Lo único bueno fue que no perdimos. Por
primera vez en lo que va del año, nos pasaron por arriba.
Literalmente. San Martín no ganó de casualidad, le faltó
definición (nuestros arqueros no tuvieron tanto trabajo en
proporción a tan sostenido dominio) pero controló el partido de
punta a punta.
Nos
superaron en todos los aspectos del juego. Nos metieron un ritmo
frenético. En todos los rincones de la cancha llegaban a la pelota
antes que nosotros, permanentemente. Imponían superioridad numérica
y no sólo porque corrieron más, sino por sobre todo porque
corrieron mejor.
En
los primeros cinco minutos nos llegaron a fondo tres veces, una de
ellas salvada por una gran intervención del Gordo Orion cuyos gritos
exigiendo a sus compañeros que despertaran, que salieran a la cancha
de una vez por todas, vistos por televisión, resultaron bien
expresivos, la mejor postal del partido.
Hubo
un pequeño recreo en el que nos pusimos 1-0. Primero, el gol que
insólitamente despilfarra el Pachi Carrizo, tenía todo el arco y la
tiró a la mierda. Tercero, el cabezazo del Cata en un palo, la bola
recorrió el arco y se fue para el otro lado. En el medio, el penal.
También con previo cabezazo del Cata en el área de enfrente. La
mano desesperada de Gelabert y ejecución excelsa del Loco Osvaldo.
Con clase, con distinción. Igualito que con Zamora. Para el próximo
tiene que cambiar porque si lo patea igual, se lo atajan. Ya están
todos avisados.
Después
de ese breve veranito, todo volvió a ser de los sanjuaninos. Nos
desbordaban por todos lados. Nos doblaban por los dos laterles y la
vitalidad que tenían en el medio Gelabert y Bogado no la tenía
ningún jugador nuestro. Boca a lo único que atinaba era a tratar de
congelar, sin éxito. Era evidente. Por eso el boludo de Loustau
creyó que Orion estaba haciendo tiempo cuando en verdad le habían
pegado un piedrazo. Ahí se armó ese revuelo de jugadores y el
Cabezón Mei se comió un cortito de Bueno, por eso estaba sacado y
no lo podían parar. En fin, pasó, cosas de los partidos.
Claro
que se extrañó a Gago. El que más lo extrañó fue Lodeiro, el
uruguayo no apareció en el partido nunca. En definitiva, a él
también lo extrañamos. Sin elaboración de juego desde el medio, a
los de arriba tampoco se los vio. El Burro y Pachi, directamente, fue
como si no estuvieran en la cancha. Osvaldo la peleó pero no es lo
suyo, necesita que se le asocien.
Pichi
Erbes no encontró nunca la posición. Había pasado también en el
primer tiempo con Zamora pero esta vez fue más grave porque San
Martín es mejor que Zamora. Y el Cabezón Meli luchó como lucha siempre pero esta vez, como todo el equipo, estaba condenado a correr
detrás de la bocha, porque la tenían siempre ellos.
Ya
todos tienen apuntado que jugamos sin volante por la izquierda y que
el 3, esta vez Nico Colazo, queda muy expuesto. En el segundo tiempo,
cuando entró ese tal Covea, se nos agrandó el desbarajuste. El
Vasco lo advirtió y apeló a un recurso que ya se le está haciendo
costumbre: puso otro 3 y lo mandó a Nico Colazo a jugar delante de
él. Quedó visto que no hubo soluciones pero además, la decisión
del Vasco era cuestionable desde el principio. El que suscribe no lo
recuerda a Peruzzi jugando por la izquierda. Lo habían probado un
rato en el entrenamiento del viernes pero su inclusión no dejaba de
ser un experimento raro y no puede sorprender que haya sido un
fracaso.
En
pasajes desfavorables de anteriores partidos había aguantado la zaga
central. Era el sustento de todo el equipo. Esta vez rindió sólo el
Cata, único jugador de Boca que marcó territorio, que impuso
presencia, que cantó presente. A Torsiglieri, tan parejito y
confiable a lo largo de la campaña, le tocó una noche fatal. El gol
del empate es de él. No puede permitirse que un jugador gire donde
giró Figueroa, a diez metros del arco. Torsi le dio todo el tiempo y el espacio posibles.
La
desgraciada acción en que terminaron fracturado Bueno y expulsado
Orion también es de Torsi. Quedó parado en línea con el Cata
cuando, por cómo venía la mano, era él quien tenía que sobrar. Y
arrancó muy tarde, cuando despego Bueno ya se nos iba derechito al
área. Orion tuvo que salir a la desesperada y pasó lo que pasó. La
entrada de Orion fue violenta. Era doble roja: por lo que llamamos
”último recurso” (manifiesta oportunidad de gol) pero antes, por la
violencia en sí. El Gordo no debe haber premeditado lesionar a Bueno, como
tampoco debe haber premeditado romperle los ligamentos del tobillo a
Leandrito Paredes aquella tarde en Casa Amarilla pero se zarpa, como
muchos arqueros en situaciones similares.
Tal
como estaba el partido, diez contra once y con más de quince minutos
por jugar, perdíamos. Menos mal que enseguida se fue expulsado
Gelabert por doble amarilla. De todos modos, penamos hasta el final,
lo único que queríamos era que se terminase de una vez. Hacía rato
queríamos que terminara, en todo el segundo tiempo no armamos ni una
sola jugada más o menos rescatable. Cuando el Vasco probó juntar a
Osvaldo con Jony Caleri no hubo tiempo ni de ver qué pasaba, porque
llegó la expulsión de Orion y se tuvo que ir el Loco para que
entrara Sara.
Una
cualidad del Vasco es que, aunque siempre repite que miente, no
miente tanto. Miente menos que la inmensa mayoría de sus colegas. No
tuvo reparos en decir que lo único bueno fue el empate, que no
tuvimos la pelota jamás, que debiéramos haber perdido.
Un
mal partido le cabe a cualquiera pero atención porque en ocho días
terminamos pidiendo la hora contra Defensa, jugamos un primer tiempo
de terror en Venezuela y ahora nos encontramos con esto. Todo en
coincidencia, claro está, con la ausencia de Gago. Tenemos el mejor
plantel de bastante tiempo a esta parte, recambio, posibilidades de
jugar de diferentes maneras. Si falta Gago (y va a faltar por lo
menos en los próximos veinte días), tendremos que encontrar la
manera de suplirlo. Porque a San Juan no fue Gago pero lo peor es que
no fue tampoco ninguno de los demás, salvo el Cata.
EL
BOLETÍN: ORION 5, MARÍN 4, CATA 7, TORSIGLIERI 3, COLAZO 3, MELI 4,
ERBES 4, LODEIRO 3, MARTÍNEZ 2 OSVALDO 5, CARRIZO 2 (FI), PERUZZI 3,
CALLERI 4, SARA 5.
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