“Detalles
tan pequeños de los dos son cosas muy grandes para olvidar y a toda
hora van a estar presentes, ya lo verás”, cantaba el romanticón
setentoso Roberto Carlos (no el que jugaba de 3). Y sí.
El
autor del presente opúsculo siempre prefiere privilegiar el análisis
del juego, el desarrollo, para encontrar en consecuencia las claves
del desenlace. Sin embargo, a través de un discurso instalado entre
nosotros, principalmente por los entrenadores, se insiste en que,
dentro de un fútbol caracterizado por el equilibrio de fuerzas,
definen los “pequeños detalles”. Así pasa con este
insatisfacorio, frustrante empate ante Central: hay que empezar por
los detalles.
Detalle
1: las expulsiones. Gutiérrez es un pendenciero, nadie lo negaría.
En una sociedad menos enferma, lo que hizo sería un chiste. El Rober
Cabañas le gritó un gol en Mar del Plata a la tribuna de River,
Carlitos hizo la gallinita en la cancha de ellos, el negro Iarley los
gastó a los de San Lorenzo, apuntado todo esto sin forzar para nada
la memoria. Lo mejor hubiese sido, después de lo de Gutiérrez,
ganarles el partido y al final, exhibirle a Teo el miembro viril y
sugerirle: “succiónamelo”. Pero no, nos volvimos locos. Y por
ser buenos, supongamos que nuestros jugadores se calentaron en serio,
no es que hayan querido tribunear. La ligó Centurión como pudieron
haber sido algunos otros, tal vez entre Ricky y Teo quedó alguna
cuenta pendiente en el vestuario de Racing. Diez contra diez. Si
hubiésemos sido menos pavos, quedábamos once contra diez, lo apuntó
bien Guillermo.
Sí,
claro, en una sociedad tan enferma como la nuestra, Gutiérrez
“incitó a la violencia”, hasta dicen que ya anda por ahí algún
fiscal ganando micrófono y cámara. Hay un punto que también
podríamos enfocar: mientras sigamos dándole tanta importancia a
gestos como el de Gutiérrez, contribuimos a seguir siendo rehenes de
los violentos. Si ubicáramos dichos gestos como lo que
verdaderamente son, pavadas, quizás estaríamos dando comienzo a la
descompresión que hace falta para que los violentos pierdan terreno.
Detalle
2: el arbitraje. Herrera lo cagó a Central dos veces. El de Fabra a
Ferrari fue un penalazo, Herrera estaba ahí nomás pero pensó que
Ferrari se tiraba. Y bueno, se tiran tanto, los jugadores, que a
veces pasan estas cosas, como en la vieja fábula del pastorcillo
mentiroso. Y la última, en el cierre, después del tiro libre de
Martínez y el segundo remate de Colman, después del rebote,
quedaban tres jugadores de Central perfectamente habilitados ante
Sara, como para que eligieran quién la metía en un ta-te-ti. El
banderita Moyano vio off side de Camacho, nos salvamos.
Ahora
sí, analicemos el juego más allá de los determinantes “detalles”.
Durante el primer tiempo, más de media hora, Boca atacó bien y
defendió mal. Fue directo, produjo asociaciones, con Carlitos bien
tirado atrás, como con Gimnasia, y Benedetto on fire (jugó una
primera mitad espectacular y después se esfumó, se fue de la
cancha). En cuanto a que defendimos mal, el cargo no es a los
integrantes de la última línea sino más bien a los volantes.
¿Cuántas veces lo dijimos, cuántas volveremos a decirlo? Con Pablo
Pérez y Bentancur en el doble cinco nos falta corte. Esta vez
Bentancur anduvo bien con la pelota en los pies y hasta creció
cuando pasó a ser el volante más retrasado. Pablo, en cambio,
estuvo impreciso, perdió muchas. Más allá de lo circunstancial, el
tema de fondo es que con ellos nos cuesta interrumpir la circulación
del rival. Y si enfrente tenemos tipos que la manejan bien, como Lo
Celso, Montoya y Fernández, quedamos condenados a jugar sin la
pelota por mucho tiempo. Esta vez pudo haber salido bien, porque
cuando recuperábamos, teníamos espacio y salíamos rápido. Así
fue todo el primer tiempo.
Lo
abrimos temprano. Buena presión de Carlitos sobre Martínez, buena
presión de Benedetto sobre Gissi, error forzado de Gissi y después,
la definición de Darío, una pinturita. Derecho para el área,
tomándose el tiempo necesario cuando le salió Sosa y la picadita
suave, ya con el arquero jugado, delicioso.
No
lo aguantamos, nos empataron enseguida. Central la tenía mucho pero
no llegaba nada. Una vez más, permitimos que la manejaran cómodos
pero en la oportunidad, demasiado cerca del área. Notable pase
filtrado por Lo Celso, Gutiérrez solo con Sara, gol. Se quedó
Fabra, habilitando. Frank fue fiel a sí mismo: bien en ataque, con
errores en defensa. Entre ese quedo que derivó en el gol de Central
y el penal a Ferrari que no le cobraron, dos participaciones
negativas y decisivas.
Tres
tiros en los palos en diez minutos, la puta que lo parió. El de
Carlitos (que estaba jugando muy bien) desde afuera, en el travesaño,
excelente resolución, lástima que no le salió unos milímetros más
abajo. El de Benedetto (que todavía estaba on fire, antes de irse),
muy buena acción colectiva, con Carlitos abriendo espacio y Fabra
llegando al fondo para meter el tradicional y nunca bien ponderado
centro hacia atrás, lástima que a Darío no le salió unos
milímetros más abajo. El corner de Pavón desde la izquierda, visto
desde los pupitres de prensa que están justo ahí, un poema observar
la trayectoria de la bola, cerrándose para caer por detrás de Sosa,
lástima que no le salió, a Cristian, unos milímetros más adentro.
El
segundo tiempo fue una cagada, así de simple. Boca jugó por mucho
tiempo adelantado pero no siempre en posesión de la pelota. Central
se retrasó, jugó para los costados, nos desgastó. Ya sin
Benedetto, que no participaba, el mejor socio de Carlitos fue
Bentancur pero en los últimos metros de cancha no encontramos nada.
Hubo una en que Bentancur llegó al área en buena posición pero le
salió una masita, ay, Rodrigo. Hubo otra en que Carlitos lo dejó a
Pavón de frente, por la media luna pero Cristian le pegó muy
arriba, ay, Cristian.
Ellos
contaron con la de Camacho que tapó bien Sara, excelente asistencia
de Tobio. Cerró para adentro y se la dejó a un rival que venía de
frente al arco nuestro, menos mal que Camacho quedó con poco espacio
y Sara lo atoró bien.
Llegó
la hora de los cambios. ¿Cuántas veces lo dijimos, cuántas
volveremos a decirlo? No se entiende con qué criterio arma Guillermo
el banco. La salida de Pavón se imponía, lo único que hizo bien
fue el corner en el palo. El tema era a quién poníamos. Si entraba
Bou, había que pasar a jugar con dos 9 e íbamos inexorablemente al
embudo que nos ofrecía Central. Si entraba Zuqui, como ocurrió (y
aunque no jugó mal Zuqui), teníamos un volante más y un delantero
menos. Tiene que haber, en el banco, un delantero externo, Solís.
Después, Pérez por Pérez, la salida de Pablo también estaba
cantada. No hay mucho para discutir pero es del caso preguntarse para
qué tener en el banco a Sebastián y a Gago, que juegan de lo mismo.
Y preguntarse, también, para que tener en el banco a un jugador con
la chapa de Fernando si no le vamos a dar ni un minuto.
Lo
de Silva por Fabra fue por un calambre, listo. Silva iba a
protagonizar la mejor oportunidad de Boca en todo el segundo tiempo,
el tiro libre que jugaron corto con Carlitos sobre la derecha, lindo
zurdazo en comba por Jony, buena respuesta de Sosa. Única
intervención exigida que tuvo Sosa en todo el partido. Poco. ¿No?
Se
fue la tercera parte del campeonato y estamos a siete puntos. Unos
cuantos, aunque falte mucho. Veníamos de ganar por primera vez
afuera y ahora dejamos caer los primeros dos puntos adentro. Así es
este Boca, juramentos y traiciones. Ahora, la trifecta infecta, San
Lorenzo-Racing-River, antes de Colón y las vacaciones. Si los
cuervos pasan a la final de la Sudamericana, piden postergación.
¡Qué ganas nos tienen! ¡Cuánto significamos para ellos! En lugar
de pedir postergación entre las dos finales, con Olimpo, la piden
antes de la primera, con nosotros. A Independiente le pusieron
suplentes pero a Boca, no. El precio de ser el único grande.
EL
BOLETÍN: SARA 6, PERUZZI 5, VERGINI 5, TOBIO 3, FABRA 4, PABLO PÉREZ
4, BENTANCUR 6, PAVÓN 3, CARLITOS 7, CENTURIÓN NC, BENEDETTO 6
(FI), ZUQUI 5, SEBASTIÁN PÉREZ NC, SILVA NC.
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