Ganarle apenas 1-0 de local a un rival de escaso fuste
como Junior, que en Barranquilla se había comido una goleada con Palmeiras,
supone poco. El mínimo indispensable porque lo primordial en la fase de grupos
es no dejar caer puntos en La Bombonera. Pero es un resultado acorde con la
actualidad de Boca porque tenemos que asumir que no sobra nada y la esperanza
es ir creciendo de a muy poco y desde bastante abajo.
Hay que ver que
hoy no tenemos una formación titular definida, aquellos “once de memoria” con
que Guillermo contaba hasta hace no tanto han quedado muy lejos y ahora, antes
de cada partido, estamos sobre ascuas preguntándonos a quiénes les va a tocar.
Y sin Tevez ni Nández, las incógnitas se acentúan.
Sorprendió el
regreso a la alineación inicial, después de mucho tiempo, de Espinoza.
Claramente, la idea era tener siempre el frente de ataque desplegado a todo lo
ancho, con Espinoza y Pavón contra las rayas más Wanchope como referencia de
área para, a partir de ellos tres, abrirles camino a los volantes. No funcionó
del todo porque las respuestas individuales no llegaron a ser satisfactorias. A
Espinoza no le salió ninguna y despertó murmullos con cada intervención,
Wanchope empezó más o menos y terminó menos o menos, Kichan electrizó el
partido con cada participación al comienzo pero fue apagándose.
En el tramo
inicial se dividió demasiado la bocha, se le dio a Junior la oportunidad de
compartir tenencia y menos mal que los colombianos, aunque tienen algunos
jugadores de buen manejo, son livianitos, no terminan de resolver nunca cuando
pasan al ataque. Teo Gutiérrez, convenientemente saludado por nuestra tribuna, era
como si no estuviera y la velocidad de Chará constituía el único problema.
Los arqueros
miraban el partido pero la primera, neta, la tuvieron ellos, recién a los 17,
ese derechazo de Hernández que sacó bien Rossi sobre su derecha, en una jugada
que nos tomó descompensados: Mas se cerró con un hombre que lo distrajo, ningún
volante cubrió la zona y el rematador apareció absolutamente libre.
Boca empezaba a
armarse con los encuentros entre Pablo Pérez y Bebelo pero no prosperaba porque
el pivoteo de Wanchope, jugando de espaldas al área no alcanzaba para abrir
espacios. Había que esperar que se enchufara Kichan, que terminara bien alguna.
Y así ocurrió a los 27: recibió de Mas, que encaró hacia el medio y se la abrió
a la izquierda, Kichan amagó para afuera, enganchó hacia adentro y sacó el
derechazo muy justo, abajo y al palo más lejano, lejos del arquero. Golazo. Esa
de ir por izquierda y cortar para adentro, fabricándose el espacio para meter
látigo, le encanta hacerla, a Kichan y le salió perfecta.
Era de esperar
que el partido se abriera pero no fue así, siguió todo igual. En el resto de la
etapa, sólo íbamos a contar con un derechazo cruzado por Pablo desde afuera que
se fue cerca, tras recibir de Ábila y con esa media vuelta de Wanchope en el
área, con disparo que no le salió bien y controló el arquero, después de otra
excursión ofensiva de Mas.
El regreso de
Mas en lugar de Fabra fue otra de las sorpresas que deparó Guillermo. Hizo sobre
todo un buen primer tiempo, el ex San Lorenzo. Pasó con decisión y oportunidad,
es significativo que el gol y otra de las mejores llegadas hayan tenido
protagonismo suyo.
El segundo tiempo
despertó con el único buen desborde de Espinoza en todo el partido, su centro
lo encontró a Wachope de frente pero el cabezazo de Wanchope, que no es un buen
cabeceador, salió para cualquier parte.
Los colombianos
nos incomodaron con dos seguidas, una en que les dejamos manejar la bola
demasiado cómodos en plena área y que terminó con un remate de Ruiz controlado
por Rossi, a continuación una de Teo G que le ganó a Mas y metió un zurdazo
cruzado y desviado. En general estuvimos bien parados en el fondo, a Goltz se
lo vio con más autoridad que en recientes presentaciones pero hay que ver que
Junior es muy inconsistente en ofensiva.
Boca controló el
partido, tuvo en Pablo Pérez a su mejor valor, haciéndose eje del armado y
descargando con tino y precisión. Bebelo prometió más de lo que concretó, su
zurdita siempre entusiasma pero con el correr de los minutos fue diluyéndose,
se lo necesita más decidido en los últimos metros. El principal problema fue
que perdió altura Pavón, su segundo tiempo fue intrascendente, casi ni se lo
vio. En momentos en que amagó complicarse la puja en el medio, aparecieron el
vigor y la personalidad de Wilmar para poner todo en caja y mantenernos
tranquilos.
El partido pudo
haber quedado resuelto con el penal que desperdició Wanchope, sobre los 20. Lo
había fabricado él mismo, bien, defendiendo la pelota en el área y poniendo la piernita
para que se lo llevaran puesto. La agarró sin dar lugar a que se lo discutiera
nadie, Pablo Pérez algo le dijo (“¿no querés que lo patee yo?” o algo así) pero
a Wanchope no había quién se lo sacara. Lástima que el remate haya sido una
grosería, altísimo, de terror.
El juego siguió
transcurriendo dentro de una inquietante medianía. No lo liquidamos nunca y
así, nos expusimos. Cuando Guillermo lo mandó a Buffarini por Espinoza, el
mensaje fue “si no podemos cerrarlo, aguantemos así”. Cardona tendría que haber
entrado antes, el cambio de Bou por Ábila estaba cantado también desde antes
porque Wanchope se había perdido.
La mejor que
tuvimos, a los 36, fue el zurdazo que le salió débil a Pablo Pérez y controló
el arquero, después de una de las maniobras colectivas mejor elaboradas de la
noche. A los 41 nos corrió el sudor por la espalda con ese cabezazo de Alvez,
estaba solo, le salió de pique al piso y la encontró Rossi.
Ganar era lo
primordial, lo imprescindible y se ganó. La deuda de juego no podemos pasarla
por alto. Palmeiras está fuerte, arrancó con dos triunfos que lo muestran
sólido. El grupo pareciera encaminado para que pasemos los brasucas y nosotros
pero necesitamos más Boca, un equipo que nos permita creer. El cruce de la
semana próxima en San Pablo es fundamental. Veremos si somos capaces de
aguantar un partido chivo en serio, en rodeo ajeno, en territorio hostil. Más
allá de la clasificación, de cómo salgamos parados del nuevo Palestra Italia podremos sacar
conclusiones, ir viendo para que estamos. Por ahora, puede decirse que, para
que el sueño de la séptima Libertadores no sea utópico, tenemos que mejorar,
afirmarnos, endurecernos.
La Bombonera,
después de más de un año y medio, se vistió con las galas propias de una noche de
Libertadores. La gente cubrió todos los lugares posibles, cantó, armó una
fiesta. La gente siempre está, siempre va a estar. Ahora falta el equipo.
EL
BOLETÍN: ROSSI 6, JARA 5, GOLTZ 6, MAGALLÁN 5, MAS 6, REYNOSO 6, BARRIOS 6,
PÉREZ 7, ESPINOZA 3, ÁBILA 4, PAVÓN 6 (FI), BUFFARINI 5, BOU NC, CARDONA NC.
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