Tantos
años viendo fútbol, uno sabe que puede pasar y pasa pero igual, es
difícil encontrarle explicación: que un equipo como este Boca, que
ha dado pruebas de disponer de recursos, estructura e
individualidades, pueda de pronto tener un partido como este, en el
cual, a lo largo de noventa minutos, no produce nada de nada, no
encuentra fórmula alguna, no cuenta con un jugador capaz de producir
desequilibrio individual.
Los
méritos de Central son indiscutibles: nos metió en un juego al que
jamás le encontramos la vuelta, presionó, no dejó espacios,
respaldó a un jugador con otro, cortó cuando tuvo que cortar. Una
propuesta parecida a la de Vélez el sábado. En Liniers rompimos el
partido en la primera que tuvimos. En Mendoza no se nos presentó
ninguna y ellos fueron afirmándose, sintiéndose cada vez más
seguros, en su salsa.
Tampoco
ellos tuvieron demasiadas oportunidades. De hecho, Sara no tuvo
ninguna intervención ni mínimamente comprometida. Pero acertaron en
el manejo de una jugada de pelota parada. Gil amagó, los defensores
habian empezado a retroceder, cuando finalmente Gil fue a conectar la
pelota los nuestros habían quedado desconcertados, dudaron, así fue
que lo perdimos a Martínez en el segundo palo, Jara lo miró. Y la
fuimos a buscar adentro.
Antes
había habido un penal de Pablo Pérez, que levantó mucho el
antebrazo ante ese remate de Colman. Así que, por entonces, Central
estaba ganando bien. Porque se jugaba como querían ellos, más en
campo nuestro que en el de ellos y porque habían aprovechado una de
las dos oportunidades que tuvieron, contra ninguna.
Lo
único de Boca había sido, en la primera media hora, un remate del
Pipa, desde afuera, desviado. En ese primer tiempo hubo también un
cabezazo de Pablo por arriba del travesaño.
Lo
mejorcito de Boca fue el final del primer tiempo. Unos diez minutos.
La bola empezó a correr un poco mejor, de medias azules a medias
azules. Kichan, de lo más atinado, pareció que podía romper por la
derecha. Pero arrancamos muy tarde, el primer tiempo se nos terminó,
se nos cortó ese envioncito. Y el segundo tiempo iba a ser un bodrio
supremo, exasperante.
Interrumpido,
discutido, todo lo que quería Central, lo que le convenía. Boca
jamás logró salir de la maraña. Lo único que puede contarse como
atisbo de maniobra bien elaborada fue esa en que Kichan arrancó
desde la derecha para adentro, la cruzó bien y del otro lado, Edwin
se cerró mucho y la terminó con un zurdazo medio forzado que
cotroló el arquero.
Ni
Edwin ni Gago ni Cardona encontraron nunca el partido, su partido. Lo
de Edwin empieza a poner un poquito nervioso porque se repite,
necesitamos de él una mayor participación. El Pipa, como otras
veces, participó poco, sólo que esta vez no encontró la ocasión
para meter ninguna pero mucho no se le puede decir porque cuando al 9
no le llega una limpia, queda muy condicionado. Cuando entró Nández
por Pablo tampoco aparecieron las soluciones. El Pipa no estaba bien,
tendría que haber salido antes pero ese segundo cambio se demoró.
Son de demorar los cambios, los mellizos, es una de sus
características. Reconozcamos, de todos modos, que no parecía haber
soluciones en el banco y no las hubo.
Hubo
tres remates desviados desde afuera, de Jara, de Gago y de Kichan,
que no fueron otra cosa que demostraciones de impotencia. Como no
sabíamos qué hacer, pateábamos, a ver qué pasaba. Y cuando es
así, por lo general, no pasa nada.
En
el último tramo estuvo esa que cruzó Nández desde la derecha
paralela a la línea, pero a Bou, que era el que entraba, le quedó
bastante lejos. Después, ya en el tiempo agregado, el tiro libre de
Cardona, de posición cerrada, desde la izquierda, que sacó el
arquero con los dos puños. Había sido prácticamente la única vez
que Fabra había podido ganar en los últimos metros de cancha, al
menos como para forzar una infracción (que además le valió la
expulsión a Gil). Después de lo que había sido Frank con Vélez,
salieron avisados de que tenían que taparlo y lo taparon.
Ellos
no habían llegado jamás en todo el segundo tiempo pero no les hacía
falta y por lo demás, a final tuvieron ese cabezazo de Zampedri, por
arriba. Pero ganaron con todas las de la ley. La concentración que
en el primer tiempo aplicaron para presionar arriba, en el segundo,
cuando se replegaron, la aplicaron para no dejarnos pasar. Y no
pasamos. “Paliza táctica”, podría decirse aunque duela
admitirlo: siempre marcó el ritmo Central.
Debe
haber sido una “falsa performance”, se nublaron todos juntos,
nadie nos sacó del barro en los noventa minutos. Y adiós, Copa
Argentina que no das revancha. ¿Ustedes vieron a Central, el
domingo, contra Banfield? Perdido en la cancha, servido para la
goleada que les cayó encima, con Darío Cvitanich y Pablito Mouche
on fire. ¿Qué pasó para que a los tres días, con pocos retoques
en cuanto a los nombres, viera la luz otro equipo que impuso
condiciones a lo largo de todo el partido? Pasó que esto es fútbol
y el fútbol es así. Pasó que el rival era Boca y Boca es Boca,
Boca siempre multiplica las motivaciones, con Boca se da un plus. Y
pasó que Boca, este Boca que venía tan prometedor, se encontró con
un partido chivo y no supo cómo destrabarlo.
EL
BOLETÍN: SARA 5, JARA 4, GOLTZ 6, MAGALLÁN 6, FABRA 5, PÉREZ 4,
WILMAR 5, GAGO 4, PAVÓN 5, BENEDETTO 4, CARDONA 4 (FI), NÁNDEZ 4,
BOU NC, BOUZAT NC.
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