Era un cero a cero tan redondo, tan
soporífero, tan imperdonable y para colmo se había hecho ya tan tarde, que los
de Tigre lo dieron por terminado, se fueron antes. Hicieron expresa
manifestación de lo que ya todos teníamos en mente desde hacía rato, irnos de
una vez, ¿cuándo se termina esto? Así fue que lo dejaron al predestinado dominar
la pelota, avanzar, levantar la cabeza. Tal vez hayan pensado “éste no le va a
pegar de tan lejos, a ver si se desgarra”.
Lo cierto es que el predestinado, después de
pensarlo por unos cuantos segundos, sacó ese derechazo soberbio y soberano para
ponerla pegadita al palo, haciéndola tomar contacto con el costadito de la red,
allí donde los arqueros normalmente no llegan, como no llegó Javi García. Iban
46 minutos del segundo tiempo. Y ganamos 1 a 0.
Lo habían tratado mal, sus vecinos, al
predestinado. Salvo uno que colgó un trapito blanco con letras azules de
bienvenida, los demás lo putearon, lo silbaron, lo abuchearon. Así toda la
noche. ¿Y qué les hizo, el predestinado, a sus vecinos? ¿Será que no recoge la
caca de su perro? ¿Será que tira basura a la vereda? ¿Será que pone música
fuerte a la madrugada? ¿O será simple y humana envidia por ser, el
predestinado, gloria vigente y símbolo eterno del Boca supremo e inalcanzable?
Rato más tarde, un Bianchi falsamente
distendido, realmente tenso, en guardia, a la defensiva, iba a intentar
chicanearlo al Pelado Bartellone (periodista radial): “Hoy jugamos mediocre,
usted dijo que con San Lorenzo habíamos jugado mal, así que mejoramos”. La
verdad, Carlos, es que jugamos peor que con San Lorenzo. Más bien, no jugamos a
nada. Sí, claro está que no es nuevo. Estuvimos expuestos a perderlo en el tramo
final del primer tiempo y en el primer segmento del segundo.
Faltaban veinte minutos para empezar el
partido y no se sabía cómo formaba Boca. Sólo estaban claros el arquero, la
línea de fondo y Román. Un colega intrépido logró espiar el calentamiento a
través de una banderola muy alta e informó: “Erbes, Bravo, Colazo, Acosta,
Riaño”. Otra vez el técnico metía mano y es difícil creerle lo de la rotación
por razones físicas. Está experimentando y está bien, aunque algunos de sus golpes
de timón parezcan compulsivos y no se entiendan.
Arrancamos con la pelota, porque Tigre nos
la cedió. Primera evidencia llamativa, Román al lado de Bravo, de doble cinco.
Tiene razón Bianchi en esto, Román tiene que encontrar su mejor posición
durante el juego y es muy interesante, muy seductora e inquietante la idea de
que tenga toda la cancha de frente. De un pase de Román surgió el tiro de
Acosta en el palo y de otro pase de Román, poco después, el segundo tiro de
Acosta, esta vez de zurda, imperfecto y muy desviado.
La tercera acción de cierto riesgo para el
arco rival fue a los 22 minutos y surgió de otra buena entrega pero esta vez
del otro cinco, Bravo, para la diagonal bien tirada por Riaño, cuyo remate fue fuerte pero muy recto y conjuró
Javi. El cuarto esbozo de llegada, último del primer tiempo, fue recién a los
43, esa aparición de Acosta por izquierda con centro bajo y paralelo al que por
poco no llegó Riaño. Casi como aquella a la que no llegó Gigliotti contra
River, si no tenés un 9 que llegue se te va a hacer difícil ganar.
En medio de esas dos jugadas habíamos
empezado a perder. Porque Tigre salió, se adelantó, presionó más arriba y nos
borró. Pasó a controlar el juego. Y nos complicó con Pérez García por la
derecha, la zona de Insúa-Colazo, la misma donde el miércoles nos estaba complicando
Romagnoli hasta que lo echaron. Tres veces tuvo que aparecer Orion, con Itabel,
con Nahuelpan y en el tiro libre de Pérez García, para que pudiéramos llegar el
entretiempo en cero.
Volvimos y nada, seguían mandando ellos. Sin
mucho, porque el Cata y Forlín aguantaban bien pero Boca no aparecía. Otras dos
veces apareció Agustín, en el zudazo de Nahuelpan que mandó al corner (no
entraba) y en otro tiro libre de Pérez García, éste más fácil, volando a la
izquierda. Tigre es muy limitado, pasados los veinte ya se le había agotado el
combustible. Los cambios, los nuestros y los de ellos, no cambiaron nada, así
que el partido se iba. Se hacía largo, sí, pero se iba.
La primera vez que Boca pisó con cierto
vigor el área rival en todo el segundo tiempo fue nada menos que a los 43
minutos, buen centro de Ledesma para el cabezazo de Gigliotti pero apareció
antes Gastón Díaz para despejar. Si no tenés un 9 al que no se le aparecen
antes se te va a hacer difícil ganar.
Ya nos íbamos y apareció el predestinado.
Que después de aquel arranque prometedor rápidamente se había llamado a
silencio. Se lo veía fastidiado, contrariado, enfadado. Con sí, con los demás,
con el partido. Pero es un predestinado, apareció y ganamos. No sirve de mucho,
podemos pensar que llevamos cuatro al hilo sin recibir goles, podemos pensar
que estamos para entrar a la Sudamericana. En el fondo, sabemos que el semestre
está perdido. Lo único para guardar en la memoria será ese golazo inesperado,
imprevisto, inopinado, una genialidad más del predestinado.
EL BOLETÍN: ORION 7, GRANA
5, CATA 6, FORLÍN 6, INSÚA 4, ERBES 4, BRAVO 4, COLAZO 3, ROMÁN 6, ACOSTA 5,
RIAÑO 4 (FI), LEDESMA 5, GIGLIOTTI 4, SÁNCHEZ MIÑO 4.
Durante el partido, Mario Cordo dijo que la dirigencia de Boca le va a pedir a Bianchi que renueve su cuerpo técnico, lo cual es una forma cobarde de pedirle que se vaya. Es increíble que ni siquiera justificados por tres campeonatos por debajo de los 30 puntos sean capaces de hacer las cosas correctamente.
ResponderEliminarNo lo sabía. De ser cierto, es una barbaridad. No sólo una tremenda falta de respeto sino también un grosero error político que van a pagar muy caro.
ResponderEliminarVamos 10 !
ResponderEliminar