jueves, 12 de abril de 2018

NO QUISIMOS GANARLO Y CASI LO PERDEMOS


   Se supone que un empate afuera por la Copa es bueno, mucho más si es en Brasil, mucho más si es contra un histórico como Palmeiras. Y si te embocan a los 89 y empatás a los 91, ni hablar. Se mantiene el invicto y nos quedan dos de los tres partidos adentro.
   Ahora bien, en el repaso de los noventa minutos, queda la sensación de que no nos atrevimos a ganarlo. Durante gran parte tuvimos el control, Palmeiras no jugaba a lo que quería, Boca sí. Y precisamente del anterior concepto se desprende que Boca quiso poco, menos de lo que estaba a su alcance.
   Mal momento para el “verdao”. Tres días atrás les había pasado algo comparable a lo que sufrimos en Mendoza contra los que te jedi, perdieron la final del Paulista con Corinthians después de haber ganado de visitantes. Golpe durísimo que enojó naturalmente a su gente, medio que los torcedores jugaban para nosotros, los jugadores de elos estaban inseguros, presionados. Esa derrota inesperada contra el rival clásico diluyó lo que había sido el perfecto arranque copero con Junior en Colombia y con Alianza de local. Estaban servidos y no terminamos de aprovecharlo.
   Salimos con el “chip” (como se dice ahora) de que el punto servía y, visto lo que fue el juego, no supimos cambiarlo a tiempo. Paolo Goltz, en el campo, inmediatamente después del final, recurrió al gastado clisé de que hicimos un “partido inteligente”. Guillermo lo repitió en la conferencia. Este que escribe piensa exactamente lo contrario. Faltó inteligencia. Inteligencia es variar sobre la marcha, decidirse a ganar cuando las circunstancias están dadas, no dejarlo escapar.
   El equipo estuvo bien parado. Firme, seguro en la contención. Intentó ser siempre cuidadoso con la pelota. La deuda fue la profundidad. A los volantes les faltó determinación para el pase vertical y también decisión para sumarse a posiciones de ataque. Pablo Pérez trató de asegurar cada entrega, debe haber perdido muy pocas pero ninguna de sus intervenciones produjo desequilibrio. Algo parecido puede decirse de Bebelo, insinuó mucho y concretó poco. Y el gordo Edwin, esta vez más adelantado y arrancando generalmente desde el costado derecho, proveyó unas cuantas de sus atinadas entregas pero fue irresoluto, con tendencia al toquecito corto que no entraña riesgos.
    Wanchope, jugando casi todo el tiempo de espaldas, aguantó bien contra los centrales, absorbió un temprano planchazo del viejo carnicero Felipe Melo. Necesitaba compañeros que le pasaran y también espacio para quedar él mismo de frente, eso nunca lo tuvo. Kichan era la mayor promesa pero lo buscaron menos de lo aconsejable y no lo respaldaron ofreciéndole opciones, quedó casi siempre condenado a intentar pasar solo.
   A los 6 minutos, después de mover la bola con criterio y paciencia, tuvimos el centro que cruzó Jara desde la derecha y al que no llegó Wanchope. La siguiente oportunidad fue recién a los 44, ellos salieron mal, Cardona la puso para Pavón por la izquierda, Kichan la mandó al palo más lejano y la agarró el arquero.
  Ellos, en ataque, nada. En primer término, porque Boca había logrado que tuvieran la bocha mucho menos de lo que hubiesen querido y en segundo, porque cuando lograban juntarse o soltar algún volante, el triángulo Goltz-Magallán-Barrios respondía. La mayor inquietud que sufrimos en todo el primer tiempo fue un fau al pedo de Fabra en su costado porque ya se sabe lo que penamos en las pelotas paradas pero esta vez no pasó nada. Después, ya en el cierre, estuvo esa en que apareció Lucas Lima solo por derecha, porque la defensa se volcó para el otro lado y Fabra no estaba, pero el zurdazo se le fue desviado sobre palo derecho de Rossi, menos mal.
   Hubo un tramo del segundo tiempo en que retrocedimos demasiado pero Palmeiras, antes del gol, sólo había dispuesto de tres oportunidades aisladas. A los 4 Dudú encontró espacio por la zona de Jara y remató cruzado y desviado. A los 22 se equivocó muy feo Wilmar, le bajó la pelota a Bruno Henrique muy cerca del arco, menos mal que la mandó por arriba. Y a los 37, esa muy buena acción individual de Keno, que llegó hasta el fondo por la izquierda y tocó para atrás pero nos cerramos bien, Willian no encontró lugar para definir, metió la media vuelta muy forzado, trabado, terminó en corner.
   Esta última fue la jugada en que se lesionó Goltz. Había tenido un buen partido, Paolo, siempre aplomado, sereno, dominante. Vamos a ver, es una lástima si lo perdemos justo después de una producción que podía darle el envión de confianza que necesitaba.
   Nosotros también habíamos llegado poco y nada. A los 8, Wanchope trabó y ganó, debe haber sido la única en que quedó de frente y con espacio para correr pero llegó antes el arquero y sacó con el pie. Casi nunca le pegamos de afuera, Edwin probó a los 10 y aunque no le salió muy fuerte, el arquero se complicó, la resolvió en dos tiempos tras dar un rebote bastante largo. Mucho más tarde, a los 41, Kichan, que encontró más libertades en el complemento, llegó al fondo por izquierda (jugó casi todo el tiempo por ahí) y metió el centro, terminó en corner.
   Guillermo le dio a Tevez los últimos veinte minutos tras casi un mes de ausencia, entró por Cardona para jugar de atrás, como él prefiere, tenía muchas ganas, participó bastante. El siguiente cambio fue el obligado de Vergini por Paolo y el último, Buffarini por Bebelo ya cerca del final, deschava que Guillermo quería bajar la cortina ahí mismo, irse con el cero y listo.
   En realidad, el partido era uno de esos cero a cero clavados. Resultado acorde para un desarrollo anodino, monocorde, sin intervenciones exigidas para los arqueros, jugado por lo general muy lejos de las área. Como suele pasar, el padre fútbol nos tenía reservado un final tan eléctrico como imprevisible.
   El reloj marcaba 44 cuando Leo Jara se enredó con la bola, giró sobre sí mismo, le erró y cayó grotescamente. Puede haber tenido que ver la cancha, que se advertía dura, por los botes de la pelota parecía una de césped sintético. Lo cierto es que Guerra aprovechó, recibió por izquierda con Boca desacomodado, metió un precioso revés al corazón del área y Keno entró en tiempo y forma para vacunarnos.
   Era para morirse que se nos escapara este partido. Después de no habernos atrevido a ganarlo, terminábamos perdiéndolo. Pero no. Porque dos minutos después, en el primero agregado, a Antonio Carlos, que había tenido un buen partido, le pasó algo parecido a lo de Jara. El que capitalizó fue Kichan para llegar al fondo una vez más, la cruzó a la boca del arco y Carlitos, que la fue a buscar bien adentro, se los llevó puestos a todos y la empujó para salvar el resultado.
   La última jugada, la del empate, refuerza la idea de que a Boca le faltó decisión para ganarlo. Recién cuando estuvimos perdiendo pisamos el acelerador y de inmediato, empatamos. Si la fiereza y voracidad puesta en juego para esa acción se hubiese manifestado desde antes, el escenario estaba dado como para que nos trajéramos los tres puntos.
   Goles de última contra Tigre, Atlético Tucumán, Talleres y ahora, Palmeiras. Estos muchachos, nuestros jugadores, parecen encarnar una nueva versión de los “Caballeros de la Angustia”. El valor del punto rescatado en Sao Paulo se acentuará si dentro de dos semanas les ganamos a los brasucas al calor de La Bombonera. Es de esperar que así sea. ¡Ah! Y es de esperar, también, que Boca vuelva a vestirse de Boca. Tengo los güevos llenos (güevos dije, con perdón de la expresión) de ver a mi equipo con la indumentaria de las promotoras del Pro.

   EL BOLETÍN: ROSSI 5, JARA 3, GOLTZ 7, MAGALLÁN 6, FABRA 4, BEBELO 5, WILMAR 5, PABLO 5, CARDONA 5, WANCHOPE 5, PAVÓN 6 (FI), TEVEZ 6, VERGINI NC, BUFFARINI NC.
 
                   
   

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