lunes, 21 de abril de 2014

UN GRITO EN LA OSCURIDAD

   Era un cero a cero tan redondo, tan soporífero, tan imperdonable y para colmo se había hecho ya tan tarde, que los de Tigre lo dieron por terminado, se fueron antes. Hicieron expresa manifestación de lo que ya todos teníamos en mente desde hacía rato, irnos de una vez, ¿cuándo se termina esto? Así fue que lo dejaron al predestinado dominar la pelota, avanzar, levantar la cabeza. Tal vez hayan pensado “éste no le va a pegar de tan lejos, a ver si se desgarra”.
   Lo cierto es que el predestinado, después de pensarlo por unos cuantos segundos, sacó ese derechazo soberbio y soberano para ponerla pegadita al palo, haciéndola tomar contacto con el costadito de la red, allí donde los arqueros normalmente no llegan, como no llegó Javi García. Iban 46 minutos del segundo tiempo. Y ganamos 1 a 0.
   Lo habían tratado mal, sus vecinos, al predestinado. Salvo uno que colgó un trapito blanco con letras azules de bienvenida, los demás lo putearon, lo silbaron, lo abuchearon. Así toda la noche. ¿Y qué les hizo, el predestinado, a sus vecinos? ¿Será que no recoge la caca de su perro? ¿Será que tira basura a la vereda? ¿Será que pone música fuerte a la madrugada? ¿O será simple y humana envidia por ser, el predestinado, gloria vigente y símbolo eterno del Boca supremo e inalcanzable?
   Rato más tarde, un Bianchi falsamente distendido, realmente tenso, en guardia, a la defensiva, iba a intentar chicanearlo al Pelado Bartellone (periodista radial): “Hoy jugamos mediocre, usted dijo que con San Lorenzo habíamos jugado mal, así que mejoramos”. La verdad, Carlos, es que jugamos peor que con San Lorenzo. Más bien, no jugamos a nada. Sí, claro está que no es nuevo. Estuvimos expuestos a perderlo en el tramo final del primer tiempo y en el primer segmento del segundo.
   Faltaban veinte minutos para empezar el partido y no se sabía cómo formaba Boca. Sólo estaban claros el arquero, la línea de fondo y Román. Un colega intrépido logró espiar el calentamiento a través de una banderola muy alta e informó: “Erbes, Bravo, Colazo, Acosta, Riaño”. Otra vez el técnico metía mano y es difícil creerle lo de la rotación por razones físicas. Está experimentando y está bien, aunque algunos de sus golpes de timón parezcan compulsivos y no se entiendan.
   Arrancamos con la pelota, porque Tigre nos la cedió. Primera evidencia llamativa, Román al lado de Bravo, de doble cinco. Tiene razón Bianchi en esto, Román tiene que encontrar su mejor posición durante el juego y es muy interesante, muy seductora e inquietante la idea de que tenga toda la cancha de frente. De un pase de Román surgió el tiro de Acosta en el palo y de otro pase de Román, poco después, el segundo tiro de Acosta, esta vez de zurda, imperfecto y muy desviado.
   La tercera acción de cierto riesgo para el arco rival fue a los 22 minutos y surgió de otra buena entrega pero esta vez del otro cinco, Bravo, para la diagonal bien tirada por Riaño, cuyo  remate fue fuerte pero muy recto y conjuró Javi. El cuarto esbozo de llegada, último del primer tiempo, fue recién a los 43, esa aparición de Acosta por izquierda con centro bajo y paralelo al que por poco no llegó Riaño. Casi como aquella a la que no llegó Gigliotti contra River, si no tenés un 9 que llegue se te va a hacer difícil ganar.
   En medio de esas dos jugadas habíamos empezado a perder. Porque Tigre salió, se adelantó, presionó más arriba y nos borró. Pasó a controlar el juego. Y nos complicó con Pérez García por la derecha, la zona de Insúa-Colazo, la misma donde el miércoles nos estaba complicando Romagnoli hasta que lo echaron. Tres veces tuvo que aparecer Orion, con Itabel, con Nahuelpan y en el tiro libre de Pérez García, para que pudiéramos llegar el entretiempo en cero.
   Volvimos y nada, seguían mandando ellos. Sin mucho, porque el Cata y Forlín aguantaban bien pero Boca no aparecía. Otras dos veces apareció Agustín, en el zudazo de Nahuelpan que mandó al corner (no entraba) y en otro tiro libre de Pérez García, éste más fácil, volando a la izquierda. Tigre es muy limitado, pasados los veinte ya se le había agotado el combustible. Los cambios, los nuestros y los de ellos, no cambiaron nada, así que el partido se iba. Se hacía largo, sí, pero se iba.
   La primera vez que Boca pisó con cierto vigor el área rival en todo el segundo tiempo fue nada menos que a los 43 minutos, buen centro de Ledesma para el cabezazo de Gigliotti pero apareció antes Gastón Díaz para despejar. Si no tenés un 9 al que no se le aparecen antes se te va a hacer difícil ganar.
   Ya nos íbamos y apareció el predestinado. Que después de aquel arranque prometedor rápidamente se había llamado a silencio. Se lo veía fastidiado, contrariado, enfadado. Con sí, con los demás, con el partido. Pero es un predestinado, apareció y ganamos. No sirve de mucho, podemos pensar que llevamos cuatro al hilo sin recibir goles, podemos pensar que estamos para entrar a la Sudamericana. En el fondo, sabemos que el semestre está perdido. Lo único para guardar en la memoria será ese golazo inesperado, imprevisto, inopinado, una genialidad más del predestinado.

   EL BOLETÍN: ORION 7, GRANA 5, CATA 6, FORLÍN 6, INSÚA 4, ERBES 4, BRAVO 4, COLAZO 3, ROMÁN 6, ACOSTA 5, RIAÑO 4 (FI), LEDESMA 5, GIGLIOTTI 4, SÁNCHEZ MIÑO 4.     

    

3 comentarios:

  1. Durante el partido, Mario Cordo dijo que la dirigencia de Boca le va a pedir a Bianchi que renueve su cuerpo técnico, lo cual es una forma cobarde de pedirle que se vaya. Es increíble que ni siquiera justificados por tres campeonatos por debajo de los 30 puntos sean capaces de hacer las cosas correctamente.

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  2. No lo sabía. De ser cierto, es una barbaridad. No sólo una tremenda falta de respeto sino también un grosero error político que van a pagar muy caro.

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