jueves, 28 de septiembre de 2017

ABRUPTA CAÍDA

Tantos años viendo fútbol, uno sabe que puede pasar y pasa pero igual, es difícil encontrarle explicación: que un equipo como este Boca, que ha dado pruebas de disponer de recursos, estructura e individualidades, pueda de pronto tener un partido como este, en el cual, a lo largo de noventa minutos, no produce nada de nada, no encuentra fórmula alguna, no cuenta con un jugador capaz de producir desequilibrio individual.
Los méritos de Central son indiscutibles: nos metió en un juego al que jamás le encontramos la vuelta, presionó, no dejó espacios, respaldó a un jugador con otro, cortó cuando tuvo que cortar. Una propuesta parecida a la de Vélez el sábado. En Liniers rompimos el partido en la primera que tuvimos. En Mendoza no se nos presentó ninguna y ellos fueron afirmándose, sintiéndose cada vez más seguros, en su salsa.
Tampoco ellos tuvieron demasiadas oportunidades. De hecho, Sara no tuvo ninguna intervención ni mínimamente comprometida. Pero acertaron en el manejo de una jugada de pelota parada. Gil amagó, los defensores habian empezado a retroceder, cuando finalmente Gil fue a conectar la pelota los nuestros habían quedado desconcertados, dudaron, así fue que lo perdimos a Martínez en el segundo palo, Jara lo miró. Y la fuimos a buscar adentro.
Antes había habido un penal de Pablo Pérez, que levantó mucho el antebrazo ante ese remate de Colman. Así que, por entonces, Central estaba ganando bien. Porque se jugaba como querían ellos, más en campo nuestro que en el de ellos y porque habían aprovechado una de las dos oportunidades que tuvieron, contra ninguna.
Lo único de Boca había sido, en la primera media hora, un remate del Pipa, desde afuera, desviado. En ese primer tiempo hubo también un cabezazo de Pablo por arriba del travesaño.
Lo mejorcito de Boca fue el final del primer tiempo. Unos diez minutos. La bola empezó a correr un poco mejor, de medias azules a medias azules. Kichan, de lo más atinado, pareció que podía romper por la derecha. Pero arrancamos muy tarde, el primer tiempo se nos terminó, se nos cortó ese envioncito. Y el segundo tiempo iba a ser un bodrio supremo, exasperante.
Interrumpido, discutido, todo lo que quería Central, lo que le convenía. Boca jamás logró salir de la maraña. Lo único que puede contarse como atisbo de maniobra bien elaborada fue esa en que Kichan arrancó desde la derecha para adentro, la cruzó bien y del otro lado, Edwin se cerró mucho y la terminó con un zurdazo medio forzado que cotroló el arquero.
Ni Edwin ni Gago ni Cardona encontraron nunca el partido, su partido. Lo de Edwin empieza a poner un poquito nervioso porque se repite, necesitamos de él una mayor participación. El Pipa, como otras veces, participó poco, sólo que esta vez no encontró la ocasión para meter ninguna pero mucho no se le puede decir porque cuando al 9 no le llega una limpia, queda muy condicionado. Cuando entró Nández por Pablo tampoco aparecieron las soluciones. El Pipa no estaba bien, tendría que haber salido antes pero ese segundo cambio se demoró. Son de demorar los cambios, los mellizos, es una de sus características. Reconozcamos, de todos modos, que no parecía haber soluciones en el banco y no las hubo.
Hubo tres remates desviados desde afuera, de Jara, de Gago y de Kichan, que no fueron otra cosa que demostraciones de impotencia. Como no sabíamos qué hacer, pateábamos, a ver qué pasaba. Y cuando es así, por lo general, no pasa nada.
En el último tramo estuvo esa que cruzó Nández desde la derecha paralela a la línea, pero a Bou, que era el que entraba, le quedó bastante lejos. Después, ya en el tiempo agregado, el tiro libre de Cardona, de posición cerrada, desde la izquierda, que sacó el arquero con los dos puños. Había sido prácticamente la única vez que Fabra había podido ganar en los últimos metros de cancha, al menos como para forzar una infracción (que además le valió la expulsión a Gil). Después de lo que había sido Frank con Vélez, salieron avisados de que tenían que taparlo y lo taparon.
Ellos no habían llegado jamás en todo el segundo tiempo pero no les hacía falta y por lo demás, a final tuvieron ese cabezazo de Zampedri, por arriba. Pero ganaron con todas las de la ley. La concentración que en el primer tiempo aplicaron para presionar arriba, en el segundo, cuando se replegaron, la aplicaron para no dejarnos pasar. Y no pasamos. “Paliza táctica”, podría decirse aunque duela admitirlo: siempre marcó el ritmo Central.
Debe haber sido una “falsa performance”, se nublaron todos juntos, nadie nos sacó del barro en los noventa minutos. Y adiós, Copa Argentina que no das revancha. ¿Ustedes vieron a Central, el domingo, contra Banfield? Perdido en la cancha, servido para la goleada que les cayó encima, con Darío Cvitanich y Pablito Mouche on fire. ¿Qué pasó para que a los tres días, con pocos retoques en cuanto a los nombres, viera la luz otro equipo que impuso condiciones a lo largo de todo el partido? Pasó que esto es fútbol y el fútbol es así. Pasó que el rival era Boca y Boca es Boca, Boca siempre multiplica las motivaciones, con Boca se da un plus. Y pasó que Boca, este Boca que venía tan prometedor, se encontró con un partido chivo y no supo cómo destrabarlo.



EL BOLETÍN: SARA 5, JARA 4, GOLTZ 6, MAGALLÁN 6, FABRA 5, PÉREZ 4, WILMAR 5, GAGO 4, PAVÓN 5, BENEDETTO 4, CARDONA 4 (FI), NÁNDEZ 4, BOU NC, BOUZAT NC.

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