¿Por dónde empezar? Por la tan mentada "actitud". Lo que menos puede aceptarse es la mansedumbre. Porque en un partido malito-malito, Boca parecía más cerca. Nos cepillaron mal el gol del pibe Messidoro (que valía), Andújar le sacó un cabezazo difícil a Carrizo (que empezó bien) y después, en la jugada mejor elaborada entre Pavón y Carrizo, a Pachi no le quedó recorrido para la pierna y le salió un tirititito (copyright Juan Carlos Morales). Estudiantes buscaba por las bandas pero no llegaba. Ahora bien, llegó el primer gol de Estudiantes y Boca se fue de la cancha y no iba a volver ya nunca.
Ya que estamos, lloremos un poquito. Que te anulen mal un gol por off side, como pasó con el de Messi, es cosa corriente para cualquiera. Cuesta perdonar, eso sí, que un tipo entrenado para su trabajo, como el banderita (es de la nueva promoción, ay, mamá), se coma una jugada de tan fácil observación, sin complicación alguna. Digamos, asimismo, que si ese gol se lo anulan a un rival de Boca, los putitos periodistas putitos (putitos) tendrían material para una semana. En fin, es el precio a pagar porque somos Boca, el único grande.
Esta formación que dispuso el Vasco prometía más que la de la semana pasada con Racing. Se suponía mayor equilibrio con un cinco en serio, como Cubitas, en yunta con el pibe Messi, que podía jugar más suelto. Por otra parte, Pablo Pérez abierto por la derecha (el lugar que mejor le cuadra) arrancó bien. Suyas fueron la habilitación para Messi en ese gol que nos hurtaron y el preciso centro para Pachi en la que iba a sacar el arquero. Lo amonestaron rápido por ser Pablo, qué le vamos a hacer pero es buen jugador y tiene que dar más, Pablo.
Los goles de Estudiantes fueron desesperantes, noventa por ciento nuestros, dan ganas de balearse en un rincón, juegan al fútbol todos los días, muchachos.
En el primero, Cubitas pierde una pelota mal. No está siendo el Cubitas que queremos y necesitamos, esta fue la demostración. ¿Hasta dónde iban a retroceder los centrales mientras Solari transportaba la bola como por el patio de su casa y miraba tranquilo a un lado y a otro pensando sin apresuramientos cuándo y hacia dónde descargarla? ¿En qué momento uno se le iba a acercar para, por lo menos, incomodarlo un poco? Solari la abrió, Auzqui la devolvió al medio y Fernández la conectó a la carrera, todo sin oposiciones. Los jugadores nuestros, estaqueados.
El segundo, ya en el segundo tiempo, fue peor. Magallán la perdió no una vez sino dos pero no había problema, porque en la derivación de la jugada, la resolvía Colazo. Colazo la jugó corta para atrás en el área nuestra, no quedó claro si para afirmarse mejor y después sacarla él mismo o para que la sacara Sara de frente pero Sara debe haber pensado que Colazo iba a sacarla para un costado. Una falla de coordinación inadmisible. El que queda más expuesto es Colazo y su responsabilidad es grande e intransferible pero el área es territorio del arquero, en primer lugar y Sara tenía la jugada de frente. Ese gol al Loco Gatti no se lo hacen hoy, a sus 71 años. Otra vez Auzqui sin marca por derecha para mirar a dónde mandarla, el que nos hizo el gol ni se sabe cómo se llama.
Ya quedó apuntado que nos habíamos ido de la cancha. Ni rebeldía. Tal vez haya pesado en la cabecita que esta vez, por lo menos, después de tanto circo mediático de los últimos días, teníamos que terminar con los once. Pues bien, ese módico objetivo se cumplió. Pero la imagen de Boca fue peor que si a alguno se le hubiese ido la gamba. Ni un gesto de enojo (no cuenta alguno de los clásicos pucheritos de Gago), ni una puteada al compañero, nada.
Era la noche del regreso de Gago. Jugó unos minutos más de la media hora que se había pautado. Entró con muchas ganas, a los pocos minutos le metieron un patadón de bienvenida, aparentemente terminó bien. Parece no haber problemas físicos. Ahora, el partido no pudo cambiarlo, Fernando. Estaba todo el pescado vendido pero con él, Boca siguió siendo el mismo de antes.
Dicen que volvió antes de lo esperado. ¿De lo esperado por quién? Los que tiraron, en su momento, que iba a faltar por un mínimo de seis meses no le prestaron atención al parte médico, el cual no decía "rotura" del tendón de Aquiles sino "desinserción". Y bueno, tienen tantas cosas que hacer, los putitos periodistas putitos (putitos) que hay detalles que se les pasan.
Cuando un partido está perdido y se empiezan a tirar manotazos de ahogado, puede pasar cualquier cosa pero de todos modos, no deja de ser curiosa, digamos, la formación con que terminó Boca de mitad de cancha en adelante: Pérez-Gago-Acosta más Pavón-Chávez-Palacios. Imposible que un equipo sea mínimamente compensado con esos nombres todos juntos. A propósito, muchas veces hemos destacado que el Negro Chávez, en los breves ratos que les dan, siempre se hace ver pero esta vez, no. Ausente él también.
De todo el segundo tiempo, se rescata una buena jugada de Pablo, que al final le pegó desviado y tres intentos del Tucu Palacios, que entró con muchas ganas, por lo menos. ¡Qué relegado quedó el Tucu! ¿Y por qué? Tendría que estar arriba de Pavón pero está abajo. Fue mérito del Vasco que, en su momento, volviera de Arsenal pero el mismo Vasco lo mandó ahora al fondo de la cola sin que se entienda la causa. El pibe aprovechó sus oportunidades y nadie se lo reconoce. Parece que lo quisieran vender a toda costa. Lo vino a buscar Peñarol y entre clubes estaba rápidamente todo acordado pero el Tucu eligió quedarse. Ahora se lo quieren llevar a México y en una de esas se csnsa y dice que sí. No vaya a ser que después, en algún momento, lo necesitemos y no lo tengamos.
La última mala noticia fue la lesión de Jara. Por cómo salió, llorando a moco tendido en la camilla, nos hizo pensar que se había roto los ligamentos. ¡Te desgarraste, pibe! ¡Dejate de joder, no es para tanto! Se comprende que recién llegás y te mueras de ganas, se te valora pero tranquilo, nene, son tres semanas.
El autor de estas líneas suele ponerse muy nervioso cuando los directores de cámaras se regodean con las gesticulaciones de los técnicos y se olvidan del juego pero esta fue una excepción. Ya que en la cancha no pasaba nada, las caras del Vasco en el último tramo del juego eran la mejor postal del momento de Boca. Eran, también, el reflejo del desconcierto y la resignación del conductor. Precisamente, el tipo que, se supone, tiene que empezar a sacarnos de este pozo.
Tiempo de descuento, la última payasada. El "affaire" de la camiseta de Sara no es nuevo, había pasado lo mismo hace muy poco con Orion, en México, en el amistoso con Puebla. ¿No hay en Boca un auxiliar que comprenda que la camiseta del arquero tiene que diferenciarse claramente de las de sus compañeros, de las de los rivales y de las de los árbitros? Esto no es "europeo", Angelici.
EL BOLETÍN: SARA 3, JARA 4, TOBIO 4, MAGALLÁN 3, COLAZO 3, PÉREZ 6, CUBAS 4, MESSIDORO 4, CARRIZO 5, PAVÓN 4, CHÁVEZ 3
jueves, 28 de enero de 2016
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario