(Qué original, el autor, jugar con el doble sentido de "La Plata").
Dos
mochilas, descargamos. Había que ganar después de haber quedado
fuera de la Copa Argentina (impostergable) y había que ganar de una
vez por todas de visitantes. Ahora se puede mirar el futuro inmediato
con mejores ojos, serenarnos. El partido se nos simplificó por
circunstancias que poco nos atañen, próximos rivales nos la harán
más complicada pero ese ya es otro tema.
Muchas
vueltas se darán por estas horas sobre lo que pasó en La Plata, el
foco volverá a ponerse sobre el arbitraje y aquí hay un solo punto
a analizar: si la mano de Carlitos, previa al primer gol, fue
intencional o no. Para Baliño no lo fue, tal como lo dio a entender
inequívocamente con su gesto, mucho antes de que la pelota terminara
en la red. Para el que suscribe, tampoco. A Carlitos se le levantó,
la mano no buscó la pelota. Se podrá tener una interpretación
diferente, como sobre la mano de Gissi el otro día, en el área (al
que suscribe tampoco le había parecido intencional). Son jugadas de
apreciación sobre las que se fija una postura y desde allí ya no se
puede avanzar. Todo lo demás será show mediático (¡puaj!). Que
todo Gimnasia se haya puesto loco y que en ese mismo momento haya
firmado su derrota sin retorno, es asunto de ellos.
De
la media hora que duró el partido, por lo que a Boca respecta,
bastante tela para cortar hay. Guillermo volvió a meter mano.
Adentro Benedetto, no podía ser de otra manera, en este momento no
puede faltar. Es, simplemente, el 9 que tenemos. Y reafirmó que
tiene que estar. Carlitos detrás pero no de “falso 9” sino
arrancando desde bien atrás, suelto, partiendo desde la línea de
volantes. De resultas, la bola corrió mejor, más limpita. Desde el
inicio, en todo momento, se advirtió en Boca la intención de ser
más colectivo, de no levantarla, de no apurarse, de mover al rival a
lo ancho.
En
el doble cinco se regresó a la fórmula Pablo Pérez-Bentancur.
Sobre el particular, conclusiones nuevas ya no puede haber, ya
sabemos. Los dos contribuyen a una salida prolija pero no aseguran
contención cuando se pierde la bocha. Lo que se destaca es que
Rodrigo mejoró, se involucró, se ofreció a sus compañeros, corrió
bien la cancha. En su debe se anota que, cuando llegó a zonas de
definición, se nubló, no definió bien.
Afuera
Centurión, adentro Zuqui. Tal como cuando formó el equipo para
jugar en Córdoba, Guillermo denuncia que está en la búsqueda del
equilibrio. Ahí, duda, prueba, por ahora no está seguro y se
entiende, da un paso para adelante y retrocede. Sabemos que sin
Centurión vamos a perder posibilidad de ruptura por un costado.
Zuqui se sacrifica yendo a una banda y nos promete mayor compromiso a
la hora de retroceder. No fue un buen partido de Zuqui, le va a
costar acomodarse a lo que Guillermo le pide. Lo bueno, por esa
banda, fue que Peruzzi la recorrió bien, de ida y de vuelta.
Adentro
Fabra, afuera Silva. Frank había pasado de titular contra Temperley
a quedarse fuera del banco con Central. Jony pasó de titular con
Central a quedarse fuera del banco con Gimnasia. En esta posición
urge que Guillermo determine de una vez por todas quién es su
hombre. Ya tiene que saber de sobra qué le da uno y qué le da el
otro, qué le va a faltar con uno y qué le va a faltar con el otro.
Urge que lo defina, en primer término, para que los propios
futbolistas en cuestión sepan a qué atenerse (es de desear que el
franco para Silva no guarde relación con la diferencia de opiniones
que tuvo con Carlitos el otro día, en plena cancha).
Boca
fue dominante en un breve lapso del comienzo, que no llegó al cuarto
de hora. A continuación, Gimnasia encontró la medida para imponer
presión en el medio, obtuvo tenencia y se pasó a jugar más en
campo de Boca. Así fue hasta el mismo momento en que llegó el
primer gol. Fue una circunstancia del juego que puede dársele a
cualquier equipo pero se relaciona en forma directa con el hecho de
que, por ahora, Boca está en construcción, los automatismos no
están debidamente aceitados. Es obvio, las permanentes variaciones
en la formación delatan que se está en ese proceso. Si algún día
todos llegamos a saber quiénes son los once, será signo de que
hemos avanzado.
En
ese tramo que pareció favorecerlo, Gimnasia puso en evidencia que no
sabe bien cómo atacar. Los volantes la transportaban, la abrían y
desde un flanco, por lo general, partía el rutinario centrito. Sara
no trabajó. De ese segmento en que hubo que aguantar se destacan la
solidez de Tobio en el juego aéreo, el oficio (otras veces faltante)
de Gino en los cierres y alguna complicación (nada nuevo) de Vergini
cuando quiere salir jugando.
Pese
a las buenas intenciones exhibidas desde el principio, las cuales ya
se apuntaron, no habíamos contado con asociaciones correctas de tres
cuartos de cancha en adelante. Sólo algunas descargas atinadas para
las apariciones de Peruzzi y de Fabra pero sin consecuencias. De
entrada, hubo una en que Gino llegó al fondo y lo tomaron de un
brazo en el área. Si se tiraba, en una de esas, lo forzaba a Baliño
a cobrar penal pero Gino quiso seguirla, Baliño no cobró nada y
nada más vale la pena decirle, ya está.
La
primera maniobra con varios jugadores de Boca puestos a moverla corto
y por el piso en los últimos metros fue la del primer gol, 31
minutos ya. Pavón, que la tenía, contó con tres opciones: Fabra se
le ofreció por afuera, Zuqui metió una diagonal que distrajo marcas
y Carlitos retrocedió para tener espacio y ver el área de frente.
Pavón eligió a Carlitos y Carlitos la descargó corto para la
derecha, Benedetto salió para abrir espacios y lo que se adivinaba
era la devolución para que Carlitos fuera a buscarla adentro pero
Darío metió uno de sus ya tradicionales taquitos y por la derecha
llegaba, libre, Pablo Pérez. Estaba en buena posición, Pablo, pero
el remate le salió mordido, el arquero dio rebote y allí, en sus
barbas, estaban Carlitos y Darío. Le dio Carlitos, segundo rebote,
Darío y adentro, mi alma. Por las dudas, en el medio del área
chica, ya estaba Pavón (menos mal que el primer rebote no salió
para el lado de él porque era off side). ¿Tomamos nota? Seis
jugadores de Boca directamente involucrados en la resolución de un
ataque, ninguno quieto, así se hace.
Y
bueno, volvamos al comienzo: a Carlitos, cuando recibió de Pavón,
la bola se le levantó y le dio en la mano izquierda. Baliño, con
claro gesto, le indicó a todo el estadio y a los que lo miraban por
televisión: “la vi, para mí es accidental, sigan”. Para quien
crea que Carlitos quiso jugar la pelota con la mano, son puntos de
vista, estamos en democracia (¿no?). Guillermo, por ejemplo, dio a
entender que para él, era mano, declaración de gil, me gusta cuando
callas porque estás como ausente. Ahora bien: que Gimnasia en masa
haya salido corriendo detrás de Baliño es la exteriorización de un
desequilibrio hormonal que les va a seguir trayendo problemas. Ya a
los pocos minutos, una entrada fuerte y fuera de tiempo de Romero la
habían pagado con dos amarillas juntas, para Romero y para Licht. Y
en el gol, además del gol per se, pagaron con la expulsión de
Carrera. Cálmense, che, ¿qué les pasa? En todo caso, jódanse.
Y
se terminó el partido. Porque encima, tres minutos después, metimos
el segundo. De nuevo, bien trabajada. Benedetto salió del área,
jugó de espaldas, descargó para Carlitos que llegaba de frente.
Carlitos se fabricó el espacio y se armó como para pegarle pero
sorprendió con el toque hacia adentro, Benedetto giró, fue a
buscarla y definió. Muy buena, toda.
Antes
del descanso, el golazo de Pavón. Y de nuevo, buena ejecución
conjunta. Porque Fabra dio corto a Pavón y Cristian pudo haber
devuelto, ya que Frank se fue a buscarla distrayendo rivales pero
Cristian se tomó un tiempito, se acomodó y, desde afuera, la colgó
arriba, en el ángulo más lejano. Formidable remate. ¡Cuánto tiene
para dar, Cristian! Si va por la derecha, es capaz de sacar uno de
esos disparos cruzados bien apretaditos, como con Nacional, tipo
Chelo Delgado. Si va por la izquierda y engancha para adentro, es
capaz de definiciones como ésta. Le falta elegir mejor en mayores
proporciones, hacer pausa, mirar, pensar, como esta vez.
Aburrido,
el segundo tiempo. Y claro, hacía un calor espantoso. El palco de
prensa era un baño turco. En la cancha, los unos y los otros ya
sabían que estaba todo dicho, hora de tomarse un resuello. La mejor
que tuvimos fue esa que resolvió mal Zuqui, con el arquero, por otra
muy buena participación de Benedetto que de nuevo, se llevó
defensores del área y ubicó al que llegaba de frente.
Son
feas algunas gesticulaciones tuyas, Carlitos. Se ve que querías tu
gol y no está nada mal pero dejate de joder, no expongas compañeros,
no le des pasto a las fieras, si ya habíamos ganado...
Andan
hablando por ahí de un (presunto) penal de Sara contra Ibáñez. No.
Sara llegó a la pelota arriba, el contacto posterior no es
responsabilidad directa de nadie.
En
fin, que con todo lo que regalamos, vamos segundos. Veinte goles en
nueve partidos, bien ahí. Y ganar en rodeo ajeno nos hacía falta,
Guillermo, aunque pretendas minimizarlo. Ahora, fecha FIFA, excursión
a Sevilla y a la vuelta, Central. ¿De dónde me suena? Y a
continuación, la trifecta infecta: San Lorenzo-Racing-River, antes
de Colón y las vacaciones. Son 42 días al cabo de los cuales vamos
a tener una noción más exacta de para qué estamos. Ya sin
Libertadores, es necesario que el primer semestre de 2017 nos
encuentre bien parados. Para que así sea, hay que hallar
regularidad, continuidad en las formaciones, prolongación de buenos
rendimientos y resultados. Que seamos capaces.
EL
BOLETÍN: SARA 5, PERUZZI 6, VERGINI 5, TOBIO 6, FABRA 6, PABLO 5,
BENTANCUR 6, ZUQUI 5, CARLITOS 7, PAVÓN 7, BENEDETTO 8 (FI),
CENTURIÓN NC, SEBASTIÁN PÉREZ NC, BARRIOS NC.
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