Lo quisimos ganar y lo ganamos. Talleres (este Talleres
tan elogiado y reconocido) no podría decir lo mismo. Así, el arquero se hacía
el lesionado y otras pequeñas miserias. Como con Tigre y Atlético Tucumán, con
los últimos estertores apareció un gol salvador que valió puntos esenciales. Y
descargamos, largamos todo lo que teníamos adentro, liberamos angustias y
tensiones. Como en todo este último segmento de partidos, antes y después de
River, Boca distó de ser el que queremos, nos llenó de incertidumbres, nos hizo
sufrir noventa minutos.
La liga está
casi adentro y mejor ni pensar en la posibilidad de que se nos caiga. La
cosecha de resultados es altamente satisfactoria y como dice (o da a entender)
Guillermo, no hay ninguno mejor que nosotros, son todos peores. Vamos primeros
desde diciembre de 2016 y eso, en el fútbol argentino, es una medalla que
resplandece. Porque tampoco es “Libertadores o nada” ni “ganarle a River o nada”.
Lo demás también existe. Lo que abruma es la certeza de que Boca no está
creciendo sino que, todo lo contrario, ha retrocedido. La noche de Mendoza, de
la que aún no terminamos de levantarnos, no hizo más que profundizar algo que venía
advirtiéndose. Estamos inseguros, no controlamos el juego, nos cuesta
definirlo. Y nos embocan a la primera de cambio, no aguantamos nada.
Todo lo que se
genera en derredor de estas circunstancias es lo que siempre generó, genera y
generará Boca. Estamos en el centro de la escena y hay que bancársela. Y
hablamos todos. Nadie va a prohibirle a Óscar Córdoba, el Pepe Basualdo, el
Patrón Bermúdez o quien fuere que opine lo que le parezca. Desde este humilde
foro lo que puede señalárseles es que, por ser quienes son, debieran contemplar
la evidencia de que a Boca no le hace bien que hablen. Que este gil se ponga a
escribir aquí no le importa a nadie pero que hablen ellos, sí. Resuena. Da pasto
a las fieras.
Al partido. En
el primer cuarto de hora la tenían siempre ellos. Nos ahogaban. Por uno nuestro
había tres o cuatro de ellos por todos lados. Lo bueno es que no nos llegaron.
Jamás. Hay que ver que si no están Tevez ni Cardona, además de Gago y Benedetto
(faltan hace mucho pero todavía no nos acostumbramos), estamos naturalmente
desarmados. No tenemos usina suficiente para elaborar ofensiva.
Guillermo pone
una formación que uno la lee y piensa “4-4-2” pero no, porque empieza el
partido y resulta que Nández es extremo derecho cuando tenemos la pelota. Y
Nández no es extremo derecho. Entonces no lo tenemos ni de extremo derecho ni
de Nández. Le está pasando lo que le pasó a Zuqui, a quien Guillermo también lo
ponía de extremo derecho y lo incineró.
A Bebelo Reynoso
no se lo vio en el primer tiempo y sí se lo vio en el segundo. Va a tener que
ir soltándose, le gusta la pelota, la pide, los compañeros tienen que ir
teniéndole más confianza y dársela. Esa zurdita promete pero hay que ver que es
un chico y recién llegó al club, hay que rodearlo y protegerlo para que vaya haciendo su evolución.
Después de ese
cuarto de hora desesperante, el equilibrio. Lejos de los dos arcos. Hasta que
apareció en escena Pavón. Iban 25 minutos cuando Kichan, por la izquierda,
metió ese arranque con enganche para adentro y el derechazo que fue a dar con
la pelota contra el ángulo superior izquierdo. El sacudón que al partido, a
Boca y a Talleres estaban haciéndole falta.
Y tres minutos
más tarde, otra vez Kichan con todas las luces. Una jugada enorme. Pasó por
donde no se podía pasar, los desparramó a todos, pareció que se excedía,
pareció que en el último corte hacia afuera se le terminaba la cancha pero no,
contra la raya pudo tocarla hacia atrás para que Bou, llegando justo y de
prepotencia, la mandara a guardar. Golazo.
Guillermo lo
puso a Bou y lo dejó afuera a Wanchope. Parece que con Junior va Wanchope. Bou
cumplió. En el último cuarto de hora del primer tiempo fue protagonista de
otras tres llegadas: un cabezazo débil a las manos del arquero después de un
centro de Nández, el desborde por izquierda con pase atrás (Pablo Pérez le pegó
de frente recto al arquero) y la que le quedó por derecha con el arquero, pudo
haberla definido pero quiso ser generoso y descargó al medio, no llegó Nández.
La gente, mayoritariamente, quiere a Wanchope. Guillermo (igual que éste que escribe) parece entender que Bou
se asemeja a Benedetto más que Wanchope, sale para entrar, puede asociarse en
la construcción de las jugadas. Iba a ser el primer cambio, el de Wanchope por
Bou y la verdad es que había varios que merecían salir antes que Bou.
Nos íbamos al
descanso 1-0, relajación, Coca y chori pero no, nos ensartaron en la última del primer tiempo. Iba a ser
la única llegada de Talleres en todo el partido, señores. La única en todo el
partido de Talleres (este Talleres tan elogiado y reconocido). ¿Y cómo? Otra
maldita pelota parada. Nos cabecearon en el área no una vez sino dos, primero
Arias y después Quintana.
Esto de sacar a
los defensores muy lejos y dejarle toda el área al arquero, como todo sistema,
puede ser bueno o malo según quiénes sean los ejecutores y cómo se lo ejecute.
A Guillermo le dio buenos resultados durante bastante tiempo pero ahora, desde
hace ya también algún tiempo, no. No funciona, nos tienen rejunados. Nos pitan
un tiro libre en contra, tenemos que defender y empezamos a temblar. Pasó con
Central, con San Lorenzo, con los tucumanos y de nuevo con Talleres.
Rossi perdió
seguridad y presencia en relación con el año pasado. Una de las condiciones que
lo hizo dueño del arco de Boca fue su determinación. Ahora, duda. O se para muy
atrás o se para más adelante pero en lugar de salir, se queda o se vuelve.
Sabe que está en la mira de todos y lo siente.
Goltz y Magallán
tuvieron un partido más que aceptable. Ellos fueron fundamentos principales en
la constancia de que Talleres no nos llegara nunca salvo esa vez. Pero también es
cierto que, si nos durmieron en otra pelota parada, a ellos les cabe una
responsabilidad inexcusable. Con centrales que no cabecean en ninguna de las
dos áreas no se puede.
El segundo
tiempo fue todo nuestro porque a Talleres (este Talleres tan elogiado y
reconocido) pareció gustarle el empate, aunque no acortaran distancia y les
quedara una fecha menos por delante. Es verdad que si vamos a hablar de
individualidades, el gran protagonista de los últimos 45 minutos fue el pelado
Guiñazú, que parecía estar en todos lados y cortaba todo. Pero los cordobeses
eran Guiñazú y nada más. El único equipo que estaba decidido a ganar era Boca,
que fue siempre y como pudo. Por lo general, mal. Ya con Bebelo como el eje de
la ofensiva, nos faltaron asociaciones, nos faltó un ladero para el zurdito. Jara no tenía espacio para pasar y
Fabra, cuando quería pasar, solía chocarse con Pavón. Kichan, tras aquella
aparición clamorosa del primer gol, no volvió a marcar diferencia en el uno
contra uno. Borrado Nández, confuso y enojado Pablo Pérez. Entró Wanchope por
Bou y sabemos que de Wanchope podemos esperar mayor capacidad para aguantar de
espaldas pero si no se abren los espacios, si no tenemos mediocampistas que
pisen con peso el área de enfrente, lo que pueda aportarnos Wanchope se diluye.
El partido se
nos iba irremisiblemente cuando, a los 92, nos quedó esa última pelota parada
en ataque. Salió para el costado opuesto y allá la fue a buscar Wanchope.
Impecable resolución de Wanchope para controlarla y devolverla mortalmente al
medio, por abajo. Puntual aparición de Pablo para sentenciar y salir a vomitar
toda su bronca atragantada, en primer lugar contra sí mismo, porque él debe
saber mejor que nadie que había tenido un mal partido.
Por desgracia,
tenemos que caer en el revire de Pablo contra los plateístas, no podemos
pasarlo por alto. La lectura que tenemos que hacer nosotros, cofrades bosteros,
es que son cosas propias del partido. Yo también, aunque desde más lejos, desde
los pupitres de prensa, los puteé a Pablo y a todos. Los vengo puteando desde
los tiempos del Rata y Rojitas, mirá si nos los voy a putear a estos. Después,
si un jugador gana un partido para los míos y me lo viene a enrostrar, está
todo bien, reglas del juego, cosas nuestras. Una vez Centurión (no el Ricky
sino el anterior) se agarró los huevos delante de La 12 y no jugó más en Boca,
tuvo que rajarse de La Candela en el baúl de un auto, para peor no se había
dado cuenta de que le habían anulado el gol, el boludo. Eso fue diferente porque
los muchachos de la bandeja norte media tienen otros códigos, otras pautas de
conducta y disponen de otros espacios, volvió a comprobarse esta semana.
En cuanto a la
utilización que hagan los medios del episodio, vamos a tener que ser pacientes,
aguantar hasta que les surja otro tema de que ocuparse, Boca siempre va a
dárselos, viven de nosotros. Lo escuché decir a Varsky que lo único que no
acepta es que Pablo haya usado la palabra “puto”. Oiga, don Varsky, en nuestro
lenguaje coloquial y cotidiano llamamos “puto”
a cualquiera en cualquier momento. En realidad, poco tiene que ver con las
elecciones sexuales de cada uno y que se vaya a cagar el INADI.
Parecemos
encaminados hacia otro título. Sería el tercero sobre tres en campeonatos
largos, esos que salvo rarísima excepción, ganan los mejores. Un logro inmenso
y que, sin embargo, va a estar opacado, de modo irremediable, por la mácula de Mendoza.
En los mano a mano, venimos fracasando y hay que hacerse cargo. Ahora, por
sobre todo, queremos la Copa y la Copa suele no perdonar deslices, ni uno.
Haremos bien en preocuparnos porque, con lo que el equipo está dando hoy,
sabemos que estamos expuestos a perder con el menos pensado.
EL
BOLETÍN: ROSSI 4, JARA 5, GOLTZ 5, MAGALLÁN 5, FABRA 5, BARRIOS 5, PÉREZ 5,
REYNOSO 6, NÁNDEZ 3, BOU 6, PAVÓN 7 (FI), ÁBILA 7, BUFFARINI NC, BENÍTEZ NC.
No hay comentarios:
Publicar un comentario