Se supone que un
empate afuera por la Copa es bueno, mucho más si es en Brasil, mucho más si es
contra un histórico como Palmeiras. Y si te embocan a los 89 y empatás a los
91, ni hablar. Se mantiene el invicto y nos quedan dos de los tres partidos
adentro.
Ahora bien, en
el repaso de los noventa minutos, queda la sensación de que no nos atrevimos a
ganarlo. Durante gran parte tuvimos el control, Palmeiras no jugaba a lo que
quería, Boca sí. Y precisamente del anterior concepto se desprende que Boca
quiso poco, menos de lo que estaba a su alcance.
Mal momento para
el “verdao”. Tres días atrás les había pasado algo comparable a lo que sufrimos
en Mendoza contra los que te jedi, perdieron la final del Paulista con
Corinthians después de haber ganado de visitantes. Golpe durísimo que enojó
naturalmente a su gente, medio que los torcedores jugaban para nosotros, los
jugadores de elos estaban inseguros, presionados. Esa derrota inesperada contra
el rival clásico diluyó lo que había sido el perfecto arranque copero con Junior
en Colombia y con Alianza de local. Estaban servidos y no terminamos de
aprovecharlo.
Salimos con el
“chip” (como se dice ahora) de que el punto servía y, visto lo que fue el
juego, no supimos cambiarlo a tiempo. Paolo Goltz, en el campo, inmediatamente
después del final, recurrió al gastado clisé de que hicimos un “partido
inteligente”. Guillermo lo repitió en la conferencia. Este que escribe piensa
exactamente lo contrario. Faltó inteligencia. Inteligencia es variar sobre la
marcha, decidirse a ganar cuando las circunstancias están dadas, no dejarlo
escapar.
El equipo estuvo
bien parado. Firme, seguro en la contención. Intentó ser siempre cuidadoso con
la pelota. La deuda fue la profundidad. A los volantes les faltó determinación
para el pase vertical y también decisión para sumarse a posiciones de ataque.
Pablo Pérez trató de asegurar cada entrega, debe haber perdido muy pocas pero
ninguna de sus intervenciones produjo desequilibrio. Algo parecido puede
decirse de Bebelo, insinuó mucho y concretó poco. Y el gordo Edwin, esta vez
más adelantado y arrancando generalmente desde el costado derecho, proveyó unas
cuantas de sus atinadas entregas pero fue irresoluto, con tendencia al toquecito
corto que no entraña riesgos.
Wanchope, jugando casi todo el tiempo de
espaldas, aguantó bien contra los centrales, absorbió un temprano planchazo del
viejo carnicero Felipe Melo. Necesitaba compañeros que le pasaran y también
espacio para quedar él mismo de frente, eso nunca lo tuvo. Kichan era la mayor
promesa pero lo buscaron menos de lo aconsejable y no lo respaldaron
ofreciéndole opciones, quedó casi siempre condenado a intentar pasar solo.
A los 6 minutos,
después de mover la bola con criterio y paciencia, tuvimos el centro que cruzó
Jara desde la derecha y al que no llegó Wanchope. La siguiente oportunidad fue
recién a los 44, ellos salieron mal, Cardona la puso para Pavón por la
izquierda, Kichan la mandó al palo más lejano y la agarró el arquero.
Ellos, en ataque,
nada. En primer término, porque Boca había logrado que tuvieran la bocha mucho
menos de lo que hubiesen querido y en segundo, porque cuando lograban juntarse
o soltar algún volante, el triángulo Goltz-Magallán-Barrios respondía. La mayor
inquietud que sufrimos en todo el primer tiempo fue un fau al pedo de Fabra en
su costado porque ya se sabe lo que penamos en las pelotas paradas pero esta
vez no pasó nada. Después, ya en el cierre, estuvo esa en que apareció Lucas
Lima solo por derecha, porque la defensa se volcó para el otro lado y Fabra no
estaba, pero el zurdazo se le fue desviado sobre palo derecho de Rossi, menos
mal.
Hubo un tramo
del segundo tiempo en que retrocedimos demasiado pero Palmeiras, antes del gol,
sólo había dispuesto de tres oportunidades aisladas. A los 4 Dudú encontró
espacio por la zona de Jara y remató cruzado y desviado. A los 22 se equivocó muy
feo Wilmar, le bajó la pelota a Bruno Henrique muy cerca del arco, menos mal
que la mandó por arriba. Y a los 37, esa muy buena acción individual de Keno,
que llegó hasta el fondo por la izquierda y tocó para atrás pero nos cerramos
bien, Willian no encontró lugar para definir, metió la media vuelta muy forzado,
trabado, terminó en corner.
Esta última fue
la jugada en que se lesionó Goltz. Había tenido un buen partido, Paolo, siempre
aplomado, sereno, dominante. Vamos a ver, es una lástima si lo perdemos justo
después de una producción que podía darle el envión de confianza que
necesitaba.
Nosotros también
habíamos llegado poco y nada. A los 8, Wanchope trabó y ganó, debe haber sido
la única en que quedó de frente y con espacio para correr pero llegó antes el
arquero y sacó con el pie. Casi nunca le pegamos de afuera, Edwin probó a los
10 y aunque no le salió muy fuerte, el arquero se complicó, la resolvió en dos
tiempos tras dar un rebote bastante largo. Mucho más tarde, a los 41, Kichan,
que encontró más libertades en el complemento, llegó al fondo por izquierda
(jugó casi todo el tiempo por ahí) y metió el centro, terminó en corner.
Guillermo le dio
a Tevez los últimos veinte minutos tras casi un mes de ausencia, entró por
Cardona para jugar de atrás, como él prefiere, tenía muchas ganas, participó
bastante. El siguiente cambio fue el obligado de Vergini por Paolo y el último,
Buffarini por Bebelo ya cerca del final, deschava que Guillermo quería bajar la
cortina ahí mismo, irse con el cero y listo.
En realidad, el
partido era uno de esos cero a cero clavados. Resultado acorde para un
desarrollo anodino, monocorde, sin intervenciones exigidas para los arqueros,
jugado por lo general muy lejos de las área. Como suele pasar, el padre fútbol
nos tenía reservado un final tan eléctrico como imprevisible.
El reloj marcaba
44 cuando Leo Jara se enredó con la bola, giró sobre sí mismo, le erró y cayó
grotescamente. Puede haber tenido que ver la cancha, que se advertía dura, por
los botes de la pelota parecía una de césped sintético. Lo cierto es que Guerra
aprovechó, recibió por izquierda con Boca desacomodado, metió un precioso revés
al corazón del área y Keno entró en tiempo y forma para vacunarnos.
Era para morirse
que se nos escapara este partido. Después de no habernos atrevido a ganarlo,
terminábamos perdiéndolo. Pero no. Porque dos minutos después, en el primero
agregado, a Antonio Carlos, que había tenido un buen partido, le pasó algo
parecido a lo de Jara. El que capitalizó fue Kichan para llegar al fondo una
vez más, la cruzó a la boca del arco y Carlitos, que la fue a buscar bien
adentro, se los llevó puestos a todos y la empujó para salvar el resultado.
La última
jugada, la del empate, refuerza la idea de que a Boca le faltó decisión para
ganarlo. Recién cuando estuvimos perdiendo pisamos el acelerador y de
inmediato, empatamos. Si la fiereza y voracidad puesta en juego para esa acción
se hubiese manifestado desde antes, el escenario estaba dado como para que nos
trajéramos los tres puntos.
Goles de última
contra Tigre, Atlético Tucumán, Talleres y ahora, Palmeiras. Estos muchachos,
nuestros jugadores, parecen encarnar una nueva versión de los “Caballeros de la
Angustia”. El valor del punto rescatado en Sao Paulo se acentuará si dentro de
dos semanas les ganamos a los brasucas al calor de La Bombonera. Es de esperar
que así sea. ¡Ah! Y es de esperar, también, que Boca vuelva a vestirse de Boca.
Tengo los güevos llenos (güevos dije, con perdón de la expresión) de ver a mi equipo con la
indumentaria de las promotoras del Pro.
EL
BOLETÍN: ROSSI 5, JARA 3, GOLTZ 7, MAGALLÁN 6, FABRA 4, BEBELO 5, WILMAR 5,
PABLO 5, CARDONA 5, WANCHOPE 5, PAVÓN 6 (FI), TEVEZ 6, VERGINI NC, BUFFARINI
NC.
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