definitiva, un previsible 0-0 al cabo de
un partido muy mal jugado, apenas un poco menos malo que aquel otro 0-0 de hace
poco en Quilmes. Un resultado que a San Lorenzo le sirve y a nosotros no. Un
capítulo más de esta agonía interminable que viene siendo el derrotero de Boca
a lo largo del año. Podríamos agregar el año pasado. Esperemos que no tengamos
que agregar el semestre que viene. Para ello, algo habrá que hacer. Hay que
cambiar la dirección del barco. Así, nos comen.
EL BOLETÍN: ORION 6, GRANA
4, CATA 4, FORLÍN 6, INSÚA 4, LEDESMA 4, BRAVO 3, COLAZO 4, ROMÁN 5, MARTÍNEZ 2,
GIGLIOTTI 2 (FI), ERBES 5, RIAÑO 5, ACOSTA 6.
Disiento con el tema de los aplausos. Ayer hubo jugadores (Román, Forlín, Insúa, Ledesma, Colazo, Orión) que hicieron lo que pudieron por llevar el partido a buen término. Boca padece de una anemia fatal en su delantera: ¿cómo es posible que sólo un delantero de Boca haya convertido en todo el campeonato? ¿Cómo es que el Burrito Martinez ni siquiera se pierda goles? Por otro lado, el lateral derecho es un cauce anulado para el ataque: Grana, qué más decir. De esta manera, el ataque de Boca se reduce a repetirse por la izquierda o, gracias al estatismo de Martinez, autoembudarse por el medio, esperando que una combinación precisa y veloz (JA) deje solo a un delantero. Aunque los jugadores cobren en euros o rublos, aunque los putiemos o les tiremos piedras, si los delanteros no pueden desequilibrar es imposible.
ResponderEliminarEntiendo tu punto pero cuando el rendimiento del equipo en general es tan negativo y por tanto tiempo, llega un momento en que hay que expresar el disconformismo y cuando saludan y se van de la cancha todos, no hay posibilidad de andar eligiendo a quién se aprueba y a quién no, se reprueba al conjunto.
ResponderEliminarMirá esto: Boca 2 San Lorenzo 2, Nacional 71 (gran quite de Meléndez en el minuto 15:40): https://www.youtube.com/watch?v=6gqH8sJ3lwA#aid=P-Fp_1T4Ta8
ResponderEliminarLindísimo.
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