miércoles, 9 de noviembre de 2016

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE

(Con la credulidad de que le llegue)
  Te cuento, Daniel, Tano, que estaba indeciso, ayer. Había quedado muy desalentado después de perder con Argentino de Junín. Con San Lorenzo vi un rato por Internet y abandoné. Al final dije “voy, éste se podría ganar”.
   Me empecé a deprimir cuando, para cortar camino, fui hasta La Bombonerita atravesando por dentro La Bombonera (por ahora nos dejan entrar, a los vitalicios). Estaban armando los stands para la Expo Boca, no sabía si estaba dentro de La Bombonera o de Farmacity.
   Empezó el partido y si mal no recuerdo, el único parcial a favor nuestro iba a ser el 2-0 inaugural. Después, siempre de abajo. En dos pasajes igualamos pero enseguida pasamos a perder de nuevo. Se peleó hasta el final pero no.
   Sí, yo también me prendí en las puteadas contra vos con que arrancaron los pibes de detrás del aro que da a las vías. No creo que te importe, estás acostumbrado. Para un tipo con la exposición pública que tenés, con la responsabilidad que tenés, resulta inevitable. Y creeme, quiero abstenerme de pegarte golpes bajos. Se me dio por escribir esto porque quiero creer que el escudo de Boca que cuelga de tu cuello, parecido al mío (aunque sin tu cadenita de oro), lo sentís de veras cerca del zurdo.
   ¿Sabés? Perdoname que me ponga nostálgico, soy así. Yo me asomé al básquet de Boca muy poco después que al fútbol. Con aquel equipo multicampeón de comienzos de los sesenta. El que ganó nueve títulos al hilo entre 1961 y 1963, Apertura, Oficial y Metropolitano en cada uno de esos años. Lo veía por televisión. Jugaba de local, no sé si sabés, en lo que entonces se llamaba Salón Azul, que después pasó a llamarse Benito Quinquela Martín. Piso de mosaico. Donde ahora está el Shopping-museo (75% Shopping, 25% museo). El equipo del Caña De Simone, el riojano Jesús Díaz (uno de esos bases petisones de aquella época que parecía tener las manos imantadas), Borda (todo un símbolo por varios años), Miguel Carrizo, el lungo Mazzini, Schime, Noval, Novoa, De Fornasari… Técnico, Abelardo Dasso. Me acuerdo de una final de Metropolitano contra Racing (Alix, D’Aquila, Closas, Chaer…), en el Luna, debe haber sido en el 63. Faltaban 30 segundos y estábamos seis puntos abajo, no existían los triples. Llegamos al suplementario y ahí les pasamos la aplanadora.
   Después vinieron Delguy, Dumani (que era por entonces el jugador más alto del país), Firpo, Maina… Me acuerdo de un título de El Gráfico: “la fórmula que patentó Boca: rebote, contraataque y gol”.
   Hubo muchas vueltas. En el 77 nos fuimos por primera vez al descenso, después de un desempate con Huracán de San Justo. A continuación vino una linda etapa. En el 78 Boca trajo por primera vez tres negros yanquis (sí, esa también la inventó Boca): Ken Hubert, David Reavis y otro, West, que no metía puntos pero se quedaba con todos los rebotes en el aro nuestro. Los cinco “inicialistas” (como creo que se dice ahora) los completaban dos argentinos, el base Elena y el escolta Baudoin, a quienes llamábamos, respectivamente, “Trobbiani y Tarantini”, porque a ellos se parecían vagamente, sobre todo por los pelos. En la B de la Federación de Capital, por aquellos años, había unos pocos equipos fuertes (Defensores de Santos Lugares, San Miguel) y el resto eran grupos de muchachos que se juntaban como para transpirar un rato. Había veces que Boca ganaba, por ahí, 108 a 34. Sí, soy un pajero pero me encantaban esos partidos.
   A comienzos de los ochenta se apostó fuerte y lo trajeron a Perazzo, entero. Después empezaron a reducirse los presupuestos y empezaron a caer jugadores que ya estaban de voltereta. Por Boca anduvieron Pellandini y Raffaelli pero no eran los que habían sido.  
   Ya en tiempos modernos vino la Liga Nacional y bueno, tenemos tres adentro. A la Oveja Hernández y a Lamas los inventamos nosotros. Paco Festa fue un ídolo casi a nivel del fútbol, al negro Byron llegamos a quererlo como si hubiese nacido en Suárez y Necochea. Uno se pone a pensar que por Boca pasaron, por ejemplo, Gutiérrez y Leiva, mira después a estos muchachos que juegan ahora…
   Hispano Americano es flojo, flojito pero nos ganó. En el último cuarto hubo más goleo pero hasta el tercero, por el marcador, parecía un partido de la década del treinta. Ni un triple. Ya cortaron a uno de los negros, Chris Johnson, que sumó muy pocos minutos, hubo partidos que los miró completos desde el banco, lo trajeron a pasear por la Reina del Plata. En su lugar vino un base nuevo, Gianella, como para tener dos bases mínimamente confiables (a López Banega ni lo ponen y por algo debe ser). Porque si no, Lucas Pérez jugaba 37 de los 40 minutos y ya no se juega más así al básquet, hay que rotar.
   Lucas Pérez es de lo más rescatable que tenemos pero sea por característica natural o porque no confía en quienes lo rodean, quiere hacer todo solo. Con Ferro estábamos igualados en los últimos segundos y teníamos la última bola, Pérez la quiso hacer toda, él contra cinco. La desperdició, fuimos al suplementario y nos mataron, ya se veía que tenían más resto. Anoche, el griego Lampropoulos, otro de los rescatables, se metió un gol en contra. ¡Increíble! Tiraron un libre, erraron, Lampropoulos quiso agarrar el rebote y la mandó adentro. Me dicen que Funes, de pibe, era buen triplero, ahora no mete nada. Justo un Funes perdió la memoria, nos pasa cada cosa… Hay un jugador de los que más minutos tienen que los otros días le preguntó a un periodista (no voy a nombrar a ninguno de los dos porque no quiero crearles problemas) cómo podía hacer para sacarse una foto con Carlitos Tevez. ¡Es verdad! Un basquetolista profesional del club no sabe cómo acercarse a los jugadores de fútbol. Como para pensar que se sienten más fuera que dentro de Boca.  
   Perdimos, una vez más. Con Hispano Americano. Estamos en 3-10, penúltimos en la Conferencia Sur, sólo arriba del que nos ganó anoche. Este equipo de Boca es impresentable, Daniel, Tano. Indigno del club. Sé que te morís de ganas de bajar el básquet, aunque por ahora no te atreviste. Como bajaste el voley y el futsal femenino. “No mando más jugadores a Santa Cruz con pasajes de avión y hotel”, me dijiste, personalmente, en diciembre, antes de las elecciones.
   Esto no empezó con vos, el sostenimiento del básquet siempre fue un tema. Una vez lo escuché al Ruso Heller, el tipo que junto con el viejo Alegre le salvó la vida a Boca en los ochenta, decir: “El básquet genera una enorme cantidad de egresos y ningún ingreso”. Aunque pudiera no creerse, los une una coincidencia, llamémosla “filosófica”, muy profunda, a vos y a Heller: conciben a Boca como una entidad financiera, una organización con fines de lucro, una fábrica de guita. ¿Qué querés que le haga? A mí no me entra en la cabeza. “A La Bombonerita van 200”, también me dijiste. ¿Y cuántos querés que vayan, con este equipo? Con Obras, en la primera fecha, estaba llena. Después vieron.
   No, soluciones a mí no me pidas. Yo soy hincha, el dirigente sos vos, Daniel, Tano. Decís que tenés buena relación con Tinelli, preguntale cómo hace con San Lorenzo. Y por favor, no me contestes con los 13.543 votos que sacaste en diciembre. Vos nos tenés que cuidar a todos, se supone. A los que te votaron y a los que no te votamos. Cuidanos. Te quedan más de tres años del mandato que te dieron. Y mirá que si algún día, por esas cosas, nos extinguiéramos los hinchas, por lo menos éste negocio se te termina.
   

   
        
        

   

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