lunes, 2 de abril de 2018

QUISIMOS GANAR, GANAMOS


   Lo quisimos ganar y lo ganamos. Talleres (este Talleres tan elogiado y reconocido) no podría decir lo mismo. Así, el arquero se hacía el lesionado y otras pequeñas miserias. Como con Tigre y Atlético Tucumán, con los últimos estertores apareció un gol salvador que valió puntos esenciales. Y descargamos, largamos todo lo que teníamos adentro, liberamos angustias y tensiones. Como en todo este último segmento de partidos, antes y después de River, Boca distó de ser el que queremos, nos llenó de incertidumbres, nos hizo sufrir noventa minutos.
   La liga está casi adentro y mejor ni pensar en la posibilidad de que se nos caiga. La cosecha de resultados es altamente satisfactoria y como dice (o da a entender) Guillermo, no hay ninguno mejor que nosotros, son todos peores. Vamos primeros desde diciembre de 2016 y eso, en el fútbol argentino, es una medalla que resplandece. Porque tampoco es “Libertadores o nada” ni “ganarle a River o nada”. Lo demás también existe. Lo que abruma es la certeza de que Boca no está creciendo sino que, todo lo contrario, ha retrocedido. La noche de Mendoza, de la que aún no terminamos de levantarnos,  no hizo más que profundizar algo que venía advirtiéndose. Estamos inseguros, no controlamos el juego, nos cuesta definirlo. Y nos embocan a la primera de cambio, no aguantamos nada.
   Todo lo que se genera en derredor de estas circunstancias es lo que siempre generó, genera y generará Boca. Estamos en el centro de la escena y hay que bancársela. Y hablamos todos. Nadie va a prohibirle a Óscar Córdoba, el Pepe Basualdo, el Patrón Bermúdez o quien fuere que opine lo que le parezca. Desde este humilde foro lo que puede señalárseles es que, por ser quienes son, debieran contemplar la evidencia de que a Boca no le hace bien que hablen. Que este gil se ponga a escribir aquí no le importa a nadie pero que hablen ellos, sí. Resuena. Da pasto a las fieras. 
   Al partido. En el primer cuarto de hora la tenían siempre ellos. Nos ahogaban. Por uno nuestro había tres o cuatro de ellos por todos lados. Lo bueno es que no nos llegaron. Jamás. Hay que ver que si no están Tevez ni Cardona, además de Gago y Benedetto (faltan hace mucho pero todavía no nos acostumbramos), estamos naturalmente desarmados. No tenemos usina suficiente para elaborar ofensiva.
   Guillermo pone una formación que uno la lee y piensa “4-4-2” pero no, porque empieza el partido y resulta que Nández es extremo derecho cuando tenemos la pelota. Y Nández no es extremo derecho. Entonces no lo tenemos ni de extremo derecho ni de Nández. Le está pasando lo que le pasó a Zuqui, a quien Guillermo también lo ponía de extremo derecho y lo incineró.
   A Bebelo Reynoso no se lo vio en el primer tiempo y sí se lo vio en el segundo. Va a tener que ir soltándose, le gusta la pelota, la pide, los compañeros tienen que ir teniéndole más confianza y dársela. Esa zurdita promete pero hay que ver que es un chico y recién llegó al club, hay que rodearlo y protegerlo para que vaya haciendo su evolución.
   Después de ese cuarto de hora desesperante, el equilibrio. Lejos de los dos arcos. Hasta que apareció en escena Pavón. Iban 25 minutos cuando Kichan, por la izquierda, metió ese arranque con enganche para adentro y el derechazo que fue a dar con la pelota contra el ángulo superior izquierdo. El sacudón que al partido, a Boca y a Talleres estaban haciéndole falta.
   Y tres minutos más tarde, otra vez Kichan con todas las luces. Una jugada enorme. Pasó por donde no se podía pasar, los desparramó a todos, pareció que se excedía, pareció que en el último corte hacia afuera se le terminaba la cancha pero no, contra la raya pudo tocarla hacia atrás para que Bou, llegando justo y de prepotencia, la mandara a guardar. Golazo.
   Guillermo lo puso a Bou y lo dejó afuera a Wanchope. Parece que con Junior va Wanchope. Bou cumplió. En el último cuarto de hora del primer tiempo fue protagonista de otras tres llegadas: un cabezazo débil a las manos del arquero después de un centro de Nández, el desborde por izquierda con pase atrás (Pablo Pérez le pegó de frente recto al arquero) y la que le quedó por derecha con el arquero, pudo haberla definido pero quiso ser generoso y descargó al medio, no llegó Nández. La gente, mayoritariamente, quiere a Wanchope. Guillermo (igual  que éste que escribe) parece entender que Bou se asemeja a Benedetto más que Wanchope, sale para entrar, puede asociarse en la construcción de las jugadas. Iba a ser el primer cambio, el de Wanchope por Bou y la verdad es que había varios que merecían salir antes que Bou.
   Nos íbamos al descanso 1-0, relajación, Coca y chori pero no, nos ensartaron en la última del primer tiempo. Iba a ser la única llegada de Talleres en todo el partido, señores. La única en todo el partido de Talleres (este Talleres tan elogiado y reconocido). ¿Y cómo? Otra maldita pelota parada. Nos cabecearon en el área no una vez sino dos, primero Arias y después Quintana.
   Esto de sacar a los defensores muy lejos y dejarle toda el área al arquero, como todo sistema, puede ser bueno o malo según quiénes sean los ejecutores y cómo se lo ejecute. A Guillermo le dio buenos resultados durante bastante tiempo pero ahora, desde hace ya también algún tiempo, no. No funciona, nos tienen rejunados. Nos pitan un tiro libre en contra, tenemos que defender y empezamos a temblar. Pasó con Central, con San Lorenzo, con los tucumanos y de nuevo con Talleres.
   Rossi perdió seguridad y presencia en relación con el año pasado. Una de las condiciones que lo hizo dueño del arco de Boca fue su determinación. Ahora, duda. O se para muy atrás o se para más adelante pero en lugar de salir, se queda o se vuelve. Sabe que está en la mira de todos y lo siente.
   Goltz y Magallán tuvieron un partido más que aceptable. Ellos fueron fundamentos principales en la constancia de que Talleres no nos llegara nunca salvo esa vez. Pero también es cierto que, si nos durmieron en otra pelota parada, a ellos les cabe una responsabilidad inexcusable. Con centrales que no cabecean en ninguna de las dos áreas no se puede.
   El segundo tiempo fue todo nuestro porque a Talleres (este Talleres tan elogiado y reconocido) pareció gustarle el empate, aunque no acortaran distancia y les quedara una fecha menos por delante. Es verdad que si vamos a hablar de individualidades, el gran protagonista de los últimos 45 minutos fue el pelado Guiñazú, que parecía estar en todos lados y cortaba todo. Pero los cordobeses eran Guiñazú y nada más. El único equipo que estaba decidido a ganar era Boca, que fue siempre y como pudo. Por lo general, mal. Ya con Bebelo como el eje de la ofensiva, nos faltaron asociaciones, nos faltó un ladero para el  zurdito. Jara no tenía espacio para pasar y Fabra, cuando quería pasar, solía chocarse con Pavón. Kichan, tras aquella aparición clamorosa del primer gol, no volvió a marcar diferencia en el uno contra uno. Borrado Nández, confuso y enojado Pablo Pérez. Entró Wanchope por Bou y sabemos que de Wanchope podemos esperar mayor capacidad para aguantar de espaldas pero si no se abren los espacios, si no tenemos mediocampistas que pisen con peso el área de enfrente, lo que pueda aportarnos Wanchope se diluye.
   El partido se nos iba irremisiblemente cuando, a los 92, nos quedó esa última pelota parada en ataque. Salió para el costado opuesto y allá la fue a buscar Wanchope. Impecable resolución de Wanchope para controlarla y devolverla mortalmente al medio, por abajo. Puntual aparición de Pablo para sentenciar y salir a vomitar toda su bronca atragantada, en primer lugar contra sí mismo, porque él debe saber mejor que nadie que había tenido un mal partido.
   Por desgracia, tenemos que caer en el revire de Pablo contra los plateístas, no podemos pasarlo por alto. La lectura que tenemos que hacer nosotros, cofrades bosteros, es que son cosas propias del partido. Yo también, aunque desde más lejos, desde los pupitres de prensa, los puteé a Pablo y a todos. Los vengo puteando desde los tiempos del Rata y Rojitas, mirá si nos los voy a putear a estos. Después, si un jugador gana un partido para los míos y me lo viene a enrostrar, está todo bien, reglas del juego, cosas nuestras. Una vez Centurión (no el Ricky sino el anterior) se agarró los huevos delante de La 12 y no jugó más en Boca, tuvo que rajarse de La Candela en el baúl de un auto, para peor no se había dado cuenta de que le habían anulado el gol, el boludo. Eso fue diferente porque los muchachos de la bandeja norte media tienen otros códigos, otras pautas de conducta y disponen de otros espacios, volvió a comprobarse esta semana.       
   En cuanto a la utilización que hagan los medios del episodio, vamos a tener que ser pacientes, aguantar hasta que les surja otro tema de que ocuparse, Boca siempre va a dárselos, viven de nosotros. Lo escuché decir a Varsky que lo único que no acepta es que Pablo haya usado la palabra “puto”. Oiga, don Varsky, en nuestro lenguaje coloquial y cotidiano llamamos  “puto” a cualquiera en cualquier momento. En realidad, poco tiene que ver con las elecciones sexuales de cada uno y que se vaya a cagar el INADI.
   Parecemos encaminados hacia otro título. Sería el tercero sobre tres en campeonatos largos, esos que salvo rarísima excepción, ganan los mejores. Un logro inmenso y que, sin embargo, va a estar opacado, de modo irremediable, por la mácula de Mendoza. En los mano a mano, venimos fracasando y hay que hacerse cargo. Ahora, por sobre todo, queremos la Copa y la Copa suele no perdonar deslices, ni uno. Haremos bien en preocuparnos porque, con lo que el equipo está dando hoy, sabemos que estamos expuestos a perder con el menos pensado.       

   EL BOLETÍN: ROSSI 4, JARA 5, GOLTZ 5, MAGALLÁN 5, FABRA 5, BARRIOS 5, PÉREZ 5, REYNOSO 6, NÁNDEZ 3, BOU 6, PAVÓN 7 (FI), ÁBILA 7, BUFFARINI NC, BENÍTEZ NC.
                       
  
  
        

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