Vamos
a empezar por dejar claro que jugamos solos, que Zamora como rival no
existió pero está comprobado que se puede jugar mal contra el peor
de los rivales (¡si lo habremos visto!) y Boca, esta vez, jugó muy
bien. Y lo más importante, la metió, corrigió lo que venía siendo
ostensible y alarmante déficit. A los 14 minutos, cuando llegó el
segundo gol, ya sabíamos que habíamos ganado.
Se
ha venido jugando, en lo poco que va de esta campaña, en general, de
bien para arriba pero lo que más cuenta es que el equipo, aun con
variantes en los nombres, va definiendo un estilo: pelota por abajo,
mucha acción a un toque o dos, velocidad, rotaciones, variedad. Si
se logra precisión en la llegada, como ocurrió esta vez y como no
había ocurrido con Wanderers, Rafaela o Colón, por ejemplo, poco
más podría pedirse.
Un
dato fundamental es que el fondo está firme, muy firme. Zamora no es
parámetro en este sentido ni en ningún otro pero la solidez
defensiva es algo que viene repitiéndose. Y es la base desde la cual
puede proyectarse todo lo demás con el mejor de los respaldos. Y en
esto es clave Torsiglieri, que ha jugado en pareja con Burdisso, con
el Cata o con el pibe Komar, como esta vez y esa confiabilidad no se
ha modificado.
Gago
y Lodeiro, Lodeiro y Gago, son los naturales conductores que marcan
la identidad del conjunto. Al compás de ellos, alternativamente o al
unísono, se despliegan todas las baterías. Este es el Gago que
queríamos y que salvo algunos lamparazos no habíamos visto con
continuidad en esta segunda etapa suya en Boca. Y el uru ya nos tiene
con él, el tipo juega y mete, esta vez lució menos que con Colón
pero no dejó de ser vital. Y Pichi Erbes, que viene siendo objeto de
algunos cuestionamientos, estuvo a la altura, muy metido y muy
eficiente, sin el lustre técnico de los otros, claro pero a él lo
necesitamos para otra cosa.
El
primer gol, e iban nada más que siete minutos, fue una cabal
demostración de cómo quiere jugar este Boca. Pelota de derecha a
izquierda, por todo el ancho de la cancha y participación de varios
jugadores. Pachi Carrizo y Nico Colazo juntos por el costado, para
imponer superioridad. El centro de Nico derivó en un rechazo forzado
y corto que capitalzó el Cabezón Meli, llegando para meter ese
derechazo seco, ajustado, inapelable.
Y
el segundo, conceptualmente, se pareció. Gran cambio de Gago de
derecha a izquierda, delicia de Pachi dejándola pasar, de nuevo
Colazo por el fondo de la cancha, de nuevo un centro de los que
duelen, esta vez pasado. Allí estaba Meli, un volante en los últimos
metros de cancha, como tiene que ser si se pretende agresividad en
serio. El Cabezón la vio clara y la ejecutó a la perfección: la
bajó para que Nico Lodeiro, llegando a la carrera, sacara ese remate
cruzado que significó su primer gol con nosotros (que sean muchos
más).
El
tercero fue todo de Pachi. Diagonal de afuera hacia adentro
demoledora y disparo bien apretado, abajo y contra el palo más
lejano. Muchas veces pasa que Pachi no termina bien lo que empieza,
se queda por el camino, le faltan cinco para el mango pero esta noche
no fue el caso. Estuvo muy metido, muy suelto y tuvo participación
en cuatro de los cinco goles.
Con
el partido liquidado muy temprano, se pudo regular pero sin soltar el
timón nunca. La liviandad de Zamora es un dato pero Boca, a mayor o
menor ritmo, no se fue del partido en ningún momento.
Faltaba
el mini show de Osvaldo. Era el único que había andado a
contramano. Escasa su participación en el primer tiempo y la vez que
había tenido una, se sacó de encima al arquero pero a continuación
remató blandito y llegó uno para sacarla. No es la primera vez. ¿Se
hace el canchero o qué? Ya en el segundo tiempo también había
dejado pasar un par, una que quiso pasar por arriba del arquero y la
dejó corta, otra que terminó en el techo del arco. De no ser que
ganábamos fácil, hubiesen empezado los murmullos. Pero llegaron los
goles.
El
primero (cuarto de Boca), otra pelota bien cruzada por Pachi, certero
toque hacia el medio del Burro, que recién había entrado y con
muchas ganas, servida para Osvaldo que no le entró del todo bien
pero fue gol, es lo que cuenta. Y con el añadido de ese festejito
mediático que tenían preparado y que al Vasco no le gustó pero
está bien: mientras ganen, que hagan las payasadas que quieran.
El
segundo del Loco (quinto de Boca) fue una corrida en la que fabricó
el penal del arquero y a continuación ejecutó con categoría, con
calidad, con estilo. Hizo un tercero, el Loco pero se lo anularon
mal, una lástima.
Ellos,
en todo el partido, sólo habían contado con tres remates desde
lejos, uno por Soteldo, alto y dos de Flores que controló Orion
hasta que tuvieron su primera llegada en serio. Quedó solo Clarke
pero Orion respondió bien en el mano a mano. Ya iban 41 del segundo
tiempo, nos aflojamos.
La
última goleada por Libertadores había sido el 7-0 con Bolívar de
2007. Una noche en cancha de Vélez en que estábamos obligados a
golear para pasar (última fecha de fase de grupos) y goleamos.
Después fuimos campeones. Este 5-0 es una muy buena noticia, por los
números pero más por lo que promete este Boca. Sí, va pintando.
Más allá de la fragilidad de estos venezolanos. Se está en la
buena senda.
EL
BOLETÍN: ORION 6, MARÍN 5, KOMAR 6, TORSIGLIERI 6, COLAZO 7, MELI
7, ERBES 7, GAGO 8, LODEIRO 6, OSVALDO 6, CARRIZO 7 (FI), CRISTALDO
5, MARTÍNEZ 6, FUENZALIDA NC.
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