jueves, 3 de noviembre de 2016

SIAMO FUORI

Las consideraciones que pudieran hacerse son variadas y se harán pero la primera evidencia inconstrastable es que, una vez más, se perdió un partido que estaba prohibido perder. Algo que viene sucediendo demasiado recurrentemente en los últimos años, con Bianchi, con el Vasco y con Guillermo.
El análisis puede comenzar desde diferentes lugares. Aquí elegiremos empezar por la inseguridad palpable del conductor, transmitida a los conducidos. Cuidado, éste que escribe ha sostenido y sostiene con énfasis que siempre, en las buenas y en las malas, la primera responsabilidad es de los jugadores, sólo a continuación viene el entrenador. Pero el poder de decisión del entrenador es un elemento de enorme peso y de la manera en que lo ejerza dependerá en mucho la confianza del plantel.
Guillermo nunca ha repetido formación. Se lo podrá justificar porque, en realidad, no sobran los hombres que se hayan ganado el lugar de manera indiscutible. Guillermo busca, sigue buscando. El tema es que, al parecer, no encuentra. Y cuando pareciera que encontró, sus determinaciones llevan a la conclusión de que no, no había encontrado. Después del partido con Temperley, lo más natural hubiese sido no tocar o tocar lo menos posible. En principio, el único cambio que podía preverse era Benedetto por Bou, en caso de que Benedetto estuviese para los noventa minutos. Guillermo eligió tocar y tocar a fondo. A continuación de un 4-0. Eso es inseguridad.
A todos nos entró por los ojos Barrios en los 18 minutos que jugó contra Temperley pero resulta difícil entender que en tan breve lapso un jugador nuevo se haya ganado un lugar para el partido siguiente, partido definitorio y a continuación de una goleada a favor. Se ve que Guillermo quería más consistencia en el medio, más corte, más suela. Con el ingreso de Barrios, cambió las posiciones de Bentancur y de Tevez. Es decir, modificó de manera sustancial la estructura del equipo después de un 4-0. Es decir, mandó a la cancha a once jugadores que sólo tenían, en conjunto, el táctico de pelota parada del martes por la mañana. Podría haberle salido, no le salió.
La resultante fue que, con Barrios, el medio no fue mejor. Porque aunque la característica dominante del primer tiempo fue la paridad, aunque se trató de un partido muy cerrado, había una leve, sutil diferencia en favor de Central, que salía mejor armado de la mitad de la cancha y que jugaba por más tiempo en campo rival. En esos primeros 45 minutos, Carlitos Tevez fue como si no estuviera en la cancha, no se hizo ver, quedó aislado. Porque Guillermo le cambió la posición. Como a Bentancur, que curiosamente es intocable para el entrenador pero lo pongan donde lo pusieren, sigue navegando en la intrascendencia.
El otro cambio, el de Silva por Fabra, es un tema que viene de hace ya algún tiempo. Éste que escribe prefiere a Fabra, que es más directo, profundo y versátil en función de ataque. Guillermo dice que son parejos pero lo tiene marcado al colombiano por alguna distracción puntual y esta vez hasta lo dejó fuera del banco. La última línea no fue mejor con Silva, en los dos goles de Central la bocha transitó por su zona.
Respecto de la apuntada, leve y sutil diferencia en favor de Central, obsérvese que, mientras el partido estuvo 0-0, Sara tuvo que resolver dos situaciones complicadas, el remate de Villagra que levantó muy bien al corner y el de Salazar que sacó sobre su izquierda (las dos veces la pelota se desvió en Vergini). Sosa no tuvo ninguna intervención comprometida y lo mejor con que contamos fue el tiro de Pavón que se fue al lado del poste derecho.
Esa de Pavón fue la única maniobra de ataque bien armada, con pelota al piso y cuatro pases seguidos bien ejecutados, con acertado criterio ofensivo. Pavón tenía como alternativa la descarga para Peruzzi, que llegaba por la derecha con mucho espacio para meterse en el área pero Pavón eligió pegarle, está bien.
De ese primer tiempo podríamos quedarnos con dos detalles. El primero, la “no expulsión” de Villagra, que le cometió a Pablo Pérez una infracción de amonestación y era la segunda pero Loustau conceptuó que no, listo, punto, a otra cosa. El segundo, la mano de Gissi en el área pero no, está claro que no tuvo intención, cabeceó y después la bola le dio en el brazo derecho, listo, punto, a otra cosa.
El primer tiempo parecía encaminarse hacia un 0-0 lógico pero Central sacó en cinco minutos esos dos goles de la galera que lo dejaron con un pie y tres cuartos en las semifinales.
En el primero, Montoya se nos fue hasta el fondo de la cancha y aunque entre Barrios y Silva lo tenían apretado contra la raya, encontró el resquicio para meter el centro hacia atrás (está claro que los dos hombres que puso Guillermo para hacernos más duros no lograron el cometido). Después, la volea de zurda de Fernández fue impecable, inapelable, la agarró como en sus mejores sueños, se llenó el pie con la pelota.
En el segundo, después de que Barrios peinara anticipando a Ruben, a Montoya le quedó mucho espacio para acomodarse y patear, Sara dio un rebotecito fatal y Herrera nos la mandó a guardar. Culpa del arquero, sí pero también es cierto que Herrera estuvo más despierto que todos los defensores que andaban por ahí.
Con dos goles adentro, Guillermo regresó a la fórmula que había dejado de lado, metió a Benedetto, sacó a Barrios y devolvió a Bentancur y a Tevez a sus posiciones del partido anterior. Así que ni él mismo quedó conforme con su experimento pero cuando volvió sobre sus pasos, cuando desandó el camino, ya teníamos el partido casi perdido.
Central se metió muy atrás pero la decisión con que Boca salió a jugar el segundo tiempo nos hubiese venido muy bien antes, cuando estábamos 0-0. Arrancamos tarde.
Posibilidades netas, tuvimos. Los remates de Silva y de Carlitos en los palos, las dos muy buenas respuestas de Sosa por sendos disparos de Benedetto y de Bentancur, podríamos agregar un remate de Pablo Pérez y el segundo tiro libre de Carlitos que se fueron por muy poco. Pero no nos engañemos, juego elaborado, asociaciones, no tuvimos. Chocamos y rebotamos repetidamente, tiramos muchos centros de esos que a Guillermo no le gustan. Era difícil pasar porque Central, como era previsible, se cerró. Y no pasamos.
Tampoco tuvimos desequilibrio por los costados. Peruzzi y Silva subieron hasta tres cuartos pero al fondo no llegaron. Pavón ganó sólo dos veces uno contra uno, sin consecuencias y Centurión, nunca. Hubiese venido bien tenerlo a Solís en el banco, al menos para ver qué pasaba con él pero Guillermo volvió a dejarlo afuera. Lo de Bou, juntando dos nueves en los minutos finales, ya era manotazo de ahogado. Esta vez tampoco Pablo Pérez, que fue el que salió para que entrara Bou, nos aportó soluciones más allá de su esfuerzo de siempre.
Carlitos llegó después de hora, apareció en el segundo tiempo, cuando pudo jugar desde más atrás pero tampoco alcanzó la estatura suficiente. Quien quiera podrá quedarse con un posible penal de Gissi a Carlitos, a éste que escribe no le pareció, fue choque, listo, punto, a otra cosa.
Parrafito para el episodio en que Silva no devolvió la pelota. Es una boludez pero es el uso y costumbre instalado devolverla y si se sacan los pies del plato, como hizo Silva, se generan situaciones desagradables y contraproducentes. La actitud de Carlitos tampoco fue la mejor. Fue demagogo, jugó para la vidriera, mandó al frente a un compañero. Y más después, cuando la devolvió. No vamos a escandalizarnos porque dos compañeros se puteen en la cancha, es propio del fútbol. Pero nos expusieron, los dos.
El gol de Benedetto llegó cuando ya nos íbamos, cincuenta minutos. Cabezazo muy bien colocado, ubicando certeramente la bola al conectar el centro con zurda desde la derecha que le mandó Pavón. Entró bien, Benedetto. Llegó muy justo con la recuperación física, es posible que por eso no lo hayan puesto de entrada, vaya a saberse.
Se fue la Copa Argentina, no pudimos alcanzar el pasamanos del último vagón clasificatorio para la Libertadores, siamo fuori. Nos queda el campeonato, que termina dentro de ocho meses, una eternidad pero estamos a siete puntos, que no es poco y no hemos conseguido regularidad, no le ganamos a nadie fuera de La Bombonera. Por otra parte, la asimilación de este golpe cabe suponer que no va a ser tan sencilla. Eso sí, del 10 al 13 de noviembre tenemos la Expo Boca. Los interesados (que garpen) podrán sacarse fotos con los jugadores, hablar con ellos, recorrer el vestuario, escalar el túnel, pisar el césped, sentarse en el banco, pasear por el museo... La Disneylandia de Angelici.



EL BOLETÍN: SARA 4, PERUZZI 5, VERGINI 4, TOBIO 5, SILVA 4, BARRIOS 3, PABLO PÉREZ 5, PAVÓN 5, BENTANCUR 4, CENTURIÓN 3, TEVEZ 4 (FI), BENEDETTO 6, BOU NC.

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