Las
consideraciones que pudieran hacerse son variadas y se harán pero la
primera evidencia inconstrastable es que, una vez más, se perdió un
partido que estaba prohibido perder. Algo que viene sucediendo
demasiado recurrentemente en los últimos años, con Bianchi, con el
Vasco y con Guillermo.
El
análisis puede comenzar desde diferentes lugares. Aquí elegiremos
empezar por la inseguridad palpable del conductor, transmitida a los
conducidos. Cuidado, éste que escribe ha sostenido y sostiene con énfasis que siempre, en las buenas y en las malas, la primera
responsabilidad es de los jugadores, sólo a continuación viene el
entrenador. Pero el poder de decisión del entrenador es un elemento
de enorme peso y de la manera en que lo ejerza dependerá en mucho la
confianza del plantel.
Guillermo
nunca ha repetido formación. Se lo podrá justificar porque, en
realidad, no sobran los hombres que se hayan ganado el lugar de
manera indiscutible. Guillermo busca, sigue buscando. El tema es que,
al parecer, no encuentra. Y cuando pareciera que encontró, sus
determinaciones llevan a la conclusión de que no, no había
encontrado. Después del partido con Temperley, lo más natural
hubiese sido no tocar o tocar lo menos posible. En principio, el
único cambio que podía preverse era Benedetto por Bou, en caso de
que Benedetto estuviese para los noventa minutos. Guillermo eligió
tocar y tocar a fondo. A continuación de un 4-0. Eso es inseguridad.
A
todos nos entró por los ojos Barrios en los 18 minutos que jugó
contra Temperley pero resulta difícil entender que en tan breve
lapso un jugador nuevo se haya ganado un lugar para el partido
siguiente, partido definitorio y a continuación de una goleada a
favor. Se ve que Guillermo quería más consistencia en el medio, más
corte, más suela. Con el ingreso de Barrios, cambió las posiciones
de Bentancur y de Tevez. Es decir, modificó de manera sustancial la
estructura del equipo después de un 4-0. Es decir, mandó a la
cancha a once jugadores que sólo tenían, en conjunto, el táctico
de pelota parada del martes por la mañana. Podría haberle salido,
no le salió.
La
resultante fue que, con Barrios, el medio no fue mejor. Porque aunque la
característica dominante del primer tiempo fue la paridad, aunque se
trató de un partido muy cerrado, había una leve, sutil diferencia
en favor de Central, que salía mejor armado de la mitad de la cancha
y que jugaba por más tiempo en campo rival. En esos primeros 45
minutos, Carlitos Tevez fue como si no estuviera en la cancha, no se
hizo ver, quedó aislado. Porque Guillermo le cambió la posición.
Como a Bentancur, que curiosamente es intocable para el entrenador
pero lo pongan donde lo pusieren, sigue navegando en la
intrascendencia.
El
otro cambio, el de Silva por Fabra, es un tema que viene de hace ya
algún tiempo. Éste que escribe prefiere a Fabra, que es más
directo, profundo y versátil en función de ataque. Guillermo dice
que son parejos pero lo tiene marcado al colombiano por alguna
distracción puntual y esta vez hasta lo dejó fuera del banco. La
última línea no fue mejor con Silva, en los dos goles de Central la bocha transitó por su zona.
Respecto
de la apuntada, leve y sutil diferencia en favor de Central,
obsérvese que, mientras el partido estuvo 0-0, Sara tuvo que
resolver dos situaciones complicadas, el remate de Villagra que
levantó muy bien al corner y el de Salazar que sacó sobre su
izquierda (las dos veces la pelota se desvió en Vergini). Sosa no
tuvo ninguna intervención comprometida y lo mejor con que contamos
fue el tiro de Pavón que se fue al lado del poste derecho.
Esa
de Pavón fue la única maniobra de ataque bien armada, con pelota al
piso y cuatro pases seguidos bien ejecutados, con acertado criterio
ofensivo. Pavón tenía como alternativa la descarga para Peruzzi,
que llegaba por la derecha con mucho espacio para meterse en el área
pero Pavón eligió pegarle, está bien.
De
ese primer tiempo podríamos quedarnos con dos detalles. El primero,
la “no expulsión” de Villagra, que le cometió a Pablo Pérez
una infracción de amonestación y era la segunda pero Loustau
conceptuó que no, listo, punto, a otra cosa. El segundo, la mano de
Gissi en el área pero no, está claro que no tuvo intención,
cabeceó y después la bola le dio en el brazo derecho, listo, punto,
a otra cosa.
El
primer tiempo parecía encaminarse hacia un 0-0 lógico pero Central
sacó en cinco minutos esos dos goles de la galera que lo dejaron con
un pie y tres cuartos en las semifinales.
En
el primero, Montoya se nos fue hasta el fondo de la cancha y aunque
entre Barrios y Silva lo tenían apretado contra la raya, encontró
el resquicio para meter el centro hacia atrás (está claro que los
dos hombres que puso Guillermo para hacernos más duros no lograron
el cometido). Después, la volea de zurda de Fernández fue
impecable, inapelable, la agarró como en sus mejores sueños, se
llenó el pie con la pelota.
En
el segundo, después de que Barrios peinara anticipando a Ruben, a
Montoya le quedó mucho espacio para acomodarse y patear, Sara dio un
rebotecito fatal y Herrera nos la mandó a guardar. Culpa del
arquero, sí pero también es cierto que Herrera estuvo más
despierto que todos los defensores que andaban por ahí.
Con
dos goles adentro, Guillermo regresó a la fórmula que había dejado
de lado, metió a Benedetto, sacó a Barrios y devolvió a Bentancur
y a Tevez a sus posiciones del partido anterior. Así que ni él
mismo quedó conforme con su experimento pero cuando volvió sobre
sus pasos, cuando desandó el camino, ya teníamos el partido casi
perdido.
Central
se metió muy atrás pero la decisión con que Boca salió a jugar el
segundo tiempo nos hubiese venido muy bien antes, cuando estábamos
0-0. Arrancamos tarde.
Posibilidades
netas, tuvimos. Los remates de Silva y de Carlitos en los palos, las
dos muy buenas respuestas de Sosa por sendos disparos de Benedetto y
de Bentancur, podríamos agregar un remate de Pablo Pérez y el
segundo tiro libre de Carlitos que se fueron por muy poco. Pero no
nos engañemos, juego elaborado, asociaciones, no tuvimos. Chocamos y
rebotamos repetidamente, tiramos muchos centros de esos que a
Guillermo no le gustan. Era difícil pasar porque Central, como era previsible, se cerró. Y no pasamos.
Tampoco
tuvimos desequilibrio por los costados. Peruzzi y Silva subieron
hasta tres cuartos pero al fondo no llegaron. Pavón ganó sólo dos
veces uno contra uno, sin consecuencias y Centurión, nunca. Hubiese
venido bien tenerlo a Solís en el banco, al menos para ver qué
pasaba con él pero Guillermo volvió a dejarlo afuera. Lo de Bou,
juntando dos nueves en los minutos finales, ya era manotazo de
ahogado. Esta vez tampoco Pablo Pérez, que fue el que salió para
que entrara Bou, nos aportó soluciones más allá de su esfuerzo de
siempre.
Carlitos
llegó después de hora, apareció en el segundo tiempo, cuando pudo jugar desde
más atrás pero tampoco alcanzó la estatura suficiente. Quien
quiera podrá quedarse con un posible penal de Gissi a Carlitos, a
éste que escribe no le pareció, fue choque, listo, punto, a otra
cosa.
Parrafito
para el episodio en que Silva no devolvió la pelota. Es una boludez
pero es el uso y costumbre instalado devolverla y si se sacan los
pies del plato, como hizo Silva, se generan situaciones desagradables
y contraproducentes. La actitud de Carlitos tampoco fue la mejor. Fue
demagogo, jugó para la vidriera, mandó al frente a un compañero. Y más después, cuando
la devolvió. No vamos a escandalizarnos porque dos compañeros se
puteen en la cancha, es propio del fútbol. Pero nos expusieron, los
dos.
El
gol de Benedetto llegó cuando ya nos íbamos, cincuenta minutos. Cabezazo
muy bien colocado, ubicando certeramente la bola al conectar el centro con zurda
desde la derecha que le mandó Pavón. Entró bien, Benedetto. Llegó
muy justo con la recuperación física, es posible que por eso no lo
hayan puesto de entrada, vaya a saberse.
Se
fue la Copa Argentina, no pudimos alcanzar el pasamanos del último
vagón clasificatorio para la Libertadores, siamo fuori. Nos queda el
campeonato, que termina dentro de ocho meses, una eternidad pero
estamos a siete puntos, que no es poco y no hemos conseguido
regularidad, no le ganamos a nadie fuera de La Bombonera. Por otra
parte, la asimilación de este golpe cabe suponer que no va a ser tan
sencilla. Eso sí, del 10 al 13 de noviembre tenemos la Expo Boca.
Los interesados (que garpen) podrán sacarse fotos con los jugadores,
hablar con ellos, recorrer el vestuario, escalar el túnel, pisar el
césped, sentarse en el banco, pasear por el museo... La Disneylandia
de Angelici.
EL
BOLETÍN: SARA 4, PERUZZI 5, VERGINI 4, TOBIO 5, SILVA 4, BARRIOS 3,
PABLO PÉREZ 5, PAVÓN 5, BENTANCUR 4, CENTURIÓN 3, TEVEZ 4 (FI),
BENEDETTO 6, BOU NC.
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